Karina Sosa Castañeda: «En las novelas buscamos contarle una mentira al lector»

Con motivo de la publicación de Caballo fantasma, el equipo de Efecto Antabus platicó con la escritora oaxaqueña Karina Sosa Castañeda

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Por Josué Tello Torres

Cuando Karina Sosa Castañeda habla envuelve a quien la escucha, como una suerte de encanto natural que despierta por la manera al referirse sobre los libros, bibliotecas, Oaxaca, Zopilote Rey, su infancia y el proceso creativo de su escritura. Caballo fantasma es su ópera prima, una novela de ficción publicada en marzo por la editorial Almadía. Sosa Castañeda nació en Oaxaca en 1987, un año antes de la inauguración del IAGO (Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca): espacio que durante la adolescencia marcó su vida con el arte, con las letras, con las amistades. 

Su madre —recuerda Karina— le platicó que aprendió a leer desde muy pequeña, que leía historietas y libros que le compraba su padre, una persona que viajaba bastante. Estaba ausente la mayoría de la veces, dice la escritora desde el otro lado de la pantalla. Y precisamente, Caballo fantasma va sobre la ausencia, pero la materna; va sobre fantasmas, pero esos que nos habitan y en los que también nos convertimos o llegamos a ser; va sobre literatura y caballos aunque la personaje de la novela dice que no sabe nada de caballos. Un libro que deslumbra a quien lo lee, un libro que engancha desde su arranque: «Mi madre murió hace seiscientos días. No he podido llorar.» Un libro difícil de soltar cuando se pasa la primera página.  

Con motivo de la publicación, Karina Sosa Castañeda habló sobre la importancia de Francisco Toledo para el desarrollo cultural el Oaxaca, el nacimiento de la editorial independiente Zopilote Rey y las obras publicadas hasta el momento; compartió sus experiencias con la literatura, lectura y restauración de libros cuando laboró en el IAGO, y podremos a cercarnos al significado que tienen Juan Carlos Onetti, Felisberto Hernández y Macedonio Fernández en Caballo fantasma.

¿Cómo inició tu conexión con las artes y qué papel jugó para tu formación durante la adolescencia?

Afortunadamente para mí, la vida en Oaxaca siempre ha estado llena de eventos culturales. A partir de los noventas, quizás antes aunque no me tocó a mí, se dio un auge en Oaxaca de talleres y recintos, la ciudad fue sede tanto de festivales, ferias… todo esto gracias a Toledo y a otros artistas que tomaron la ciudad como epicentro del movimiento artístico, literario, cultural. Esto fue haciendo que despertara una curiosidad en una generación de personas que ahora están haciendo cosas interesantes en el arte, en la literatura; quizás aún no sean conocidos pero están a punto de mostrar sus trabajos y de empezar también a decir “Soy de esta generación”. Aunque, finalmente, las generaciones son un encasillamiento, es una cosa que se les sirve a las personas que hacen clasificación o que intentan agrupar para que sea más fácil; pero sí, son personas que están en un espacio y en un tiempo trabajando con lo que se forjó para que todo esto existiera, somos el resultado de los estímulos culturales en Oaxaca.

«Zopilote Rey es una respuesta a estos estímulos culturales en Oaxaca»

¿Siempre has vivido en Oaxaca?

Hice pequeñas estadías, como de cuatro años, en la Ciudad de la México. Fue una época importante porque viví sola por primera vez y fue la época en la que leí mucho, construí mi primera biblioteca que era un librero pequeñito pero que era mi librero, eran los libros que yo iba comprando con lo que yo tenía o con lo que me daban mis papás, fue una época de construir mi gusto por la literatura y quizás fue la época que más semejanza tiene con lo que se cuenta en la novela, respecto a la chica, la protagonista de la novela, estaba en esa época de cuestionar el quién eres en el mundo, de descubrimiento.

Tengo entendido que formas parte de la editorial Zopilote Rey, ¿cómo nace ese proyecto?

