Dos textos

Fabio Zamarreño, de la Universidat Pompeu Fabra, nos presenta dos textos escritos en verso.

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Por Fabio Zamarreño

Poética

Mi bosque es un lugar

(¿es un lugar?) de negra luz

de aguas corredizas y cansadas

de animales ya muertos, sepultados.

Si no ha sido previamente

violentado por la estaca y por

la sucia mano humana,

no hay caminos en el bosque.

Mi jungla es una virgen, una cueva:

un prado, una selva, dos desiertos.

Un glaciar de lunas rotas y agotadas.

Transito, no hay sendero.

Avanzo precario entre la luz

                        y a la sombra

me dirijo

                                               -solo-

de la maraña al corazón

por los claros de los bosques

sin saber adónde voy.

En esta selva de juncos amarillos

he encontrado el amor y lo prohibido

el amor prohibido. Nadie quiere entrar

conmigo, nadie quiere mirar

dentro. Pero yo ya soy, estoy,

en la maraña del bosque. Sus hojas muertas

 se me enredan en los pies

y en las manos

y en los ojos

y en el cuello.

¿Por qué me dejáis solo?

Conmigo mismo quiero

tirar una cerilla, en este bosque seco y

que se queme, que se pudra, que se mueran

 los dioses y los cerdos

de piel aceitunada.

Quiero arrancar la rosa enferma

y escupir, en los estanques negros,

y gritar, gritar para que el aullido

que desgarra mi piel

quiebre la noche,

y la parta a la mitad, y la destroce.

Quiero sepultarme en este bosque

y plantar

olivos muertos sobre mi cabeza

y escarbar

la arena, desde dentro de mi tumba

y del barro salir

más tarde salir

y verlo todo destruido

quemado, arrasado, destrozado;

yermo, sin vida, casi muerto.

Y plantar una semilla

y ver la flor que crece

y llorar la nueva vida.

Y crear un mundo nuevo

y pisar el que tenemos

con la palma de la mano.

Mi bosque será un lugar

(¿será un lugar?) de negra luz

de aguas corredizas y cansadas

de animales ya muertos, sepultados.

Flores sobre mi tumba

Sobre la tierra de las tumbas

también crecen las flores.

Mojada, la semilla al polvo

con fuerza de los huesos se agarra

y el viento la riega

y la lluvia la esparce

y la llevan de una lápida a otra lápida.

En noches secas, de brisa rota,

las raíces se expanden y acarician

los cráneos y los tórax de los muertos.

Oigo prédicas y súplicas llorosas

de madres que emplazan a la suerte.

Sobre la tierra de mi tumba

también crecen las flores

con sus pétalos violeta

y sus espinas suaves.

Quisiera ser la rosa

que clava su raíz en los difuntos.

 ¿Existe, algo acaso, más hermoso

que una pálida lila verdinegra

surgiendo, al son,

de susurros en la noche?

Fabio Zamarreño (Madrid, 1992) es doctorando y profesor adjunto en la Universitat Oberta de Catalunya. Antes de ello estudió Filología Hispánica en la Universidad Complutense de Madrid, así como los másteres en Creación Literaria (UPF), Literatura Española (UCM), Educación (UCM) y Gestión de Recursos Humanos (UOC).

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