La isla de Sajalín, la única crónica de Antón Chéjov

Antón Chéjov viajó a la isla de Sajalín para registrarlo todo. Aunque se trata de un texto poco conocido dentro de su obra literaria —incluso se publicó en un tomo aparte de sus obras completas—, la crónica es un pilar para entender la evolución del periodismo narrativo, así como para perfilar al escritor ruso en un género diferente al cuento, la novela y la dramaturgia.

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Por Mateo Peraza

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¿Qué buscaba Chéjov en la Isla de Sajalín? ¿Huyó de un desencuentro amoroso, de la muerte de su hermano Nikolái o de la posibilidad de morir luego de contraer tuberculosis? ¿Qué lo llevó a leer más de 120 obras etnográficas y antropológicas sobre un espacio hostil y destinado al encarcelamiento y el exilio? Autor consagrado y acomodado socialmente en la élite intelectual tras recibir el premio Pushkin (1888), así como por sus cuentos y obras de teatro, Chéjov asumió el viaje como un compromiso con la sociedad rusa, ignorante de los malos tratos y las condiciones deplorables que padecían los presos, los colonos y los campesinos de Sajalín; una isla cuya historia se divide entre China, Japón y Rusia, las tres naciones que intentaron delimitar su poderío sobre esta zona ubicada en las costas del pacífico, en el mar de Ojotsk.

Cuando partió hacia Sajalín en 1890, Chéjov sabía por la lectura de decenas de notas de prensa que el proyecto de Rusia de colonizar una isla con presos liberados —gente que pese a pagar una sentencia podía conseguir la condición de colonos y campesinos para iniciar una vida en Sajalín con propiedades cedidas por el Estado—, era una iniciativa perdida. La isla se transformó al paso de los años en un ejemplo de desorganización y autoritarismo. Un infierno, según sus palabras. Los guardias de la prisión forzaban a los presos a ser sus esclavos; las familias de los condenados podían acompañarlos a vivir a la isla y sufrían las mismas condiciones desfavorables que sus seres queridos: castigos corporales, falta de alimento, enfermedades incurables; el 90% de las mujeres se encontraban obligadas a practicar la prostitución para sobrevivir. Incluso, al adquirir el estatus de “campesinos”, las condiciones de los expresidiarios no mejoraban. A través de cientos de estudios, recorridos a pie por la zona septentrional y meridional de la isla y encuestas aplicadas por él mismo a miles de habitantes, Chéjov retrató una realidad ominosa, misma que las autoridades se vieron en la necesidad de mejorar tras la publicación del libro.

Pese a tratarse de una obra minuciosa con decenas de anotaciones a pie de página y referencias de textos académicos, La isla de Sajalín se lee como una crónica. Chéjov no solamente utilizó elementos del periodismo de inmersión para convivir con los habitantes de Sajalín y obtener testimonios llenos de textura, sino que implementó recursos narrativos para contar su viaje en un barco que atravesó una tundra en llamas, los recorridos por calesa en caminos peligrosos, sus estadías en posadas de mala muerte; asimismo, la historia de la isla, su descubrimiento y las condiciones de las comunidades originarias que se encontraban ahí antes del proyecto de las isbas, es decir, casas de estilo ruso que eran concedidas a presos con buena conducta y a quienes, una vez liberados, se les permitía vivir en Sajalín, tener familia y cultivar huertos.

De acuerdo con el prólogo de Víctor Gallego Ballesteros, Chéjov pasó tres meses y medio en la isla. Con un estilo magistral, el autor narró las fugas más famosas de Sajalín —casi todas terminaron con los presos muertos, perdidos en el mar o mutilados tras sufrir congelamientos—, la fallida producción de carbón en minas donde se trabajaba en condiciones inhumanas, la vida en las isbas, las cárceles y los castigos corporales. Sobre estos últimos, Chéjov registró uno en vivo: el preso terminó con una capa de sangre en la espalda luego de recibir decenas de latigazos y, como escribió en la crónica, temblando mientras mordía el vidrio de un vaso para beber agua.

En una carta citada en el prólogo, Chéjov escribió: “Parto con la absoluta convicción de que mi viaje apenas aportará nada a la literatura o a la ciencia; me faltan, para ello, los conocimientos, el tiempo y la ambición necesarios (…). Me vendrá bien porque soy ucraniano y estoy empezando a volverme perezoso. Hay que domar la propia naturaleza. Admitamos que el viaje sea una locura, una obstinación, una extravagancia, pero reflexione un poco y dígame qué pierdo: ¿tiempo? ¿Dinero? ¿Acaso ha de detenerme el temor a las incomodidades? Mi tiempo no vale nada y dinero no lo he tenido nunca; en cuanto a las incomodidades, viajaré en coches de caballos durante veinticinco o treinta días como máximo”.

Como apunta Ballesteros, en esa época Chéjov ya escupía sangre producto de la tuberculosis y veía de cerca la muerte, tal como sucedió 15 años después. Además, viajar a la isla significó saldar una deuda con la ciencia y la medicina, carrera que finalizó en 1884.

Cabe destacar que por entonces los viajes implicaban meses de transitar rutas inhóspitas, retrasos que se prolongaban semanas, dormir en pensiones marginales o a la intemperie, y mucho tiempo muerto. Chéjov brincó todos los obstáculos para reflejar una realidad que debía ser mejorada. Al igual que todo el buen periodismo que se ha escrito en el mundo, trabajó pensando en las causas y en brindar un reflejo preciso de una realidad que el Estado insistió en ocultar. En ese sentido, aunque los guardias le negaron el acceso a los presos políticos, el autor logró infiltrarse y entrevistarlos.

El texto aborda las condiciones de vida: narra cómo viven en las celdas, dónde se ubican las letrinas, de qué manera llega el suministro de agua, qué piensan los habitantes, de qué viven, qué añoran del pasado que dejaron atrás luego de ser encerrados. Hablan asesinos, violadores, prostitutas, y también quienes aseguran su inocencia pese a tener todo en contra.  

Se trata de una crónica fundacional donde se exponen las vías comunicantes entre periodismo y literatura. Tras leerla, considero que la crónica de Chéjov es una muestra de que el periodismo en sus diversas facetas y estilos surge desde la necesidad de confrontar la realidad para transformarla.

Nº de páginas:448

Editorial: ALBA EDITORIAL

ISBN: 9788484282600

Año de edición:2005

Mateo Peraza. Reportero. Ha publicado en Efecto Antabus, Tierra Adentro y Punto de Partida.

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