“Diversiones bárbaras e incivilizadas”. Los ideales porfirianos sobre las diversiones públicas en Yucatán y sus graduales transformaciones

Como parte de #ElGuardiándelaHistoria, Carlos A. Mendoza Alonzo nos presenta un ensayo sobre cómo el porfiriato influyó en las diversiones públicas en Yucatán.

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Por Carlos Armando Mendoza Alonzo

La evolución económica vivida desde la segunda mitad del siglo XIX incidió en el auge del mundo lúdico del Porfiriato.[1]Al situarse en el poder presidencial Porfirio Díaz en 1877 comenzó a preparar al México decimonónico para el cambio. Así mismo, sentó las bases de la modernización del país sobre las proposiciones de orden, la paz y el progreso, con la intención de encauzar al país al desarrollo social y económico.

En el marco de este proyecto se intentó construir un nuevo “modelo de ciudadano”, cuya base debía regularse ante un orden moral y el “buen comportamiento” donde, por ejemplo, el tiempo libre se debía aprovechar en actividades útiles que no se interpusieran al orden establecido. Por ello el ciudadano porfiriano debía estar alejado del ocio y del juego, pues en ellos “se comprometen al azar gruesas sumas de dinero que despiertan la codicia, aún de los que sólo son espectadores”[2]. Por tal motivo las actividades como el juego y otros entretenimientos fueron perseguidos y castigados a lo largo de dicho período. Estos principios a su vez se expresaron a través de diversas leyes y decretos que muestran la censura con respecto a algunas diversiones.

Como ya se mencionó, las nociones de orden y progreso fueron los estandartes que estimularon la política decimonónica para el empeño de edificar una nación progresista, moderna y civilizada que debía forjarse a partir del control del orden. Se anhelaba tener una economía que permitiera el desarrollo para situar y definir al país como moderno. En Yucatán, en gran medida se logró gracias a la explotación del henequén. En este mundo se inscribió el proyecto de la sociedad, la sociedad moralista, instalada por las buenas costumbres, colocada en una “colectividad urbana”. También, con el ideal del Porfiriato, de establecer una sociedad moderna basada e influenciada entre el grupo socio-económico dominante[3], por la corriente de pensamiento positivista[4], se iniciaba una etapa de desarrollo sociocultural[5], donde los espacios de entretenimiento y ocio debían estar en las mejores condiciones, a la altura de países como Estados Unidos, fundados en los ideales de una modernidad sustentada en el progreso.

Con respecto a las diversiones, en el Porfiriato se presentó un gran auge del mundo lúdico en Yucatán, y en especial en la ciudad de Mérida a causa de diversos factores, entre ellos el fortalecimiento económico y la transformación urbana. Entre las distintas innovaciones destacan la modernización de servicios, introducción de automotores, impresionantes obras públicas, que sin duda representaron un gran realce a la imagen urbanística de la Mérida porfiriana[6]. Ante ello, se establecieron diversas innovaciones en cuestión de diversiones que en su momento fueron consideradas como vanguardistas, tales como el teatro, el cine y la ópera, espectáculos que respetaban el discurso del orden y progreso al ser entretenimientos que se llevaban a cabo en “sociedades civilizadas” como la de EUA y Francia, representando así, todos ellos, un símbolo de modernidad[7], desluciendo de este modo las “añejas prácticas” de la diversión conocida[8]. A pesar de lo que se expresa ciertas diversiones que estuvieron presentes desde la época virreinal vivieron una transformación gradual en cuanto a su popularización, teniendo un ejemplo claro en las fiestas de los santos[9], las corridas de toros y las peleas de gallos, los cuales, en el discurso, eran consideradas actividades bárbaras e incivilizadas. Estas contaban con la aceptación de la sociedad por ser representaciones espaciales de interacción y cohesión social. Por ello, estas diversiones empezaron a seguir un curso de adaptación.

