La evangelización de los franciscanos en Yucatán: Inicios, conventos, primer obispo, conflicto entre el clero secular y el clero regular.

El Guardián de la Historia nos hace su primera entrega del año, en este caso, nos habla sobre la evangelización de los franciscanos en Yucatán.

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Por Carlos A. Mendoza Alonzo

Introducción

Justo después de haberse llevado las primeras batallas de las guerras hispano-Mexicas, de las cuales los primeros salieron vencedores; los europeos emprendieron una larga y complicada tarea, controlar el territorio y a sus habitantes. El control de los indios, en todos los sentidos, no solo era necesario sino una asignatura obligatoria, pues dentro de este proceso se encontraba, también, la evangelización de la población. que era, nada más y nada menos que la justificación de la conquista.

            Llevar la “verdadera” religión a los indios, no fue tarea nada fácil menos sabiendo que existían diferentes visiones y estrategias para lograrlo, incluso diferentes instituciones. Por un lado, tenemos al clero secular y por el otro, al regular, ambos con la misión expresa de dar el catecismo y contribuir a la “civilización” de los indios y, por supuesto, quedarse con parte de las ganancias que esto pudiera dejar.

            Este proceso no fue único en la Nueva España sino fue reproducido con todo, y sus problemas, en el resto de las provincias y territorios del nuevo imperio. Yucatán no fue la excepción y apenas se lograron fundar unas cuantas ciudades se dio paso a la llegada de ambos cleros. Sin embargo, el proceso de esta provincia tiene matices propios que vale la pena reseñar. En Yucatán, debido a una serie de eventos, que relataremos en las siguientes líneas, fueron los regulares quienes comenzaron la evangelización de los indios. Esto ocasionó que al momento de la llegada de los seculares comenzarán una serie de desavenencias y conflictos que permearon casi todo el tiempo que Yucatán fue una colonia y que vinieron a ver su término hasta la implantación de las reformas borbónicas en pleno siglo XVIII.

Con lo arriba expuesto el presente trabajo pretende hacer un pequeño recorrido por la llegada del clero regular al a región y la fundación de los primeros conventos asi como una repasada por los momentos de tensión que existieron entre ellos y el clero secular, desde los primeros años de la conquista de Yucatán hasta el gobierno eclesiástico de Piña y Mazo, el obispo que se encargo de implementar las nuevas reformas que llegaban desde la metrópoli. De igual forma mencionaremos como estos conflictos fueron creando las condiciones para que sea el clero secular quien se quedase con la custodia de las almas en la región.

I

En los albores de la “Conquista” el interés por la región de la Nueva España denominada Yucatán, aventuró a la Orden mendicante de los franciscanos a su evangelización, cuyos sustentos jurídicos y alusiones, fueron la conocida “Omnimida” y una “Obediencia” firmada en 1523, donde se esclarece la “misión de los doce” y los otros hombres quienes serían enviados a los “infieles”[1].

La entrada de los franciscanos, única orden activa entonces en la cristianización[2] en tierras mayas y chontales, con la exclusión de obras realizadas por otra orden del clero regular[3], fue a través de fray Jacobo de Tastera en 1537; labor en la cual colaboraron indios mexicanos quienes pidieron licencia para entrar en tales tierras; por supuesto, con una solicitud y recepción del gobernador. Así pues, la Provincia del Santo Evangelio se expandió en la región sureste de México, con la fundación de Guatemala, de donde se enviaron algunos frailes a Yucatán para su establecimiento definitivo. Luego, en 1537 Yucatán fue diócesis nominal sufragánea de Sevilla, y en 1539 quedaría en virtud dependiente del obispado de Chiapas[4].

En marzo de 1553 se nombró obispo de Yucatán a Fray Juan de San Francisco, pero renunció a la propuesta; fue, por tanto, presentado Fray Juan de la Puerta en julio de 1555, quien había estado en Yucatán desde los inicios de la evangelización; sin embargo, falleció antes de su llegada en 1558[5]. La orden de los franciscanos, en ausencia de un obispo, tomaría la evangelización y construiría iglesias y conventos en tales tierras. Pareciera que no estaba destinado aun que llegasen el clero secular a este rincón del mundo.

