Astrid López Méndez: «La escritura es encontrar afinidades entre la lectura y la edición»

En esta entrevista, la escritora Astrid López Méndez habla sobre su proceso creativo de escritura y edición, así como de la literatura y el panorama editorial en México

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Por Josué Tello Torres

Frontera interior es un cuerpo. Uno que respira, escucha, habla y cuestiona, pero que también recuerda y siente. Un cuerpo que se mueve entre lo cotidiano con registros de la lengua y rastros de lecturas. Un cuerpo como memoria. Uno (re)construido por Astrid López Méndez.  

A finales del 2020 la editorial Alacraña anunció la publicación del primer libro de su colección Tolvaneras [metaensayos]: Frontera interior, que contó con diseño y arte de Daniel Bolívar, portada de Iurhi Peña y edición de, la también escritora, Abril Castillo. Menciono los nombres porque son los responsables de que el libro-objeto sea bellísimo; las ilustraciones y el cartel-camisa tiene la peculiaridad de atrapar a primera vista. Al interés anterior le sumé que el libro fue escrito por una de las editoras de Antílope: los editores como escritores y sus procesos creativos de escritura son un interés particular.  

El libro arranca con dos epígrafes que marcan un sendero de lo que se leerá en los siguientes diecisiete capítulos:

Soy el reflejo de la poesía secreta de mi madre,

así como de sus iras ocultas.

Audre Lorde

Y:

El ensayo y el poema son las dos caras de Jano.

María Negroni

En la siguiente página, Astrid escribe: “A mi madre le gustaba recitar de memoria a Sor Juana. La escuchaba desde mi cuarto. […] Ninguna de las dos pensaba en la poesía y era la única forma que teníamos para decirnos algo.” Este arranquees la punta de lanza para dialogar entorno a la poesía, donde ideas de escritoras y escritores de diferentes épocas convergen pero también cuestionan el género, su proceso creativo, su estética y técnica, así como su rol ante la realidad en espacios íntimos, cotidianos y públicos. Frontera interior involucra al lector en ese diálogo que se mantendrá con diferentes tonalidades hasta el final del libro.

Pero quien mejor que la escritora para hablar sobre Frontera interior.

Imagen tomada del sitio web de Alacraña

I. Lectora y lecturas

Me gustaría comenzar platicando sobre tu contacto con la literatura, ¿a qué edad te acercas a los libros? ¿Cómo fue esa conexión?

Mi entrada a los libros fue muy azarosa, sí fue desde que estaba pequeña pero de manera involuntaria. En casa había muy pocos libros, entre ellos estaban algunos que mi madre había leído en la preparatoria o que tenía antes de ese periodo, aquellos libros fueron los que me acercaron a la literatura. En particular fue uno de Sor Juana que a mi madre le gustaba recitar en voz alta, me causó muchísima curiosidad y me preguntaba “¿De qué está hablando?”. Fue una conexión que, supe después, iba a ser el camino hacia los libros y la lectura.

¿Cómo fue tu infancia, dónde creciste y qué ha cambiado cuando vuelves la mirada al pasado desde tu presente?  

Yo crecí en Teotihuacan, muy cerca de la zona arqueológica, ahí pasé la mayoría de mis años de infancia y adolescencia; esa experiencia marcó también un punto para acercarme a la literatura y a los libros, pero también a la historia.

Los que somos de ahí, de Teotihuacan, estamos interesados en lo que pasó en la zona arqueológica. Creo que también para desentrañar los mitos de La Historia o La Única Historia y esa relación con el discurso. Regresar al pasado desde la creación es algo que hago constantemente para descubrir esas relaciones que existen con ese lugar, esos espacios que a mí me marcaron. Son tensiones que constantemente relaciono con la historia, con una narración que se cuenta en el lugar, la experiencia concreta de las personas y los vínculos que tienen con la construcción simbólica. Eso me llevó a preguntarme sobre la narración propia, el tipo de narración que nos contamos a nosotros y el derecho a narrarlos.

En tu sitio web (astridlopezmendez.com) se lee parte de esa experiencia en Tablero talud, en ese espacio escribes sobre tu interés por Teotihuacan y de cómo fue creciendo hasta convertirse en un texto más largo.

