Constelación Magazine 1

En esta reseña Jesús M. Koyoc Kú (Halachó, 1992) escribió sobre la revista Constelación Magazine, cuyas propuestas artísticas, basadas en la ficción especulativa, abordan las posibilidades de un pasado, presente y futuro diferentes.

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Por Jesús M. Koyoc Kú

EN DÓNDE ESTAMOS EN EL MUNDO dice un gráfico hasta el final de la sección About Us de la página web de Constelación Magazine. Washington, USA—Coral Alejandra Moore. Asunción, Paraguay—Eliana González Ugarte. CDMX, México—Libia Brenda. Dubai, UAE—Cristina Jurado. El sitio web también habla sobre el origen de la revista: dos personas con el sueño de leer historias de ficción especulativa en español. En la misma página podemos encontrarnos con que la revista es una publicación trimestral en inglés y español, además de que el cincuenta por ciento de las historias publicadas en cada número serán sobre autorxs del Caribe, América Latina, y su diáspora. El primer número, bajo la temática The Bonds That Unite Us/Los lazos que nos unen, cuenta con una ilustración de John Picacio para la portada; incluye una selección de textos de ficción y no ficción, cada uno con su traducción inglés-español o español-inglés. 

Hoy quiero hablarles de algunos textos, incluyendo ficción y no ficción. Textos que hablan sobre el lenguaje, sobre nuestras identidades y cómo estas pueden reescribirse por medio de la narrativa breve. Textos que especulan sobre nuestro presente y las diferentes posibilidades que hay alrededor del momento en el que nos desenvolvemos. Textos que reflexionan sobre los espacios en donde la narrativa breve de ficción especulativa es el motivo principal. Textos que hablan sobre cómo y por qué escribimos de cierta forma, les damos ciertas características y delineamos a los personajes que aparecen ahí.

“Textos que especulan sobre nuestro presente y las diferentes posibilidades que hay alrededor del momento en el que nos desenvolvemos”.

Vania T. Curtidor es la autora de Imilla, cuento traducido por Monica Louzon, y que habla, entre otras cosas, sobre las migraciones hacia las grandes capitales en busca de progreso. Los géneros especulativos nos ayudan a cuestionar nuestro presente, muchas veces desde perspectivas que lo realista no puede asimilar. En ese texto, la autora que nació en el altiplano boliviano y que ha vivido en dos continentes distintos, habla sobre la idea de habitar un lugar que no nos pertenece—y al que tampoco pertenecemos. Lidia, una mujer que vive y trabaja para una familia en La Paz, tiene que volver a su comunidad para enterrar a su madre, quien recientemente ha fallecido. Durante la vuelta, se encuentra en el bolsillo del pantalón una de aquellas cadenas que luego, y durante mucho tiempo, se enviaron por email y ahora se envían por servicios de mensajería: comparta, pegue, 24 horas y pasará algo bueno: pero Lidia, quien aún está en el duelo, quema la nota porque esa buena suerte no sirve para nada. Y no es para menos: Lidia es una mujer a la que en la ciudad llaman imilla, que de acuerdo a la voz narrativa del texto, significa “muchacha” en aimara, aunque la ciudad, con su saña avasalladora que también es señal del progreso, imilla significaba que era una muchacha de ascendencia indígena. Y se sabe que, en América Latina, el único indígena bueno es el que está muerto: quienes se quedaron en el pasado, quienes edificaron las ciudades que ahora sirven como atractivos turísticos. En cambio, quienes son como Lidia han sido marginados a empleos como los suyos, una empleada doméstica en un domicilio del que se nos dice poco pero del que podemos leer muchas cosas. Lidia es una mujer que solo puede ser unas pocas cosas: hija de mamá chola y papá indio, empleada doméstica—pero no empleada en una heladería en la zona sur de La Paz, mismo sector de la urbe que, como en otras tantas ciudades coloniales de América Latina, se ha gentrificado, alejando a sus pobladores originales de ella por sus altos costos de vida. En medio de todos estos conflictos, Lidia se encuentra con la voz escrita del achachilla del Huayna Potosí, uno de los espíritus de las montañas y que se consideran protectores del pueblo aimara, tal como dice la voz narrativa. Este encuentro, por medio de la distancia, también nos dice que Lidia Condorí no era quien era por vivir  en tal o cual lugar, que los cabellos teñidos y el querer parecerse a la gente para la que trabajaba no harían que dejara de ser aimara. Y que, sobre todo, ser aimara o maya o ixil no está mal, como nos han enseñado—algo con lo que todavía tenemos que hacer las paces en esta parte del mundo.