El primer Convento, con el título de San Francisco de Asís, se realizó en Campeche y fue fundado por Fray Luis de Villalpando, quien para la comunicación con los indios se valió de intérpretes y aprendió posteriormente la lengua maya, lo cual favoreció la conversión de los naturales. En Campeche, Fray Juan de Herrera se encargó de la enseñanza de lectura, escritura y conteo[6]. Después, se prosiguió a la evangelización en lugares como la Ciudad de Mérida, donde se realizaron trabajos de manera análoga a Campeche y se encontró un sitio para fundar el convento y una iglesia. Los religiosos, al solicitar la oportunidad de impartir la educación[7] de los niños mayas en la Ciudad de Mérida, experimentaron dificultades y desprestigio, incitados por los sacerdotes gentiles[8], pero al mismo tiempo, hubo caciques que, en algunas poblaciones, como Caucel, colaboraron con los frailes[9]. Otro conflicto que tuvieron los religiosos fue en la relación con los encomenderos en cuanto a los tributos y servicios, quienes tenían más influencias en los pueblos y por supuesto, la oposición de los sacerdotes mayas cuya religión y entera cosmovisión se veía desplazada por los frailes[10].

Con respecto a estrategias de evangelización, en los años sesenta y setenta del Siglo XVI se tuvo un esfuerzo franciscano que se basó en un programa de reasentamiento o congregación de la población indígena (anticipación de los métodos que se usarían en el resto de la Nueva España). Parte del programa franciscano también implicó, inicialmente, socavar hasta por las malas, la cosmovisión de la religión y cultura maya; podemos hacer alusión al “Auto-da-fe de Maní de 1562” que ha perfilado mala fama a su autor en la historiografía[11]. Pero también se realizaron, en la iglesia naciente de Yucatán, acciones de los franciscanos en favor de la defensa de los indios, sobre todo, en contra de los abusos que recibían por los encomenderos[12].

Además del convento de Campeche que hemos mencionado, entre los cinco primeros construidos en Yucatán en el S. XVI, estuvieron el de San Francisco “el Mayor” o “Grande de San Francisco”, Mérida; San Miguel Arcángel, Maní; San Francisco de Asís, Conkal y San Anonio de Padua, Izamal; la custodia franciscana tomó el nombre de San José en 1575[13], sujeta a la Provincia de México desde 1549[14], hasta que en que en el Capítulo general de Aquila, Italia en 1559 se dio la orden de instaurar la Provincia de San José para los religiosos de Yucatán y Guatemala, que esté, a su vez, separada de la Provincia del Santo Evangelio (México)[15].

… la provincia franciscana de San José, a partir de 1547, se inició como una congregación que contaba con dos primeras fundaciones; en 1559 pasó a ser custodia dependiente de la provincia franciscana de México, con cinco guardianes y sus respectivas visitas… Sabemos que en 1561 la provincia contaba con 8 conventos comenzados a edificar y 6 en proyecto de fundación y para 1563 había 12 casas fundadas… Finalmente, en 1565 se le concedió a la provincia franciscana de Yucatán ser provincia independiente separada de Guatemala[16].

Desde el año de 1561 los franciscanos, por falta de obispo, se habían hecho cargo de asuntos eclesiásticos de la Provincia en razón de la Bula Exponi nobis de Adriano VI de 1522, además, fueron confirmadas tales facultades por la audiencia de los Confines desde 1558, es decir, actuaron como jueces eclesiásticos ordinarios. Por tanto, podemos entender la relación belicosa entre los franciscanos, representados por su Custodio Fray Diego de Landa en contraposición al franciscano, Fray Francisco de Toral, cuarto obispo de la Diócesis de Yucatán y el primero en residir en ella (1562 -1571)[17].

Hacia 1600 el número de casas franciscanas iría en aumento al ser promovidos en conventos algunas antiguas visitas; sin embargo, al Sur y Este quedaban grandes zonas deshabitadas, especialmente en el Petén guatemalteco, pues había mayas que no se habían doblegado al dominio de los españoles, sino hasta finales de tal Siglo[18].

El clero regular en el obispado de Yucatán, en su mayoría franciscanos, como se ha descrito anteriormente, habían fraguado una jurisdicción religiosa basada en el sistema de instauración de conventos y doctrinas, los cuales funcionaban como centros de evangelización de indios; sistema que funcionó desde la fundación de los primeros conventos franciscanos en la Diócesis de Yucatán, sin embargo, desde ese momento, los conflictos entre los clérigos seculares y religiosos por la administración de las almas de los indios sería patente.

