Abril Posas: «Escribir una novela es como soltarse a nadar en aguas profundas»

Con motivo de la publicación de ‘Esto no es una canción de amor’ (Paraíso Perdido, 2020), Abril Posas platicó sobre el proceso de escritura de su primera novela.

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Por Josué Tello Torres

Esto no es una canción de amor inicia con la historia de una madre y una hija preparándose para un viaje de verano en un vocho del 85, una road trip ambientada en el 95 cuando “nadie se preocupaba por el ambiente, nadie nos aconsejaba usar gasolina sin plomo”. Un viaje íntimo y revelador de dos generaciones distintas: una madre que lee a John Saul y una hija que disfruta de novelas de Stephen King. Ambas escuchan el casete de Daniela Romo bajo el sol abrazador de la carretera y se confiesan anécdotas que marcarán el rumbo de lo que se viene. Abril Posas escribe, como si fuera un arranque al estilo de Malcolm in the Middle, un capítulo cero de tres páginas para mostrar los porqués de algunas actitudes, las motivaciones y pautas que marcan la vida de sus personajes en la historia.  

La primera novela de Posases un libro memorable. Un libro que nos arroja recuerdos y referencias de la pantalla chica, del cine y de bandas de música, mismas que crean una atmósfera para arropar con melancolía y humor a los lectores que crecimos en los años 90. Y al igual que en El triunfo de la memoria, los personajes podrían ser cualquiera de nosotros: seres frustrados, rutinarios, con muchas penas y pocas glorias. Esto no es una canción de amor se percibe el trabajo de observación e interpretación que hace Abril Posas sobre la cotidianeidad, los problemas burocráticos, los fracasos musicales, el duelo por la muerte, los problemas familiares.

Con motivo de la publicación de Esto no es una canción de amor, Abril platica sobre cómo enfrenta la página en blanco y la procrastinación, además de compartir su experiencia del proceso y acompañamiento que recibe una escritora en una editorial independiente, y también nos adentra a los procesos de escritura de la novela y los cuentos.

¿Cómo concibes la historia de Esto no es una canción de amor?

La novela era una historia que quería contar desde hace mucho tiempo, la tenía dentro de la cabeza desde hace años. Antes de poder escribirla, comencé a tomarle mucho cariño porque me di cuenta de que estaba vaciando mucha información de la cultura popular que a mí me gusta, no quería olvidar todas esas series y películas que me formaron o que yo supe que formaron a alguien más en esa época. No me dio miedo hablar de esas referencias populares, reconozco que en su mayoría son muy gringas; fui niña que creció con cable, o tenía cable en mi casa o mis amigos tenían en su casa, y esos fueron los productos que me llamaron la atención en comparación con los que se producían en México.

¿Y la historia de los protagonistas?

Cuando surgió la idea en el 2013, me dije: “Quiero hacer una historia donde haya una banda de covers”, quería que fueran ellos los protagonistas; al principio no sabía si todos iban a serlo o si solamente un par o uno, pero me concentré en imaginar cómo serían los personajes antes de escribir la novela. Comencé a aplazar y aplazar la escritura porque cuando tienes una vida normal te consume la chamba, los compromisos, los amigos… y eso que no tengo hijos, admiro a las mujeres que tienen hijos y escriben, son unas chingonas, [Abril dice entre risas] seguro se han de burlar de mí y decir: “Aaay pobrecita, tenía que trabajar y no podía escribir”, pero bueno, en mi circunstancia era así. Recuerdo que esa historia ya me estaba haciendo mucho ruido en la cabeza y lo único que hacía era posponerlo, decía: “El mes que entra ya lo empiezo”, hasta que Juan Pablo Villalobos vino a Guadalajara para impartir un taller exprés, creo que el título era algo así como Taller exprés para que ya empieces a escribir tu novela­­, me inscribí y me di cuenta de que sus técnicas y sus consejos me sirvieron, dije: “¡Ya lo tengo, ya tengo el arranque, ya, ya lo voy a hacer!”, después me di cuenta de que la escritura no iba a ser como la del cuento. Para ese entonces ya tenía un libro, El triunfo de la memoria, y fue el momento en que dije que ya tenía que dedicarme a esto, renuncié a mi trabajo. Todo un año me dedique a la escritura de la novela, fue en el 2019… si me hubieran dicho que en el 2020 habría una pandemia, igual y no me animo a renunciar a mi trabajo jajaja. En el 2020 fue todo el proceso de lectura, de la editorial, la dictaminación, los arreglos, todo lo que es la parte menos glamorosa, bueno, no hay nada glamoroso en escribir una novela, pero es como que la parte menos enfadosa.

