Cinco poemas para don César Vallejo

La tercera entrega del dosier de poesía FIL Cali, te traemos estos poemas de Jesús M. Koyoc Kú.

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Por Jesús M. Koyoc Kú

Estos textos se publicaron originalmente en la revista salvadoreña Una verdad sin alfabeto.

I

Mi nombre es César. Nací con los ojos enjuagados de primavera. Mi primer proeza fue apppprender a paladddear mi nombre. Aprendí a hacerlo prudente, cristianamente, encerrando los sssseseos en un vaso lleno de Viernes Santos. Por eso mis ojos nunca pudieron crucificar a JCristo, estampado de cumpleaños por venir. Mi nombre es César y aprendo a (d)escribir las arañas que salen de mi pecho: arañas que me ahogan con sus patas tataduas de recuerdos.

II

Miguel, hoy soy el polvo de la casa donde alguna vez jugaste con los días nublados. He brincado en el zaguan de las oraciones matutinas donde antes te encerrabas a jugar. Me sobra la noche de agosto donde triste te ocultaste. Quiero escribir tu infancia, lejos de estas veladoras que se apagan.

III

Cuarenta días con sus noches han que llegué a la celda del desierto. Seré la voz que retumba en las montañas. La lengua que lame el camino de quien viene tras de mí. Desvisto al atardecer con su piel dorada: sustancia espesa que escupe las primeras gotas de luna sobre el clamor del desierto. Me envuelven las faldas de la tempestad, me abrazan con su mejilla llena de lágrimas frías como barrotes oxidados: he soñado que Miguel pedía mi cabeza sobre bandeja de plata.

IV

César tiene los ojos llenos de sepulcros nuevos. Vine a verlo yantar al amanecer del primer día de la semana. Estaba como en el fondo de una taza de café. El viento estático nos manchaba el cabello. César tejía con las manos el tiempo perdido en prisión. La conciencia de los días aligerados. La luz gelatinosa que se escapa bajo las plantas de los pies. Mañana entenderá que ya se acerca el viernes en que nació vestido de violines metálicos.

V

Edifico las mañanas en los ojos colmados de futuro. Georgette ilumina nuestros cuerpos recostados sobre los brazos de la lluvia matutina: música que susurra secretos sobre los escombros múltiples del sueño fracturado. El ritual es el mismo: envolver en flamas verdaderas los primeros besos ebrios cristalinos; tambalearse hasta las últimas gotas de la madrugada que se niega a comportarse como un tímido fantasma. Y después, llevar a carretadas las nubes paladeables que manan de los ojos de Georgette: eso es edificar las mañanas.

Jesús M. Koyoc Kú. Halachó, Yucatán, 1992. Ha publicado en diferentes medios como Punto de Partida, Crónicas de Asfalto, El Guardatextos, Revista Replicante, Tropo a la uña, entre otros. Ganador del Premio al Periodismo Heineken en 2018, Crónica. Segundo lugar en el concurso 48 de Punto de Partida de la Universidad Nacional Autónoma de México en la categoría de crónica. Becario del PECDA Yucatán 2017-18 en la categoría de narrativa.

Foto de Cubrir creado por antonioli – www.freepik.es

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