La responsabilidad de la memoria: Naalil K’aax. La viajera del monte

Jesús M. Koyoc Kú reseña la fanzine Naalil K’aax (2021), de U Yotoch Yúuyum.

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Por Jesús M. Koyoc Kú

Escribiré unas cuantas historias de todo lo que nuestros antepasados lograron mirar desde la cabeza de la niña más valiente en la que un piojo ha habitado. Para que la memoria prevalezca y se transmita de piojo en piojo, y de cabeza en cabeza, dice la voz narrativa que inicia Buluk: un memorial que se cuenta de piojo en piojo, la última parte de la fanzine “Naalil K’aax. La viajera del monte”, un proyecto de U Yotoch Yúuyum, publicado este 2021. A lo largo de las páginas que componen este gran texto, conocemos las aventuras de Naalil.

 Nuestra historia nos sitúa en la cabeza de Naalil, una niña que se la pasaba en el molino, bordando flores, o inventando juegos, en algún punto de la trama de la vida de la niña. No quiero decir el inicio, porque, como veremos, la percepción del tiempo en los diferentes relatos que componen esta gran unidad parece transcurrir de una forma diferente a la que tenemos costumbre—quizá una forma que hemos olvidado, o peor aún: una para la que hemos trabajado tanto en olvidar. Jun, el piojo que habita en las hebras del cabello de la niña, comienza a ver el nombre de Reynaldo, un niño de sexto grado (en realidad, el niño con los dientes más chuecos de sexto grado) con una buena mano para cazar pájaros (no te enojes, lectorx, como le dice Jun al yuumtsil del monte) y que no juega con nadie que no le regale un pájaro—y Naalil quiere jugar con él, porque nadie quiere jugar con ella. ¿Qué hace Reynaldo con los pájaros? Venderlos, tal vez para comprar una patineta, o quién sabe qué hará el xla’ chamaco con ese dinero. Otra cosa más, de mucha importancia: el tiempo de Finados, como ahora, está muy cerca, y la Jun, como la gente alrededor de Naalil, saben que no debe meterse al monte como planea. Ese es el comienzo de la aventura: la niña que entra al monte para cazar un pájaro para dárselo a Reynaldo como un soborno para que juegue con ella y también para que pueda vender el pájaro para quién sabe qué. De nuevo: los Finados se acercan.

(Hay un término que parece guiar todos los relatos que componen la fanzine: K’ajlay. El diccionario de la UADY traduce el k’aj como reconocer, recordar, acordar. Al preguntarle a Janil Uc Tun, del grupo de personas que componen U Yotoch Yúuyum, me dijo que prefería, si era posible, usar el término en castellano como memoria. A veces me gusta usar el término como una memoria heredada, como una genealogía de la memoria, me dijo. ¿Y qué tenemos, sino la memoria? Si no la tenemos, nos hundimos en la tierra, buscando nuestras mentes como si fuéramos topos[1].)

 Pronto nos encontramos con el guardián del monte que ha visto crecer a Naalil, un personaje que sabe que la niña ha visto a las cigarras sumergirse en la tierra, a los gusanos crecer y volar hacia el cielo. Es un yuumtsil, un ser con cuerpo de serpiente y con un panal de abejas entre la cornamenta que tiene en la cabeza y quien Naalil cree, en un inicio, que es un finado, lo que muestra lo corta que es la memoria de las personas, de acuerdo con el yuumtsil, quien confronta a Naalil por capturar aves para regalarlas a Reynaldo y ser su amiga. Es en este punto cuando comenzamos a ver la mezcla de diferentes formas para narrar: si bien el texto parece ser meramente narrativa, por momentos también nos encontramos con diálogos que parecen más bien propios de la dramaturgia, y de vuelta a la narrativa—y una vez más a la dramaturgia, conforma pasan los relatos, lo que parece refrescar el formato en que el texto es presentado.

