Sobre “Crimen y territorio” de Carlos Chuc

Este texto escrito por Sasil Sánchez Chan y Rodrigo Ordóñez fue leído durante la presentación de “Crimen y territorio”, primer libro de nuestro querido Carlos Chuc.

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Por Sasil Sánchez Chan y Rodrigo Ordóñez

Cuando hablamos sobre los cuentos, generalmente los consideramos piezas narrativas que contienen su propio universo, breves pinceladas de un mundo donde la acción transcurre en un ciclo autoconclusivo; sin embargo, en la obra que hoy presentamos encontramos un universo que se extiende más allá de las fronteras del punto final.

Creo que el universo de “Crimen y Territorio” está definido por la última palabra que da nombre al libro, los seis cuentos que lo conforman están interconectados no tanto por sus personajes, como por las leyes que lo rigen: la violencia como una forma natural en la vida de las comunidades, la injusticia que viene más allá de las fronteras, con la aparición de empresas y empresarios dispuestos a todo con tal de adueñarse de las tierras comunales, el delito como una forma aceptada para saciar la ambición y la desaparición como una forma efectiva de acabar con los luchadores sociales que desean proteger los intereses de los poblados.

Creo que el universo de “Crimen y Territorio” está definido por la última palabra que da nombre al libro, los seis cuentos que lo conforman están interconectados no tanto por sus personajes, como por las leyes que lo rigen…

Lo anterior son las reglas que permanecen en los cuentos, esa misma violencia que está detrás de cada una de las historias de los protagonistas, quienes luchan con las consecuencias de la nueva forma de vida que invadió sus comunidades, entre estas batallas personales, existe otra más arraigada que es la conservación de la lengua como una forma de identificarse, de reconocerse mutuamente y una garantía de confianza.

Como comentamos al principio, la violencia sería entonces el territorio donde los personajes caminan y luchan por salir adelante, por tratar de recuperarse de heridas tan enraizadas como el hermano secuestrado y desaparecido o los hijos que se perdieron una noche, quedando como único testimonio de vida las cartas que lanzamos a un buzón con la falsa esperanza que llegarán a alguna parte.

Sin embargo, un elemento más llamativo en los relatos es la constante ausencia de los cuerpos policiales o el sistema de justicia, aunque en cada relato está conformando el delito de desaparición, secuestro, asesinato, robo o despojo, la administración de justicia como responsabilidad del estado no existe, está fue delegada a los protagonistas para encontrar sus soluciones, resolver sus conflictos o acabar viejas disputas familiares (como en La sangre no arde), simplemente la justicia queda en manos de los agraviados, la responsabilidad de resolver los problemas ocasionados por los contras o paramilitares (las violaciones y clínicas de legrado) son respuestas ciudadanas, más que una iniciativa del gobierno, en todas las historias son almas abandonadas por las instituciones, donde no tienen voz ni responsabilidad fuera de lo que ocurre en sus oficinas.

Otro gran tema en estos cuentos es la violencia sistema contra la mujer, la cual existe ante la mirada callada de amigos y vecinos, como lo muestra el cuento Los coyotes del último atardecer, donde la protagonista padece las fantasías más inverosímiles de su marido, un largo matrimonio de humillaciones a la vista de todos, sin que nadie diga una sola palabra. Aquí la redención vendrá por mano propia, sin que intervenga nadie más.

En medio de las historias también existen un importante componente de identidad, más allá de la lengua materna, existen importantes recordatorios o maneras de mantener las creencias vivas, por ello encontramos frases como decía mi abuela, mis padres o el simbolismo detrás de la muerte de algunos de los personajes secundarios, como en el primer cuento Los pixanes. La cultura siempre encuentra una ocasión para recordarnos que la lectura del mundo depende de las enseñanzas que aprendimos en el hogar. Este libro es una realidad donde permea y aparece una lectura de la realidad desde la visión de los habitantes de una comunidad, en este universo narrativo persiste y se interpreta desde la visión de los personajes que tienen un vínculo muy fuerte con su entorno comunitario.

En medio de las historias también existen un importante componente de identidad, más allá de la lengua materna, existen importantes recordatorios o maneras de mantener las creencias vivas…

En el último cuento de este libro, titulado Desapariciones, rompe por completo con la visión cruda de la violencia y nos lleva a una ficción que no resulta inverosímil dentro de su universo: la historia está centrada en la posibilidad de desaparecer al borrar los caminos, pero no en un sentido físico únicamente, sino que con ese acto la historia y quienes la vivieron se convierten en una niebla, como si la tierra se los hubiera tragado. Así de contundente es la historia de este cuento, con ese simple acto de desaparición, el mundo tratará de encontrar una solución y sólo hallará un misterio que paulatinamente irá cerrando a las grandes potencias acostumbradas a vivir del trabajo de los países latinoamericanos.

Para cerrar mi intervención, quiero apuntar que los cuentos del libro tienen implícito un tema muy acorde a los tiempos modernos, cada crimen, cada delito en todo ese vasto territorio es una forma de mostrarnos que la impunidad permanece, dependerá mucho de nuestros valores y convicciones juzgar cada crimen que ocurre aquí, pero lo que resultará indiscutible es que la impunidad mantiene la violencia en ese y en este mundo.

Sasil Sánchez Chan. Poeta, editora y activista digital maya. Licenciada en Lingüística y Cultura Maya por la Universidad de Oriente. Egresada del Programa de Escritores Mayas de la Escuela de Creación Literaria por el Centro de Educación Básica para Adultos ceba. Desde la adolescencia, ha participado en una amplia gama de actividades culturales y literarias. Fue becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes feca 2015. En 2016, obtuvo el Premio Estatal de la Juventud en la categoría de Preservación y Desarrollo Cultural. Colabora con Mozilla México en la localización de Firefox a su lengua. En Yucatán, ha participado en la realización de reuniones colectivas llamadas Transalthon, para la traducción de la interfaz de Firefox a maya. En el Encuentro de Activismo Digital de Lenguas Indígenas, impartió un taller de creación de neologismos en lenguas indígenas para términos especializados en nuevas tecnologías. Actualmente, es editora de K’iintsil, de La Jornada Maya.

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