Con respecto a la diversión con peleas de gallos, este fue un ejemplo de buena aceptación entre los diferentes sectores sociales del Yucatán porfiriano, pues en ella se podrían encontrar diversos sectores de la población, demostrando así su gran popularidad. Lo último debido, en gran medida,  a la facilidad con que se otorgaban las autorizaciones para su realización por parte de las autoridades encargadas de su regulación en las diferentes poblaciones de Yucatán, ya que estos significaron grandes ganancias de dinero a través de los impuestos que se estipularon sobre los propios permisos[10].

Otra de las diversiones de gran popularidad de este momento fue la corrida de toros que según distintos autores como Juan Pedro Viqueira Albán[11] y Daniel Cosío Villegas[12] era uno de los pasatiempos más bastos, con gusto y pasión por el desafío de la muerte, significando sin duda un espacio ideal para liberar tensiones y represiones sociales a causa de distintos factores. Es por ello que a las fiestas de toros podía acudir diversos sectores de la sociedad donde convergían para divertirse,  y manifestar una libertad de emociones que en otros espacios difícilmente podría darse[13]. Sin embargo, bajo el contexto ilustrador del Porfiriato estas actividades se consideraban bárbaras, por lo que fueron rechazadas por medio de la prensa, empero siguieron formando parte fundamental de las diversiones en los suburbios de Mérida y en los diversos pueblos que conforman el espacio geográfico de Yucatán, siendo así el ápice de las diversiones profanas[14]. Así se invitaba al público a asistir a este espectáculo en La Revista de Mérida[15]:

EL CIRCO DE SANTIAGO.

Según los preparativos, durante la próxima fiesta, deben lidiarse toros en las tardes en el circo de Santiago, como es costumbre anual. Es de suponer que los Empresarios han de tener cuidado de hacer las reparaciones necesarias para seguridad del público que asista á esa clase de espectáculos, pues según noticias, el Circo se encuentra ya un tanto deteriorado, como es de suponer teniendo en cuenta el tiempo que hace fue fabricado[16].

Por otro lado, las dos diversiones antes mencionadas (gallos y toros) formaban parte de las fiestas patronales[17], además de otros entretenimientos, entre las que destacaban los bailes, juegos y tómbolas. Así mismo, estaban compuestas por puestos de lencería, fondas, buhoneros o venteros de dulces, que daban una posibilidad mayor de elegir según la capacidad económica y el gusto de quienes asistían[18]. Es por ello que, en distintos suburbios de Mérida, como el de San Juan, San Cristóbal, Santiago, entre otros, se podía observar un entusiasmo al recibir la fiesta:

Se está terminando aun la larga fiesta de Santiago; el teatro no tiene todavía telarañas en sus puertas; hace unos cuantos días hubo fiesta en San Sebastián y sin embargo, á los primeros estallidos de los cohetes disparados en San Juan, allí se van corriendo todos como si fuera ese un anuncio de reparto gratuito de maíz en tiempo de escasez ó cada uno juzgará indispensable su presencia para mover una silla[19].

Estos entretenimientos entraron en la siguiente dinámica: aumentaban su popularidad y a la vez fueron criticados a través de la prensa por ser consideradas actividades inapropiadas para una sociedad “culta”. Es por todo ello que las diversiones que en un principio se concebían solo con un carácter religioso, como las fiestas patronales y los espacios dedicados para tales, fueron cambiando y transformándose conforme el avance del siglo XIX. Este proceso, como plantea Pedro Miranda Ojeda, inició en Yucatán y en particular en la ciudad capital en la misma época: “fue durante la segunda mitad del siglo XIX cuando la ciudad de Mérida vivió una profunda transformación de sus costumbres lúdicas”[20].

Dichas transformaciones fueron propiciadas, en gran medida, por las críticas de cierto sector ilustrado. Volviendo con las corridas de toros de los barrios de Mérida estas fueron criticadas por la peligrosidad que representaban hacia la salud, el individuo y la sociedad[21]. Otros argumentos fueron que representaban un impedimento al desarrollo, a las actividades cotidianas y a la modernidad de la ciudad. La prensa mostró constantemente su rechazo:

Todavía en la fiesta de Santiago como en otras del país, el espectáculo de las lidias de toros continúa siendo una diversión popular y aplaudida. Pero está ya tan combatida por el pensamiento ilustrado de muchos, que es lo más probable que, aunque tal espectáculo no sea tan repugnante como las lidias acostumbradas en otros países más cultos, al fin desaparecerá del número de nuestras diversiones públicas.

