Etiqueta: Yucatán

Las antologías me ponen triste (I)

Las antologías me ponen triste. Hace una semana compré una y todavía no consigo dejar de llorar. ¿Han pensando en lo duro que debe resultar ser un escritor consolidado y que un jovencito aparezca cinco páginas antes para opacarte? ¿Que esa voz en formación demuestre tener más punch y más destreza que tú, que has

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Minificciones de José Gamboa Pech

Los Flotantes Quiero hacerte el amor sin gravedad, flotar como globos de helio por el cuarto, rebotar por las paredes y el techo. En una de esas la ventana se abre y salimos sin percatarnos. Así, en cueros, nos alejamos del suelo sin preocuparnos, sin divisar que el viento nos arrastra sobre un sepelio, mientras

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Dos textos de Marco Almeida

Redención Aunque la gente alrededor lo mirara de pies a cabeza sin parar, no odiaba esa fila. Estaba sorprendido, la inquisición visual era una caricia que no penetraba el estampado psicodélico de su saco. –Pasaporte –Aquí está ­–“Jean-Patrick de Haes”, “belga”, bienvenido a México, señor Poniendo en práctica tres años de estudiar español, Patrick sobrevivió

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Sin daño a terceros

No cuesta nada acatar una maldita orden. Por eso no entiendo a los que constantemente rompen las reglas y sacan la lengua. Es tan fácil como no morder una manzana, y aun así, existe la jodida tentación de desobedecer. Nomás porque sí, porque podemos. Llevamos arraigado en los genes la rebeldía, luego entonces lo verdaderamente

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El chile y la piedra

Alguna vez mi abuela sembró un chile amarillo en una maceta de su jardín. Lo echó como si nada a la tierra y esperó cuarenta días a ver qué resultado daba este proceso. Fue eterno para ella, cada día que transcurría contemplaba impaciente su maceta, añorando la llegada del momento en que por fin encontrara

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Tres poemas de Rodrigo Quijano

Fandango ¡Qué altos están los cerrojos! ¡Qué cortos mis dedos de hierba!   Le pediré a Febrero que traiga sus alas de luna bermeja,   que quiero alcanzar los pestillos de un cuarto desnudo en la niebla   ―que quiero zurcir las paredes con hilos de plomo y centella.   ¡Rogad a Febrero que corra

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