“Y se sabe que, en América Latina, el único indígena bueno es el que está muerto: quienes se quedaron en el pasado, quienes edificaron las ciudades que ahora sirven como atractivos turísticos”.

El segundo cuento al que quiero referirme es Kaleidoscope/Calidoscopio, un texto escrito por Silvia Moreno-García y presentado en español por Carlos Arturo Serrano. Vale la pena detenerse a mirar la estructura del texto: a lo largo de cinco páginas, la voz narrativa de Moreno-García se divide en párrafos breves, estampas que bien pueden extenderse apenas tres palabras o hasta varias líneas. En este cuento, que además está narrado en la segunda persona del singular, seguimos la vida—¿o acaso las vidas?—de un personaje sin nombre que parece estar en una eterna búsqueda a través de diferentes universos, una búsqueda en la que la voz narrativa le habla a alguien que lo mismo puede ser un sacerdote de Tláloc en Nueva Aztlán, listo para sacrificar a una persona; o lo mismo se le amputa la mano y luego se le deja ahí para los zombis mientras las otras personas huyen—o huimos: en ese universo, David sí se hizo un médico en vez de dejar la carrera. Pero hay otro universo, o al menos la voz narrativa lo da por sentado, en donde David dejó la escuela. Y otro más en donde la voz que nos habla se casa con un mercader, con una dote que “incluye sedas y oro” y en donde el regalo que se le envía—¿o le envías?—es un dibujo interceptado y destruido por la hermana. Uno del que nunca se sabe nada más. Es en este vagabundear por un plano y otro en el que la voz llega hasta una exposición de arte donde quizá se produzca el encuentro tan esperado. O quizá no, quizá tenga que seguir a la expectativa de ese hecho. El texto de Silvia Moreno-García es uno que pregunta en todo momento: sobre lo que se sabe de otros planos, sobre si este u otro personaje reacciona de tal forma para lograr algo—es un texto que especula sobre el presente mismo. Es, como bien dice el título, un calidoscopio: la voz narrativa—y nosotrxs como lectorxs—descifraremos lo que vemos y lo que hacemos dependiendo de cómo y desde dónde lo miremos.

Me parece interesante que Constelación Magazine tenga espacio para reflexionar sobre la escritura y la lectura. Cristina Jurado, traducida por Inés Galiano, nos presenta La narrativa breve como semillero de la ficción especulativa/Short Fiction as the Seedbed of Speculative Fiction, un ensayo del que mucho podemos hacernos una idea con base en el título y que es una de las principales (pre)ocupaciones de la autora nacida en Madrid, algo sobre lo que también habló en Testigos Podcast. Jurado reflexiona sobre el papel importantísimo de las revistas pulp para el origen de los géneros especulativos (tanto es así que términos como science fiction fueron acuñados por editores como Hugo Gernsback, quien también le da su nombre a uno de los galardones más importantes en los géneros especulativos de habla inglesa) por la difusión que tenían. Sin embargo, las revistas pulp no tenían buena reputación debido a la calidad del papel, un fenómeno que muchas veces se replica con las revistas físicas y digitales de la actualidad; por otra parte, como se menciona en Breve historia de la ciencia ficción, los precios bajos de estas revistas propiciaron que las personas que las leían pudiesen acumularlas para luego intercambiarlas, permitiendo que los textos continuaran circulando. Por otra parte, como plantea Jurado, estos espacios son de suma importancia, ya que permiten conocer los trabajos de otras personas con las que muy probablemente compartimos más de una inquietud, además de que continúan fractalizando el panorama literario, abriendo más y más ventanas para mirar hacia lo especulativo. El texto de la escritora española me hizo pensar en el caso de México, en fanzines y revistas como La langosta se ha posteado, que cuando nació se distribuía en diskettes de tres pulgadas y media; o El ojo de Uk, en donde se pueden encontrar los trabajos ganadores de los Premios Chema Mendiola, certamen que tuvo lugar entre 2014 y 2019. La labor de narrar cuentos (por medio de la palabra escrita o hablada, no importa), aunque muchas veces pensada como un arte menor, también sirve para reflexionar sobre lo que se ve, para ir configurando, de a mucho o de a poco, diferentes concepciones que pueden ir desde una poética personal (como esos temas que persiguen a quien escribe y no se agotan con un cuento o un libro de ellos, luego tampoco con una novela o una saga;) hasta la tradición oral (los grandes saberes que engloban a una comunidad, que describen su concepción del mundo y esta es nombrada por medio de historias). Además, como también señala Cristina Jurado, “la ficción especulativa solo puede gozar de buena salud si fomenta el desarrollo de una narrativa breve diversa y multicultural”, sobre todo en un área que puede llegar a ser dos o tres veces minorizada: escribir narrativa breve de ficción especulativa.

