Arelis Uribe: «Escribí con una propuesta estética y política: escribí como hablo, escribí desde mis barrios»

Con motivo de la publicación en México de «Quiltras» (Editorial Paraíso Perdido, 2020), la escritora chilena nos concedió una entrevista sobre su libro de cuentos

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Por Josué Tello Torres

Si existiera un instructivo para leer Quiltras¸ entre las recomendaciones estarían hacer la lectura en voz alta, en la calle, con ruido de fondo: sonido del claxon y motores de los camiones, niños gritando o peleando en el parque, perros ladrando, jóvenes riendo mientras salen de la escuela: lo cotidiano. Porque la voz, el slang,de las personajes que integran los ocho cuentos de la escritora chilena Arelis Uribe te hablan al oído; a traviesan la ciudad como los que crecimos en la clase media o pobreza: en camión o a patas rumbo a la escuela; o bien, las personajes van sin frenos por un amor que conocen en Napster porque “en esa época no existía Google ni Pirate Bay ni WhatsApp”, como dice la narradora de Rokerito83@yahoo.es; o como en Bestias, donde una quiltra es montada y atacada por un pastor alemán mientras una mujer se ve limitada a ser expectante: imaginar que no pudo hacer nada para proteger a la perra sin raza, la motiva a regresar al lugar donde sólo encuentra rastros: una alegoría a las violencias. Quiltras es un retrato de las desigualdades, de la pobreza, de las sexualidades, los barrios, las fronteras y límites sociales.

Quiltras es un acontecimiento para las y los lectores que ahora podemos acceder a este libro en México por su edición en Paraíso Perdido. Con motivo de su publicación, Arelis Uribe nos concedió una entrevista en la que habló sobre periodismo y ficción, su formación como lectora durante la infancia, el lenguaje y sus proyectos de escritura.

¿A qué edad fue tu acercamiento con la literatura? ¿Cuáles fueron los primeros libros que leíste?

Leí siempre, mis papás me regalaban cuentos o audiolibros cuando niña. Pasé varios recreos del colegio en la biblioteca. Siempre estoy leyendo un libro. De la infancia recuerdo cuentos chilenos infantiles, cantos, poesías y algunas historias de Charles Perrault.

¿Cómo fue la biblioteca familiar durante tu infancia y adolescencia?

Pequeña pero nutrida. Leí el boom latinoamericano y descubrí a los autores rusos gracias a los libros de mi madre. Cuando conocí gente con bibliotecas más grandes, me arrimé a esas personas y sus libros.

¿Cómo es ahora tu biblioteca personal?

Me vine a vivir a Nueva York y tuve que empezar mi biblioteca de cero. En el avión me vine leyendo INRI, de Raúl Zurita, y llegando me compré Just Kids, de Patti Smith. Mi biblioteca actualmente se compone de libros recogidos, robados, comprados y regalados. El último tiempo he leído a Cecilia Pavón, Elena Poniatowska, J.D. Salinger, Toni Morrison, Zadie Smith y Sandra Cisneros. Ahora estoy leyendo Frankestein, de Mary Shelley.

Hace unos meses entrevisté a Malén Denis, escritora argentina que también vive en esa ciudad de Estados Unidos y que me platicó sobre la situación difícil en contagios por covid-19 y confinamiento, ¿cómo se encuentra la ciudad actualmente, tu vecindario?

Yo hago la vida bastante normal. Voy al super, al parque, a la terracita de un bar. Lavándome mucho las manos, usando alcohol gel en el bolso y siempre con una mascarilla puesta. Hubo un período duro. A mediados de abril murieron dos mil personas un fin de semana. Se pudrían los cuerpos en las puertas de la morgue y se llenaron fosas comunes porque la ciudad no daba abasto a tanta muerte. Esa ola oscura ya pasó, pero el virus aún no se termina. La vida es casi normal, aunque hay casi mil contagios al día y se han cancelado hasta el próximo año todos los shows de Broadway.

¿Por qué decides ir a vivir en Estados Unidos?

Porque quería estudiar fuera de Chile.

¿Cómo ha influido la ciudad en tu escritura?

Mi español es más neutral, por la influencia latinoamericana. Mis amigas son de Colombia y de Bolivia, hay chilenismos que omito porque sé que no me van a entender. Voseo menos. También he aprendido inglés. New York me ha regalado experiencias, lecturas y palabras nuevas; la materia prima de la literatura

El año pasado, justo en septiembre, Editorial Tránsito editó Quiltras para España y que tuvo una gran recepción de la crítica y lectores, ¿cómo llega a manos de la editora Sol Salama? 

Trabajo con un agente y él le mostró mi obra. A mí Editorial Tránsito me sedujo de inmediato. Un catálogo es una muestra literaria, una suerte de curatoría. Me honra mucho compartir catálogo con Margarita García Robayo y Fernanda Trías, por ejemplo. Y Sol es una queridísima, gran editora.

“Mi biblioteca actualmente se compone de libros recogidos, robados, comprados y regalados.”

Un año después, igual en septiembre, llega a México, ¿cómo sucede ese acercamiento con Antonio Mars y Paraíso Perdido?  

Igualmente, a través de mi agente. Estoy muy contenta de llegar a México. Y me parece más interesante aún hacerlo desde Guadalajara. Gracias a esta publicación he vuelto a encontrarme con Julián Herbert, a quien admiro mucho y quien escribió un texto para la tapa de Quiltras, y tuve la suerte de conocer a Olivia Teroba, autora de la editorial, joven y con talento.

