Nadie

Un poema del escritor Aldo Rosales Velázquez (Ciudad de México, 1986).

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Por Aldo Rosales Velázquez

I

Soy posiblemente

una cosa donde el tiempo

tuvo un error.

Ferreira Gullar

Esto

apenas aire, apenas tibio

quiere ser palabra y no lo logra

porque hay cosas que más allá de la frontera del aliento

apenas rebasar la punta de los dedos

se deshacen en golpe de ceniza.

Quiero creer que hay otros hombres también conscientes de esto

y que sus oídos se erizarían como trigo al golpe del viento

si me escucharan decir “hay algo donde al parecer no hay nada”

algo hecho de la misma materia del silencio

porque apenas se le menciona, desaparece

no vuelve hasta que todo queda inerte y en oscuridad

y regresa a vigilarnos desde lo ignorado

(…)

algo que no se deja herir de palabras

que escapa a cualquier red tejida por el pensamiento

y corre a esconderse allá donde el lenguaje no tiende su mano

algo

(…)

Esto de lo que hablo bien puede ser la muerte

o acaso la vida (o) el amor (o) la verdad

tres formas distintas de decir incertidumbre

o de nombrar la nada

II

Y yo estoy mudo para contarle a mis

venas

cómo la misma boca bebe del manantial

de la montaña

Dylan Thomas

Existe una presencia detrás de cada cosa en este mundo

algo vivo y palpitante

en cada palabra que el hombre ha elaborado para asimilar la realidad

Puede ser que en la madrugada

más allá de ese crujir de sábanas que por un segundo cubre toda la existencia

alguien más, también crucificado en duermevela

note en su costado esta herida de incertidumbre

sin saber

sin imaginar

que alguien parecido a él, hecho de la misma sangre

con una muerte parecida a la suya creciéndole en el cuerpo

con un tiempo similar palpitándole entre las costillas

siente lo mismo y podría entenderlo si tan solo hablaran

Creo que ya lo dije

pero voy a repetirlo hasta que cada palabra pierda el sentido:

detrás de cada cosa en este mundo hay una claridad que nada nubla

una luz que no conoce parpadeo

un leño que la lumbre no alcanza a devastar

y es eso lo que quiero decir

aunque no sé cómo hacerlo

las manos del habla son muy grandes para hurgar en esta herida

III

Esto

apenas intuición

apenas nada

que creía perdido sin haber sido encontrado

ahora vuelve

y sigo sin saber qué es

Acaso ahora me mira desde el rabillo del ojo

escondido en la sombra de cada pálpito

o en la boca abierta que no alcanza a decir palabra

Tal vez en el sueño

cuando se está a punto de abrir esa puerta siempre cerrada

y entonces el despertar llega

Pero una cosa es segura: pasó por aquí

abriendo el mar rojo del pulso

devastando el follaje de las horas

Veo sus huellas en la hierba del aliento

se puede escuchar el eco de sus pasos alejarse

el sueño sigue revuelto por el golpe de su cuerpo

y ha vuelto a esconderse

Quizá sea mejor callar

puede que cada palabra sea leño en la hoguera que alumbra su retirada

árbol caído por el que atraviesa el abismo de las horas

IV

[…]un plan de acción para suplantar un plan de

acción; un

menguar; una dispersión y una

metamorfosis.

William Carlos Williams

Algo salta de entre el oscuro matorral de la memoria

como cuando un ciervo pasa frente a las luces de un auto a mitad de la nada

en huida hacia cualquier parte (imposible saber si va o viene de la muerte)

No se puede estar seguro si fue fantasma o carne lo que rompió el cuerpo de las luces delanteras pero

así, a mitad de la nada, con la oscuridad palpitándole alrededor al mundo

¿de verdad importa si fue espíritu o carne lo que tropezó por un segundo con las luces?

