Nuestras lecturas (independientes)

El equipo de Efecto Antabus comparte una lista de libros que han leído con entusiasmo en los últimas semanas.

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Por Alicia M. Mares

Páginas: 284
Publicación: 2020
Traducción: Isabel Zapata
Editorial: Antílope

Nunca he sido mucho de leer memorias por el nerviosismo de presentirme husmeando en vida ajena, pero este libro es una preciosidad. Cuando las mujeres fueron pájaros (Ediciones Antílope, 2020) no se encasilla en ningún género: contiene poesía, acotaciones, dibujos, notas históricas y citas; fluctúa de una a otra sin previo aviso. Aunque con cantora provocación.

La conexión con las mujeres de la familia de Terry, especialmente con su madre, Diane, y su abuela, Mimi, se explora desde la infancia hasta la muerte con tanta melancolía como con sabia retrospectiva. Williams hablará de religión, política, de la apreciación de la majestuosidad de la naturaleza y el esfuerzo por conservarla; remarcará que incluso un pequeño libro puede hacer la diferencia. El sexo, el amor, la soledad, la religión: todo se canta con elegancia e infinita ternura. En la música entendí los espacios en blanco entre nuestra voz y las de aquellos que vinieron antes. Y vendrán después.

Hace mucho tiempo, cuando las mujeres fueron pájaros, existía el sencillo entendimiento de que cantar en la madrugada o cantar al atardecer era curar al mundo a través de la dicha. Los pájaros aún recuerdan lo que nosotras hemos olvidado, que el mundo está hecho para ser celebrado.

He encontrado en los libros de Ediciones Antílope una sensibilidad suprema, cierta apuesta por lo íntimo que se vuelve maravilloso y viceversa. Las crónicas ambulantes de Mariana Enríquez, la poesía alquímica de Maricela Guerrero, la valentía emigrante de madres e hijas de Ana Negri. No le temen apostar ni por magia verdadera ni por el encarnizamiento.

Quise terminar de leer Cuando las mujeres fueron pájaros en el cumpleaños de mi mamá. Fue un regalo que le hice a ella, pero también a mí misma.

Páginas: 144
Publicación: 2020
ISBN: 978-84-15934-56-1
Editorial: Candaya

Entré con la promesa de literales fantasmas chocarreros y me quedé por la mano extendida que ofrece la autora; invitación a reconstruir lo espeluznante una vez picada con todos los elementos.

La Primera Vez que vi un Fantasma (Candaya, 2018) tiene 15 relatos que atraviesan muchos escenarios distintos: las vacaciones gastronómicas de una pareja incompatible, la celebración de una fiesta de cumpleaños con final inesperado, una huida de amantes tipo Bonnie y Clyde en un hotel de carretera, una reunión de amigos que juegan a la botella, el departamento de madre e hija y hasta una criatura misteriosa, juguetona y sin misericordia. Todos tienen en común una atmósfera cargada de tensión y varios destellos de ternura.

¿Qué tienen en común los extranjeros y los cometas?” —había bromeado yo en vísperas de tomar el avión— “que vienen de fuera, rozan tu existencia por poco tiempo y te dejan completamente alterada”. Él no se había reído, alejarse no era cosa de risa. En serio, yo pensaba que volveríamos a vernos

Cuando leí estos relatos me quedé con la sensación de cataclismo inminente; evento culminante que en algunas ocasiones llega a materializarse y en otras tan sólo se vislumbra. Un ejemplo de esto son los relatos de ‘El Atanudos’ y ‘La Matadora’. Los nombraría mis favoritos de la antología, y el hecho de que están uno después del otro casi me obligó a tomar mis gotitas para la presión.

Todo lo que falta, falta porque Solange Rodríguez así lo desea. Una vez sustraes la cantidad exacta de explicaciones, causas, maullidos, somníferos, piernas segadas, nombres de fantasmas, pisco y rana licuada, amantes y maletas, queda algo. Lo mínimo indispensable, lo máximo soportable. La sensación de que te sacudieron, de que te jalaron de las greñas.

Candaya publica a escritores consagrados y a noveles; está particularmente abierto a América Latina. Además, sus colecciones editoriales abarcan poesía, ensayo y narrativa y todavía nos presentan con esta invitación/propuesta/desafío: Colección abierta.

