Brooke Bolander, una autora enorme (y no-inofensiva)

Jesús M. Koyoc escribe sobre “La única criatura enorme e inofensiva”, una novela corta de Brooke Bolander, ganadora de los premios Nébula y Locus en 2018.

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Por Jesús M. Koyoc Kú

No puedo decir, en realidad, si el podcast de Los Retronautas me llevó a descubrir la editorial que se llama Crononauta o si fue al revés. Quizá no tienen ninguna relación y es un recuerdo que he fabricado. Lo que sí puedo decir es que fue en la página de la editorial española en donde encontré La única criatura enorme e inofensiva, un libro escrito por una autora llamada Brooke Bolander y que no me sonaba de nada. Por otro lado, sí conocía –del mismo catálogo de escritoras– a Nnedi Okorafor y Binti (con quien tuve un acercamiento gracias a una de las antologías de Terranova) y a Elia Barceló (muy seguramente por otra antología, pero no Terranova). Contrario a mi costumbre, decidí aventurarme a comprar el libro de Brooke Bolander aunque fuese una primera lectura. Quizá fue por el módico precio de la versión digital, pero en ese momento no se me ocurrió que otros textos suyos podrían estar publicados en Uncanny Magazine o en Tor.com, dos de las publicaciones más importantes sobre ficciones especulativas. Después de un proceso en el que tuve que falsear información (la tienda de Crononauta no me dejaba poner una dirección fuera de España, aún cuando la compra era digital) y decir que vivía en el País Vasco, con un código postal que no recuerdo y el nombre de un pueblo que también he olvidado, pude descargar directamente y además recibir el libro en mi correo electrónico casi de manera simultánea.

Antes de continuar, me gustaría decir algo más sobre la editorial que publicó el libro de Bolander en español. Más bien, me gustaría mencionar la concepción que la editorial tiene de sí misma: “Crononauta es una editorial alternativa y sin ánimo de lucro, cuyo propósito es reivindicar una tradición marginal en nuestro mercado: literatura de género con perspectiva de género. Es decir: enfoques alternativos para abordar la ciencia ficción, la fantasía y el terror, que hagan hincapié en las cuestiones de diversidad y feminismo”, y señalan tres líneas maestras de las que se valen para reivindicar el género, en las que incluyen 1) ciencia ficción olvidada; 2) ciencia ficción contemporánea; y 3) ciencia ficción hispanoparlante. Además de las escritoras mencionadas en el primer párrafo, en su catálogo se encuentran Lola López, Teresa López-Pesilla, y las nacidas en los 90, Isa J. González y Carla Bataller, traductora, entre otras.

Crononauta es una editorial alternativa y sin ánimo de lucro, cuyo propósito es reivindicar una tradición marginal en nuestro mercado: literatura de género con perspectiva de género.

La única criatura enorme e inofensiva fue traducida, de hecho, por Carla Bataller, originaria de Valencia y quien ha trabajado como traductora para diferentes ONGs desde 2014 y reconoce que ha recibido una gran influencia de Octavia Butler, la primera escritora de ciencia ficción en recibir el título “Genius”, por la Fundación MacArthur. Su biografía en Crononauta nos remite a algunas participaciones suyas en un podcast sobre Nnedi Okorafor o su labor para visibilizar a las autoras que ella considera vale la pena.

Brooke Bolander es una autora nacida en los Estados Unidos y de acuerdo a una de sus semblanzas, “escribe cosas raras de género indeterminado, la mayoría de ellas con grandes tendencias a la fantasía o y en general a la extrañeza”. Si bien la autora ya había sido nominada en años anteriores para los premios más prestigiosos del género (ciencia ficción y fantasía) La única criatura enorme e inofensiva le valió el premio Nébula a la Mejor Novela Corta en 2018, y el premio Locus en la misma categoría al año siguiente, así como una nominación como finalista al Premio Hugo. Originalmente, el libro fue publicado por Tor.com y Bolander tomó el título de poema The Progress of the Soul, escrito por el poeta inglés John Donne, mismo que describe a un elefante. Brooke Bolander ha incursionado en la ficción y en la no ficción y además de las nominaciones y premios ya mencionados, también ha sido considerada finalista para el World Fantasy Award en la categoría de Mejor Cuento de Ficción por Our Talons Can Crush Galaxies, entre otros.