Recuerdo que en la entrevista que te hice sobre El triunfo de la memoria me platicaste de la procrastinación al momento de escribir, que siempre te pasaba algo. ¿Qué diferencias hubo entre ese y este proceso de escritura?

Creo que la mayor diferencia fue esa decisión que tomé, de que la chamba está en segundo plano y la escritura en primero, aunque no es tan fácil. Honestamente es una decisión difícil para un escritor, para alguien que está empezando como yo que no tengo muchos libros, no tengo premios, mi trayectoria apenas está iniciando. Antes de tomar la decisión, me pregunté: “¿Sí voy a querer esto o va a ser un hobbie, lo voy a ver como primordial?”, entonces esa fue una de las razones por las que dije que ya tenía que renunciar a ese trabajo estable, obligarme a la escritura y que todos los trabajos que encontrara de freelancer fueran enfocados a la escritura. Cuando no das ese paso empiezas a justificarte y a decir: “Bueno, trabajo en publicidad pero como copy, entonces es como si fuera escritora”, la realidad, no es lo mismo. Ahorita no puedo decir que me dedico exclusivamente a la escritura porque soy creadora de contenido, pero quiero que llegue un momento en el que diga: “Ya nada más me dedico a escribir”.  

¿Cómo se escribe desde un lugar que no es la Ciudad de México, impone no estar en el ambiente de la capital?

Los que estaban antes de mi generación comenzaron a cambiar la perspectiva y también eso se está transfiriendo en otros aspectos profesionales. Los que estaban arriba de nosotros, nos decían: “Es que tienes que ir al De Efe, es que tienes que estar en el De Efe, ahí están sucediendo las conexiones con los editores, las editoriales, están los colegas, los encuentros”, lo único que se reconocía fuera del De Efe era la FIL en Guadalajara, pero nosotros nos comenzamos a dar cuenta de que no era necesario estar allá porque las herramientas ya lo permitían desde hace mucho, desde que hay correo electrónico ya no había que entregar manuscritos a la puerta de una editorial en el De Efe o enviar los juegos a las convocatorias, los cuarenta y cinco juegos impresos para todos los jurados por correo certificado. Me imagino que también nos dimos cuenta de que se podían hacer cosas a la distancia. Los que estaban estudiando sus licenciaturas, maestrías o doctorados se comenzaron a dar cuenta de que no tenían que estar necesariamente en la capital. Ahorita, la generación que viene detrás de nosotros se ríen de lo que te cuento: “Ooobvio que no necesitas estar allá”, ahorita podemos tener esta entrevista a través de Google Meet o de Zoom o de lo que sea, o trabajar así en lugar de ir a las oficinas, está apertura se nota muchísimo en cómo las editoriales se están portando ahorita porque, a riesgo de sonar con conspiranoia, pareciera que estas editoriales grandotas que ya se compraron entre ellas y creo nomás hay tres, están volteando a ver a las editoriales independientes para conseguir nuevos talentos; obviamente tienen a sus Vargas Llosa y sus Javier Marías y a todos esos vatos, pero ahora cuando quieren algo nuevo están buscando a alguien que ya publicó en una editorial independiente, eso es un reflejo de que ya no tienes que estar en la Ciudad de México para que te publiquen.

Sobre esto que mencionas, Editorial Paraíso Perdido ha construido un catálogo bastante sólido de voces que ya han pasado a esas editoriales grandes o que figuran en un panorama nacional importante por sus premios. ¿Cómo te sientes trabajando con una editorial independiente?