Zopilote Rey es una respuesta a estos estímulos culturales en Oaxaca; nació de la mano con mejor amigo, que fue uno de los chicos que conocí en 2006 en el taller con Fernando Lobo. Durante nuestra amistad hemos hecho varios proyectos culturales o de literatura. Decidimos unirnos tres amigos, Frida que hace gráfica y que trabaja en artes visuales; luego está Guillermo, él ha escrito textos de crítica de arte, escribió para el último tomo de la Fundación Banamex sobre Francisco Toledo, es el más joven de los críticos; somos nosotros tres más un amigo que es diseñador, se llama Axel Alarzón, entre los cuatro y otros dos amigos más hacemos Zopilote Rey. Desde el 2006 hemos estado trabajando, primero hicimos una revista, en la que estuvo más involucrado Guillermo, que en ese tiempo era bibliotecario del IAGO.

En Zopilote Rey publicamos primero La inteligencia de las flores, de Maurice Maeterlinck, esta edición la acompañamos con el trabajo de una artista mexicana que se llama Silvia Andrade pero que firma como Silvana Andrade, ella nos cedió sus imágenes, que son fotografías microscópicas de ciertas flores y especies de hierbas no identificadas, las intervino con color y quedó como una locura el libro, las imágenes son muy bellas. En la editorial intentamos que sea muy bello tanto el contenido como el objeto. El siguiente [libro] que publicamos fue Oriente de los insectos mexicanos, de Pablo Soler Frost, que es un ensayo sobre los insectos mexicanos, este libro los acompañamos con imágenes de Frida Castañeda. Ambos pertenecen a la colección que se llama Micra y está dedicada a lo minúsculo.

¿Están preparando alguna publicación para este 2020?

Este fin de año se viene dos nuevos libros en la colección y el segundo número de la revista. Es muy importante para nosotros lo que hacemos, pensamos que publicar frecuentemente requiere de algo que nosotros no tenemos, somos una editorial pequeña que está en Oaxaca y la hacemos entre muy poca gente, pensamos que andar imprimiendo libros, además de ser caro, es muy complejo y resulta una tarea que nos rebasaría; creemos en la idea de la lentitud, que tiene hasta cierto punto una estética que nos agrada, no pretendemos ser una editorial que publique diez libros al año porque no responde a nuestro intereses, lo que deseamos o lo queremos hacer.

Y Caballo fantasma, ¿cómo nace?

Fue un proceso de dos años. Había escrito otra novela que es muy larga, que tiene otra historia y otros procesos diferentes a Caballo fantasmaCaballo fue más ligero: desde que estaba escribiendo el primer borrador de la novela hasta que vino el segundo, fue muy rápido… escribía un ensayo sobre los caballos en la literatura y ya para el segundo borrador se convirtió en un cuento que al final terminó como un capítulo casi completo de la novela; al principio, sobre el cuento, la historia, a mis amigos les gustó y me dijeron “¿Por qué no haces una novela de esto”, me pareció bien, así empecé a trabajar en la historia. Luego pensé en la idea de desvanecer un poco la historia original para que tomara su propia fuerza y su lugar, como cuando pones algo en el centro y lo quieres tanto en el centro que hay que construir a su alrededor. La historia estaba ahí, yo no la había visto y empecé a explorarla, pero tampoco era consciente de ello. Fue un proceso natural.

Una anécdota de la novela fue la de una maestra a la que admiro mucho y a la que le tengo mucho cariño, le mandé la novela cuando ya estuvo publicada. Luego me dijo “Es que yo tengo una historia similar con mi madre”, y me contó la historia de la ausencia de su madre en su vida hasta que terminó con un “Claro, te entiendo”; ella no conoce a mi mamá pero me compartió algo sobre la maldad de las madres, no me acuerdo bien. Mi mamá siempre ha estado a mi lado, mi mamá es una persona muy dulce, encantadora conmigo siempre, me angustiaba mucho que la gente pensara que era la historia real con mi madre. Hay algo muy chistoso porque con mi madre, lo que más nos une, porque a ella no le interesa mucho la literatura, es el cine de [Pedro] Almodóvar y él también tiene esa obsesión con su madre; entonces, lo que más nos unen a las dos es que desde pequeña comencé a ver todas las películas de Almodóvar, cuando te digo todas me refiero de las más punks a lo reciente, fue como la cercanía con mi mamá en el cine donde las mujeres eran las protagonistas. Ese es un vínculo que no había pensado tanto en él, pero además no fue la construcción clásica o usual de una madre, porque yo creo que creemos que la madre siempre está ahí cerca, que nos cuida, protege. Con Caballo fantasma quería explorar el otro lado, quizás mi papá estuvo ausente en mi infancia y primeros años, quería explorar la ausencia pero cambiándola, invirtiendo los papeles.