La única criatura enorme e inofensiva es una novela que narra la historia del radio y de los altos precios de su manipulación. Ainhoa Goñi fue la encargada de escribir un prólogo que nos da el contexto histórico: en esas breves páginas, Goñi hace un repaso de hechos que han puesto en duda los límites éticos de la ciencia, tal como la creación de bebés genéticamente modificados gracias a He Jiankui, científico chino, o la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, una expedición hacia América –denominada errónamente en el texto de Goñi como “El Nuevo Mundo”, como si realmente hubiera sido descubierta por occidente– y que tuvo como objetivo transportar la viruela en cuerpos de niños que eran contagiados cada nueve o diez días para mantener con vida a la enfermedad. De esta forma, Goñi aborda la historia del radio y las muertes ocasionadas por su manipulación, ignorando los efectos que tenían sobre el cuerpo de las mujeres que manipulaban este elemento –la muerte misma que además implicaba la desintegración de las mandíbulas, ya que las trabajadoras que manipulaban el radio chupaban los pinceles que usaban para pintar relojes, transmitiendo de esta forma niveles increíbles de radiación. Por otra parte, Bolander retoma la historia de Topsy, una elefanta que fue considerada, primero, una maravilla en Estados Unidos: después de ser secuestrada y extraída de su tierra a finales del siglo XIX, fue obligada a servir a seres humanos como medio de entretenimiento o de transporte, sin importar que hubiera sido domesticada por medio de la violencia; después, al matar a más de uno de sus cuidadores, la elefanta fue considerada poco más que un peligroso estorbo. Sobre la historia de Topsy y su trágico final también hay un debate ético referente a la ciencia: se cree que su muerte formó parte de la guerra de las corrientes, una disputa entre Thomas Alva Edison y Nikola Tesla: para matar a Topsy, se le aplicó, por medio de la corriente alterna, una descarga de más de 6000 voltios y se cree que la empresa de Edison, encargada de organizar el evento que acabó con la vida de Topsy, prefirió usar la corriente alterna para mostrar lo peligrosa que podía ser en comparación a la corriente continua, el sistema de Thomas Alva Edison.

La novela corta que nos presenta Brooke Bolander está dividida en dos partes: la primera, llamada Fisión, inicia con la historia de Kat y su labor de investigación referente a las Elefantas del Radio, así como también la forma en la que estas eran sustraídas de sus hábitats con lujo de violencia. Igualmente, en esta parte del libro conocemos a Reagan, quien parece ser una empleada más en la fábrica del radio. Sin embargo, con el paso de las páginas podemos ver cómo su relación con la elefanta Topsy –y con sus compañeras, muchas de ellas– va más allá: Reagan es la encargada de adiestrar a las elefantas para que puedan manipular el radio, enseñándoles la forma en la que deben usar los pinceles y llevarse el veneno a la boca cada vez que los chupan. Fisión narra también los conflictos de otros empleados que se consideraban superiores, pero es Reagan quien acertadamente señala que son parte de la misma manada –seres sin importancia para los dueños y dirigentes del negocio, tal como las elefantas mismas. Con el paso de las páginas, la voz narrativa de Bolander nos describe con figuras retóricas acertadas los dolores –físicos y emocionales– de Reagan, Slattery (quien era el supervisor de la fábrica) y la misma Topsy. Si bien algunos de estos pueden ser personajes repulsivos, cada uno/una se enfrenta a la misma situación: la pérdida, la incertidumbre de no saber cuánto tiempo de vida les queda ni tampoco la manera en la que pasarán esos días restantes. Más allá de eso, los personajes batallan por asimilar su realidad, que es, tal como dice Reagan, la de ser un miembro más de la manada, compartiendo un destino que puede verse al fondo –no tan al fondo.