Sí, la lidia de toros acabará como han ido acabando los abusos tradicionales de que, con muchos bienes, somos deudores á las generaciones pasadas[22].

También se le criticaba por mezclarse con las fiestas religiosas, argumentando varios inconvenientes de esta situación:

Y si las lidias de toros merecen censura por no estar conformes con el actual orden de cosas, ¿qué diré de la extrañísima costumbre de mezclar nuestras fiestas religiosas con espectáculos bárbaros? Martirizar á una fiera ó quebrantar los huesos á un desgraciado en honor á una Imagen, ¡verdad que es peregrino! Si se tratare de rendir culto á una divinidad pagana, á Huitzilopochtli, por ejemplo, nada habría que decir, puesto que, al sentir de sus antiguos corifeos, la sangre humana la apetece como el chacal; pero al venerar á una Imagen ¿por qué no excluir la barbarie? La religión de Jesucristo está muy lejos de sancionar semejantes hechos, antes bien las rechazaba, los escarnece al propagar los eternos principios de la verdad y sabiduría infinita. ¡Atrás, pues, las lidias!

Acaso he hablado con demasiada franqueza. Si así hubiere sido, ruego que se me perdone; pero hoy y siempre lamentaré esas inútiles desgracias que ocasiona la lidia de toros[23].

Pero al mismo tiempo, las autoridades municipales propiciaban y fomentaban su realización, al tomar medidas para obtener provecho económico pues cobraban permisos donde se obtuvieron recursos para diferentes gastos públicos como la inversión de instituciones de asistencia pública[24], creando así una interesante dinámica entre la crítica que resaltaba a las corridas de toros como un entretenimiento que iba en contra de los valores morales de la época, y los que aceptaban dicha diversión como modo de captación de recursos económicos.  En la prensa de la época son constantes las publicaciones que señalan esta contradicción, donde sobresalen, además de las corridas de toros, los remates de permisos para la instauración de juegos de azar en el marco de las ferias

La feria de Santiago.

No podemos quejarnos.

Mérida no tiene que  envidiarle nada á la capital de la República, en que los juegos están permitidos por las autoridades.

Nosotros también estamos á toda la altura de la civilización.

Aún antes de dar principio la feria, gracias á las felices disposiciones del M. I. Ayuntamiento y mediante la suma de $ 800 pagados por el remate de los juegos, ya se ostentan á las miradas del público las ruletas, el monte y toda clase de juegos, que, así como las corridas de toros, son indispensables para que la fiesta no desluzca ni desliga de la de otros años en que igual inmoralidad se ha acostumbrado.

Nuestras autoridades comprenden perfectamente su misión y respetan con profundo respeto á la sociedad meridana.

Pero vaya, cuándo se da dinero en cambió de inmoralidad, es muy fácil no parar[25]

La desaprobación de las corridas de toros comenzó a permear a distintas diversiones públicas que en cierta forma fueron criticadas por la prensa, como las peleas de gallos, en el cual se argumentaba que en ellas asistían niños que desde muy pequeños caían en el vicio del juego[26], entre otras premisas, que significaron en su momento antítesis de lo que se pretendió como ideal para el comportamiento en los espacios públicos. Por lo que, de este modo, se empezó la reprobación de algunas actitudes y conductas, que se consideraron no acordes a los espacios en el que las personas pasaban su tiempo libre. Por otro lado los comportamientos festivos que se denominaban como escandalosos (corridas de toros, peleas de gallos, juegos de azar) empezaron a compararse, por ejemplo, con los novedosos entretenimientos que se desarrollaban en teatros de Mérida como el Peón Contreras, siendo este último, como se ha mencionado, un pasatiempo digno para la contemplación del ciudadano porfiriano[27], al mostrar espectáculos traídos muchas veces de otros países y que respetaban el orden, la moral y las “buenas costumbres”, además de atribuirle las autoridades del Porfiriato un carácter educativo, al poder difundir en él actitudes, valores e ideales que representasen el progreso que se anhelaba[28].

