El hombre que perdió su sombra: El mal agüero nace del mal juicio

Alicia M. Mares reseña ‘El hombre que perdió su sombra’, un libro publicado por Perla Ediciones que, bajo el lema: “Libros en serio, sin pretensiones”, ha llegado a nutrir aún más la edición independiente en México

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Por Alicia M. Mares

Llegué con la expectativa de terror pero me quedé por los aires de fábula: en El Hombre que Perdió su Sombra —definida por Thomas Mann como “una de las más encantadoras obras de juventud de la literatura alemana”— volvemos a una época en la cual el trato con el diablo no era tan trillado.

Dicho concepto fue popularizado por el trato entre Fausto y Mefistófeles; y eso que la primera parte de Fausto fue publicada apenas seis años antes que esta novela. Desde entonces, muchos desafortunados personajes (pienso en Ghost Rider) han cambiado su fortuna al hacer un pacto infernal.

Nuestro protagonista, Peter Schlemihl, se aproxima al trato —cuyas prometidas mieles se vuelven amargas de inmediato— con una pragmática frescura casi surreal. Así, apenas regresando de un viaje en barco y en pleno campo de picnic, Schlemihl cambia su sombra al misterioso hombre gris por una bolsa que produce oro inagotable. Y antes de que se te ocurra, no, no se vuelve loco por la avaricia y caemos en una reflexión de Midas: la bolsita mágica es una herramienta para Schlemihl, símbolo de la fútil, pero nada más.

Lo guardo en mi librerito mental de ambientes de fábula no porque todo haya sido entintado por frases moralistas, sino porque Adelbert von Chamisso introduce en su historia menciones al Nido de Pájaros, a las Botas de Siete Leguas, a genios embotellados y a amores interrumpidos por fuerzas sobrenaturales. Ya lo sabes: esto alude, con fiereza, a los cuentos de hadas. Pero aparte de este chispazo de magia inicial, la narración se asienta en un ambiente realista; el cual se altera sólo cuando Schlemihl cae en desgracia.

“¿De qué sirven las alas al que está sujeto con cadenas de hierro? Sólo para desesperarse aún más.”

El trato con el hombre gris prueba ser una maldición enmascarada, aunque la carencia de sombra se presenta como un obstáculo infranqueable más que un horror insoportable. Me sorprendió la reacción de la gente que conocía a Schlemihl: mostraban una decepción semi-espantada, como si esto de la carencia de sombra fuera tan común y desafortunado como una caída de granizo, o mejor, como una enfermedad de transmisión sexual. Es tanto un símbolo de mal juicio como uno de mal agüero, y le impide a Schlemihl poder vivir en público o atreverse a salir al sol. Le rehuirán: él quedará manchado por una maldad nunca mencionada, pero que todos parecen conocer. Esto lo hará confiar en la gigante sombra de su amigo y mayordomo para integrarse a la multitud, pero también lo llevará a sufrir mal de amores.

Esperaba algo más atemorizante y complejo en cuanto al argumento; quizá mis decepciones se debieron a mis asunciones. No obstante, en este pequeño libro encontré un lenguaje nada pretencioso, donde el paria encuentra un final poco predecible. Usualmente entro a las obras de esta época buscando finales trágicos y terribles o felices y álgidos, pero no tan discretamente reales.

Nótese que las mujeres se comportarán como el prototipo de la época, especialmente la querida Mina de Schlemihl: impresionable, obediente al padre, joven y virginal. Representa más lo inalcanzable del corazón del joven: es el icono brillante que le crea enemigos a Schlemihl y le restriega en la cara lo imposible de su extraña condición humana, donde eligió vivir sin sombra. Esto, si me permites la metáfora, refleja también la carencia de huellas o legado tras lo que debió haber sido una simple vida sin magia.

Foto de Rene Böhmer. Descargada de Unsplash

Von Chamisso toca tangencialmente los clichés del género del cuento y, sin mucho esfuerzo, nos lleva hacia lo filosófico y lo autobiográfico. De hecho, el epílogo de Thomas Mann me pareció clave para terminar de entender el libro; el que reflexione que el hombre sin sombra es una metáfora para el hombre sin patria (como el propio Chamisso) me ayudó a tocar puerto y amarrar el bote de mi opinión en una decisión. Vale mencionar que la edición está muy cuidada, y la dinamizan unas ilustraciones preciosas hechas por David Espinosa (El Dee). Perla Ediciones viene con todo.

La narración de El hombre que perdió su sombra es directa y al grano, como si Von Chamisso quisiera resumir, sí; pero no deja de sentirse que la poesía te está espiando detrás de un arbusto cercano. El golpe de iluminación filosófica te parecerá inminente. Y el vagabundeo de Schlemihl por el mundo, intentando desganada y luego frenéticamente huir de su propia falta de sombra —buscando y perdiendo al amor, rozando y persiguiendo la paz, abarcando millas con una sola zancada—, te dará ganas de destrozar también tus brújulas.

Páginas: 164
Publicación: 2020
Editorial: Perla Ediciones

Alicia Hernández Sánchez (Ciudad de México, 1996) se licenció en Comunicación y Medios Digitales en el Tecnológico de Monterrey y es graduada del 12º Máster en Creación Literaria de la Universitat Pompeu Fabra. Usa el pseudónimo Alicia Maya Mares. Ha publicado en la sección “Piensa Joven” del Heraldo de México, en las revistas digitales Carruaje de Pájaros y Efecto Antabus, y tiene una columna mensual en la Revista Palabrerías que le lee a sus cuatro gatos.

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