Yo no sé ustedes pero yo lo checaría.

Por Mateo Peraza

Páginas: 97
Publicación: 2020
ISBN: 978-607-8667-44-4
Editorial: Almadía

Cuando estamos solos, inmersos en un proceso de reinvención interior, regresamos la vista hacia el pasado. Caballo fantasma, de Karina Sosa, es una obra de ficción que se origina en la muerte de un ser querido —pero, sin embargo, desconocido— y en un intento por comprender las razones de su abandono. A lo largo de la historia la ausencia se materializa como el núcleo de una necesidad: comprender a quienes nos dejaron sin ser vistos, casi en silencio; perfilar sus vidas para hallar motivos. En esta novela autoficcional, hecha con un ritmo adictivo e íntimo, la escritura opera como una catarsis, pero también como un acto de amor y de conciliación.

Páginas: 162 
Publicación: 2019
ISBN: 978-6079833978
Editorial: Dharma Books

Con un lenguaje cercano a la prosa poética, Matate, amor, de Ariana Harwickz, es una novela que cuestiona la maternidad y la familia. La personaje principal se lanza hacia una transformación fundada en el rechazo a las buenas costumbres y la búsqueda de lo salvaje. Es una obra que propone cortar de tajo los principios morales de una sociedad que insiste en definir el valor de la mujer mediante un sistema obsoleto. Desde el título, Matate Amor es una consigna revolucionaria: la violencia como independencia, o, la violencia como un camino hacia la liberación total.

Por Jesús M. Koyoc Kú

Páginas: 338
Publicación: 2018
ISBN: 9788416677603
Editorial: Sexto Piso

Llega la negra crecida, de Margaret Drabble, llegó en uno de los paquetes que pedimos a Sexto Piso hace algunos meses. No recuerdo si fue el primera, cuando Tello, Kalín, y yo decidimos comprar con el 40% de descuento, o el segunda, cuando Mateo y yo compramos una tanda de libros más, ahora con el 30% de descuento. Como varios de los libros que he comprado—casi todos, en realidad—le tocaron a este también unas cuantas semanas de añejamiento en el librero mientras decidía quitarle el plástico y comenzar a hojearlo. Cuando finalmente lo hice, recuerdo que leí la primera página mientras me mecía en mi hamaca, pateando la pared, escuchando un poco de música en las bocinas de la computadora. Pero nada más. Esa vez no leí más que las primeras páginas y luego lo puse a un lado. Por lo regular, cuando leo un libro, me gusta familiarizarme con él: no importa si es en formato físico o digital: cuando leo en la tableta, busco la tabla de contenidos y leo los nombres de los capítulos, cuántos son y cuántas páginas hay en cada uno; cuando es un libro físico paso las páginas para ver si la novela, como en este caso, está dividida o no, y si lo está, de qué manera. En el caso de Llega la negra crecida, nos encontramos con la vida de Fran Stubbs a través de estampas que están divididas y se intercalan narrando las diferentes vidas que se cruzan en el camino de Fran, una mujer de la tercera edad que trabaja con diferentes empresas (a través de convenios) para crear condiciones de vida más favorables para las personas como ella: desde robots que ayuden con las tareas del hogar hasta cerraduras diseñadas para que las personas con Alzheimer no puedan escapar.

Por medio de los ojos de Fran, conocemos diferentes formas de vivir la vejez, como la de ella misma, que se niega a dejar de manejar y que sigue teniendo, a pesar de la edad, un rol de cuidadora con su exesposo, Claude Stubbs, un médico retirado que ahora pasa los días en una cama, con su gato rondando en la habitación y la televisión siempre encendida a un volumen inaudible. Recuerdo que en un taller, el poeta yucateco José Díaz Cervera dijo que la creación de universos simbólicos dentro del texto es muy importante, algo que Margaret Drabble hace de manera natural: podemos identificar cómo Fran se siente cómoda cuando se relaciona con las personas por medio de la comida y cómo esta puede ser reconfortante para ella a pesar de su simpleza, como el huevo pasado por agua que se come en el hotel Premier Inn y que considera simplemente perfecto; o la comida que cocina para su ex pareja, aunque la voz narrativa nos revela que la empleada doméstica de Claude encuentra la comida un poco pasada de moda. O también tenemos a Ivor Walters y Arnold Bennett, una pareja de ingleses que vive en las Islas Canarias, donde también transcurre una parte de la historia. Estos dos personajes guardan una relación muy cercana con los espacios exteriores y, durante sus primeras apariciones, podemos escuchar a la voz narrativa que nos cuenta de a poco varios episodios importantes para esta pareja, mismos que ocurrieron en espacios abiertos.