Fray Francisco de Toral, con la intención de apaciguar a un clero regular con antecedentes de abuso en contra de los indios en el proceso de extirpación de idolatrías, dotó de diez doctrinas al clero secular[19]; éstas fueron Tixkokob, Tichel, Ichmul, Hocabá, Hunucmá, Homún, Tizimín, Teabo, Champotón y Umán. Sin embargo, Fray Diego de Landa, Obispo de Yucatán (1572-1579) a la muerte del Obispo Toral, retiró la administración de tales comunidades a manos de los religiosos de la orden de San Francisco, suceso que marcaría el inicio de “un pleito de cien años[20]”, ya que representó una verdadera afrenta a las órdenes que había dictado su antecesor, las cuales estaban fundamentadas a su vez en los designios de la corona.

El obispo Gregorio de Montalvo (1580-1587) intentó, aparentemente, activar la acción protagonista de los clérigos seculares en la diócesis, al instaurar su primer Sínodo diocesano[21]. Montalvo asistió y fue protagonista del III Concilio Provincial Mexicano, por lo que regresando a Yucatán pretendió aplicar los principales preceptos para el establecimiento de una iglesia prominentemente diocesana, instituyendo los estatutos de un sínodo con la capacidad de regular la administración de la iglesia católica en la Diócesis de Yucatán. Sus intentos fueron infructuosos ya que los ministros seculares carecían de miembros activos[22] que pudiesen solventar las necesidades administrativas de una iglesia en pleno desarrollo en Nueva España, al contrario de los franciscanos cuya estructura y poder estaba afianzado, entonces contaban con veintidós conventos[23]

El siguiente obispo, fray Juan de Izquierdo (1587-1602), al momento de su llegada y durante toda su gestión, envió varias cartas y solicitudes al Rey con peticiones para favorecer la clerecía secular, obteniendo resultados favorables en 1602 cuando cuatro de las diez doctrinas que fray Diego de Landa les había “arrebatado” fueron provistas para el clero secular: Tixkokob, Tixchel, Ichmul[24] y Hocabá. Sin embargo, el problema era el mismo; es decir, la falta de clérigos diocesanos[25]

Fue hasta el gobierno episcopal de Don Juan Escalante y Turcios (1677-1681) cuando el conflicto de las provisiones de las diez doctrinas antes citadas finalizó. El obispo al ser miembro del clero secular entendía la importancia de obtener los beneficios de estas jurisdicciones, por lo que, amparándose en el hecho de que el número de miembros del clero diocesano crecía a la par del fortalecimiento de una comunidad criolla, que exigía ser partícipe y protagonista en la sociedad novohispana, realizó diversas comisiones que propiciaron la reactivación del litigio, recibiendo del Rey una Real Ejecutoria del 29 de mayo de 1680, documento que señala el conocimiento de las vejaciones que padecen los indios de esa provincia por parte de los Religiosos doctrineros “en los repartimientos que cada año les hacen de hilados y texidos y otros géneros de trabajos personales… poseis a quitarles las Doctrinas, y á proveerlas en clérigos seculares”[26].

Así pues, el Señor Escalante y Turcios procedió a ejecutar la orden restituyendo a los seculares las seis doctrinas[27] de añeja administración Franciscana (Hunucmá, Tizimín, Homún, Tenabo, Champotón y Umán), solicitando para ello la ayuda del Capitán General[28]. Esta acción se llevó a cabo con éxito, sin estar exenta de dificultades, puesto que los frailes mostraron resistencia al grado de entregar las doctrinas sin utensilios y ornamentos. Ante tal acto el obispo promulgó excomuniones[29].   

Las fricciones entre el Prelado y la orden franciscana acrecentaron con la aplicación del primero de un Breve Apostólico enviado por la Santa Sede y fechado el 21 de junio de 1670, por el cual se restringieron a los Religiosos regulares los privilegios de predicar y confesar a los seglares sin el consentimiento, bendición y licencia del obispo, el cual estaba obligado a examinarlos en virtud de ser su superior en vida, costumbres y ciencia[30]. Sin embargo, con ello se reforzó en el obispado de Yucatán el argumento que favorecía a los seculares, es decir; el derecho a administrar las doctrinas que antes fueron de los franciscanos. 