No te podría decir que es mejor o peor que una grandota porque es la única experiencia que tengo, pero lo que sí me ha gustado —y te lo digo desde mi experiencia—, es que he sentido que hay una preocupación por los textos que se publican. Pareciera que el tamaño ayuda a que los autores seamos involucrados a todos los procesos que van desde la recepción de un manuscrito hasta la diagramación de un libro; al menos uno siente como que se le toma mucho en cuenta, obvio tiene algunos puntos en contra como lo puede ser la difusión, no es lo mismo una editorial como Penguin o una que no tiene su alcance, pero creo que también ayuda mucho porque al tratarse de una editorial independiente la mayoría de la gente que se acerca a los libros es gente que es lectora, bien lectora y que si va a comprar un libro ahí es porque en verdad le interesa. Es más fácil que te regalen un libro de Paraíso Perdido porque ya saben que quieres leer y que te va a gustar ese texto a que si te llega un paquete de una editorial grandísima y seguramente habrá cualquier tipo de títulos. Estoy muy agradecida de publicar ahí y estar junto a escritores y escritoras tan chidas, a parte de que estoy conociendo nuevos autores por ejemplo como Arelis Uribe, la autora de Quiltras a quien conocí gracias a la editorial, me siento honrada de estar junto a Cecilia Magaña o de Laura Baeza o de Ave Barrera, además de que gracias a esto nos hemos hecho amigas, estoy conociendo una literatura super interesante.

Fotografía cortesía de Paraíso Perdido

Tu novela me hizo recordar la primera escena de Lady Bird donde están en el auto y…

Pero sin pelearse, ¿no? Jajajajaja

Jajaja, claro, sin pelearse. También me hizo sentir dentro de alguna escena de Fleabag al leer una de las últimas páginas donde se siente esa rabia, crudeza y dureza, creo que era la página 116 cuando te avientas el “al carajo con los novios que creen que se merecen un instrumento porque no soportan que sea ella la que se los lleve a la guerra […]” ¿Qué tanto cine y series hay dentro de tu construcción de textos?

Aaay qué bonito jajaja. Honestamente podría decir que sí consumo un poco más de series y películas que libros, pero tampoco creas que estoy en la actitud de que no necesito leer libros, al contrario, sí ayuda muchísimo leer; suena muy obvio, pero si alguien lo pone en duda que agarre un libro y se dará cuenta de muchas cosas. Consumo mucho producto audiovisual, por ejemplo eso de Fleabag, yo amo Fleabag, yo quiero ser la amiga de Phoebe y quiero que me pase todos sus consejos. Recuerdo que cuando yo vi esa serie, dije: “Yo quiero contar una historia así, una historia que me haga reír y me haga chillar y que tenga esa conexión tan instantánea”. Fleabag comenzó como una obra de teatro y continúo como una serie de dos temporadas breves pero muy consistentes. Una de las cosas que tiene mi libro y que fue lo que discutimos con Antonio Marts [editor de Paraíso Perdido] cuando entregué el manuscrito, es que había opiniones acerca de si la novela iniciaba realmente en el capítulo uno o en el segundo, que si era necesario eliminar uno de ellos o invertirlos, y yo no quería que fuera eso, pero les dije que lo iba a pensar. En lugar de invertirlos o eliminar uno, creé el capítulo cero y se lo mandé. Pensaba en hacer ese capítulo, en hacer como un arranque, como estos call opens de las series que a veces no están relacionadas con el capítulo que vas a ver, pero que te hablan del carácter de los personajes y que son justo antes de los créditos iniciales. Pensé en una entrada suavecita como cuando te estás despertando en la mañana y recuerdas el sueño pero que pones en duda de si era sueño o no, y cuando se lo mandé a Marts, me dijo: “Sabes qué, vamos a dejar este cero aquí y vamos a poner el título de la novela después”, me encantó, sentí que entendió lo que yo quería y me gusta mucho que tenga ese feeling. A los que son mucho más puristas de la literatura no les latió tanto, me dijeron como: “Esto es como muy de tele”, pero de ahí vienen muchas de mis ganas de contar historias, entonces no le voy a negar su lugar a las series.

¿Te sientes ya con una voz peculiar en la escritura? Es una pregunta un poco tramposa porque el Triunfo de la memoria se escucha, está ahí la música y eso también sucede en Esto no es una canción de amor, bueno desde el título ya nos anticipas de esto, ¿crees que la música forma parte de esa voz e identidad, continuarás con esta línea y tipo de lenguaje?