Con respecto a las fiestas patronales, éstas sufrieron una gran transformación en cuanto a su popularización. El aumento de festividades y entretenimiento se reforzó a través de la supresión de los aranceles durante los días de fiestas, impulsando el número de habitantes, ya que ellos tenían la oportunidad de conseguir productos a menor precio. Es por ello que había prerrogativas para que alguna fiesta se convirtiera en feria[29]. El efecto positivo era una mayor abundancia de diversiones, de transacciones de varias naturalezas, de lugares de comida, y por lo consiguiente de un gran aumento de números de visitantes.

De tal manera que la feria constituyó el momento y el espacio idóneo para la concentración y elaboración de diversos entretenimientos. En las fiestas, que posteriormente empezaron a llamárseles también ferias se agregaron nuevas prácticas de entretenimiento, mezclándose con los tradicionales, crearían un ambiente de diferentes relaciones culturales resultado de ser la puerta abierta para ofrecer cierta diversidad en el entretenimiento público[30], ocasionando de este modo que a dichas fiestas se les concibiera desde una óptica económica, dando hincapié a considerarlas en un sentido netamente comercial (secularización comercial de las fiestas patronales). Todo ello se vio reflejado con el florecimiento de una gran diversidad de invitaciones realizadas por los comités de las diferentes festividades patronales, los cuales eran mostrados por medio de la prensa, destacando siempre las cuestiones referentes a lo profano (juegos mecánicos, corridas de toros, tómbolas, vaquerías, etc.) y olvidándose de la esencia religiosa que tenían en principio las mismas. Por lo que el privilegio ritual de la fiesta iría desapareciendo ante la divulgación de la diversidad de diversiones

FIESTA DE HUHI.

Los que suscriben, en representación de los vecinos de este pueblo, tienen el honor de invitar á todos los habitantes del Estado, en particular á los apreciables vecinos de la Capital, para que se sirvan honrarnos con su asistencia en los días de la fiesta que comenzará el 24 del presente bajo el siguiente

PROGRAMA:

 Día 24.- Por la noche dará principio la fiesta con el animado y tradicional baile de VAQUERAS.

 Idem 24.- Se repetirá en este día el baile de vaqueras en que las lindas vaqueritas lucirán sus angelicales bellezas. Se repetirá por ellos mismos el delicioso pukbikeyen. Comenzará la corrida de toros y para el efecto se han escogido los más bravos y arrogantes bichos de la comarca. Por la noche dará comienzo el espléndido baile de etiqueta en los amplios, elegantes y lujosísimos salones preparados al efecto.

 Idem26.- Baile de etiqueta por el día y por la noche y corridas de toros.

 Todo lo apuntado el día 26 será repetido los días 27,28 y 29.

 Repetimos nuestra invitación á los Yucatecos en general y particularmente á nuestros amigos para que los honren con su asistencia, seguros de que serán bien atendidos. Huhi, Junio 5 de 1890 Genaro P. Cuadeño.- Manuel D. Ferraez.- José León Valencia.[31]

También, y como parte de las invitaciones, se presumían las “mejoras” en el espacio público de los diferentes municipios, pueblos, villas o barrios de Yucatán, con el afán de atraer a un mayor número de visitantes a sus celebraciones

LA FIESTA DE IZAMAL EN GRANDES.

MEJORAS NOTABLES.

