Mas allá del porro

Para Cuauhtli, Raúl y Mitsuo fumar mariguana es una pausa. Lo definen como un respiro que permite encontrar un ángulo imprevisto a situaciones de conflicto. Los tres son activistas cannábicos e integrantes de colectivos dedicados al apoyo jurídico y a la formación para el autocultivo. Sentados alrededor de una mesa, conversan sobre los avances en materia legislativa y sus historias personales con la mariguana. Hay grinders, ziggy’s, café de olla y porros de calidad.

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Por Mateo Peraza

Mitsuo Teyer, abogado, 39 años

Cuando fumó mariguana por primera vez, durante unas vacaciones en Cancún, Mitsuo se detuvo para observar gotas de lluvia. Fue una reflexión profunda y hermosa, recuerda esta mañana. Luego de un tiempo de trabajo en la política, Mitsuo se aferra a la distancia que le produjo ese momento: una pausa donde lo mínimo, lo en apariencia irrelevante, cobró un sentido supremo e introspectivo. A partir de entonces su vida cambió, su círculo de amigos cambió. Por años pensó que la mariguana era una planta dañina, un puente hacia otras drogas. Hoy, sin embargo, es uno de los rostros más ubicables del activismo cannábico en la ciudad de Mérida.

—El cannabis se convirtió en mi lubricante social, cambió mi círculo social. Ahora lo valoro y me nutre más, no hay mucho para pensarle. ¿Por qué hago activismo? Porque tanto en lo bueno, como en lo malo, la mariguana ha aportado un aprendizaje en mi vida— dice mientras mete un cogollo al grinder.

Acompañado de Raúl y Cuauhtli, Mitsuo ha emprendido acciones para concientizar a la población yucateca sobre el consumo de mariguana. Organizaron diversas manifestaciones. La última, en abril, fue una rodada hacia el Parque de la Paz localizado frente al ex penitenciaria del Estado de Yucatán. Se trató de un acto simbólico: en las áreas verdes del parque instalaron un policultivo en el que también sembraron mariguana. Mitsuo lo define como un homenaje para quienes fueron detenidos décadas atrás por ser consumidores.

Ante un escenario legislativo que se abre cada vez más a la aprobación del cannabis, la sobrerregulación es uno de los puntos más criticados por el activista. Los permisos para el cultivo y la distribución de la mariguana se emiten a través de licencias otorgadas por la Comisión Nacional Contra las Adicciones (Conadic). De acuerdo con la determinación de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos (Cofepris) deberá redactar los lineamientos para que los adultos mexicanos puedan adquirir semillas sin afectar a terceros. Sin embargo, los consumidores todavía pueden ser juzgados por narcomenudeo. La lógica consiste en regularizar un mercado cuyo rédito ha pertenecido históricamente a grupos delincuenciales.

Mitsuo Teyer en el Parque de la Paz. Fotografía de Mateo Peraza.

El abogado, quien encabeza un despacho cannábico, cuenta que formó parte de un sistema político en el que se actúa desde el exceso: consumo de estupefacientes, perversiones, un falso sentido de supremacía donde se persigue pisar al resto. “El exceso del sistema político hace que distorsionen la realidad”, comenta. Fueron once años ininterrumpidos hasta que decidió abandonarlo y dedicarse a lo que más disfruta: el activismo cannábico.

Mitsuo brinda asesorías en su despacho cannábico, apoya en las acciones de los colectivos y abrió un programa digital dedicado al cannabis, auspiciado por Medusa producciones.

—Llegué al punto en que di todo lo que podía dar para el servicio público y tomé una decisión de vida, que fue vivir el sueño. Se trata de vivir para y por el cannabis. En el medio político hay un tema cabrón de adicción. A mí me han dicho que de ese lado de la cancha estuve mejor, pero nunca estuve en la toma de decisiones. Siempre fui asesor.

Su trabajo anterior le sirvió para observar de cerca el proceso legislativo que ha derivado en la legalización del uso lúdico de mariguana, despenalizado el pasado 28 de junio de 2021. Vislumbra que el cannabis tendrá un futuro productivo próspero. Quizá el Estado ejerza un control total en la producción, un punto sobre el que, dice, hay que estar al pendiente.