¿Cómo planeaste el proceso de escritura?

La escritura no la planee, no fue así de “Hoy voy a hablar de este personaje”, era algo que no lo tenía muy claro cuando escribía, se fue dando en el camino, tampoco fue como dicen algunos escritores a veces, sobre esa idea romántica de que “Nooo, los personajes me rebasaron”. Fue algo que ocurrió de manera natural.  

«Creemos que la madre siempre está ahí cerca, que nos cuida, protege.»

Me gustaría retomar este tema, cuando mencionaste que Caballo fantasma no era tu primera novela escrita, recordé una entrevista a Yuri Herrera, el escritor mencionó que a veces las primeras novelas no siempre son las primeras novelas publicadas, en su caso esa primera obra que escribió terminó en un cajón y la guarda con la intención de no publicarla nunca, en tu caso, ¿qué te dejó esa primera experiencia de escritura y si te ayudó o no para la creación de Caballo fantasma?  

Justo esto que dices tiene mucho sentido para mí. La primer novela que escribí es una novela que tiene casi 300 páginas, lo que se relata es la historia de una mujer que está en un hospital psiquiátrico, que sufrió una separación amorosa, ella es psiquiatra y su expareja neurólogo, ambos son muy importantes en el mundo de la medicina mexicana. Es una novela de mucho dolor, el dolor de las personas que están viviendo en el hospital. Durante mucho tiempo, para escribir esta novela, fui a hospitales psiquiátricos; visité el hospital psiquiátrico de Oaxaca y fue devastador, una experiencia muy fuerte verlo desde afuera, y supongo que vivir dentro es más devastador aún, es una novela que tiene como esa pesadez; y quizás la enseñanza que me dejó, o por lo que me gusta pensar que son distintas, es porque Caballo fantasma tiene más brevedad y ligereza, siento que no es tan barroca diría yo, aunque sí me gusta pensar que es barroca en algún sentido pero que no tiene esa pesadez como esa primer novela donde hacia esa exploración con la escritura; además, en esa primera novela eran más personajes y de pronto no sabía dónde colocar tantos diálogos sin que choquen o que no se vean naturales. La enseñanza que me dejó es la brevedad.

Sobre eso, y entre las cosas que admiré en la novela, es el uso de las citas. Uno pensaría que citar vuelve complicada la lectura, pero en tu caso es tan natural pese a la extensión de algunas frases, incluso engranan perfecto entre la narración y los diálogos, ¿cómo decides usar este recurso dentro de la novela y cómo lo trabajas para que sea natural el flujo de lectura?