La ciudad de Izamal presenta ahora un aspecto precioso; ya sus calles bien limpias, por las fachadas de las casas que se han pintado, por el alumbrado público que se ha aumentado notablemente, como por la animación que se ha notado desde mucho antes de comenzar la feria. El señor Jefe Político del Partido, Coronel don Ignacio Lara, toma positivo interés por todo aquello que signifique adelanto para la población. En el corto tiempo que hace que desempeña la Jefatura ha llevado á cabo algunas mejoras, siendo la principal, haber podido convertir en un primoroso sitio de recreo el cerro Kinichkaknú, que antes era un pestilente basurero. Hoy se sube al cerro por una escalinata fácil, que ofrece seguridad, y en la primera planicie se han hecho cómodas calzadas y se han colocado bancos. Á la cima se sube también fácilmente y en ella se han colocado bancas y algunos faroles. El histórico Kinichkaknú es hoy el lugar más visitado en la población pues desde él se goza de un fresco delicioso.

La feria presenta un magnifico cariz, como hacía mucho tiempo no se veía. Apenas comienza y sin embargo ya hay un gran movimiento en todos los negocios.

El tren ha estado llegando con muchísima gente y por las noches los espectáculos no han dejado de hacer su cosecha. El comercio está muy animado y espera buenas entradas, así como la Empresa de los toros que ya hace sus preparativos para dar corridas desde el día 5 hasta el 9. El señor Jefe Político ya organiza una corrida de aficionados para el primer domingo después de la feria, cuyos productos se destinarán para mejoras en la población.

Tanto el atrio cuanto el templo parroquial están bien arreglados y el Santuario de la Virgen es muy visitado. A las misas y rosarios que se celebran todos los días concurren numerosos fieles.

Todo indica haber feria; pero una feria espléndida animada, como no habíamos visto desde hace muchos años.

EL CORRESPONSAL[32]

La fiesta de los santos logró, de igual forma, un extraordinario desarrollo gracias a los ferrocarriles. El transporte de mercancías y de pasajeros repercutió significativamente en su florecimiento porque incorporó en el circuito a las fiestas que hasta ese entonces habían sido ignorados, y que se conectaron con Mérida a través de la apertura de vías directas a grandes municipios de Yucatán, siendo la fiesta patronal del pueblo de Itzimná la primera población beneficiada con la integración del ferrocarril en el panorama meridano

Baile en Itzimná.

Nos piden hagamos saber que el sábado 15 por la noche habrá en este pueblito un animado baile que conocemos con el nombre de vaquería. Los promovedores de la fiesta toman empeño en que sea lo más popular agradable que sea posible é invitan por nuestro conducto á todos aficionados á que concurran á esta diversión.

 Creemos que con el ferrocarril que facilita tanto los viajes aquello se pondrá bueno.[33]

Los ayuntamientos de las distintas poblaciones de Yucatán, aprovechando la popularización de las fiestas patronales, obtenían grandes ganancias gracias a la venta de licencias para la elaboración de las corridas de toros, juegos de azar, puestos de comidas, juegos mecánicos, peleas de gallos, y demás actividades inmersas en la estructura de la feria, las cuales se utilizaban para el mejoramiento de sus localidades

Desde Halachó.

PRODUCTOS DE LA FERIA

UN MERCADO

Halachó, diciembre 4

 La fiesta dejó para el municipio una buena cantidad, cerca de . .  . . . $2, 750. De arrendamiento  de terrenos se cobró la suma de $1, 400 y lo demás por los diversos ramos de arbitrios municipales. Con la cantidad sobrante en meses anteriores ya tiene esta Tesorería cerca de $4, 000 de existencia.

Se sabe que esta cantidad se aplicará á la construcción de un mercado que hace falta y dará pingues rendimientos en cada fiesta.

El lugar donde se edificará el mercado no está designado aún.

Además del mercado se proyecta la construcción de un parque y el teléfono entre esta villa y la de Maxcanú[34].

A modo de conclusión, el Porfiriato estuvo determinado por la noción de cristalizar un modelo de sociedad asociado con los valores de la modernidad. Una modernidad entendida según los principios cultivados en Europa y Estados Unidos que respondiera a la intención de edificar una sociedad donde la moralidad, los buenos comportamientos y las prácticas se conciliaran con un conjunto de valores, principios y costumbres. Lo anterior aunado a las ideas positivistas de espacios limpios y agradables, transformaron la cultura del entretenimiento en el México del Porfiriato, donde todas las ideas moralistas dirigidos hacia el uso de los espacios públicos dedicados al entretenimiento empezaron a tener cambios renovadores, que se vieron reflejados en las diversiones tradicionales que fueron adecuándose a dichos ideales.