Así pasa con esto, que un día salta del olvido frente a la luz de la consciencia

poco importa ya si eso que se extraña alguna vez pasó

está aquí, y nada más parece importar

V

Esto es un perro  de no conocida raza

con un ojo blanco

y un ojo negro

y de los ojos de sus ojos

sólo encontrarás la absoluta pérdida

E.E Cummings

Esto es la semilla que eclosiona entre los adoquines

y nadie sembró

un incendio de diez días provocado por ninguna chispa

Esto es palabra en la punta de la lengua

nadie la dijo y sin embargo retumba en las paredes del diafragma

está adentro, pero el oído no recuerda haberlo dejado pasar

una vez dicha, no puede desoírse

Esto es un perro abandonado al pie de la avenida

mirando pasar los autos sin comprender qué es lo que sigue

imposible saber de dónde vino o si mañana seguirá aquí

Esto es la llamada que no se alcanzó a contestar y nunca vuelve

una carta sin remitente al pie de la puerta

una libreta sin nombre perdida para siempre en algún tren

VI

Pasa la luz por el río sin mojarse ni romper el cauce

esta agua

tallada de un agua más grande

afilada contra la orilla del tiempo

corre para alcanzarse a sí misma una vez más

bandada de pájaros líquidos color de cielo volando de piedra en piedra

Pasa la palabra a través de aquello que trata de nombrar

sin sacudirlo ni llamarlo en realidad

y queda aquí una sensación sin cuerpo

suspendida también en algo que no fue

ni alcanza a ser

IX

Cansado de todos los que llegan con

palabras, palabras, pero no lenguaje

Tomas Tranströmer.

Un golpe de sol atrapado en un cristal

un ave bordada en el telar del cielo

un árbol con su propia sombra como lazarillo

guiándolo de un lado al otro de la tarde

―no, aquí tampoco eso que busco―

(Hurgo en todo lo que he visto

o podría llegar a ver

pero nada, aquí no está)

En estas palabras no se encuentra el mundo

apenas su retrato hablado

fotografía borrosa

tablilla braille desgastada

Una casa a medio derruir

una tumba escondida entre la hierba los días

una iglesia abandonada, abrevadero de ecos

―rescoldo en la memoria, humo en la garganta: llegué tarde, se ha ido―

Tal vez esto que busco pasó ya por mi consciencia

cubierto con la piel de otra palabra, disfrazado de un rostro cotidiano

lo dije sin saber que lo decía

y ahora se aleja hacia esa isla donde la espuma de las palabras apenas lame las costas

Queda aquí una cicatriz de hierba arrancada

un beso de hoguera en la piel de la memoria

una calle inacabable nadando río arriba en el insomnio

ralladura de cobre en el paladar

Pero aquí adentro sigue eso

esto

y no hay forma de saber qué es o si termina

X

Algo entra a la habitación del pecho un día

luego de habernos mirado tantos años por la cerradura del parpadeo

discretamente, casi secreto de tan natural

Abre todas las puertas y ventanas, como quien regresa a la casa de su infancia

se sienta en el suelo desnudo del último respiro

y toma entre sus manos una fotografía que a nadie (salvo nosotros) diría algo

ahora entiende la memoria que aquí estuvo todo este tiempo eso

y no es tarde

para lo claro y limpio nunca es tarde

sólo que ya es imposible decirle a alguien más que por fin entendemos dónde nacía aquella luz que a veces parpadeaba en medio de la consciencia   

Aldo Rosales Velázquez. Ciudad de México, 1986. Autor de La luz de las tres de la tarde (BUAP, 2015), Tiempo arrasado (Revarena, 2019), Mismatch (Cuadrivio, 2020) y Linde faz (FETA, 2018), entre otros. Premio Nacional de Crónica Ricardo Garibay 2018. Fue seleccionado para el número especial La crónica, el arte de narrar, de La Jornada.  Coordinador del Taller de Creación Literaria del FARO Indios Verdes, en CDMX.

Foto de Fondo creado por topntp26 – www.freepik.es

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