—Aproveché mi papel como asesor para adentrarme al proceso legislativo del cannabis, y también me adentré en la planta. Pero hubo cosas que ya no me gustaban. En concreto, la política siempre es alguien que te lleva la agenda, que es tu jefe o jefes, y en esto nuestra agenda personal, política, social, es el cannabis. ¿Por qué? Esa es la otra pregunta. Desde una perspectiva fría y económica, esto es el futuro de muchas cosas. Es una planta que da un chingo de beneficios. Si nos organizamos, fumamos todos.

Tan sólo el pasado 7 de septiembre, Jiangsu Wopec, CEO del Cannabis Trust Found, dijo a la revista Forbes que el consumo personal y lúdico de mariguana generará 2 mil millones de dólares a partir del cuarto de año de su despenalización. Mitsuo señala:

—No hay casualidad en que un senador de Yucatán presente iniciativas de cáñamo, no hay casualidad en que se especule que el Tren Maya va a transportar el cáñamo. Nada más que no se dice, y ahí ves que se está manejando una doble agenda. Hay muchos intereses en el cannabis. La lucha va más allá de un porro.

Mitsuo conoció a Cuauhtli Laguna, comunicólogo y estudiante de agroecología, durante el año 2017 en una Expoweed realizada en la Ciudad de México. Tras conversar, llegaron a la conclusión de que estaban en sintonía. Poco después nació un colectivo para reivindicar el autocultivo, al cual se integró Raúl Yam, abogado y contador.

Sobre sus experiencias, Mitsuo sostiene que no ha sufrido malos momentos por el consumo de mariguana, lo que atribuye a un privilegio.  Pese a que tuvo algunos conflictos al inicio, su familia se caracteriza por una postura abierta, gracias a la cual terminaron aceptando su papel como activista.

—En mi casa, a pesar de ese tratamiento en contra de las drogas, siempre hubo una libertad de conocimiento, aunque también los estigmas. Durante la prepa nunca consumí mariguana. La probé hasta los 20 años, estando en Cancún. Fue una parte muy especial porque sentí algo que no había sentido nunca, esa pausa de la que todos hablan. Se puede estar cayendo el planeta, pero estás tranquilo: piensas esto puede solucionarse, puede arreglarse. Vi como caía el agua lentamente, y nunca voy a olvidar esa sensación.

Les pregunto qué debe suceder para que un consumidor común se involucre de lleno en una campaña por la legalización. Los tres coinciden que se debió a los beneficios que les dio la planta en sus vidas. En el caso de Cuauhtli, la mariguana aportó a su crecimiento personal, así como para corregir aspectos negativos de su personalidad. 

Cuauhtli Laguna, comunicólogo y estudiante de Agroecología, 32 años

Luego de concluir una rodada desde el remate de Paseo de Montejo hasta el Parque de la Paz, en la ciudad de Mérida, decenas de personas encienden porros, pipas, hitters y bongs. Se genera una cortina de humo tras la cual Cuauhtli Laguna, comunicólogo de 32 años, narra una mala experiencia con la policía. Lo detuvieron en un reten por tener ramas y semillas de mariguana. Los uniformados hicieron que entrara a la parte de trasera de una camioneta donde lo forzaron a desnudarse, hacer sentadillas y toser para inspeccionar si había mariguana escondida en sus genitales.

—Fui violentado, humillado, por la Secretaría de Seguridad Pública (SSP). Hicieron que me quite los pantalones e hiciera sentadillas. Eso me marca. Hay dos encuentros con la policía que se dan por cómo luzco. Ahora traigo el pelo largo, pero me lo corté varias veces cuando ya había logrado el largo que siempre quise desde niño. En las dos ocasiones se usa el terror: te interrogan con violencia, asumen que eres un vendedor y no un consumidor. Te gritan: “Dinos a quienes les vendes, dime a quienes les compras”. Hostigamiento y acusaciones que resultan terribles.