Es notorio que, con respecto a las diversiones, en un principio de esta modernización fueron aceptados. Pero con la crítica de ciertos grupos “ilustrados” hacia diferentes tipos de diversiones como la corrida de toros y peleas de gallos, que vieron en ellos barreras en contra de la modernidad y el progreso, las diversiones se fueron adaptando a los ideales de lo moderno y del Positivismo hasta lograr crear distintos espacios para nuevos tipos de entretenimiento, como son los presentados en las fiestas patronales o comúnmente llamados bajo esta coyuntura como ferias. Pero esta adecuación de nuevos entretenimientos tuvo diferente sentido a las tradiciones, el nuevo discernimiento que apareció fue el de tipo económico reflejado en las ferias con la disminución de impuestos en los productos vendidos en ellos. Esto generó la popularización de distintas fiestas en todo Yucatán, preponderándose las actividades profanas a las antiguas actividades lúdicas, como los rezos, procesiones, alabanzas y demás, sacando ventaja de esto los comerciantes y ayuntamientos.

Bibliografía

Cosío Villegas, Daniel. “La diversión compensadora”, en Historia moderna de México. México: Editorial Hermes, 1975, pp. 595-630.

Elías, Norbert. El proceso de la civilización. Investigaciones sociogenéticas y psicogenéticas. México, Fondo de Cultura Económica, 1994.

Esparza Jiménez, Vicente Agustín. Las diversiones públicas en la ciudad de aguascalentes durante en porfiriato: en busca de la modernidad. Tesis para optar el grado de Maestro en Historia. San Luis Potosí, El Colegio de San Luis, 2007.

Miranda Ojeda, Pedro. “Génesis de las ferias en Yucatán, 1864-1879”, en Unicornio, suplemento cultural del periódico ¡Por Esto! Mérida, 18 de julio de 1999.

Miranda Ojeda, Pedro. Diversiones públicas y privadas. Cambios y permanencias lúdicas en la ciudad de Mérida, Yucatán, 1822-1910. Hannover, Verlag Für Ethnologie, 2004.

Muñoz Cabrejo, Fanni. Diversiones públicas en Lima, 1890-1920; la experiencia de la modernidad. Perú, Pontifica Universidad Católica del Perú-Universidad del Pacifico-Instituto de Estudios Peruanos.

Rosado Vega, Luis. Lo que pasó y aun vive. México, Editorial Cultura, 1947.

Ventura Dzib, Socorro Margarita Ernestina. La transformación del ocio y el tiempo libre: las diversiones meridianas durante el porfiriato. Tesis de Licenciatura en Historia. Mérida, Universidad Autónoma de Yucatán, 2005.

La Revista de Mérida.


[1] Miranda Ojeda, 2004: 374.

[2] “Los Juegos en Santiago”. La Revista de Mérida, 2 de agosto de 1892.

[3] Los principios fundamentales del orden y progreso estaban dictados por la casta divina, un exclusivo conjunto de familias propietarias de haciendas dedicadas al cultivo, explotación y producción del henequén que, al mismo tiempo, influía en el poder político y económico. A los que podríamos determinar cómo el grupo dominador de la época del porfiriato (Miranda Ojeda, 2004: 374).

[4] Esta doctrina marcaba el mejor estado en que el hombre debía estar tanto en su ambiente público como el privado. Se deseaba todo aquello que fuera útil, sano, higiénico, y a la vez que proporcionara comodidades materiales para el goce de la vida en todos sus aspectos (Ventura Dzib, 2005: 45).

