Dos poemas de Nelson Alonso

Nelson Alonso (Quezaltepeque, La Libertad) nos presenta dos poemas titulados “La botella” y “Poema para ser recitado en una Ruta 109”.

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Por Nelson Alonso

La botella

Tic tac tic tac
La botella destrozada en la esquina
                                   enumera a los padres que rompieron mi cara.

Ya perdí la cuenta,
el reloj también perdió la cuenta de las cicatrices en mi costado…

La botella rota desata la fuente de sangre,
abre los puentes que llevan a pudrirme de rencor,
y suena una lágrima y otra y otra
y mamá dice que todo marcha bien.

Yo le creo:
sería mal hijo si no creyera sus palabras,
sería mal hijo,
pero sería peor hombre
                        si usara palabras bonitas
                                   para hablar de sufrimiento.

El dolor me arranca la lengua:
es un dolor que ríe porque aquí nunca pasa nada.    

Y entonces todo dramaqueen uno,
todo “niña” porque también llora cuando siente dolor.

Y suena la puerta:
mi cuarto es un vibrar de autobiografías en la carne.

Afuera (mi angustia) tiene aspecto de mortal.

La risa se quiebra entre mis manos,
la impotencia cobra la fuerza de un puño sobre la pared
y cuando siento el peso de la noche,
alguien me cuenta lo mucho que ha llorado:
yo guardo silencio.

Hay una botella destrozada:
mamá dice que todo marcha bien.

Sin embargo, omite verdad entre los golpes:
y mi desprecio, eternamente de padres,
                                                      ha roto a llorar de nuevo.

Poema para ser recitado en una Ruta 109

Recorro el camino de siempre en una regresión que no acostumbro:
como todos los días, hay una trabazón del demonio.

Un muro nos explica:
         sin pausa y sin miedo

[REBOTA EL ECO EN UNA PARED HUMANA]

y recuerdo que alguien afirmó que en el autobús se origina el lenguaje.

Nada es un regresar de caminos
         porque estos pasos no son para nosotros:
qué damas y caballeros son aquellos
         que dan su asiento al vacío.

Ir parado me da dolor de espalda:
pienso que he vivido de hambre,
que me alimento con cartas que jamás serán recibidas.

(Vaya corazón, para tal sitio)

Suben más personas:
después de haber amado tanto
         uno tiene que decir si anda mal.

Entonces arranca el autobús:
qué estrés… y vos ya estás esperando
                  al otro lado del teléfono.

Me decís que las nuevas residenciales tienen nombres de santos,
que entre tanto santo de concreto es increíble que existan árboles.

(A wálmar lleva, corazón, a wálmar lleva)
y YO te llevaré a la gloria (solo por esta noche).

[DISMINUYE LA VELOCIDAD]

Podés perder el tiempo, pero menos el teléfono:
luego me preguntás lo qué está sonando
y yo te respondo que salsa,
que muchas gracias me tengo que ir
y que te vaya bien de expectativas.

[SILBIDO]

Hay un árbol muerto y profanado por las llantas del microbús,
hay tres filas de autos en una carretera de dos carriles,
también salsa, túmulos y pensamientos desordenados
y una fiebre que se termina entre los huecos de la ventana.

[MÁS SILBIDOS]

Ahí va la policía, con su cincuenta y siete catorce de multa
         porque tienen hambre los perros…

Creo solamente que son desiertos los cañales
         que yo contemplo este día:
mares los naufragios y abandonado nuestro polvo.

Y una ambulancia rompe cualquier especulación,
cualquier resonancia encefálica de astros terrenales.

Entonces exclamo:
cuánto desierto en este oasis de asfalto carcomido,
cuánta arena dispersa en estos frenos de embotellamiento.

La publicidad permanece vacía sobre la calle:
está quemada la tierra,
y la ambulancia retumba sobre la orilla carbonizada.

[AUMENTA LA VELOCIDAD]

En un poste eléctrico dice:
Cuando el justo gobierna el pueblo se alegra.
La cara del poste eléctrico está rota y tachada
y la velocidad del autobús difumina el rostro del poste.

[CORREN ATRÁS, SUBEN ATRÁS, AVISA].

De pronto aparece un abrazo
y una niña juega con sus padres a vender para vivir:
todo es un presagio del 11/08/97 en una cruz.
Suena Desesperada, se te nota en la mirada
y se romantiza mi lenguaje en combustiones de pensamiento…
                                                                       otra vez.

[DISMINUYE LA VELOCIDAD]

Los motociclistas pasan entre los autos
         y a veces rompen el camino con sus cabezas…
(Sin embargo, antes de criticar motoristas
                           tengo que conocerme el corazón del automóvil

[CORREN ATRÁS, SUBEN ATRÁS, AVISA].

y con poesía pasarán siglos, pero siempre miraré de lejos).

[POR FIN SE DETIENE]

En el momento alguien pronuncia:
con razón pasó la ambulancia.
Surge el morbo y de ahí viene la policía.

La gente amotina los ojos a la ventana por puro gusto.
Alguien ha muerto, dicen,
         y todos se asombran cuando ven al mentado muerto.

Quizá venía muy rápido el hombre
         (porque si venía en camión era hombre)
o las pandillas quizá fueron,
o simplemente quería morirse.

No lo sé y nadie lo sabe tampoco.
Comienza a marchar el autobús:
qué gran tragedia, mi gente,
                           un finado, pobrecito.

El asombro dura segundos…
                  y entonces continúa la vida.

Nelson Alonso, Quezaltepeque (La Libertad), 11 de agosto de 1997. Egresado de la Licenciatura en Letras en la Universidad de El Salvador. Escribe poesía. Ha ganado un premio literario: Segundo lugar en el Primer Certamen Estudiantil Universitario, 2018 (poesía). Apareció en la antología poética cubana/salvadoreña: Dos naciones en verso (Editorial Shushikuikat, 2019); también, en una antología poética hispanoamericana de hombres menores de 30 años, preparada por Chuleta de Cerdo Editorial; y en diversas revistas digitales como Cabezarrota, El pez soluble, Artesanos & Editores y Small blue library. Además, está a cargo del proyecto de difusión literaria Una verdad sin alfabeto.

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