La distancia de las flores: tres poemas

En esta entrega, Aleqs Garrigóz, poeta de Puerto Vallarta, nos presenta tres poemas.

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Por Aleqs Garrigóz


La visita del íncubo

Llega de súbito –mancha alada y furiosa–
rompiendo la frágil tela de tu sueño.
Lo has invitado a tu cama sin saberlo,
abriendo misteriosas rutas hacia tu espíritu.
Te encuentra siempre desnudo;
y es corta tu potencia
ante a su cuerpo de sombra.

Te toma en sus miembros: seduce, somete.
Algo te va robando. Intentas escapar,
pero su tacto parásito te asfixia y mantiene inmóvil,
electrizado. Ha adquirido las formas de tu placer
o tu miedo según su capricho:
un toro gigante que te embiste,
un fatídico muñeco que abraza tu carencia,
un diáfano y perfecto cuerpo que podría atravesarte.
Y porque la carne se ablanda: copulan.
Algo en ti responde con todo el nervio de lo real.
Y nunca recuerdas cómo se va. (Acaso nunca lo hace.)

No conocerás su rostro ni su nombre.
Despertarás extenuado, con un vacío inenarrable.
(Un olor a azufre en tu habitación.)

Y tú odiarías más tal violencia,
si no fuera buen amante.

En el parque

Narcisos neurasténicos inclinan su pesadumbre
sobre la tierra humedecida.
Cae de nuevo tenue llovizna
sobre el tenderete de periódicos.
Y los poetas que se han encontrado por accidente
se apartan con una carcajada falsa.

Caminas; y en la rotonda de hombres ilustres
está la Muerte, impasible,
erguida como un trofeo que nadie mira.
No hay bicicletas ahora.
El sol danza lento como un niño retozón,
escondiéndose tras la plata de las nubes.

Los jardines cercados.
La música se ha ido de aquí para siempre;
sólo queda, de otros siglos, el polvo detenido en el aire.
Pero hay gente aún;
jovenzuelos intoxicados de ingenuidad
trepan las bancas como monos:
no buscan allí el vetusto recuerdo de las verbenas.

Y al fin me miras y me sonríes
con tu diente picado.

La última cena

A veces imagino: no, no imagino:
lo vivo fuera de este mundo:
yo y el hombre al que no he amado
repartiéndonos la poca vida en un par de copas semivacías,
ya antes desbordadas por el rubor.
La mesa sin flores. Mas todo dispuesto y limpio
para saludar al amor apenas llegado,
trinchando la carne de un beso,
uvas  aplastadas contra el vientre.
No más. El vino estaba agrio.
Y al fondo: el odio.
(Ya no era el miedo…)

Así nos conocimos. Así platicamos.
Tú darías otro rostro a la oscuridad esplendente
de mi juventud. Yo guardaría de ti
una imagen clásica, deformada,
en el pañuelo.

Algo sin mayor heroísmo. Sencillo.
Como lavar los trastos, un suspiro.
Como pasar la hoja de la agenda
y descubrir el día en que
antes de cualquier nuevo accidente insuperable
habíamos decidido al fin, con dureza,
acorazarnos cual armadillos, en la muerte.

Aleqs Garrigóz (Puerto Vallarta, 1986). Es autor de varios títulos de poesía, entre los cuales figuran Abyección (2003) y El niño que vendió su alma al Diablo (2017). También se desempeña como periodista cultural. Actualmente es maestrante en Literatura Hispanoamericana por la Universidad de Guanajuato, ciudad en la que reside.

Foto de Flor creado por wirestock – www.freepik.es

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