Con la culminación del “pleito de los cien años” se creó un antecedente legal, y con él la oportunidad de que, en problemáticas similares, en la Diócesis de Yucatán, se remitiesen a su resolución directamente a la Santa Sede, sin embargo, la suerte estaba echada, este “apoyo” al clero secular comenzó a ser más la norma que la excepción, hasta la llegada de las reformas borbónicas que significaron el apoyo al clero secular de manera única. El ejemplo mas importante de ello fue la expulsión de los jesuitas del territorio novohispano, sin embargo, estas reformas significaron más que solo eso. De manera que vale la pena detenernos un momento en reseñar, aunque sea de manera somera, que fueron estas reformas para entender los posteriores procesos en la región yucateca.

II.

Cuando los borbones subieron al poder de la corona española a principios del XVIII quisieron aplicar los avances de la ilustración en las políticas estatales. La razón principal de esta aplicación fue la grave crisis económica en que se había sumido el imperio español durante el dominio de los Austrias, aunado al crecimiento y amenaza de los ingleses. De manera que, si no querían perder territorios ultramarinos o peor la hegemonía mundial, era urgente reformar. Por esos motivos fue que se llevaron a cabo modificaciones en la política como: la creación de intendencias para terminar con la corrupción imperante en los corregimientos y centralizar en ellas los aspectos fiscales, administrativos, militares y de justicia. Así como la sustitución de antiguos funcionarios por unos criados y educados en la península. En lo militar las reformas significaron la creación de ejércitos permanentes para la defensa de las colonias. En lo económico, por su parte se intentó liberar el comercio abriendo trece puertos españoles y 27 americanos para que comerciasen libremente mediante compañías comerciales, se crearon monopolios de producción y comercio del tabaco, aguardiente y pólvora. De igual forma se fomentó la minería disminuyendo la presión fiscal, creación de nuevas aduanas intermedias para aumentar la recaudación, así como la creación de bancos de crédito. En el ámbito educativo se crearon escuelas y academias militares. En cuanto a lo que nos atañe en este trabajo, las reformas borbónicas provocaron que se reafirme el regalismo, es decir, el conjunto de principios que afirmaban que la autoridad del rey era superior a la del Papa en cuestiones que tenían que ver con el nombramiento de obispos y la revisión de los fallos de los tribunales eclesiásticos.

 En sí, las reformas borbónicas fueron un conjunto de medidas aplicadas en todos los ámbitos del gobierno española saber: administrativas, políticas, económicas, sociales y religiosas. Esto con el objetivo de modernizar el imperio y de centralizar el poder de los territorios de ultramar.

“El novio y la novia ante el cura”. Representación de una “plática prematrimonial” con el cura /fraile), como parte del proceso canónico para casarse. Forman parte de portadas de libros de matrimonios de Izamal, del año de 1792 (mismo año que el dibujo del velorio). Cabe destacar que son inusuales este tipo de portadas en libros sacramentales, por lo menos en la diócesis de Yucatán. Archivo General de la Arquidiócesis de Yucatán, Parroquia de Izamal, Sección Sacramental, Serie Matrimonios, caja 534.

En el marco de las aplicaciones de las reformas borbónicas[31], en el Yucatán de la segunda mitad del Siglo XVIII la Corona reactivó con  fuerza “el pleito” entre los seculares y regulares por la obtención de derechos de administración de doctrinas-curatos, cuando en 1753 Fernando VI manda una Real Cédula fechada en 1° de febrero, en la cual “previene al obispo de Mérida de Yucatán, la extensión de la determinación tomada para separar de los curatos de su Diócesis a los Regulares”[32], la cual enseguida tuvo efecto en la Diócesis de Yucatán, durante el periodo de 1754 a 1757, en cuyo tiempo se secularizaron nueve doctrinas, siendo las primeras las de mayor importancia: San Francisco de Campeche y San Cristóbal en Mérida en 1754[33]. Este hecho no estuvo exento de reclamaciones del clero regular, entregando las doctrinas a las autoridades designadas para tal efecto sin ornamentos y alhajas[34]. Incluso mandaron cartas al rey con acusaciones en contra del obispo de Yucatán de entonces, el Señor Ignacio Padilla y Estrada (1753-1760), donde se señalan las irregularidades que se presentaron en el momento de quitarles sus doctrinas[35]. Dichas imputaciones tuvieron efecto ya que en 1757 el rey mandó una Real Disposición en el que señala que ante la necesidad de que haya clérigos que puedan servir en la lengua de los indios, “será conveniente que en las doctrinas que vacaren se ponga un Religioso interinamente, que, autorizado por el Prelado Diocesano, administre los santos sacramentos entretanto que se celebra el sínodo y aparezcan clérigos opositores idóneos en quienes se pueda verificar su provisión”[36]. Con ella, se modificaría, un tanto, lo establecido en la Cédula enviada cuatro años antes, dando una oportunidad a los franciscanos de poder seguir teniendo presencia en la diócesis[37]   