Me acuerdo mucho de hace años, una de mis compañeras de taller leyó un texto y alguien, a quien yo admiro por lo que escribe, le dijo que cuando uno hace un texto y es un diario o un fragmento de diario debe de tener algo particular para que sea interesante porque no tiene sentido nada más publicar un diario de cuando tenías quince años o tenías una aventura, esa aventura debe de tener algo que interese al lector, que haga preguntas, o que lo haga llegar a la curiosidad; entonces yo pensé mucho en eso. En los últimos años he leído muchos diarios de escritores o músicos, y también biografías y memorias, entonces pensaba que el formato de diario es como muy… te arropa demasiado, te involucra a que pases a la intimidada y que el lector piense en la suya o que piense en su propia existencia o en su propia vida. Lo que me dicen mucho mis amigos y mis amigas, es que les gusta la novela, que se sienten un poco identificados con ciertas cosas de la narradora, y pienso que es porque son cosas muy comunes, la separación con alguien es muy común y atraviesa casi todas las vidas. Yo creo que las citas están ahí para romper con lo cotidiano, encuentras una cita y haces una reflexión que no habías hecho o vas a un libro que no conocías. Lo intenté hacer como un diario, pero muchos cuadernos de escritura que tenía, como cuatro… —Karina rompe con la reflexión y retoma la plática entre sonrisas— bueno, tampoco es que sean muchos cuadernos eeeh, eran como cuatro donde tenían las citas y luego tenían una entrada como de diario, y de eso se fue separando hasta que quedó esta versión, ya que una anterior tenía más citas, escenas de una película o música, y sentía que le restaba peso a la historia. Fue como escribir todo… bueno, pienso ahora como lectora o como la que piensa lo que escribió, realmente no estaba muy consciente tanto lo de las citas y quizás lo hice para romper con la cotidianidad con las historias que se estaban contado.

Durante este proceso de escritura, que dices fue de dos años, ¿qué autores y autoras complementaron ese proceso de escritura?     

Fue el proceso de lectura más grande que he tenido en mi vida porque estaba trabajando en el IAGO, entonces leía mucho. Leía mucho más de lo que estoy leyendo ahora, por ejemplo. ­Hubo una época en ese periodo en el que acaba tres libros en una semana, era una locura. Recuerdo que estaba leyendo muchísimo, pero además leyendo con la claridad de que estás leyendo mucho y que eso te gusta, sólo me gustaba leer e ir a la biblioteca a trabajar, me gustaba estar atrapada en ese ritmo. Había semanas que me tardaba mucho más porque en la biblioteca tienes que restaurar y era muy difícil para mí porque tienes que ser muy ágil haciendo costuras o moviendo las manos, y era difícil para mí no hacer una torpeza; el primer libro que restauré, pegué una de las portadas equivocadamente, y sí restaurar era un proceso de estar en silencio y pensar en cada movimiento. Sí fue un proceso de leer mucho y de los que más he disfrutado. Leía muchas cosas distintas, leí por ejemplo Ana Karenina y que fue muy importante para la novela creo, leí a escritores como Gregor von Rezzori, Clarice Lispector de nuevo, a Inés Arredondo, descubrí a Guadalupe Dueñas, descubrí a muchas escritoras que no conocía pero también leí a los escritores que más me gustan como Tolstói, Dostoyevski… me obsesioné mucho por Amélie Nothomb, que a mucha gente no le gusta porque dicen que es muy actual o está muy de moda, pero a mí me encantó, la descubrí en el IAGO que tenía como siete libros suyos y me los leí como en dos semanas y fue así como de “Aaay, no, estoy enamorada de esta mujer”, luego leí que a ella le escriben cartas sus lectores y se las mandan a su editorial y yo estaba obsesionada porque una amiga me tradujera algo del español al francés para mandárselo pero nunca lo mandé, pero es una idea que sigue rondando en mi mente; si me dijeran “¿A quién quieres que le demos tu novela para leer?”, elegiría a ella y a César Aira que me gustan mucho.

Además, bueno César Aira es muy prolífico, y Nothom creo que tiene una dieciséis novelas, ambos autores trabajan la brevedad y que frecuentemente se publica algo nuevo de ellos. Son breves como tu novela.

Sí, sí, a mí de Nothom me gustan todas las que he leído. Fui a un viaje y compré uno de sus libros en italiano, no había leído en español esa novela, a penas la tradujeron, pero en ese entonces fue una locura hacer esa traducción mental del italiano al español y luego pensar cómo la habrá construido en francés. La novela se llama Les Prénoms épicenes [Los nombres epicenos, Anagrama, 2020] y es una historia muy bonita porque habla de la relación hija-padre y la madre que está ahí en medio. No me defrauda para nada, es de esas escritoras que publican y todo te gusta.

Y sobre esto va la siguiente pregunta, como lectora ¿qué autoras y autores te formaron o incentivaron a querer crear?