 —¿Por qué te detuvieron?

— La policía me detiene por cómo me veo y en esa revisión de rutina me encuentran semillas, ramas y las bachas que me había fumado en la tarde. Ya era de noche, como las ocho. No les quise dar mordida y la unidad canina en el retén de Campeche me detuvo. Me han detenido dos veces. En la primera fue la unidad canina y en la otra unos policías estatales, en donde está la caja negra bajo el puente en carretera Cancún.

Cuauhtli Laguna en el Parque de la Paz. Fotografía de Mateo Peraza.

La segunda detención marcó radicalmente a Cuauhtli. Luego de salir de los separos, se rasuró la barba, se dejó el pelo a rape, tiró la ropa con la que lo detuvieron. Se sentía sucio y humillado. Además de agredirlo esa noche, la policía acosó a su pareja. Ella tuvo que dar sus datos cuando los detuvieron. Días después un uniformado se presentó en el domicilio de su madre y preguntó por ella. Uno de los policías dijo que la fue a saludar.

—Sobre lo de la policía también hubo un hecho de acoso. Cuando me detienen y permiten que mi pareja se retire, el oficial tomó sus datos personales. A ella le preguntan dónde vive. Y a los dos días la van a ver a su domicilio. Le dicen a su madre: “Vengo a verla, la conocí en el retén, en tal lugar, y vengo a darle un saludo”. Eso me frikeó. Es decir, me están investigando o vinieron a ver a mi pareja en un caso de acoso policial. Es una falta de profesionalismo, no tienen capacitación en derechos humanos.

Luego de un año, Cuauhtli continuó con el activismo. Creó cursos de capacitación para el cultivo de mariguana en comunidades y participó en las diferentes actividades que organizan los colectivos cannábicos. Menciona que el activismo es una forma de libertad y de retribución hacia los beneficios que la mariguana generó en su vida. Habla de esa misma pausa provocada tras la primera calada: un instante de reflexión que permite darle otra óptica a las circunstancias. Un suceso místico, dice, que cambió su vida y la manera en que interpreta el mundo.

—Vemos libertad en la elección de hacer activismo. Vemos que esta planta debería ser tratada como otras plantas, y además tiene un plus para nuestra personalidad. Cada usuario tiene un sello de cómo te cambió la mariguana. Un ejemplo es el tiempo de respuesta ante una crisis: hay personas que no tienen un tiempo de respuesta, que van explotando, hiriéndose, hasta responder como bestias.  Pero cuando fumas mariguana adquieres un umbral donde todo lo que te enerva se contiene, logras cortarlo, y tienes un respiro: una capacidad de decirte en lo interno “estoy por cometer un error”. Nosotros tenemos el interés de informar sobre cómo consumir correctamente.

—Tras la legalización del uso lúdico de mariguana, ¿qué sigue para ti, para ustedes, dentro del activismo?

—Queda construir lo que viene después, que es la industria. Lo que queremos es sentarnos a dialogar con quienes harán las leyes ahora, es decir, quienes se sientan en el congreso local. Y se tienen que establecer las vías de comunicación. No solo somos unos cuantos, pensando en quienes dan la cara; somos usuarios, usuarias de cannabis en todos los sentidos. Tenemos que hacer leyes que ya no le permitan al brazo armado, desde lo institucional, tratar a la sociedad bajo la prohibición del cannabis. Por eso estamos en el Parque de la Paz, junto a un ex penal que tuvo a mucha gente criminalizada.

Los espacios tomados a modo de protesta para el cultivo de mariguana son una constante desde el pasado 10 de marzo del 2021, cuando surgieron inconformidades contra la Cámara de Diputados por la falta de determinaciones en torno al comercio de la mariguana. Activistas y consumidores instalaron un plantío en el parque Luis Pasteur, ubicado en la Ciudad de México.