El gobierno pastoral de Fray Luis de Piña y Mazo[38] (1780 – 1795) merece una mención especial, pues estuvo marcado por distintas polémicas en el que se incluye el haber protegido a su sobrino Toribio del Mazo de la acusación del asesinato del primer intendente de Yucatán Lucas de Gálvez[39]. Con respecto al proceso de secularización, esté Obispo realizó diferentes reformas administrativas con la intención de consolidar la posición del clero diocesano como los principales agentes de la estructura eclesiástica de la región, proyecto que a distintos niveles estuvo presidido de acciones estratégicas realizadas por sus antecesores[40], como por ejemplo la creación de un espacio de educación para seculares situado en el Seminario Conciliar de Yucatán, recordando que en 1767 la Corona española expulsó a los Jesuitas de todos sus territorios dejando un vacío con respecto a la educación, mismo que los Seminarios conciliares intentarían solventar. Entre las reformas más importantes se encuentra la que realizó en los “Concurso a Curatos”[41], agregando nuevas formas de evaluar a los sacerdotes con la intención de fomentar la disciplina, misma que había visto disminuida a través de sus múltiples visitas pastorales.

Unos de los puntos que más atención le puso el Obispo Piña y Mazo fue la reconstrucción de iglesias[42]  y creación de nuevas, con la intención de consolidar una arquitectura secular. Fue así que el mérito de construir se volvió fundamental para la creación de una nueva “geografía episcopal”[43], que sustituiría la de los conventos y doctrinas, pues al momento de concursar para la obtención de parroquias se hacía hincapié en sus labores como constructores o reconstructores de iglesias, así como su ornamentación. Incluso, Víctor Hugo Medina Suárez demuestra en su tesis doctoral que los curas que así lo hicieron escalaron dentro de la estructura jerárquica de la iglesia, obteniendo privilegios como la de administrar parroquias pingues[44]. Este proyecto fue fundamental para que posteriormente, la estructura diocesana pudiese soportar los embates político y económicos del siglo XIX.

Conclusión

Como pudimos constatar a lo largo de este trabajo el proyecto de evangelización de los franciscanos en Yucatán estuvo muy involucrado con el desarrollo de económico de la región. De manera que nunca se pudo separar del todo el proceso de evangelización con el establecimiento de las encomiendas, entre otras cosas, porque era precisamente el encomendero el encargado de velar por el adoctrinamiento de sus indios encomendados. Como sabemos lograr el control de los indios era prioritario para los intereses de la corona en todos los territorios conquistados. De modo que esta relación religioso-económica fue creando con los años una verdadera “geografía” religiosa” basada en la construcción de conventos, las jurisdicciones religiosas y la propia doctrina. De esta forma, desde el momento de su llegada se logró penetrar en la cotidianidad de los indios. Por supuesto, este proceso no estuvo exento de abusos por parte de los hijos de San Francisco. De ahí que se justificara la intervención de las autoridades españolas, apoyando la entrada del clero secular para reemplazar a los franciscanos en la administración de las almas. Este proceso, a lo largo de todo el periodo novohispano, se fue extendiendo, muchas veces detenido por las acciones de obispos que no se ocuparon en este problema, hasta llegar al siglo XVIII y ser parte de las reformas borbónicas.

Sin duda fue con la llegada del Obispo Fray Luis de Piña y Mazo a Yucatán, en el contexto del reformismo borbónico, que los distintos conflictos entre el clero diocesano y los seráficos tomaron un rumbo bastante claro; beneficiar a los primeros a través del control de los espacios, disciplina y buena formación del clero, y la creación de una nueva infraestructura religiosa. Sin embargo, no fue sino hasta el siglo XIX en medio de los vaivenes políticos, sociales y económicos, que el clero secular alcanzaría su consolidación al ser aliados, en varios momentos, del naciente estado mexicano. 

FUENTES

Archivo Histórico del Arzobispado de Yucatán (AHAY)

BIBLIOGRAFÍA

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Santiago Pacheco Edgar Augusto, La política eclesiástica borbónica y la secularización de parroquias franciscanas en Yucatán: 1750-1825, Tesis profesional para obtener el grado de licenciado en ciencias antropológicas en la especialidad en Historia, Universidad Autónoma de Yucatán, Mérida, 1993.