P. A. Cornell, traducido por Inés Galiano, nos presenta Can We Talk About Spanglish, Por Favor?/¿Podemos hablar del Spanglish, por favor? En ese texto, Cornell habla brevemente sobre su experiencia al mudarse a Canadá cuando apenas tenía un año de edad, algo que le hizo poner un pie en cada idioma: el nativo que según él apenas comenzaba a asimilar, y el nuevo en el que estaba inmerso. Cornell reflexiona sobre las transiciones de una lengua a otra para la creación de esta no-lengua y cómo no se limitan únicamente a poner palabras de un idioma a otro, sino que también ocurren muchos préstamos gramaticales (“Mira como jumpo” dice Cornell haciendo alusión al verbo jump [saltar, en inglés] y la conjugación del verbo en primera persona en español; o como se agrega la terminación -o en algunas palabras en inglés para hacerlas sonar como en español o también se agrega el infinitivo -ar a verbos en inglés (como jumpar para referirse a saltar). Cornell habla sobre el uso de esta lengua que se queda en medio de dos lenguas (el Spanglish es, quizá, todo aquello que ni el inglés ni el español son) y su uso cotidiano (me hizo pensar en Boy Pablo, proyecto musical de Noruega, liderado por Nicolás Pablo Muñoz, quien también es de origen chileno. Pienso en una canción en especial: Wachito rico, una en la que la voz de Pablo va del inglés al español, cambiando incluso de idioma en el mismo verso, al parecer, con el fin de mantener el ritmo de la letra sin importar el idioma en el que se canta) y pone el ejemplo de la comunicación con su propia madre, con quien parece no haber un límite entre un idioma y otro. Por medio de este texto podemos ver cómo el idioma—o los idiomas, o la mezcla de ellos—son útiles en tanto que la persona que lo hable los encuentre funcionales. Como propone Yásnaya E. Aguilar Gil: no tendría porqué haber una razón para que una persona deje de hablar su lengua—y tampoco hay ninguna razón válida que le impida mezclar el conocimiento en tanto esta mezcla le ayude a expresar sus ideas de la manera más adecuada. Me gustaría apuntar finalmente que Cornell también menciona que hay que tener cuidado con los personajes que usemos y que hablen estas variantes de diferentes idiomas ya que es fácil hacerlos sonar como una parodia o fuera de lugar, algo que, como dice Cornell, puede evitarse si le pedimos a alguna persona que hable esa variante del Spanglish (porque no será el mismo el de una persona del norte de México que el de una persona chilena) si lo que dice el texto es verosímil.

Para recapitular: en el número 1 de Constelación, encontramos las voces de Dante Luiz, Keyan Bowes, Vania T. Curtidor, Malka Older, Eduardo Martínez Báez, Silvia Moreno-García y Scott King en el apartado de ficción. En la no ficción escuchamos a Cristina Jurado, P.A. Cornell, y Adri. Las traducciones estuvieron a cargo de Cristina Macía, Eliana González, Monica Louzon, David Tejera Expósito, Toshiya Kamei, Carlos Arturo Serrano, Eliana González Ugarte, e Inés Galiano.

Recientemente se liberó este número de la revista, por lo que puedes encontrarla haciendo clic aquí.

Jesús M. Koyoc Kú. Halachó, Yucatán, 1992. Ha publicado en diferentes medios como Punto de Partida, Crónicas de Asfalto, El Guardatextos, Revista Replicante, Tropo a la uña, entre otros. Ganador del Premio al Periodismo Heineken en 2018, Crónica. Segundo lugar en el concurso 48 de Punto de Partida de la Universidad Nacional Autónoma de México en la categoría de crónica. Becario del PECDA Yucatán 2017-18 en la categoría de narrativa.

La fotografía que encabeza esta entrada es un detalle de la portada de Constelación Magazine. El autor de la ilustración es John Picacio.

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