El proceso de exclaustración de las monjas concepcionistas de Yucatán, parte II

Carlos A. Mendoza Alonzo nos presenta la segunda parte de su ensayo sobre las monjas concepcionistas. El texto fue coescrito con el historiador Israel Cetina Nahuat.

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Por Carlos Mendoza Alonzo e Israel Cetina Nahuat

Las Leyes de Reforma[1] en Yucatán afectaron más la vida social, las costumbres,  las formas de pensar, la religiosidad, que los intereses económicos de la Iglesia[2]. Sin embargo, vio disminuida su función como regulador de la vida social al ser desplazada su legitimidad, otorgada por el Estado, como autoridad moral y detentora única de la verdad[3]. Su función, pues, quedó limitada al ámbito propiamente espiritual. Bajo esta premisa, la Ley de Desamortización o Ley Lerdo[4] de 1856 y la de Nacionalización de los Bienes Eclesiásticos[5], 1859, abarcaron a los monasterios de varones y de las corporaciones religiosas, en un intento de disminuir sus actividades para posteriormente suprimirlos.

 El monasterio de las monjas concepcionistas, único en la península de Yucatán y funcionando desde el año de 1596, no escapó de sus aplicaciones[6], sin embargo, sus efectos no fueron devastadores pues se permitió su existencia y la conservación de algunos de sus capitales, réditos y las dotes para su sostenimiento[7]. Fue a partir del 26 de febrero de 1863 que de  manera oficial se ordenó el cierre definitivo de conventos y monasterios en todo el país[8].

Las principales justificaciones para establecer el mandato de exclaustración reflejan  los más trascendentales preceptos que el Estado quería fomentar en los ámbitos económicos, políticos y de la vida cotidiana.

Entre las más importantes están:

[…]disponiéndose de los conventos ahora destinados a la clausura de las señoras religiosas, habrán de obtenerse en una parte considerable, los recursos que necesita el tesoro de la federación y podrán establecerse varios hospitales de sangre […] que si bien puede fundarse en la libertad de cada uno la resolución de observar los votos que las religiosas pronuncian, es evidentemente opuesta a la libertad incompatible con la ley de cultos e intolerable en una República popular […] que no conviene dejar en manos del clero un poder desmesurado como este, cuyos desafueros serán ahora más transcendentales que en ningún otro tiempo […] que la influencia de los sacerdotes en las conciencias de las religiosas restituidas a la condición civil y al goce de su derechos naturales[9].

El 13 de marzo de 1863, el gobierno emitió un decreto más extenso para el cumplimiento de la ley de 26 de febrero, en él se agregaba que el que intentara impedir el regreso de las monjas con sus padres o a donde eligieran o las ocultara o empleara violencia para mantenerlas reclusas en alguna parte, serían castigados con la pena de muerte, además de prohibir a las señoras exclaustradas vestir el hábito religioso en público y no abandonar el país sin permiso del gobierno[10].

El 13 de marzo de 1863, el gobierno emitió un decreto más extenso para el cumplimiento de la ley de 26 de febrero

La respuesta por parte de las monjas concepcionistas ante tales disposiciones fue inmediata a través de una carta, fechada en 8 de junio de 1863, dirigida al entonces obispo de Yucatán, José María Guerra. En ella le expusieron sus temores ante el inminente cierre de su amado convento, solicitándole permiso para enviarla, a modo de protesta, a las instancias correspondientes de Gobierno. La firmaron las 21 Religiosas que hasta ese momento profesaban en el Convento, la cual fue aceptaba por el Prelado el mismo día.   

Señor Gobernador de la Sagrada Mitra

Las Religiosas Concepcionistas de esta Ciudad ante Vuestra Señoría con el respeto debido, manifestamos; que con el mayor sentimiento hemos sabido que ha llegado al Gobierno del Estado la ley que suprime todos los Conventos de Religiosas, disponiendo su exclaustración: tan infamita (sic), nos ha llenado del más profundo dolor, porque va a privarnos de cumplir los votos que voluntariamente y con toda reflexión hicimos cuando públicamente prometimos observarlos durante nuestra vida ¿y que recurso nos queda en lance tan terrible? ¿Permaneceremos infalibles esperando el momento en que se nos saque de nuestro convento en donde hemos prometido morir? Aunque estamos dispuestas a sufrir con resignación Cristiana la tormenta que inminentemente nos amenaza, hemos creído prudente dar un paso, tocar el recurso de la súplica, ocurriendo al Supremo Gobierno de la Nación, para que se digne suspender la ley respecto a este monasterio, o que si esto no es posible mande se libre pasaporte a la comunidad para algún punto que esta elija fuera de la Republica, o a cada una en particular concediéndonos al efecto, el término de tres meses para prepararnos pidiendo a la vez al Excelentísimo Señor Gobernador se sirva suspender la publicación y cumplimiento de la mencionada Ley hasta la resolución del Supremo Nacional.

