Finales

Te presentamos una selección de poemas de Juan J. Jiménez, nacido en Puebla.

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Por Juan J. Jiménez

Profecía

Al caer la primera gota de tu llanto,

entre el temor que expresó tu mano

clamando que la lluvia se detuviera.

Con mis manos dibujando tu figura

en medio del infierno que provoque,

con mi voz llamándote entre sueños.

Fuimos instrumento que retuviera

un final absurdo desde tu cintura,

verso que no recordaría el nombre

donde tanto pediría por tus ruegos.

La bruja del llano

Deja que te agarren de noche ¡cabrón!

¿Y para qué me querrían las cabras?

¡Nomás deja que te agarre, bruja!

Salí de la iglesia como es deber,

persignándome a mí y mi mula

para salir al camino del llano.

Verás que no te hará caso ni San Ramón.

¿Será bueno preguntarle a quién le habla?

Nomás que se queden solos tú y la luna.

Después de pagar lo que quedé a deber,

mis pies empezaron a tomar altura,

porque la mula me llevaba de la mano.

El incendio

No hay forma de escapar

a los brazos extendidos

entre el humo y el calor.

Es herida profunda sin sanar,

es de la noche el quejido

y de la muerte el encanto.

¡Ay de nosotros, querer!

¡Ay el sufrir de hojarascas!

¡Ay del fuego! ¡Ay de la vida!

¿Qué forma tendrá tu alma?

¿A cuántos habrás dejado heridos?

¿Cuántos campos habrás cegado?

¡Trágame y borra mi cara!

Y así no importará si quedo rendido

o si muero entre tus ojos regados.

¡Ay de nuestras pesadillas, querer!

¡Ay de las cosas en la hojarasca!

¡Ay del fuego en tu vida!

Rosas ígneas

Han crecido entre el infierno,

sembrando entre sí fatalidades

que depara su sola existencia.

Juegan a ser el cambio y vida,

consumen el mundo dormido

y frío que no chapotea al hablar.

Vierten en sus mentes lo cierto

acerca de todas las trivialidades

que al magma no hace resistencia.

Alimentan su muerte en indiferencia.

Esperan el invierno de plazo cohibido

y del que no podrán escapar jamás.

Zarzas ardientes

Sobre tu cabecera, al amanecer,

se desliza tu último desaliento;

igual que los humos de tu mano.

En los ojos donde dibujas el tabaco,

se escapa una llama que nos consume

y abre paso entre juegos de palabras.

De tus sueños he visto florecer

zarzales por un casamiento

donde no sostendré tus manos.

Y mientras despiertas vestida de blanco,

quemaré las espinas que me estrujen

por irme antes de que llegue la mañana.

Combustible

Abren al mediodía y prisioneras

de los cantos entre las fuentes,

deciden expirar apenas nacer.

¿Qué tendrá de bueno la muerte?

¿Qué? Solo es su propia ausencia.

¿Qué? si no es el sobrante de bruma.

Son por un instante cancioneras

sobre los encantos de suertes

que nunca han de suceder.

¿Qué inspira en tus ojos la muerte?

¿Qué será? Tal vez la remanencia

donde tu nombre escribe mi pluma.

Llamaradas

¡Agarra las estrellas! ¡Que no se escapen!

¡Deja que se retuerzan, pero que no escapen!

¡Estamos cerca! ¡Solo hay que detenerlas!

Se nos quemarán las manos pero lo valdrá,

te juro que todo lo que hacemos lo hará.

Verás, amor, que no podrás dejar de verlas.

¡Solo resiste un poco más! ¡Otro poco más!

¡Ya casi puedo sentirlas al rozar tu boca!

¡Casi podemos detenernos! ¡Solo un poco más!

Nocturnal

Reza por mi cuando yo no pueda hacerlo,

junta entre tus manos mis deseos mortales

para untarlos con pomada sobre mi lápida.

Deja que sanen mis heridas bajo tierra,

bailemos hasta que llegue el amanecer,

te juro que ahora no te dejaré de querer.

Yo moriré por ti cuando no quieras hacerlo

si me prometes vernos entre portales

cuando te quedes finalmente pálida

y ambos podamos bailar bajo la tierra.

Apocalypto

De alguna forma el mundo ya se acabó.

No tengo idea de cómo ni del porqué,

pero lo descubrí al pisar un blanco vacío

y no sentir que se me congelaba el pie.

Tal vez me quedé dormido tan profundo

en la muerte que me expulsaron del tiempo.

Tal vez es que el universo se desparramó

entre mi cafetera y los trapos de la cocina.

Pero el mundo se acabó y yo lo sé.

A pesar de lo que diga tu foto y la mía,

de las sombras que el gato no reconoce

entretejidos a tus manos en una taza fría.

El mundo acabó cuando apenas lo conocía,

en medio de liturgias que un párroco exclamó

bendiciendo mis palmas y los últimos alientos

que habrían de aclarar: se acabó el mundo.

Pero hay que pensar que así Dios se divierte

apilando la vida como en un mueble rancio,

dando vueltas a la eternidad como redondel

en que se cayó del caballo. El mundo acabó.

Juan Jesús Jiménez García. Nacido en Puebla, escritor, estudiante y ser humano a tiempo completo, además de ser el ganador del V premio nacional de poesía juvenil Amapola Fenochio en 2020. En el fondo Juan sigue siendo alguien que disfruta de un agua de horchata al mediodía. Correo de contacto: juanjesusji59@gmail.com. Instagram: juan_jmnz_g Twitter: @_JuanJ_Jmnz_

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