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MOLINA SOLÍS Juan Francisco, Historia del descubrimiento y conquista de Yucatán con una reseña con la historia antigua de esta península, Segunda edición, Ediciones Mensaje, México D. F., 832-835.


[1] Cf. Stella María González Cicero, Perspectiva religiosa en Yucatán, 1517-1571. Yucatán, los franciscanos y el primer obispo fray Francisco de Toral, El Colegio de México, México 1978, 77-78.

[2] Cf. Miguel A. Bretos, Arquitectura y Arte sacro en Yucatán, Dante, Mérida 1987, 11-13.

[3] Cf. Robert S. Chamberlain, Conquista y colonización de Yucatán, 1517-1550, Porrúa, México 1974, 319.

[4] Cf. Stella María González Cicero, Perspectiva religiosa en Yucatán, 1517-1571, 81-83.146-147.

Para ampliar la información sobre el establecimiento primario de la diócesis de Yucatán, puede consultarse: Diego LÓPEZ DE COGOLLUDO en su Historia de Yucatán, Editorial Academia Literaria, México 1957, y la de Bernardo de LIZANA en Historia de Yucatán. Devocionario de Ntra. Sra. de Izamal, Imprenta del Museo Nacional de México, México, 1893.Para leer las primeras iniciativas de los grupos franciscanos y sus ingresos/caminos para Yucatán, véase: LÓPEZ DE COGOLLUDO en su Historia de Yucatán;Juan Francisco MOLINA SOLÍS, El Primer obispado de la Nación mejicana: artículos publicados sobre esta materia y sobre otros puntos de nuestra historia, Imprenta Loret de Mola, Mérida Yucatán, 1897; Diego de LANDA, Relación de las cosas de Yucatán, E. G. Triay e hijos, imps., Mérida, Yucatán ,1938.

[5] Cf. Stella María González Cicero, Perspectiva religiosa en Yucatán, 1517-1571, 97.154.162. Sobre la relación de los franciscanos en Yucatán con el primer obispo véase el Capítulo X de Stella María González Cicero, Perspectiva religiosa en Yucatán.

[6] Una explicación para la instrucción de la fe a los niños indígenas y la acción de los caciques al respecto, véase: Robert S. Chamberlain, Conquista y colonización de Yucatán, 1517-1550, pp. 323-324.

[7] Para ampliar la cuestión de educación de los indígenas, véase: Juan Francisco MOLINA SOLÍS, Historia del descubrimiento y conquista de Yucatán con una reseña con la historia antigua de esta península, Segunda edición, Ediciones Mensaje, México D. F., 832-835.

[8] Véase: Robert S. CHAMBERLAIN, Conquista y colonización de Yucatán, 1517-1550, 329-330.

[9] Cf. Stella María González Cicero, Perspectiva religiosa en Yucatán, 1517-1571, 83-88. Sobre el rol de los procuradores franciscanos en Yucatán y la necesidad de frailes para tal iglesia se puede consultar a Stella María GONZÁLEZ CICERO, Perspectiva religiosa en Yucatán, 1517-1571, 89-104.

[10] Cf. Robert S. Chamberlain, Conquista y colonización de Yucatán, 1517-1550, 323.

[11] Cf. Miguel A. Bretos, Arquitectura y Arte sacro en Yucatán, 13-14.

[12] Cf. Robert S. Chamberlain, Conquista y colonización de Yucatán, 1517-1550, 326.

[13] Cf. Miguel A. Bretos, Arquitectura y Arte sacro en Yucatán, 13.

[14] Cf. Stella María González Cicero, Perspectiva religiosa en Yucatán, 1517-1571, 104-106.

[15] Cf. Diego López de Cogolludo, Historia de Yucatán, Editorial Academia Literaria, México 1957, Libro VI, Capítulo I.

[16] Stella María González Cicero, Perspectiva religiosa en Yucatán, 1517-1571, 108.

[17] Cf. Francisco de Cárdenas Valencia, Relación historial eclesiástica de la Provincia de Yucatán de la Nueva España, escrita el año de 1639, Antigua librería Robredo, de José Porrúa e Hijos, México 1937, 39; Stella María González Cicero, Perspectiva religiosa en Yucatán, 1517-1571, 105-108.

[18] Cf. Miguel A. Bretos, Arquitectura y Arte sacro en Yucatán, 14-15.

