Los libros perfectos de Carlos Busqued

Autor de dos libros publicados en Anagrama, el argentino Carlos Busqued (Chaco, 1970) destacó por un estilo seco y directo, con escenarios donde la asfixia cotidiana arroja a sus personajes hacia la incertidumbre.

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Por Mateo Peraza

Carlos Busqued es autor de dos libros perfectos. Con Bajo este sol tremendo  (finalista del Premio Herralde de Novela 2008) y Magnetizado (Anagrama, 2018) el argentino se ganó un lugar en el género negro y la no ficción. Como parte de las investigaciones para Magnetizado entrevistó 90 horas a Ricardo Melogno, un asesino serial que durante los años ochenta disparó a la cabeza de cuatro taxistas en el barrio de Mataderos, en Argentina. Al terminar, luego de fumar un cigarro en el asiento trasero, Melogno visitaba un bar para convivir con los amigos de las víctimas. Los informes policiales dicen que cuando tomaba los cubiertos para comer sentía que se le pegaban a las manos, como si estuviera “magnetizado”. A través de una crónica oral, Busqued reconstruyó su niñez en un círculo espiritista. Su madre, dice Melogno, se comunicaba con los muertos. Por entonces, en plena dictadura, predominaban en los diarios las noticias sobre los resultados de la fracasada Guerra de las Malvinas.

La obra se inscribe en la línea de El adversario, de Carrere; A sangre fría, de Capote; y La canción del verdugo, de Mailer, donde existe un interés autoral por exponer a detalle los actos de los asesinos, trazar las repercusiones desde la niñez, recrear las catarsis que empujan a un ser humano hacia el abismo. Además, Busqued compartió un rasgo con Melogno: ambos tuvieron infancias donde se sintieron aislados.

“Lo peor de la infancia —dijo el autor en una entrevista para Luciano Lamberti, en Infobae— es la incorporación social. Hace un tiempo que pienso que tal vez mis padres estaban muy alejados del mundo y de la sociedad, y ya entré a las primeras etapas de socialización con esa carga que me transmitieron de la consciencia muy negativa de su posición en el mundo. El aislamiento en términos de acceso a la información, también, todo muy limitado en ese sentido. Ahora un pibe en el Chaco con internet puede escuchar la discografía entera de Zappa. Me enteraba de cosas por la revista Humor, las historietas tipo El Tony, Dartagnan, esas cosas. Ahí, arrancar con la cosa de leer para estar en otro lado. Desde que aprendí a leer fue instantáneamente eso, no estar donde me tocaba estar. En el año 83 me mandan al Liceo Aeronáutico Militar en Rosario. Salías con uniforme a la calle y la gente te reputeaba. Mi viejo era funcionario de la dictadura, esa cosa de ser parte de lo que todo el mundo rechazaba”.

En la ficción y en la crónica los personajes de Busqued  tienen comportamientos excéntricos, apáticos, mientras viven en una soledad asfixiante. Como si el desinterés por el mundo desdibujara sus rasgos humanos y los contornos de la realidad, actúan bajo la inercia de  la crueldad y la autodestrucción. Buscan, como dijo Busqued, conjurar un malestar permanente “en el que se mezcla ese sentido de no pertenecer a nada, de estar en el borde”. En la misma entrevista con Lamberti, el argentino dijo sobre su trabajo:

“Hay una relación con el afuera muy mínima en esa novela (Bajo este sol tremendo). Uno de los comentarios reiterativos es que te deja un mal gusto en la boca. Fue un trabajo de exorcismo muy grande poder sacar ese clima de adentro. Y fue un trabajo que hice muy solo y muy en pelea conmigo, y con nadie más que conmigo y con una muy vaga, muy difusa idea de lo que era el otro, el lector. No estaba dialogando mucho con nadie más que con mi malestar”.

La obra se inscribe en la línea de El adversario, de Carrère; A sangre fría, de Capote; y La canción del verdugo, de Mailer.

En Bajo este sol tremendo, Javier Cetarti, un hombre de cuarenta años que vive encerrado en su departamento fumando mariguana y viendo documentales, recibe una llamada por la noche: su padrastro asesinó a su madre y a su hermano, tras lo cual se quitó la vida. Desempleado, Cetarti inicia un viaje hacia el pueblo de Lapachito, en Chaco. Dos personajes, Duarte y Danielito, cercanos a los hechos por los que Cetarti se encuentra en el pueblo, son encarnaciones de la maldad desde una perspectiva cotidiana y burocrática, en un símil que remite a la maquinaria de la dictadura argentina. 

Como apuntó Busqued, la novela genera la sensación de que “no se pertenece a ninguna parte”. Algo irrescatable ha pasado sobre nosotros, y nos mantenemos inmersos en el humo de lo cotidiano, de las satisfacciones inmediatas, mientras perseguimos un estímulo que nos devuelva a la realidad. Durante varias escenas la televisión está encendida y muestra guerras, barcos, aviones, calamares gigantes que viven en las profundidades del Golfo de México.  Son el portal hacia un mundo exterior que ha terminado o es muy lejano. 

Busqued nació en Presidencia Roque Sáenz Peña en 1970 y falleció el 29 de marzo de 2021. Era ingeniero, aunque no ejercía, e hizo algunos estudios sobre Letras en Córdoba, los cuales abandonó porque “no entendía qué cosas eran importantes en un examen”. Bajo el apodo “un mundo de dolor”, el autor escribía tuits lacerantes y divertidos. Siempre en minúsculas. El último fue: “ojalá lleguen a la punta del canal y se les hunda ahí y no lo puedan sacar en la reputísima vida”. Y el que mantuvo fijo desde el 27 de abril: “mis palabras sólo pueden ser entendidas desde lo espiritual y me disculpo si ofendí a alguien”. 

Páginas: 152.
Publicación: 2018.
Editor: Jorge Herralde.
Editorial: Anagrama.

Mateo Peraza Villamil (Mérida, 1995). Reportero. Ha publicado en Efecto Antabus, Tierra Adentro y Punto de Partida.

Fotografía de portada del escritor argentino, Carlos Busqued | LIHUE ALTHABE

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