Sí. Justo hace unos años empecé a hacer una excavación propia. Me parece que en 2018 se publicó uno de los textos sobre Teotihuacan que cruza con mi relación personal pero también con cuestiones históricas, ecológicas, endémicas y de diálogo con personas que defienden la zona como patrimonio cultural y que incluso han perdido la vida por ello. Ha sido una excavación que me ha llevado a escribir una novela que espero terminar este año… el primer borrador. Sigue siendo parte de una experiencia amplia que me permite explorar, sobre todo en términos de comunidad y, de como tú preguntabas muy acertadamente sobre mirar al pasado, de ese impacto y las cosas complejas que sucedieron y suceden en Teotihuacan.     

Retomando el hilo de tus lecturas, ¿qué recuerdas de la biblioteca de tus padres, de tus primeras experiencias como lectora y del momento en el que consideraste dedicarte a la literatura?    

Siempre fueron libros prestados, es decir el libro del que te cuento de Las mejores poesías de Sor Juana, que así se llamaba el que tenía mi mamá, fue un libro que me acompañó durante la infancia. Que me acompañó sin ánimos de pretensión de lectura, es decir, sí siento que es muy importante mencionarlo porque creo que en nuestro país el fomento a la lectura no es tan visible, sobre todo en niños y adolescentes; para mí ese libro fue una compañía muy importante. Yo creí en la época de Harry Potter, pero en mi casa nunca se compraban libros; pero tenía la fortuna de que amigos y amigas me prestaban los ejemplares, ellos fueron pieza definitiva para que a mí me interesara más [la literatura] y para que después siguiera el camino de los libros. Como que esa figura que venía de Sor Juana la encontré después con la protagonista de Harry Potter: una persona que ama los libros y en cierto sentido la literatura. Para mí fue como algo que se quedó ahí de manera profunda. Después de eso vinieron libros más escolares. Creo que mi trazo de lectura propia llegó hasta la universidad, ahí fue donde conocí el ensayo literario. En las clases, en lugar de darnos textos propiamente científicos o académicos del área —porque estudié Ciencias Políticas—, a los maestros como que no les interesaban y nos dejaban leer más a Montaigne o Boccaccio; como que había una relación muy profunda con la literatura. De ahí comenzaron a llegar más autoras y autores, la literatura mexicana, regresé a pensar a Sor Juana desde otros lugares, pero también a Octavio Paz que era como un referente relacionado con Sor Juana, llegaron después autores de otras latitudes como el poeta inglés, después estadounidense, W. H. Auden, también Joseph Brodsky… como que me empezaron a interesar mucho esas conexiones de escritores que estaban relacionados con el lenguaje como herramienta, pero también con esas heridas que causa el lenguaje, esos momentos donde el lenguaje se desprende de ti.

Fotografía de Ximena Natera. Cortesía de la escritora.

II. Edición y escritura

En caminando la plática a la edición, pienso en algunas frases que se leen y se dicen como: “La novela de un editor es su catálogo”. Pero también se me vienen a la mente las respuestas negativas de editores como Jorge Herralde cuando le preguntan si piensa escribir un libro de relatos o novela. Me da la impresión de que en estos tiempos la labor de la editora o editor se combina con otras facetas como la de escritor o traductor, inclusive ambas, ¿qué ha propiciado esto? ¿Qué cambios se han experimentado en la labor del editor en los últimos años?

Para mí la edición y la escritura van de la mano, no hay barreras que las separen. La creación misma me parece continua y compleja porque no tiene guías definitivas; no creo en la linealidad de la creación, pero sí creo que este tipo de elementos y actividades se conjuntan para que uno pueda avanzar en sus procesos creativos. Tú bien lo mencionas, la traducción también me parece una actividad totalmente creativa; si la escritura es como el primer intento de trasladar lo que tienes en la cabeza o en las emociones al papel, la traducción es justamente ese segundo traslado porque lo estás convirtiendo de un lenguaje a otro. La edición también me parece una actividad fundamental, te ayuda a tomar distancia y a su vez es un método de apertura; como que lejos de que la edición sea el momento en el que se cierra el texto, me parece que es el instante en el que se posibilitan las circunstancias para que el texto alcance lo que quiere ser. Porque muchas veces, los procesos de escritura y creación son todo menos fluidos o abiertos. La edición no sólo ayuda a la escritura o a las reglas del lenguaje, también encaminan las ideas y emociones, ayudan a mirarlas desde otros lados. Quizás esas declaraciones que tú dices de Herralde responden a un tipo de editor muy específico, del siglo pasado, aunque también hay muchos tipos de editores y algunos veían como parte de esa labor, como fundamental, la escritura y otras actividades de creación.