Las siguientes exposiciones impondrán a vuestra Señoría de los términos en que están concebidas nuestras solicitudes y los fundamentos en que se apoyan, más como nada, podemos hacer sin obtener antes la licencia de vuestra señoría a cuyo cargo se haya el Gobierno de la Diócesis.

A Vuestra señoría ocurrimos rendidamente para que tomando en consideración el triste estado que guardamos se digne examinar la referida espocision (sic) y si fuere de su agrado se sirva conceder el permiso que necesitamos protestando que al abrar asi, lo hacemos únicamente para ver si nos liberamos del penoso trance en que nos quiere poner con la exclaustración pretendida. Es gracia que no dudamos alcanzar de Vuestra Señoría jurando lo necesario.

Convento de Religiosas Concepcionistas. Mérida a 8 de Junio de 1863.

En la carta que le escribieron al Gobernador de Yucatán Liborio Irigoyen, agregaron sus argumentos para que su hogar fuese exceptuado del decreto de exclaustración, el más importante fue que cumplían con labores sociales como acoger a huérfanas y proveer de enseñanza a niñas que temporalmente sus padres les encargaban.

Señor Gobernador

Las monjas Concepcionistas de esta Capital que suscribimos a vuestra con el respeto debido exponemos: que ha llegado a nuestra noticia que el Supremo Gobierno ha decretado la exclaustracion de todas las monjas de la República; mas como en este monasterio no solo nos hemos propuesto cumplir con los votos que hicimos, sino que también damos hospitalidad a las huérfanas que la piden, y proporcionamos alguna enseñanza a las niñas que temporalmente nos encomiendan sus padres, fundadas en estas y otras razones y creyendo ser de alguna manera útiles a la sociedad pedimos al Supremo Gobierno en la solicitud que acompañamos a vuestro se digne aseptuar (sic) este Convento de los efectos de aquel decreto, no dudando de la bondad de vuestro como se lo suplicamos con el mayor encarecimiento nos haga la gracia de elevar dicha solicitud con su apoyo; suspendiendo entre tanto la aplicación del respectivo decreto, pues confiamos en que nuestra humilde voz será acojida con toda benevolencia por el C Presidente.

Convento de monjas Concepcionistas en Mérida a 8 de Junio de 1863.*

Las monjas Concepcionistas de esta Capital que suscribimos a vuestra con el respeto debido exponemos: que ha llegado a nuestra noticia que el Supremo Gobierno ha decretado la exclaustracion de todas las monjas de la República

El escrito que le dedicaron al Presidente de la República, Benito Juárez, fue más extenso pues sus argumentos los presentaron de manera más precisa. Los puntos que resaltaron fue el de ser el único Convento Concepcionista que ha existido en Yucatán, mismo que representaba para ellas su hogar, así como la de ser un lugar en dónde se llevaban a cabo múltiples servicios a la sociedad. También, destacaron los pocos recursos que tenían para subsistir.

Señor Presidente de la República

Los que suscribimos, únicas religiosas profesas que existen en el Monasterio de la Purísima Concepción de esta ciudad ante la Purificación de Vuestro con el mayor rendimiento exponemos: queha llegado a nuestra noticia un decreto por el cual se extinguen todos los Conventos de Monjas que hay en la República y se manda en consecuencia exclaustras a las Religiosas y que se instalen bajo siertas condiciones que sin duda se han creido conducentes para su libertad y comodidad.

Nosotros Señor Presidente, respetando los motivos que tuvo el Supremo Gobierno para dictar aquella resolución, creemos tener un derecho y también un deber de hacer a Vuestros presentes nuestras particulares circunstancias para que si como le rogamos al Señor, las encuentre muy excepcionales, se digne liberarnos del imponderable peso que oprime nuestros corazones concediéndonos la gracia de acabar tranquilas los pocos  días que nos quedan de vida en este sagrado asilo que escogimos libremente y que es la única mansión que puede sernos grata como que en ella hemos visto deslizarse dulcemente nuestra existencia exista de las amarguras tan comunes entre las personas que no han tenido la suerte de participar de nuestra vocación.

Al hacer a vuestra esta solicitud Señor Presidente, nuestros corazones sienten un inexplicable consuelo, porque alimentan la dulce esperanza de que va a ser favorablemente despachada, puesto que es justa y que debe resolver a ella un hombre que ha hecho brillar entre sus esitos públicos la mas admirable generosidad para con sus enemigos ¿Cuánto mas generoso e indulgente no será para con unas mujeres que diariamente ruegan al Señor porque le de acirto (sic)?