Otra cosa que me gustaría mencionar es la respiración del texto. (Descargo de responsabilidad: es necesario tener en mente que leí la traducción de Sexto Piso, a cargo de Regina López Muñoz y no la versión en el idioma original.) La voz narrativa de Margaret Drabble alterna oraciones y frases cortas, algunas de apenas dos palabras, otras con cláusulas subordinadas, algunas enumeraciones, con otras frases u oraciones que son más largas y que de pronto vuelven el ritmo del texto algo que fluye rápidamente. Y de vuelta a las oraciones cortas; a las que se extienden un poco más cada vez, hasta que de nuevo el párrafo concluye con un maremoto de palabras que arrastran a quien lee al texto hasta el punto que nos lleva a sumergirnos en el siguiente párrafo.

En esta novela de Drabble nos encontramos con muchas referencias a otras personas que han escrito: desde varias citas de Shakespeare, quien aparece intermitentemente durante todo el texto, pasando por libros bíblicos y Miguel de Unamuno, hasta D. H. Lawrence; citas que dialogan con las vidas de los personajes que habitan el universo de Llega la negra crecida y que nos demuestran las diferentes formas que han escogido para vivir la vejez tan dignamente como les sea posible. Durante la narración, también nos encontramos referencias a eventos históricos que relacionan las vidas de los personajes, como las de Ivor y Bennett, con el territorio que habitan en las Islas Canarias, en el estado español: la Guerra Civil Española, la dictadura de Franco, y aunque muy brevemente, el papel de Inglaterra durante este conflicto (alerta de spoiler: decidieron mantener la neutralidad, sea lo que sea). Por medio de diferentes saltos temporales hacia el pasado—anacronía o analepsis le llamamos en una clase de semántica de la que casi no recuerdo nada—el texto escrito por Margaret Drabble nos ofrece poco a poco información referente a cada personaje, cómo las historias se relacionan unas con otras, tejiendo caminos que en algún punto parecen ser uno solo—Llega la negra crecida nos ofrece una perspectiva de la vejez en donde existe más de una sola alternativa: no más parejas tradicionales únicamente, no más pensar que llegar a la tercera edad es dejar de hacer lo que nos gusta, o que no podemos mejorar el entorno que nos rodea para prepararnos para ese momento.

Páginas: 96
Publicación: 2020
ISBN: 978-607-8646-25-8
Editorial: Paraíso Perdido

Paraíso Perdido es quizá la editorial independiente que conozco desde hace más tiempo —incluso desde antes de saber qué es una editorial independiente. Con los años, he visto los cambios en los diseños de sus libros y las diferentes colecciones que han lanzado, siempre manteniendo el mismo estándar respecto a la calidad de los textos y también del libro-objeto; tuve, desde el inicio del confinamiento, la oportunidad de platicar con algunas de las personas que han publicado libros bajo este sello, como Itzel Guevara del Ángel y su Domingo de Summertime. He visto la aparición de diferentes títulos que se adscriben a los géneros especulativos, como Cuando las luces aparezcan, de Roberto Abad; y también he visto y leído algunos libros de ensayos, como Un lugar seguro, de Olivia Teroba, quien recientemente publicó con la editorial de Jalisco su más reciente volumen de cuentos: Respirar bajo el agua. En este caso, leí la edición digital alojada en Bookmate, donde también se encuentra una gran parte del catálogo de Paraíso Perdido.