      La producción de libros hoy en día nos hace repensar mucho la función del escritor dentro de ese proceso. Lo pienso porque, como editora de una editorial independiente, esos cuestionamientos sobre cómo se produce un libro se hacen de manera constante: qué tipo de personas se involucran, cuáles son esos procesos que siguen en esa lógica que hablamos al principio, pues hay cierta inquietud y voluntad del mercado por hacer productos más rápidos, que vendan mucho y que sean producciones masivas de libros, esa visión deja fuera otros elementos que habían sido importantes como lo es la edición, corrección o cuidado con la producción de los libros. Este espíritu de tomar en cuenta esos detalles, de ir un poco más lento, de no respetar esas reglas del mercado propiamente dentro del capitalismo en el que vivimos, también obliga a repensar la tarea del editor, y también de ponerla ahí, para que exista, digamos esto porque en otros procesos de la producción del libro pareciera que esa figura no está ahí. En mi caso, haber trabajado en la Editorial Sexto Piso hace muchos años fue algo que me marcó en ese sentido, en aprender distintos procesos de edición y de escritura que iba viendo y observando.

Justamente sobre eso va mi siguiente pregunta, ¿qué experiencias te dejaron colaborar con Gallimard, Editorial Sexto Piso, Ediciones de la Universidad Diego Portales? ¿Cómo las trasladaste a Antílope?

Conocí hace tiempo a Jazmina Barrera por otra amiga en común y le platiqué que había trabajado en Sexto Piso y que esa experiencia había sido importante para mí… En ese entonces a mí me gustaba decir que yo ya podría poner mi propia editorial porque en una editorial independiente haces de todo, desde editar los libros, corregirlos, retractilarlos y venderlos, y también hacerles promoción, moverlos de un lado a otro, es decir las funciones en una editorial independiente las tienes qué conocer, sino a cabalidad, sí estar consciente de cada uno de los procesos. Con ese tipo de mensaje que lanzaba cada vez que me preguntaban por Sexto Piso, un día Jazmina me dijo: “Te tomo la palabra”. Y encones fue como un oookei, ya no puedo seguir diciendo eso. [Al contar esta anécdota, Astrid ríe y transmite una suerte de emoción al recordar esos momentos]. El hecho de que Jazmina hubiera pensado en echar a andar el proyecto juntas con César Tejeda, Isabel Zapata y Marina Azahua, fue darnos cuenta que compartíamos ese espíritu por la creación de libros, y en eso radicó la importancia de Sexto Piso. Ya después, con las Ediciones de la Universidad Diego Portales o con Gallimard, también fue reafirmar las funciones de una editorial y de construir un catálogo. En el caso de la Diego Portales, fue construir un catálogo, tomarse el tiempo que se necesita para hacer un libro; y en el caso de Gallimard, fue es términos históricos, la importancia no solamente de pensar en un catálogo sino en el tiempo que lleva construirlo, en cómo a su fundador le interesaba el diálogo con las distintas tradiciones de ese momento, pero también con los problemas que se estaban presentando. Creo que eso también tiene Antílope, nos interesan los temas de conversación y de problemas que están sucediendo, tratar de encontrar libros que planteen, no posibles respuestas porque creemos que eso es un poco tramposo y además no hay fórmulas para nada en el mundo, sino para continuar la reflexión. Reflexiones que tienen eco en nuestro pensamiento y que esperamos que también lo tengan en los lectores. Además de dar el espacio a escritoras y escritores que son de nuestra generación y que ya en editoriales más grandes como Sexto Piso, Almadía u otras no tenían.