A las fueras del ex penal del Estado de Yucatán, al lado del policultivo en el que se incluyó mariguana, se continúa con las labores de concientización. Cada mes se instala una mesa y equipo de sonido para realizar conversatorios, así como rondas testimoniales. La idea es presentar a la mariguana desde un sentido físico, tangible, para que la gente la normalice y pierda el miedo.

—Es una flor preciosa— dice Cuauhtli y pide que no se lleven las plantas, pues algunas personas las han arrancado para iniciar cultivos propios.

Raúl Yam, abogado, contador, 33 años

Raúl comenzó a consumir mariguana por una enfermedad. Antes estigmatizaba la mariguana, la veía como una droga que “acaba con tu vida” o que te conduce al consumo de sustancias más fuertes. Una serie de lesiones en la espalda le hicieron buscarla como una alternativa a los medicamentos. Eso permitió que su familia lo comprendiera. Los cambios no solo fueron físicos, sino también en su identidad.

—Me operaron en la espalda, algo grande. La mariguana me ayudó con el dolor, aunque reconozco que mi primer acercamiento no fue serio. Era por la falta de información, no había un consumo responsable.  A raíz de mi operación, cuando mi familia se enteró de que fumaba, se les cayó la quijada. Les expliqué que era para el dolor y poco a poco lo entendieron. Además, me ayudó socialmente: antes era un poco inhibido, me costaba salir, me costaba expresarme. Ellos, mi familia, al ver que consumo, y hago mi vida profesional, y que crezco como individuo, retomamos el tema y dicen: “qué bien”. Eso les ha servido para aceptar mi consumo.

Raúl había heredado una perspectiva conservadora sobre los consumidores. La abandonó cuando conoció a Cuauhtli y a Mitsuo a través de los colectivos. Ahí sintió el respaldo del gremio; le dieron la fortaleza para asumirse como consumidor y activista.

Raúl Yam. Fotografía: cortesía

—Convivir con más usuarios me hizo crecer como individuo. Eso a veces causa conflicto porque las ideologías cambian y cuesta trabajo que tengas una visión y quienes integran los colectivos la compartan. Nosotros hemos hecho activismo junto con otras cinco personas. Todos son profesionistas en su área, y ven la importancia y la deuda que tenemos con el cannabis, así como la importancia de que ese mensaje llegue a la población.

Expone que los estigmas contra los consumidores radican en el privilegio social y la discriminación. La policía, dice, “genera un estereotipo del consumidor, y los acosan”. Los tres coinciden en que la mayor carga de agresión se la llevan los consumidores y no quienes venden la planta.

—Tengo conocidos a quienes los han detenido por caminar hacia un Oxxo. Los policías fichan a los consumidores, definen como caminas, como hueles, las cosas que haces. En los estudios del INEGI siempre se demuestra que los consumidores son los que más sufren en comparación con quienes venden mariguana. A veces los dealers tienen cadenas de contactos que les permiten salir libres en caso de tener un percance con la policía, mientras que los consumidores tienen que pagar penas mayores. El consumidor es el principal perjudicado. Uno busca en la planta una ayuda, un apoyo para su vida cotidiana. El estigma que he vivido es dentro de la familia, dentro de un entorno donde hay algunas posturas conservadoras.

Aparte de desarrollar un policultivo, Raúl menciona que también dan charlas cada mes para asesorar a los consumidores. En esos espacios se comparten experiencias y se fortalecen las redes de resistencia y participación de los grupos de activismo.

—Tomamos el espacio del Parque de la Paz, y vamos el tercer sábado de cada mes para dar pláticas y hablar con la gente que va. Establecimos un huerto comunitario para que la gente lo cuide, aporte, siembre. Se estableció un sistema asociado de cultivo tradicional, no solo de mariguana. Es un llamado para conocer la planta. Quizá en algún momento cada jardín, cada patio, cada parque, comience a tener huertos comunitarios. Se trata de ir en contra del productivismo.

Mateo Peraza. Reportero. Ha publicado en Efecto Antabus, Tierra Adentro y Punto de Partida.

Procesando…
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“Manifestantes en el Parque de la Paz” es el título de la foto de cabecera y fue tomada por Mateo Peraza.

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