 A partir del tercer relato nos damos cuenta de cómo los diferentes planos narrativos comienzan a fusionarse en uno solo—como el monte mismo. Nos topamos de frente con Óox: una cruz verde que habla sin boca; en este relato, conocemos las palabras de la cruz parlante dirigidas al entonces gobernador de Yucatán, Miguel Barbachano, con una única exigencia—tan vigente entonces como ahora, sin importar el nombre del gobernador: dejar de robar y maltratar a lxs hijxs masewales de la cruz, que habla a través de Juan de la Cruz. Después de entregado el mensaje en la plaza de Kancabchén, Naalil y Yuumi siguen su camino, entrando a un pozo, antes de recibir la sorpresa de quienes hacen la guerra en su contra.

 El sakbej al final del pozo nos lleva a conocer a Kim, un niño que al inicio del relato no tiene nombre. Cuando se encuentra con Naalil, la niña le dice que se parece a dos de sus compañerxs de la escuela: Alfredo y Rosalía Kim, pero eso no es posible: este capítulo de la historia, en el que conocemos a Kim, el único niño coreano en toda la hacienda, transcurre en el año del señor de 1906. Lxs autorxs del texto nos dan a conocer, como en los relatos anteriores, un tema que es o bien ignorado o silenciado pero también una parte importante de la historia que compone este pedazo de tierra: la promesa de prosperidad con la que gente coreana fue traída para trabajar en las haciendas. ¿Qué tan difícil será, como ellxs, hablar el idioma de la nieve?

 Chik’in, lak’in, Xaman, Nojol, son las palabras en maya para designar los cuatro puntos cardinales. Las conocemos intercaladas con los sonidos de la guerra que rebotan en los oídos de Naalil, quien no entiende que está pasando, quien sabe que ha habido una guerra en Jo’—aún ahora, incluso si esa guerra no es armada, es una guerra que persiste hasta nuestros días. Quizá quien lea el texto entenderá, por medio de las palabras de la niña, que poco a poco las salidas se van acabando, que la guerra es así: llega por todas partes a devastarlo todo. Aquí conocemos también a Siip, un ser con una cornamenta enorme que le fue dada por Itzamná, y que no es otro que el guardián de los venados. Aunque breve, su intervención es vital para encender los ojos de Naalil, para recordarle que la memoria debe permanecer como candela encendida en los ojos y las palabras de las personas.

 Naalil K’aax, la viajera del monte, también nos habla sobre el carnaval de Nunkiní, en cierta forma, por medio de los osos que recorren las calles del poblado durante esas festividades. La fanzine es, creo, principalmente una forma de acercarnos de otra forma a esos elementos que nos rodean: el agua, los caminos que recorremos, la historia misma que está alrededor nuestro. Es una invitación para conocer tradiciones que nos parecen lejanas, aún así sean rituales que se han mantenido durante generaciones, como el paak’axiw, que Naalil presencia de frente por primera vez, o el Ch’a’Chàak, el ritual en el que el ser humano busca parecerse al monte y a todos los seres que lo habitan.

Los textos, escritos por Janil Uc Tun, Julián Dzul Nah, Abrahan Collí Tun, y Salomé Ricalde Aranda, son acompañados por las ilustraciones de AUREA Laboratorio Editorial, de Uriel Pérez Maldonado y Gabriel Magaña. Toda la fanzine, vista como unidad, es un recordatorio de que k’ajlay, la genealogía de la memoria, es algo que nos concierne a todxs, una responsabilidad que hay que asumir: mantener la candela encendida.

Páginas: 54

Publicación: 2021

Un proyecto de U Yotoch Yúuyum

Notas al pie

[1] https://www.youtube.com/watch?v=-9PpDzV454M&ab_channel=ChicanoBatmanVEVO

Jesús M. Koyoc Kú. Halachó, Yucatán, 1992. Ha publicado en diferentes medios como Punto de Partida, Crónicas de Asfalto, El Guardatextos, Revista Replicante, Tropo a la uña, entre otros. Ganador del Premio al Periodismo Heineken en 2018, Crónica. Segundo lugar en el concurso 48 de Punto de Partida de la Universidad Nacional Autónoma de México en la categoría de crónica. Becario del PECDA Yucatán 2017-18 en la categoría de narrativa.

Procesando…
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La imagen de cabecera corresponde a la portada de la fanzine, de AUREA Laboratorio Editorial.

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