He leído a muchos escritores, pero más bien me gustaría hablar de los que más me gustan. Está Joseph Roth, me gusta Giacomo Leopardi… me gustan mucho los ensayistas, a mí me hubiera gustado publicar un primer libro de ensayos pero por eso creo que Caballo fantasma tiene eso de extraño… me gusta mucho Enrique Vila-Matas… de los mexicanos, me gusta mucho Guillermo Fadanelli, Elena Garro… me gusta mucho César Aira o, por ejemplo, Danilo Kis… Son varios y muy distintos en tiempo y espacio… pienso ahora en Juan Carlos Onetti, en Caballo hay una declaración por él, justo en esa época fue la más Onettiana de mi vida, y me agrada porque siento que no era un escritor pretencioso; me impacto mucho cuando Fadanelli me contó una anécdota sobre Onetti y Vargas Llosa, que una periodista estaba impactada con Onetti porque tenía una dentadura muy fea, entonces se la pasaba mirándolo, Onetti se dio cuenta y le dijo “Ah, es que mi dentadura se la presté a Vargas Llosa para que él pudiera sonreír”, me gusta pensar en esa anécdota porque era un escritor que no hace lo que ahora nosotros con la prensa, hacer tanta promoción, él era un gran escritor y esa era su virtud. Luego descubrí a Elena Garro y a Helena Paz Garro, que son de mis escritoras favoritas, de Helena me siento muy atrapada por sus poemas, es alguien a quien me hubiera gustado conocer, a pesar de que dicen que era una persona locuaz y extraña. Pienso en Amparo Dávila, a ella la descubrí por Vivian Abenshushan en un taller, me gusta Guadalupe Nettel… Hay muchos autores más pero creo que ya te mencioné algunos que más me agradan.

Me gustaría que hablemos de Onetti y Macedonio Fernández, porque fueron autores marginados en su época tanto por la academia como por los mismo escritores, sin embargo hay una revaloración de su obra en la actualidad, o bueno, esa es mi impresión, ¿qué roles juegan en Caballo fantasma?

Macedonio Fernández me gusta mucho porque es extraño, aunque eso es lo que decimos todos “Que es extraño, escurridizo y que juega con el lenguaje”, siento que es un escritor que te lleva a la curiosidad y encamina a otros escritores al mismo tiempo, no sé, es como una suerte de estandarte en la novela; es absurdo lo que voy a decir y ni debería decirlo, pero sentí que fue de buena suerte ponerlo en el libro, como que deba misterio en esta historia, como el enigma; pero realmente creo que quien pudiera hacer la parte de Macedonio en Caballo fantasma es su espejo, Felisberto Hernández. La biografía de Felisberto, o bien, las cosas que le pasaron en la vida me impresionaron mucho, fue un autor que escribió perfectamente, nunca tuvo como la fama, un hombre muy pobre, que vendía medias de casa en casa, me acuerdo que me parecía muy triste pero no quería hablar de Felisberto porque era mi escritor, lo quería sólo para mí, y Macedonio Fernández era como un contraste porque era la destacada aunque ha quedado fuera muchas veces; sobre lo otro, Onetti sí me gustaba muy descaradamente por su antisolemnidad, creo que era el escritor menos solemne, como que llevaba una vida que todo despreciaba, como muy mundana en muchos sentidos, eso me gusta mucho de Onetti.       

Retomando tu anécdota con la maestra y por la frase que se lee en tu libro en la que la narradora dice Karenina, Catalina, Karina cuando se refieren a su identidad, y justo Karina es tu nombre… ¿hasta qué punto la autoficción ha condicionado al lector para que piense que todo libro de ficción está relacionado con la vida de quien escribe?