Bajo este título, la escritora de origen tlaxcalteco nos presenta diez relatos narrados por voces femeninas en circunstancias muy diferentes: desde la perspectiva de una niña que habla sobre la vida con una mujer mayor de nombre Nelly, quien se la pasa diciendo cosas sin sentido en el cuarto al que ha sido confinada y que huele mal; pasando por la chica que está harta de la música que hay en su casa y se refugia en la azotea de su edificio, escuchando la canciones que abren sus mangas favoritos en su teléfono y que sirven como una ventana auditiva para mirar una realidad diferente; hasta la voz de una mujer que es pareja de un díler de cannabis, un cuento que parece ir contrarreloj porque alguien ha delatado al hombre y a la mujer, quienes a pesar de la prisa que la mente de la narradora siente, parecen incapaces de pasar a la acción física con la misma urgencia y en lugar de apresurarse a escapar, prefieren hornear un lote más de pastelillos con mois hasta que llega el final con smash cut: todo se vuelve negro en un final que nos deja con algunas interrogantes.

Las voces narrativas de este libro son periféricas, son personajes que se mantienen en los márgenes de la situación y nos narran lo que ven desde ahí: la chica que va a un concierto con su amiga y de la que se separa en algún momento para terminar en un viaje lejos de la música, con alguien desconocido; el hermano y la hermana que lo son a medias, hijxs de padres y madres diferentes pero que tienen que pasar el tiempo y dormir en el mismo cuarto a pesar de la extrañeza; la niña que va creciendo conforme la narración avanza y que nos va contando de a poco los diferentes signos que indican el fin del matrimonio de su madre y su padre, entre otros más.

Respirar bajo el agua es también muestra de una de las preocupaciones de la autora. Hace unas semanas tuve la oportunidad de platicar con ella para Testigos Podcast y pude escucharla hablar sobre la configuración del universo narrativo y las responsabilidades de quien narra un texto—al final del día, quien lo hace es una autoridad y tiene que saber desde dónde y cómo se narra su texto para tener la claridad de contar eventos tan brumosos como los que ocurren en los cuentos del libro de Olivia Teroba.

Por Azla Ravet

Páginas: 215
Publicación: 2015
ISBN: 9786079723439
Editorial: Almadía

Desde la portada el libro te invita a abrirlo: una portada negra con un círculo al que atraviesa una línea de color blanco, un dibujo que es también el título de la novela. Publicada por Almadía en el año 2015, Conjunto Vacío es una novela de Verónica Gerber, ganadora en el año 2013 del premio internacional de literatura Aura Estrada. La novela trata sobre la separación de los vínculos personales, pero, sobre todo, de tres historias principales: el término de una vieja relación, la desaparición de la madre y una nueva relación.

A lo largo del libro, en más de una ocasión, Verónica apoya la narración con ilustraciones, por lo que logra sostener un doble diálogo con el lector, a nivel escrito y gráfico. Esto convierte la novela en un híbrido muy interesante que te deja con ganas de buscar más obras del mismo tipo.

Páginas: 120
Publicación: 2017
ISBN: 9786078486274
Editorial: Almadía

Hace unos años dejé de leer las sinopsis de los libros porque me contaban mucho del libro y terminaba a la espera de lo que me habían contado en las primeras páginas. De esa forma tomé el libro Mudanzas, de Verónica Gerber Bicceci, sin sinopsis y sin advertencias. Comencé a leerlo pensando que era una novela como Conjunto Vacío y la imagen de su ojo flojo y la forma en la que lo narraba no me sacaban de mi error; sin embargo, fue hasta la última parte del inicio donde el asombro me golpeó directo y el objeto que tenía en mis manos se transformó en algo más: un libro de ensayos. Publicado por Almadía en el año 2010, el libro tiene siete ensayos, pero lo más justo sería decir que tiene dos cuentos y cinco ensayos, o que tiene siete cuentos en formato ensayo. Ella habla de estas personas reales y sus obsesiones de tal forma que las convierte en ficciones, personajes, textos e incluso en páginas, una metamorfosis que ellos querían y la cual logran a través de Verónica.