La creación misma me parece continua y compleja porque no tiene guías definitivas

¿Qué retos enfrentan en un mundo de editoriales independientes pequeñas y grandes, y en el que también se compite contra dos grupos editoriales transnacionales?

Es muy curioso porque hace unos días comenzaron a circular unas estadísticas en Twitter de cuáles son las editoriales que más libros publican en México, y precisamente son esos dos consorcios a los que tú aludes, pero también está la UNAM, y es necesario replantearse el tema de cómo funciona este circuito editorial, cómo tres editoriales que tienen sus propias maneras de financiamiento y, sobre todo, por ejemplo, con dinero público. Las editoriales independientes somos parte como de una fauna más amplia, no es que deban desaparecer esos grandes consorcios, tampoco es que deba desaparecer la UNAM editando, pero se debe replantear cómo funciona es relación con la producción, para que haya precisamente flujo de dinero y posibilidades materiales para realizar libros, para nutrir editoriales que no tienen la misma capacidad, sigo creyendo que cada uno de los elementos son importantes en ese ecosistema editorial. Es necesario buscar los mecanismos para ponerle un banquito a esa editorial independiente cuando lo necesite, que ahí esté, que haya esas posibilidades, repensar los financiamientos, las becas y los apoyos para editoriales más pequeñas, pero también de cómo circulan los libros y de cómo se pueden encontrar, de cómo llegan a las librerías, que no sea como el imperio de El Libro Nuevo y después de quince días ya lo quitan y ya nunca más los vuelves a ver, pensar en lo que han hecho las librerías independientes y cómo ayudan a esa circulación.

¿Qué ha aportado el proceso de edición, si es que lo ha hecho, a tu proceso de escritura?

No me había dado cuenta de que cómo el proceso de edición es parte de mi proceso creativo hasta que vi a otras personas en las que no lo es. Te decía un poco, no solamente en el proceso mismo de corregir un texto sino también en el de abrir posibilidades de un texto, creo que la edición me ha ayudado a abrir ideas, a cuestionarlas, a preguntarles, a decirles: “¿En verdad crees esto? ¿No te parece que hay otras opciones?”. Me parece que la edición es una labor crítica, pero crítica en el sentido de poner en crisis lo que está sucediendo y creo que esa actividad es necesaria, me ha ayudado a entender distintos puntos de vista, de sopesar conversaciones que normalmente no son de una sola vía, donde hay puntos de encuentro e incluso de contradicción y de contraposición, sobre todo; a ir delineando esas distintas posturas y distintas posiciones. A mí me parece que la edición posibilita la reflexión. Una manera de encontrar una traducción de lo que uno está pensado y trasladarlo al papel, algo como poder alcanzar las palabras más precisas a las que puedes conseguir. Con ese espíritu de la ida y del regreso que tienen la edición se nutre mi escritura constantemente; para mí la escritura y la edición son parte de un mismo proceso creativo, son parte de una actividad que se lleva a cabo de manera constante, que no surge como por arte de magia, no creo en esos discursos ni de la genialidad ni de la magia. La edición replantea nuevas preguntas al propio oficio de la escritura y me gusta pensarlo en esos términos.

Fotografía de Ximena Natera. Cortesía de la escritora.

III. Frontera interior

Y esto me trae a la siguiente pregunta, ¿cómo comienzas el proceso de documentación y escritura de Frontera interior?