[19] Víctor Hugo Medina Suárez, La consolidación del clero secular en el obispado de Yucatán, Siglo XVIII, Tesis para optar el grado de Doctor en Historia, El Colegio de Michoacán, México, 2014, 79.

[20] Llamado así por el obispo e historiador de finales del siglo XIX Crescencio Carrillo y Ancona en su escrito; Historia del Obispado de Yucatán: historia de su fundación y de sus obispos, t. II, Fondo Editorial del Estado, México 1981, 550. 

[21] Desafortunadamente no se ha encontrado los estatutos de este Sínodo, pero Crescencio Carrillo Ancona lo refiere en su obra, Historia del Obispado de Yucatán: historia de su fundación y de sus obispos, t. I, Fondo Editorial del Estado, México 1981, 332.

[22] En una carta que Fray Gregorio de Montalvo le escribe al Rey en 1582 refiere que en total había diez y siete sacerdotes administrando en el Obispado de Yucatán. Cf. France Vinton Scholes – Carlos R. Menéndez, Documentos para la Historia de Yucatán, t. II, Compañía Tipográfica de Yucatán S. A., Mérida, Yucatán 1938, 86.  

[23] Víctor Hugo Medina Suarez, La consolidación del clero secular en el obispado de Yucatán, Siglo XVIII, Tesis para optar el grado de Doctor en Historia, El Colegio de Michoacán, México, 2014, 78.

[24] En el marco de la disputa entre los regulares y seculares por la administración de las almas, en el pueblo de Ichmul, bajo la tutela del primer sacerdote diocesano en ocupar su papel como párroco en Yucatán, el cura De la Huerta, entre 1630 y 1645, estableció la devoción hacia el Cristo de las Ampollas en un intento por “contrarrestar” la devoción hacia la Inmaculada Concepción de Izamal la cual fue establecida y promovida en toda la península de Yucatán por la orden seráfica. Está estrategia enseguida rendiría frutos, sobre todo a nivel devocional y de popularidad, al grado de trasladar dicho culto hacia la imagen hasta la máxima casa religiosa en Yucatán: la catedral de Mérida. Leopoldo Manuel González Martín, La devoción del Cristo de las Ampollas en Yucatán, entre los poderes de la Iglesia y el Estado (1850 – 1915), Tesis para optar al grado de Maestro en Historia, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, México, 2014, 17.

[25] Víctor Hugo Medina Suarez, La consolidación del clero secular en el obispado de Yucatán, siglo XVIII, Tesis para optar el grado de Doctor en Historia, El Colegio de Michoacán, México, 2014, 82.

[26] Crescencio Carrillo y Ancona, Historia del Obispado de Yucatán: historia de su fundación y de sus obispos, t. II, Fondo Editorial del Estado, México, 1981, 561.

[27] Recordemos que 4 de las 10 doctrinas citadas fueron devueltas al clero secular en 1602.

[28] Crescencio Carrillo y Ancona, Historia del Obispado de Yucatán: historia de su fundación y de sus obispos, t. II, Fondo Editorial del Estado, México, 1981, 562.       

[29] Crescencio Carrillo y Ancona, Historia del Obispado de Yucatán: historia de su fundación y de sus obispos, t. II, Fondo Editorial del Estado, México, 1981, 562.

[30] Crescencio Carrillo y Ancona, Historia del Obispado de Yucatán: historia de su fundación y de sus obispos, t. II, Fondo Editorial del Estado, México, 1981, 566.

[31] Las cuales consistieron en la aplicación de una serie de reformas en la Nueva España, con el propósito de reemplazar su añejo y desgastado sistema administrativo y político, para así afianzar el poder de la Corona por encima de la Iglesia y otras Instituciones.   

[32] AHAY, Sección Gobierno, Serie Cédulas Reales, caja 41, expediente 25.

[33] Edgar Augusto Santiago Pacheco, La política eclesiástica borbónica y la secularización de parroquias franciscanas en Yucatán: 1750-1825, Tesis profesional para obtener el grado de licenciado en ciencias antropológicas en la especialidad en Historia, Universidad Autónoma de Yucatán, Mérida 1993, 67-69.

[34] Edgar Augusto Santiago Pacheco, La política eclesiástica borbónica y la secularización de parroquias franciscanas en Yucatán: 1750-1825, Tesis profesional para obtener el grado de licenciado en ciencias antropológicas en la especialidad en Historia, Universidad Autónoma de Yucatán, Mérida 1993, 81.