No sé qué pasa con muchos de los lectores que creen que uno cuenta su vida, pero quizás esta idea de que no podemos hablar o no tenemos la capacidad de imaginar y más que de imaginar, de especular, pero yo creo que la vida está nutrida de muchas especulaciones, ¿no? Justo la literatura es una manera de contar mentiras, decía Joseph Roth, uno de mis escritores más admirados y que leo más y me gusta mucho, no es que me haya influido, disfruto mucho leerlo. Me gusta esa idea, porque al final en las novelas buscas contarle una mentira al lector. Otro taller de literatura que tomé, el maestro nos decía “Piensen en la historia que le tiene que contar a la pasajera que es una monja y no tiene una relación con ustedes y es una persona que ve la cosas de una manera distinta, y están aburridos y no tienen celulares y están en un viaje en autobús; piensen en la historia que le tienen que contar y que la monja tiene que creer.” Entonces, justo es esto, contar una mentira y que sea sostenible, que tenga belleza, reflexión, es toda una tarea. Yo creo que los rusos tienen la virtud de hacer historias muy grandes, monumentales, que no se caen en ningún momento, bueno, no se caen es algo absurdo, pero no tienen tropiezos. Cuando leo Ana Karenina no dudo nunca de Tólstoi, la leo y siento que Tólstoi me está hablando de la historia que vio, no la vivió pero que la vio perfectamente, y justo es esto, nadie se imagina que Tólstoi es Ana Karenina o que le pasó lo mismo que a ella, entonces ¿por qué no podemos pensar esto de Caballo fantasma? Aunque es una idea rara que tenemos lo lectores porque a mí también me ha pasado.

Cómo has sentido la recepción de tu novela, lo pregunto porque en Bookmate, en mi caso ahí lo leí, tienes ciento sesenta y pico de lectores hasta el momento y además ha gozado de la recomendación de autores como L. M Oliveira, Emiliano Monge, Juan Pablo Villalobos, entre otros.

Ha sido muy extraño porque siento que todos tenemos un grado de vanidad, por eso usamos Instagram, Twitter y otras redes sociales que nos hacen pensar que nuestras vidas son maravillosas y deslumbrantes, a mí me pasa mucho con Instagram que es un lugar que se la pasan embelleciendo al mundo que de por sí es bello y que nosotros queremos ponerle filtros para que sea atractivo. Pero me he sentido muy apenada, porque mucha gente a la que yo admiro o que me importa, más allá de las redes ha estado pendiente; un día un amigo me dijo “Es que salió esta reseña sobre tu libro en Milenio”, y me gustó mucho esa reseña porque yo no tenía idea de que ese crítico de literatura iba a leer mi libro, le iba a gustar y parecer interesante; y luego por ejemplo, hay un escritor como de muy de culto y digamos secreto, que se llama Javier García Galiano, que es mi amigo y aparece secretamente en la novela, cuando la leyó me dijo que escribió algo y le gustó mucho, y yo estaba muy apenada; o Fadanelli, que es mi maestro desde hace muchos años, que leyó mi novela e hizo comentarios tan elogiosos. Me agrada y me apena, y siento como la responsabilidad de que tengo que seguir escribiendo… es una idea extraña de lo que uno cree que son los maestros y la responsabilidad de los alumnos, sí es como esa idea. Luego está que han aparecido lectores que te buscan y te dicen “Oye, me gustó mucho tu novela” o “Me hizo sentir tal emoción” o “No me agradó tu novela”, no sé, es raro. Ha sido buena la recepción, ha sido afortunada y me da gusto que lectores como tú o mis amigas, que quieren tener círculo de lectura, estén tan contentas. O por ejemplo, en Bookmate, vi un comentario que decía “Esta novela es Ni fu ni fa, estoy harta de leer novelas que son pretenciosas y que no dicen nada.” Ese comentario me genero mucha intriga, el pesar de donde nació eso, y quería escribirle un mensaje privado para preguntarle “¿Por qué te pareció eso”, por curiosidad, pero después se me pasó. Pero trato de no pensar tanto en la recepción.

Páginas: 121
Publicación: 2020
Editorial: Almadía

Josué Tello Torres (Cancún, 1992). Profesor, periodista y editor cofundador de la revista Efecto Antabus. Ha publicado crónica, reportaje y reseñas literarias en Pie de Página, Revista Clarimonda, Poscultura¸ entre otros.

Fotografía de portada Sandra Jaworowski

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