Este proceso comenzó en 2017; después me di cuenta, cuando estaba escribiendo el libro, que empezó en 2015, ahí surgieron ideas pero no había una intención concreta de lo que es ahora Frontera interior. En 2017, gracias a una beca de ensayo, comencé a escribir un texto como que más corto pero, a la hora de estar juntando material y de hacer una lista de preguntas sobre qué quería hacer al respecto, me di cuenta de que no iba a ser solamente un ensayo. En 2018 me dije: “No, esto ya está creciendo demasiado. Va a tener que ir por su cuenta.” Y comencé a crear conexiones de mi relación con mi lengua materna, con la lengua de mi madre, con los tropiezos de esa relación desde el lenguaje; me empecé a meter muchísimo con esa experiencia de cómo mi madre recitaba poesía y al mismo tiempo no le interesaba la poesía, esa manera de acercarse a la literatura me pareció muy interesante, detonó muchas cosas en mí. Así comencé la búsqueda de esas relaciones tensas con la propia literatura que no son cómodas, que no son historias de miel sobre hojuelas, sino todo lo contrario, esas relaciones donde el lenguaje está impedido, donde alguien más te impide que ese lenguaje fluya como tú quisieras, o esos daños flagrantes o actos de violencia que te llevan a perder el habla; como que toda esa relación al mismo tiempo íntimas pero que tienen una conexión con lo social muy fuerte, fueron alucinantes para lograr ver que el lenguaje es una herramienta y una posibilidad de darle la vuelta a esos mecanismos de violencia que existen fuera del lenguaje y fuera de la parte íntima. El lenguaje también modificó mi manera de ver el mundo, ciertas lecturas, ciertas canciones, ese uso movió de ciertas cosas que yo pensaba. En 2019 terminé un primer borrador, y ahí en su momento platiqué con Abril Castillo, ella me preguntó que qué estaba haciendo, en qué estaba trabajando y le dije que justo estaba por terminar el borrador de un ensayo mucho más largo y se lo mandé a finales del 2019; después ella me dijo que sí, que le interesaba mucho publicarlo en Alacraña. Durante el 2020, hice un nuevo borrador del libro, lo seguí trabajando, fue como el proceso de abrir y cerrar el libro y que tuvo la fortuna de contar con Abril como editora. El proceso fue muy enriquecedor porque no se enfocó solamente con el texto sino también de buscar los elementos visuales que conjugaran con todo lo que estaba adentro, con los espacios que se necesitan, con la respiración, con ciertos fragmentos, con el juego del lenguaje que está ahí.   

Cuando terminé de leer tu libro me quedé pensando en varias ideas que escribiste, regresé a ellas y luego comencé a formularme una imagen en mi mente sobre lo que podría ser para mí Frontera interior, y pensé: “Es un cuerpo. El oído, el lenguaje, la memoria…” ¿Cómo la construcción capitular, cómo elegiste el acomodo?

La verdad esa fue de las partes más complicadas al momento de estar escribiendo. Tenía claro ciertos fragmentos y ciertas partes que me interesaban que estuvieran, pero como que el reacomodo varió de principio a fin; luego hubo ahí una intención para que la forma del texto tuviera resonancia con esa intención de estar repensando un tema, las diecisiete estrofas de las redondillas de Sor Juana, que justa son las redondillas que recitaba mi madre. Como que esos elementos que tú mencionas muy bien me interesaban que estuvieran en el libro y que fueran parte de ese juego con el lenguaje pero también con los poemas… de cómo un poema se memoriza, incluso involuntariamente por el tipo de sonoridad que tiene. Tenía la intención que ese juego estuviera en todas esas partes y que pudiera llevar un recorrido, que pudiera reflejar ese camino sobre cómo se fue haciendo este ensayo.

Al abrir el libro se lee el epígrafe de María Negroni “El ensayo y el poema son las dos caras de Jano” Luego pasas las primeras 10 páginas y uno dice: “Wow, espera, ¿esto es poesía o ensayo?” ¿A quién le sirve o para qué sirve encasillar la escritura y al texto en algún género?

Me gusta mucho esa pregunta porque creo que justamente está la respuesta en la misma. No tengo problema con los textos que se llaman a sí mismos ensayos o poemas, pero creo que justamente la intensión de encasillar o de agrupar o de reducir como que la expresión a lo que uno puede hacer a algo, es decir, de poner límites específicos, que más allá de condiciones que uno pudiera pensar como ejercicios que detonan habilidades para sortear esas reglas, las pienso como imposibilidades en la creación, como que puede limitar esa imagen de qué es lo que en teoría se tiene permitido hacer y no se tiene permitido hacer con el texto. Pueden ser cuestiones restrictivas que en lugar de hacer que el escritor o escritora, autor o autora, creador o creadora se abran y que descubran precisamente esos procesos en la edición y que le ayuden a abrir el texto, los encasillamientos lo que hacen es alejar a la persona. Ese empeño por tratar de clasificar los textos o tratar de centrarse en ciertos géneros, ha detonado más limitaciones que aperturas. Como tú dices, como que hay que ver cómo funciona el texto, de cómo resuena el texto a la hora de leerlo y listo, ahí es donde va a estar ese interés en descubrir, más allá de qué es o qué no es el texto, sino de hacia dónde te lleva y qué preguntas detona el libro. Esos son los textos que me interesan, los que me abren nuevas preguntas, los que me llevan a lugares que no había pensado.