No sé, fíjate. Evidentemente la música es parte muy importante en mi vida, pero siento que para lo próximo no necesariamente vaya a estar… bueno, no sé, no estoy tan segura. Fíjate que sí tengo mucho miedo de no ir por el camino de encontrar la voz o mi voz, o no sé si tengo que encontrarla. A veces lo comparo con películas, pensando en el estilo en el que los directores cambian de una cinta a otra, pero al mismo tiempo se me hace bien chido en que puedas reconocer algo nada más con verlo y decir: “A esa es una cinta de Coppola”. No sé si voy para allá, pero me imagino que sí va a estar presente el asunto de la cultura popular, yo creo que los Simpson siempre van a estar en mi obra aunque a veces lo niegue.

En temas de género y escritura, ¿cómo te sentiste cómoda, si es que sucedió, escribiendo cuento o novela?

Siento que la diferencia entre la novela y el cuento es que a veces no sabes si esos cuentos van a formar parte de un solo libro o no, a menos de que tengas el proyecto desde el principio. Me sucedió con el Triunfo de la memoria, dije “Voy a hacer un libro de cuentos” y me senté a eso. Con la novela, la gran diferencia fue que tenía que comprometerme con una sola historia, eso está más cabrón porque si no te gusta la historia a la mitad, la odias y quieres que se acabe, estás así como: “Ah ya que se termine, que se mueran todos, no me gusta eso”, ese era un miedo que tenía, de llegar a un tercer capítulo y que no me gustara o que la historia estuviera muy tonta o no sé, y que eso me hiciera volver a empezar o abandonarla. Con los cuentos fue mucho más fácil porque son más cortos, terminas con una historia y comienzas con otra, como que te puedes limpiar el paladar entre una historia y otra; con la novela no, tienes que hablar siempre de los mismos personajes y ayudarles a desarrollarse. Lo que tienen en común es que los dos géneros implican disciplina, los dos implican sentarse y leer y buscar referencias y escribir y releer y corregir y todo eso; no sé si es una comparación estúpida, pero con el cuento es como si estuvieras nadando en competencias en albercas olímpicas y con la novela te sueltas a aguas profundas, como ir de las olimpiadas al canal de la mancha; en aguas abiertas si te cansas te mueres, te vas hasta abajo y te ahogas y ya, y en el otro lo más seguro es que toques el fondo y alguien te saca rápido. La novela es un poco más arriesgada por el nivel de compromiso es el mismo.

¿Cómo fue tu rutina ahora que dejaste de trabajar y dedicarte a la escritura? ¿Sentiste miedo?

Sí, muchísimo. No soy la persona más disciplinada del mundo, o sea, intento hacer ejercicio todos los días y comer bien y levantarme temprano, pero nunca cumplo horarios. Al principio, cuando dejé el trabajo, sí me tomé una semana como de vacaciones, pero al final de la primera semana me di cuenta de que me estaba gustando demasiado eso de las vacaciones, fue como: “A ver, ya ponte trucha”, y también dije: “En la mañana voy a trabajar en la novela como si fuera un trabajo, voy a empezar entre 8:30 a 9 de la mañana, y luego tomo un descanso a las 2 y luego un par de horas más de trabajo”, generalmente después de las 2 era para leer lo que ya había escrito y el resto de la tarde era para lo que sea, como ir a andar en bici, leer o ver una película. Sí tuve que aprender a ser mi jefa y a enojarme conmigo misma, porque a veces era de: “Ya me levanté tarde y voy a trabajar tarde”, pero me respondía: “No, mi reina, te tienes que quedar aquí y reponer las dos horas que perdiste”, pero sí es bien difícil no caer en los embrujos de las redes sociales o de Netflix.

Fotografía cortesía de Paraíso Perdido

¿Estás trabajando en algún nuevo proyecto de escritura?  