¿Cómo ves Quiltras a la distancia, después de haberse publicado en Chile en 2016 por Los Libros de la Mujer Rota, ahora cultivando más lectoras y lectores de distintas latitudes? ¿Cómo te sientes y/o reencuentras con este libro después de 4 años de su primera publicación? 

De haber sabido que Quiltras se iba a leer tanto, quizá hubiera escrito otra cosa. Escribí para mí, por jugar, encerrada en mi pieza. Escribí con una propuesta estética y política muy clara: escribir como hablo, escribir desde mis barrios. El libro fue un experimento. Yo estaba jugando con el cuento como género. Nunca pensé que se iba a convertir en un pequeño clásico chileno.

Durante la presentación de tu libro en México, Zambra y tú hablaron sobre el léxico y los chilenismos, y cuando leí Quiltras percibí eso que mencionaban, de la importancia que toma el lenguaje, ¿fue concebido así o fue un proceso natural de tu escritura?

Como decía antes, para mí la regla número uno de la escritura es: escribe como hablas. Creo que al hacer ese ejercicio mucha pretensión se desvanece. También aparece el slang, los localismos. Abrazo esas marcas en la escritura, porque le otorgan identidad.

De haber sabido que Quiltras se iba a leer tanto, quizá hubiera escrito otra cosa.

Hace unos días, mi amigo Jesús Koyoc entrevistó igual para Antabus a Antonio Díaz Oliva, autor que también se encuentra en Estados Unidos, mencionó que su ficción está escrita en español chileno; ADO también nación en la segunda mitad de los 80’s, ¿a qué se debe esta coincidencia en el uso del lenguaje para contar historias? 

Quizá en que Antonio también escribe como habla.

¿Cómo fue el proceso de construcción de los relatos, cuánto tiempo te tomó escribirlos?

Trabajé por dos años. Estudié periodismo porque amo escribir, y recién titulada entré en una suerte de crisis en la que estaba cansada de usar siempre los mismos formatos. Quería probar, experimentar. Así que decidí escribir cuentos. Hice un estado del arte y leí narrativa chilena contemporánea: Rodrigo Olavarría, Romina Reyes, Constanza Gutiérrez, Paulina Flores, Claudia Apablaza, Diego Zúñiga. Y me pasaron dos cosas: pensé que me gustaban mucho y pensé que yo también podía hacerlo.

¿Cambian estos procesos de escritura de ficción cuando haces periodismo, crónica?

Sí, cambian. No cambia mi voz, yo soy la misma, lo que cambia son las herramientas. La forma de verificación de datos, la forma de incorporar otros cuerpos en el texto.

¿Qué herramientas del periodismo te han servido para escribir ficción y/o viceversa?

Del periodismo aprendí a escribir funcionalmente sin faltas de ortografía y con cierta estructura gramatical clásica: sujeto, verbo, predicado. De ahí para arriba he ido experimentando. La ficción me ha ayudado a reconocer en la realidad la estructura narrativa de literatura.

Al estudiante de periodismo se le enseña la objetividad, el triángulo invertido, estructuras sintácticas, etcétera, etcétera, pero al leer tus crónicas pareciera que lo que se enseña en los institutos está obsoleto porque al final — mal cito a Leila Guerriero— hacer periodismo es contar una historia, ¿estas consciente de eso al escribir no ficción, darle prioridad a la historia que a los moldes o esquemas establecidos en el oficio?

Una cosa es la crónica y otra cosa es estar en la mesa de la redacción publicando el último minuto. Es otro pulso, otro formato, otra paga. La crónica es literatura, un arte; el periodismo de medios es una factoría capitalista de noticias. Las escuelas de periodismo forman profesionales para sostener la máquina mediática, no artistas.

¿Cómo ves el panorama de la literatura chilena, qué autoras y autores habría que seguir la pista?

Además de quienes te nombré antes, mi santa trinidad de la literatura chilena es Violeta Parra, Pedro Lemebel y Roberto Bolaño. Aunque también me encanta Gabriela Mistral, Manuel Rojas y Alfredo Gómez Morel.

 Y sobre Latinoamérica, ¿cómo ves las puertas que han abierto las editoriales independientes a escritoras y escritores emergentes?

Lo veo con buenos ojos.

Vivir en Estados Unidos, ¿ha modificado tus lecturas de escritores o escritoras hispanoamericanas?

He modificado mis lecturas en general, porque estoy leyendo mucho en inglés. Aunque también he leído libros bilingües, como los de Cecilia Pavón, de la editorial Scrambler, y era interesante leer las dos versiones juntas. También he leído sobre Gabriela Mistral en Nueva York. Murió acá, en Long Island, fue velada en una iglesia en Manhattan, fue profesora en Columbia, su biblioteca se quedó acá. Vivir en Estados Unidos me ha mostrado otras literaturas, además de la presencia chilena en el mundo angloparlante.

¿En qué proyectos te encuentras trabajando?

Estoy jugando con tres formatos: cuentos de no ficción, canciones y poemas. Mi sueño son dos: publicar un libro de narrativa largo y publicar un audiolibro en Spotify.

Páginas: 104
Publicación: 2020
Editorial: Paraíso Perdido

Las fotografías que acompañan la entrevista son de Sofía Suazo y Manuela Bocaz

Josué Tello Torres (Cancún, 1992). Profesor, periodista y editor cofundador de la revista Efecto Antabus. Ha publicado crónica, reportaje y reseñas literarias en Pie de Página, Revista Clarimonda, Poscultura¸ entre otros.

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