Linea Nigra: Dar a luz es más bien ser eclipse

Una reseña escrita por Alicia Hernández Sánchez (Ciudad de México, 1996), sobre Linea nigra (Almadía), de Jazmina Barrera

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Por Alicia Hernández Sánchez

“Así se ve el tránsito entre ser hija y ser madre, como esa lenta borradura”.

He tratado a muy pocas embarazadas, nunca he estado embarazada, no lo estaré por mucho tiempo. Entenderán mi indecisión —no hay que confundirla con renuencia— de leer este libro. Pero es cierto que falta más literatura que reflexione al respecto de ese estado cuasi-místico y femenino: la gestación. Ser un ser, pero dos; crear sin estar consciente pero aun así experimentar una metamorfosis; enfrentarse de verdad, por primera vez, al miedo.

“Me da miedo que Silvestre sufra en todos los tiempos verbales: en el presente, en el futuro, en el pasado e incluso en el condicional perfecto: habría sufrido.”

Jazmina Barrera narra angustias, dulzuras, enojos y cansancio con suprema fluidez (temía que los párrafos tan cortos, siempre seguidos de párrafos quizá más cortos, entrecortaran la narrativa, pero no fue así), y un evidente estilo súper pulido, que no se tarda en llegar al grano.

Listas, enumeraciones, recuerdos y pensamientos de serendipia —de esos que se encuentran en la regadera—, todos conforman secciones breves que, hilándose, hacen a este un libro completo.

Allí hay una metáfora acerca de un bebé: una quimera conformada de pedazos e ilusiones de mucha gente. Pero Barrera la fabrica con más sustancia.

“Ya veo por qué lo catalogaron como “ensayo novelado”, aunque como siempre, encasillar me parece limitar.”

“Microquimerismo viene de Quimera, ese monstruo griego que está hecho con partes de distintos animales […] Estamos hechos de los otros. Este es un libro microquimérico.”

Ahora bien, pasan muchas cosas: eso subvirtió mis expectativas. Una parte de mí creyó que leería los debrayes de una mujer que se la pasa acostada en su cama, suspirando y sobándose la panza (este es el imaginario colectivo sumado a mi pobre conocimiento del embarazo, tómenlo en cuenta); mas las cuatro secciones en las que está separado este libro —que abarcan desde los primeros momentos del embarazo hasta el destete del bebé— se pasaron volando.

Desde las visitas al ginecólogo, la reflexión sobre literatura de la maternidad (qué citas estupendas), el terremoto del 2017, la enfermedad de la madre, el tributo-mini-biografía de Luz Jiménez, los recuerdos y hasta las conexiones familiares, todos estos elementos vuelven a Linea Nigra una historia compleja. Ya veo por qué lo catalogaron como “ensayo novelado”, aunque como siempre, encasillar me parece limitar. Discusión para otra ocasión.

“Nunca se me había ocurrido pensar en el parto como el momento de una partida: cuando alguien parte de ti. El momento de una partida y el momento de una partición. El momento de partiste en dos.”

Foto por Mustafa Omar. Descargada de Unsplash

Es conmovedor, pero también muy carnal. Todo el proceso es parte milagro y parte cuerpo, por lo que Barrera reflexiona tanto con el espíritu como con la náusea. 

La autora no teme hablar de temas como el aborto, amamantar en público, o las expectativas de una sociedad acerca de una madre que escribe/ una escritora que da a luz. Trata la dulzura y el dolor —siempre tan oscilantes en un embarazo y la posterior lactancia y maternidad — sin caer en clichés; con la simplicidad de quien no puede tardarse en llegar al grano porque pronto tiene que ir a amamantar al bebé, y esa es una jornada completa de trabajo.

“Las madres escritoras, dice Ursula K. Le Guin, son casi un tema tabú. Se les dice que no deben intentar ser madres y a la vez escritoras, porque tanto los niños como los libros sufrirán, porque no se puede, porque es antinatural.”

“En español se dice dar a luz, pero los partos tienen más de noche que de día. Incluso cuando suceden de día, son una especie de eclipse, de noche durante el día.”

Bueno, amarremos este debraye mío. Creo que Linea Nigra —nueva adición al catálogo de Almadía— es un libro invaluable para aquellas que ya han sido madres, indispensable para las que están a punto de serlo, e iluminador para las que un día quieren serlo. En resumen, un librazo.

“La parte de la maternidad que siempre me ha dado más miedo, dice Sheila Heti, es su eternidad.”

Páginas: 165 
Editorial: Almadía
Publicación: 2020 
ISBN: 978-607-8667-48-2

Alicia Hernández Sánchez (Ciudad de México, 1996) se licenció en Comunicación y Medios Digitales en el Tecnológico de Monterrey y es graduada del 12º Máster en Creación Literaria de la Universitat Pompeu Fabra. Usa el pseudónimo Alicia Maya Mares. Ha publicado en la sección “Piensa Joven” del Heraldo de México, en las revistas digitales Carruaje de Pájaros y Efecto Antabus, y tiene una columna mensual en la Revista Palabrerías que le lee a sus cuatro
gatos.

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