«La edición es una labor crítica, pero crítica en el sentido de poner en crisis lo que está sucediendo y creo que esa actividad es necesaria».

Tu libro también me hizo recordar Caballo fantasma de Karina Sosa Castañeda, por su estructura: frases, ideas, referencias sobre, en el caso de Karina, los caballos; en el tuyo, la poesía y sus conexiones con la lengua, el oído, la memoria, las artes y otros temas que quizás esté omitiendo. Ambos libros sostenidos por las referencias y las citas, ¿cómo logras mantener una conexión entre tus referencias y la voz de quien escribe?

Pensando en lo que me decías al principio sobre cómo la lectura es un primer paso a la escritura, o sea, al estar leyendo ya estás generando algo en ti, esos rasgos de la escritura que vendrán después; pensando en la escritura contemporánea o pensando en cierto tipo de escritura, como que está muy penado que uno pueda ver las posturas de quien escribe y creo que debería ser revés, que todo lo que está, desde esa lectura, desde ese coleccionar citas que en el caso de Frontera interior es muy visible porque te dice: “Aquí está esta cita. Aquí está esto que quiero que resuene en ti como resonó en mí” Es llevar esa colección de lecturas al encuentro con la voz propia; para mí la escritura es encontrar afinidades entre la lectura y la edición, después pensar mucho en esas lecturas y llevarlas a un terreno de escritura. Frontera interior busca reflejar ese proceso, el de encontrar esa manera propia de narrarse y que a lo largo de los fragmentos lo que se intenta es construir esa voz. No pensaría en una voz literaria o voz autoral sin esas referencias. [De repente se rompe la reflexión con una risa que termina con la frase] De todos modos sí fue complicado de ubicar cada una de esas pizas para que resonaran entre ellas en el texto.

Eso que dices me agrada, no le había dado un significado más amplio y es interesante cómo lo planteas, porque en Frontera interior uno lee fragmentos de ideas y de repente a parece una cita y luego se desvanece, como que se asoma y el lector no sabe donde termina lo que se transcribe y comienza lo que se narra. Esa virtud me hizo recordar mucho a Terry Tempest Williams, Annie Ernaux, Olga Tokarczuk… ¿Cómo te alimentas de esas voces cuya producción comenzó en el siglo pasado pero que apenas se están rescatando a nuestra lengua?

En mi caso siempre estoy buscado esos textos que resuenen en lo que estoy pensando o que me ayuden a irme de eso en lo que estoy pensando. Creo que hay muchas poetas y escritoras que, en términos propiamente de la historia de la literatura y de cómo se han invisibilizado la escritura de mujeres, resuenan en nuestro tiempo; tenemos Un cuarto propio de Virginia Wolf, que cien años después sigue siendo un texto vigente en México, no sé si en su propia latitud sea tan vigente como en la nuestra, pero me parece que tiene ecos que hablan con nosotras; claro que esos textos nos ponen en tensión, que también le hacemos preguntas, que encontramos lugares donde no estamos de acuerdo, pero creo que también es necesario buscar ese tipo de textos. También leer a nuestras contemporáneas, justo como el libro de Karina que decías, es importante ir encontrando en esas voces distintos ecos que nos puedan ayudar tanto nuestra propia escritura como a nuestras actividades cotidianas.

Páginas: 124.
Publicación: 2020.
Editora: Abril Castillo.
Editorial: Alacraña/Libros UNAM.

Josué Tello Torres (Cancún, 1992). Profesor, periodista y editor cofundador de la revista Efecto Antabus. Ha publicado crónica, reportaje y reseñas literarias en Pie de Página, Revista Clarimonda, Poscultura¸ entre otros.

Las imágenes que acompañan la entrevista son de la fotógrafa Ximena Natera

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