[5] Elías (1994) discierne cómo se estructura, a lo largo de todo un proceso funcional, los comportamientos sociales en una misma dirección, el cual explica, forma diferentes pautas en las distintas sociedades. En dicho texto, Norbet, simplifica las variaciones estructurales presentes en las propias sociedades que muestra el mismo como procesos coaccionarías en diferentes clases sociales, que se lograría sintetizar con un planteamiento comparativo. Explicando que estas coacciones son resultado de la interacción individual con su relación en la sociedad y de los marcos coyunturales de la época en el que se constituyen, lo que el autor llama como relaciones sociogenéticas y psicogenéticas y procesos de largas duraciones culturales.

[6] Miranda Ojeda, 2004: 374.

[7] Muñoz Cabrejo, 2001: 76.

[8]Tales como las lidias de toros, peleas de gallos, y algunos tipos de fiestas (Miranda Ojeda, 2004: 374).

[9] Esto último se irá explicando de mejor forma a lo largo de este escrito.

[10] Miranda Ojeda, 2004: 395.

[11] Viqueira Albán, 1987.

[12] Cosío Villegas, 1975: 595-630.

[13] Ventura Dzib, 2005: 52.

[14] Rosado Vega, 1947: 55.

[15] Este rotativo, fundado en 1868, sirvió como un órgano de difusión, empezando a publicarse dos veces por semana y posteriormente, con el paso del tiempo, haciéndolo diariamente, durante todo el porfiriato hasta que se dejó de publicar en 1914. Dicho periódico se caracterizó por estar constituido por publicaciones de tipo mercantil, noticioso, literario y de anuncios transmitido en Mérida, Yucatán.

[16] La Revista de Mérida, 9 de julio de 1887.

[17] Las fiestas patronales están compuestas de eventos religiosos representadas por misas, procesiones y rezos, además de eventos profanos expresados por diversiones como las corridas de toros, peleas de gallos y los bailes de etiqueta, que una parroquia y su comunidad realizan, respectivamente, para venerar al santo patrono del pueblo, barrio o ciudad en su día.  Así, las fiestas legitimaban, al vecindario de pueblos y barrios, el perpetuo favor de su defensor.

[18] Ventura Dzib, 2005: 52.

[19] La Revista de Mérida, 3 de agosto de 1888.

[20] Miranda Ojeda, 1999: 57.          

[21] Ventura Dzib, 2005: 58.

[22] La Revista de Mérida, 19 de agosto de 1886.

[23] La Revista de Mérida, 1 de junio de 1881.

[24] Pedro Miranda Ojeda explica que desde mediados del siglo XIX los permisos o licencias para la celebración de las corridas de toros se daban en grandes cantidades, contribuyendo así a los incrementos de los fondos municipales las cuales se destinaban a diferentes obras públicas (Miranda Ojeda, 2004: 226).

[25] La Revista de Mérida, 29 de julio de 1877.

[26] Ventura Dzib, 2005: 63.

[27] Miranda Ojeda, 2004: 410-414.

[28] Esparza Jimenéz, 2007: 169.

[29] El simple hecho de que se cambiase el nombre de fiesta a feria implicaba la reducción de aranceles a productos. Lo que beneficiaba a comerciantes, ocasionándoles mayores ganancias. Este aspecto sería una característica del Porfiriato, las insistentes peticiones que en las localidades de mayor afluencia de visitantes se cambiase la denominación de fiesta a feria, para la venta de más productos. Lo que ocasionó una interacción económica.

[30] Ventura Dzib, 2005: 76.

[31] La Revista de Mérida, 12 de junio de 1890.

[32] La Revista de Mérida, 6 de diciembre de 1909.

[33] La Revista de Mérida, 13 de mayo de 1875.                                 

[34] La Revista de Mérida, 2 de enero de 1904.

Carlos Mendoza Alonso. Originario de Cholul, Mérida, Yucatán. Licenciado en Historia por la Universidad Autónoma de Yucatán, estudiante del Master en Gestión de la Documentación, Bibliotecas y Archivos en la Universidad Complutense de Madrid, Coordinador General del Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Yucatán. Especialista en temas de Archivística eclesiástica, Historia de la iglesia yucateca y religiosidad popular. Correo: carlos_mendozaalonzo@outlook.com

Fotografías proporcionadas por el autor.

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