[35] Edgar Augusto Santiago Pacheco, La política eclesiástica borbónica y la secularización de parroquias franciscanas en Yucatán: 1750-1825, Tesis profesional para obtener el grado de licenciado en ciencias antropológicas en la especialidad en Historia, Universidad Autónoma de Yucatán, Mérida 1993, 84.

[36] Cédula de modificaciones a la de 1º de febrero de 1753, sobre la separación de los regulares de los curatos y doctrinas, 23 de junio de 1757, en: AHAY, Sección Gobierno, Serie Cédulas Reales, caja 41, expediente 25.

[37] Para adentrarse más en este tema véase: Víctor Hugo MEDINA SUAREZ, La consolidación del clero secular en el obispado de Yucatán, Siglo XVIII, Tesis para optar el grado de Doctor en Historia, El Colegio de Michoacán, México 2014, el cual representa el estudio más completo en torno al proceso de consolidación del clero secular en la Diócesis de Yucatán. En ella estudia, por mencionar algunos temas, el desplazamiento de la clerecía en la geografía episcopal yucateca, su formación intelectual, y sus méritos para la obtención de curatos.

[38] Nació en España, en la ciudad de Palencia en 1723, recibió educación de la Corte de Madrid, ordenándose sacerdote en 1747.

[39] Véase: Marck W. Lentz, Murder in Mérida, 1792, Violence, factions, and the Law. University of new México Press, EUA, 2018.

[40] Uno de los más significativos fue la creación del sínodo diocesano en 1722, por el obispo de Yucatán Juan Gómez de Parada. Se convocó en 1721, habiéndose celebrado las sesiones públicas y solemnes el 16 de agosto de 1722. Se realizó con la intención de organizar y homogeneizar las acciones del clero Yucateco, teniendo como base de acción el cuidado de los indios. Entre los puntos más importantes que se intentan organizar y reglar fueron: Formación de la Clerecía, y provisión de parroquias, Se reforma el modo de ordenarse (maestro, voto anónimo, licencia de confesar), regularización de Diezmos, entre otros.  Así, el Sínodo de Gómez de Parada concentró sus esfuerzos en alinear a los curas sobre todo en lo referente a la predicación, el decir misa, la doctrina y la educación de los indios, la promoción de la cultura hispana sobre la nativa, el respeto a los aranceles, y la labor de sacerdote como ejemplo y eje de una población tanto en lo espiritual como en lo terrenal.  Rodolfo Aguirre. El Sínodo de Yucatán para la reforma del clero: entre la política borbónica y los intereses regionales. En: Reformas y resistencias en la Iglesia novohispana. María del Pilar Martínez López – Cano y Francisco Javier Cervantes Bello (coordinadores). México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas/Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2014. Disponible en: http://www.historicas.unam.mx/publicaciones/publicadigital/libros/reforma/resistencia.html

[41] Los concursos a curatos se realizaban para la obtención de la administración de una parroquia, en dichos expedientes se anexaban las convocatorias  para la repartición de los curatos, las solicitudes de cada participante que incluía información de sus lugares de nacimientos, edades, actas de bautizos y demás sacramentos, los oficios de sus méritos y servicios, aplicación de exámenes que consistían en escribir un texto en latín, y por último la resolución final de Obispo para ocupar las parroquias en disputa.  

[42] La mayoría de las iglesias que pudo observar Piña y Mazo en sus visitas pastorales carecían de techos sólidos, siendo éstos de guano, por lo que era constante su reclamo por cambiarlos por los de cal y canto.

[43] Me refiero a la creación de nuevos espacios dominados por el clero secular, en la que se incluyen nuevas parroquias, o anexión de vicarías a parroquias en crecimiento.

[44] Víctor Hugo Medina Suarez, La consolidación del clero secular en el obispado de Yucatán, Siglo XVIII, Tesis para optar el grado de Doctor en Historia, El Colegio de Michoacán, México, 2014, 225 – 230..

Carlos Mendoza Alonzo. Originario de Cholul, Mérida, Yucatán. Licenciado en Historia por la Universidad Autónoma de Yucatán, estudiante del Master en Gestión de la Documentación, Bibliotecas y Archivos en la Universidad Complutense de Madrid, Coordinador General del Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Yucatán. Especialista en temas de Archivística eclesiástica, Historia de la iglesia yucateca y religiosidad popular. Correo: carlos_mendozaalonzo@outlook.com

Las fotos usadas en esta publicación fueron tomadas por el autor, quien agradece al Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Yucatán.

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