Arriba las sin Pedigrí: Quiltras, de Arelis Uribe

Alicia M. Mares escribe sobre “Quiltras”, de Arelis Uribe; un libro de cuentos publicado por la Editorial Paraíso Perdido

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Por Alicia M. Mares

Arelis Uribe dice que escribe como habla, que escribe desde sus barrios, y eso me parece fenomenal. La constante tendencia de escribir cuentos crípticos con finales abruptos que nadie entiende —y que inevitablemente hacen sentir tonto al lector— cansa muy rápido. Y nótese que no estoy diciendo nombres.

Los cuentos de Arelis vienen disfrazados de anécdotas, espolvoreados de nostalgia y, por si las dudas, perfumados de voces siempre femeninas; íntimas en su desparpajo. Es una receta sencilla, pero efectiva.

Quiltras es la voz de personajes en la periferia de Chile, quienes no tienen tiempo para mucha pompa o parafernalia de la poesía. Hablan desde el contexto en el que crecieron; donde a la gente no le apena querer escapar del hoyo donde está (el llamado wannabismo que menciona Julián Herbert en la contraportada, concepto al que se le suma el arte del escapismo), y lo hacen frecuentemente desde los recuerdos.

No hay mucha experimentación estructural, lo que lo hace sencillo de leer. Quiltras tocará temas incómodos pero nunca en busca del morbo o la conmiseración: lo abordará desde la perspectiva cotidiana de quienes, ya quedamos, nacieron en esta esfera. Visibilizar es una palabra muy usada ya a estas alturas, pero la voy a lanzar de todos modos: el libro ayuda a poner bajo el reflector a aquella periferia no “romantizada”, de origen no europeo, y casi no mencionada, chilena.

“Las páginas web eran hojas de Word llenas de gifs animados pixelados y había que conectarse a través de la línea del teléfono, en un ritual que sonaba como chicharros de robot enfermo.”

Arelis te deja caer la bofetada de cómo pasa el tiempo.

Es un libro brevísimo, apenas llega a las 100 páginas. Los ocho relatos que lo componen se podrían leer a ritmo de maratón, pero hay algo en él que te invita a leer más lento. Sí, los puentes que Uribe tiende entre el pasado y el presente de sus personajes siempre se tratan con pinzas; se observan con lupa.

Ahora, utilizar sus modismos y acento chileno no es para sacar risotadas sufridas: en México se utilizan mucho la vox populi, refranes y modismos con ganas de generar comedia de la miseria; de decir “pues ya qué, no podría ser peor pero al menos sabemos que todos lo saben, shingao”. Aquí el lenguaje no viene a alivianar el contexto sociocultural de Chile. Uribe narra sin aspavientos, sin pretensiones y con un lenguaje muy conversacional.

“Me llamaba por teléfono, de madrugada, y en vez de hablar, poníaLa Noyée —ese tema de Amélie— y yo imaginaba que ese acordeón me decía ven o no te vayas o yo también. Con ella desaparecían nuestros años de diferencia y me sentía otra vez una escolar.”

Acá también se adivinan puntadas románticas; de los días perdidos de la escuela, de las escapadas y las idas en bicicleta y los corazones en formación. Y ya sea la hayas cursado en Bolivia, Colombia o México, las “barreras” con el habla chilena son fáciles de difuminar.

Los cuentos de Arelis vienen disfrazados de anécdotas, espolvoreados de nostalgia y, por si las dudas, perfumados de voces siempre femeninas; íntimas en su desparpajo.

Además, debido a que casi todos los cuentos van de protagonistas que tienen amigas, novias (¡pololas, vaya!) o abuelas —muchas figuras cercanas que son mujeres—, una lentamente se va insertando en el personaje que más le convenga. Al final, esta lectura fresca se sintió como charlar con una amiga sobre su país, tras muchos años de no vernos, acompañadas por mucho pisco pero sin muchas risas.

“Cómo no me va a caer bien, si de los escritores chilenos sólo me gustan los quiltros, los sin raza, como esos perros desclasados, degenerados, sin poder, sin pedigrí, que no saben de dónde vienen ni a dónde van. […] Y Arelis. Ella es como una aparición marciana en medio de la burguesía literaria chilena, tan cuica, pituca, cheta, pija, tan blanca, macha y nerudiana, tan donosiana, es decir, tan cretina. Ella, en cambio, llegó envuelta en el pelaje de las nuestras:Toda mujer tiene un recuerdo asqueroso, escribió un día Arelis y es exactamente así.”

Ya para qué la reseña: esta cita del prólogo de Gabriela Wiener dice todo lo que tengo que decir. Pero aun así. Punto final y arriba las sin pedigrí.

Páginas: 104
Publicación: 2020
Editorial: Paraíso Perdido

Alicia M. Mares (Ciudad de México, 1996) se licenció en Comunicación y Medios Digitales en el Tecnológico de Monterrey y es graduada del 12º Máster en Creación Literaria de la Universitat Pompeu Fabra. Usa el pseudónimo Alicia Maya Mares. Ha publicado en la sección “Piensa Joven” del Heraldo de México, en las revistas digitales Carruaje de Pájaros y Efecto Antabus, y tiene una columna mensual en la Revista Palabrerías que le lee a sus cuatro gatos.

La ilustración de portada pertenece a la ilustración del libro publicado por Paraíso Perdido

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