Ahorita estoy en un reto de Medium de 52 semanas de escritura, un reto que te obliga a escribir algo durante todo el año durante una semana. Lo que les decía a otras personas era que no creo que salga nada de ahí en particular, pero me tiene la cabeza trabajando y me han salido ideas que iré desarrollando más y que creo que se van a concretar al final del año. Ahorita hay por ahí tres textos que pueden formar parte de tres antologías distintas, pero ninguna está todavía confirmada con fecha, están trabajándose pero no hay fecha de publicación, y también ando en la promoción del libro. Pero sí estoy pensando en cuentos y en una siguiente historia que pudiera ser una novela.

¿Cómo te enfrentas a la página en blanco?

Siempre he llegado a la página en blanco con una anotación previa. Incluso para escribir un cuento me la paso pensando todo el tiempo. Hace mucho platicaba con Ceci Magaña y Ave Barre y les decía que para mí una historia era como una bolita que tienes a dentro de tu cuerpo y al principio es imperceptible pero comienza a crecer y comienza a molestar un poco y dices: “Ay, tengo esta bolita, ay, como que se siente rara esta bolita”, hasta que empieza a doler y te la tienes que quitar y te la quitas hasta que duele. Entonces cuando tengo una historia la tengo en la cabeza rondando, rondando, rondando y rondando hasta que dice: “¡Yaaa sácame de aquí!”, entonces ya tengo las anotaciones en papel, que eso ayuda mucho para empezar a escribir. Rara vez comienzo directo en la computadora, si comienzo primero con la computadora es porque estoy haciendo creación de contenido y guácala, o sea, no, eso no, incluso lo que hago en Medium la empiezo en una frase en papel y cuando la tengo pensada me siento a escribirla. Así es como me enfrento a la página en blanco, con armas, todavía sin nada no, no me atrevo.

¿Durante tu proceso de escritura compartes lo que escribes con otros escritores o escritoras, o lo haces hasta que terminas el primer borrador?

Antes de pasárselo a alguien que se dedica a la escritura, se lo paso a alguien que se dedica a la lectura, a un lector confiable, a alguien que sé que piensa mucho lo que lee y que le gusta leer además, a una persona que le tengo confianza porque sé que me va a dar su opinión honesta. Esta lectura me ayuda a confirmar que todo lo que está en el papel se entienda porque luego es bien fácil leerlo uno sólo y decir: “Sí claro, se entiende perfecto el final”, pues claro, uno la tuvo en la cabeza un mes, entonces lo tiene todo resuelto. Y ya luego se lo pasó a alguien bien trucha en la escritura, para que ahora sí lo destruya totalmente.

¿Y luego se lo pasas al editor o hay un acompañamiento del editor durante la escritura?

Durante el proceso de escritura fíjate que no, no ha habido, más bien yo le entrego el texto o los textos completos. Aunque tengo miedo de que me desanime en el proceso y lo abandone, pero es una buena idea, lo voy a probar más adelante.

¿Qué lees y ves ahora?

Estoy leyendo un libro de Carson McCullers, uno que compré hace un montón y que son sus cuentos que están editados por Astral; me gusta su novela El corazón es un cazador solitario, me gustan mucho sus cuentos porque son tristísimos y sencillos, tienen un sentimiento cabrón. Al principio del año he seguido puras lecturas de chicas como el de Principio de incertidumbre, de Cecilia Magaña, el de Respirar bajo el agua de Olivia Teroba, tengo también a lado de mi cama las columnas que escribió Clarice Lispector, editadas Adriana Hidalgo, me gusta mucho lo que escribe, que es una mezcla entre señora coquetona y esta poética profunda que tenía para contar las cosas cotidianas, me cae bien esa mujer; también leí Blade Runner, no había leído el libro sólo había visto las películas y me encantó, se me fue así como el agua. Y he visto cosas como Wanda Vision, qué bonita está esta serie; también vi Sound of Metal, está muy padre porque se trata de un músico de metal que se empieza a quedar sordo, muy sencilla la historia pero está muy buena.

Páginas: 128
Publicación: 2020
ISBN: 978-607-8646-63-0
Editorial: Paraíso Perdido

Josué Tello Torres (Cancún, 1992) Librero cofundador de Librería Cometierra y editor cofundador de la revista Efecto Antabus. Ha publicado crónica, reportaje y reseñas literarias en Pie de Página, Revista Clarimonda, Poscultura¸ entre otros.

Imágenes cortesía de la Editorial Paraíso Perdido

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