Por Josué Tello Torres

Páginas: 104
Publicación: 2021
Traducción: Juan Sebastián Cárdenas
Editorial: Periférica

Escuché el apellido Wooolf por primera vez hace tres años. Me encontraba inmerso en la búsqueda de escritores de periodismo narrativo y, en alguna conferencia de Leila Guerriero o Martín Caparrós, lo mencionaron. Busqué en internet y había tres autores cuyos apellidos sonaban igual, incluso sus nombres comenzaban con la “T”: Tom, Thomas y Tobias. Después de asombrarme de lo que los tres habían logrado con la narrativa en sus diferentes géneros, me quedé con el autor de Elegidos para la gloria porque era lo que me interesaba en ese entonces. Sin embargo, El ángel que nos mira y Cazadores en la nieve de Thomas y Tobias, respectivamente, las guardé porque consideraba que eran obras para “comenzar a leerlos” en algún momento.

Llegó ese momento.

Hace unos días la Editorial Periférica publicó Historia de una novela, de Thomas Wolfe, que he leído con placer, asombro y fascinación. Publicado en 1936, este libro es una suerte de memoria y ensayo sobre el proceso de escritura y edición de El ángel que nos mira, de qué es un escritor o cómo se convierte en uno, de la crítica y escritores de aquella época y los métodos de trabajo con su editor, Maxwell Perkins —de quien podría dedicarse todo un texto a parte—; pero, como escribe Wolfe en las primeras páginas, en este libro “no puedo decirle a nadie cómo escribir libros; no puedo ofrecer ninguna fórmula que haga que un libro se publique ni que un texto sea aceptado por una de esas revistas que pagan altos honorarios.”  

En Historia de una novela¸ Wolfe narra cómo veía a los escritores de la época como figuras lejanas, debido a que él era un estadounidense “de los que no precisamente tienen dinero”. Nacido en Asheville, Carolina del Norte, y criado en un entorno de clase trabajadora, escribió obras de teatro durante su adolescencia sin mucho éxito. Hasta que partió a Londres en 1926, después de que sus textos fueron rechazados en Harvard, en esa ciudad comenzó a escribir su primera novela con la premisa de que “[…] era muy joven por entonces y tenía aquel vigor salvaje y exultante que tienen los hombres de ese periodo de la vida.”

Con su primer libro publicado en 1929, Wolfe se enfrenta a una interrogante: ¿Cómo se escribe el segundo libro? En Historia de una novela se relata la presión de los críticos que esperaban esa segunda obra. Además de exponer los cuestionamientos como “¿De dónde proviene el material de un artista? ¿Cómo utilizar de manera idónea ese material y hasta qué punto la libertad en el uso de dicho material debe estar limitada por su responsabilidad en cuanto miembro de la sociedad?” Esto último, derivado del problema de recepción que tuvo la gente de su pueblo porque lo acusaron “del delito de autobiografía” porque los utilizó en su novela.

“Tuvo que pasar más de un para que finalmente comprendiera que el material que tenía entre manos cubría casi ciento cincuenta años de historia, exigía el concurso de más de dos mil personajes y, en su forma final, incluiría la práctica totalidad de los tipos raciales y clases sociales de la vida estadounidense.” Escribe Thomas Wolfe sobre el proceso de escritura de su segunda novela, después de alejarse de su ciudad y viajar por Europa en busca de paz y tranquilidad. Pero, es aquí, donde se enfrenta al proceso de edición luego de entregar un manuscrito con un millón de palabras.

Historia de una novela también es un acercamiento al proceso de edición. Esa labor que busca dar forma al manuscrito, la que se encarga de podar las páginas y, en ocasiones, enfrenta al escritor con el editor. Cuando Wolfe se sentía amenazado por las sugerencias, tomaba la decisión de editar y quitar más páginas de las solicitadas como una suerte de venganza. Pero, al final, “él tenía razón en términos generales, pero en ese entonces estaba enfrascado en mi trabajo que no tenía la distancia suficiente para hacer una valoración justa.”   La atmósfera de este libro es un sitio arropado por la incertidumbre, esa a la que la llamamos proceso de escritura. Si acaso existiera, Historia de una novela formaría parte de un corpus referencial para quienes escriben o intentan hacerlo. Una memoria para recordarnos que “algo que en sí mismo está bien escrito no necesariamente tiene por qué encontrar un lugar en el manuscrito final.”

Procesando…
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