Reagan es la encargada de adiestrar a las elefantas para que puedan manipular el radio, enseñándoles la forma en la que deben usar los pinceles y llevarse el veneno a la boca cada vez que los chupan.

La segunda parte se titula Reacción en cascada, en donde se narra el ineludible final de Regan y Topsy –ambas destinadas a morir por diferentes medios y razones, aunque el origen de la muerte es el mismo– después de que ambas han sido separadas de su empleo por el cierre temporal de la planta en donde ambas convivían de manera cotidiana con la muerte; igualmente, es en esta sección del libro en el que los problemas de Kat se hacen más palpables al cuestionarse su labor como investigadora y los resultados concretos de su trabajo en el caso de las elefantas y las mujeres del radio. Esta segunda parte inicia con una nota periodística que narra “el ataque macabro y grotesco de una ‘elefanta loca’” en U.S. Radium. También conocemos al director de la fábrica, un hombre sin más interés que la cantidad de dinero que puede ganar; un hombre que, a pesar de la neblina que rodea sus palabras, permite ver que detrás de ellas está el vacío como único final, tanto para las mujeres del radio como para la elefanta. El destino de Topsy queda aún más claro por medio de otro recurso de la voz narrativa, quien acertadamente usa pasajes periodísticos para narrar los hechos relacionados con el espectáculo del fin de Topsy. La muerte es una compañera constante de cualquiera de los personajes y llega por medio de diferentes formas: la nota roja en el periódico, los dibujos que acompañan la misma, una carta dirigida a Regan, un tren que la llevará a morir a casa –o eso es lo que ella cree– y claro, el gran espectáculo de Topsy: morir electrocutada en el Luna Park.

Aunque los hechos narrados en la novela tiene muy poco de agradable –sin restarle nada de importancia a los temas centrales–, Bolander tiene una gran capacidad para describir con figuras retóricas lo desesperante de la situación, como cuando Reagan habla con el ya mencionado director de la fábrica y este le avienta un cheque que la mujer tiene que agacharse a recoger y “todas sus articulaciones se esfuerzan en hacer la mejor imitación cual ruiseñor de un nido de ametralladoras lejano” o el sabor que recubre la lengua de Reagan “como el olor de peniques sucios combinado con algo mohoso y olvidado”. Alternadamente, la voz narrativa también nos cuenta cómo la historia de las elefantas y sus vínculos con la tierra a la que ya no pertenecen físicamente, y como las Muchas Madres eran “montañas y eternidades” –algo que perdurará más allá que cualquiera de los hombres que las secuestraron para llevarlas a entretener a quienes habitaban lugares remotos.

El hecho histórico –el final anunciado desde el prólogo de Goñi– genera expectativa y la voz narrativa de Brooke Bolander retumba a lo largo de toda la novela, sacudiendo a lectores y lectoras por medio de párrafos llenos de una fuerza profunda que recuerda los cantos de las elefantas, las Muchas Madres, que fueron sacadas de su tierra violentamente y que terminaron como Topsy. La única criatura enorme e inofensiva es un libro que se alojará en la mente de quien lo lea, como el recuerdo del que hemos sido extirpados, extirpadas.


Páginas: 136

Editorial: Crononauta

Publicación en español: 2020

Jesús M. Koyoc Kú. Halachó, Yucatán, 1992. Ha publicado en diferentes medios como Punto de Partida, Crónicas de Asfalto, El Guardatextos, Revista Replicante, Tropo a la uña, entre otros. Ganador del Premio al Periodismo Heineken en 2018, Crónica. Segundo lugar en el Concurso 48 de Punto de Partida. Becario del PECDA Yucatán 2017-18 en la categoría de narrativa. Recientemente comenzó a producir Testigos Podcast.

Fotografía de Wikimedia Commons

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