El Convento de Concepcionistas único que existe en Yucatan Señor Presidente, es mas que un Monasterio, una gran casa que abriga a las personas del sexo débil que carece de medios honrosos para subsistir y quieren trabajar libres de las atenciones y peligros que son casi inevitables en la vida ordinaria de la Sociedad, y éste es el secreto Señor Presidente de la existencia de este convento que casi no podría subsistir si estuviese únicamente librado a sus rentas mezquinas, pues la reunión de obreras multiplica los productos de su industria haciendo que proporcionen hasta sobrantes los esfuerzos que aislados no proporcionarían ni la subsistencia de un solo individuo.

Este Convento Señor Presidente, gracias al modo de vivir indicado en el párrafo anterior es un asilo para muchas personas que no solo carecen de medios de subsistir, sino que además no pueden trabajar por falta o exeso de edad o por cualquier impedimento, y esto es de notoriedad pública  en esta capital, cuyo vecindario, en parte no pequeña, se ha refugiado varias veces en este Convento para precaverse de las tropelías que se han temido en algunas revoluciones intestinas.

Por esas causas, Señor Presidente, y por que no son pocas las familias que han tenido o tienen en este Convento a algunas de sus hijas o pupilas a recibir la educación propia de su sexo, para pasar despues dignamente al estado matrimonial como han pasado varias que son de los mas bellos ornamentos de la sociedad por esas causas decimos, hay una perfecta correspondencia entre las que habitamos en el Convento y las personas que viven del en Yucatan.

Nosotras desempeñamos los trabajos que nos encargan y rogamos al Señor por su felicidad y ellas nos corresponden con su cariño y con los recursos de que carecemos.

Conocida, pues, la manera como subsiste este Convento; la grande utilidad que produce a las personas que en el se amparan y la no pequeña que proporciona a la sociedad en cuyo centro se halla establecidos; y deduciéndose de ese mismo modo de vivir que es moralmente imposible que aquí pueda llegar a ejercer alguna evacion sin que al momento la autoridad tenga oportuna noticia y todos los medios necesarios para hacer respetar las leyes civiles que siempre hemos respetado mucho como que lo cremos obligatorio en conciencia, conocida, repetimos, esas circunstancias que el Supremo Gobierno es muy difícil hubiese tenido presente al expedir su decreto, no dudamos obtener de él una excepción como la que mereció el Venerable Cabildo eclesiástico de Guadalajara respecto del que suprimió ésta clase de corporaciones.

A.V. pues, ocurrimos debidamente Señor Presidente, rogándole con el mayor encarecimiento se digne resolver que el Convento de Religiosas Concepcionistas de Mérida no está comprendido en el decreto relativo a la extinción de Monasterios. Es una gracia que grabaremos profundamente en nuestro reconocimiento.

Mérida de Yucatán Junio 8 de 1863[11].

Al hacer a vuestra esta solicitud Señor Presidente, nuestros corazones sienten un inexplicable consuelo, porque alimentan la dulce esperanza de que va a ser favorablemente despachada

Distintas circunstancias políticas que atravesó el país intervinieron para que dichas leyes no tuvieran efecto inmediato. También es probable que para tal caso haya influido la figura de su Abadesa, la Señora Epifanía Sierra pues era hermana del también reconocido Don Justo Sierra O` Reilly[12]. Así pues, el Convento de las Concepcionistas permaneció en funciones durante todo el Imperio.

Con el retorno de la República y la llegada y posterior designación del General Cepeda Peraza,[13] en 1867, como Gobernador del Estado de Yucatán las disposiciones rindieron el resultado que años atrás pregonaron: la exclaustración de las monjas concepcionistas. El 8 de octubre del mismo año el Gobierno del Estado le notificó a la Abadesa del Convento, la Señora Epifanía Sierra, que se habían designado a las personas que se encargarían de exclaustrarlas y de hacerse cargo de la parte material, así lo señala la carta que a su vez la madre abadesa le envío al obispo de Yucatán, Leandro Rodríguez de la Gala, notificándole de este hecho y pidiendo permiso para que de nueva cuenta soliciten a las instancias correspondientes que se les dispensen de ser expulsadas del monasterio.   

Ylustrísimo Señor

Acompaño a Vuestro Señor Ylustrísimo la comunicación del Señor Gobernador del Estado que recibí en la tarde de ayer en la que me noticia haber nombrado a los Señores que en ella menciona para que el día doce del corriente se constituyan en este Monasterio a hacerse cargo de su parte material y de cuanto corresponda a esta comunidad; a la cual he dado con fecha de hoy la contestación siguiente.

La comunicación de vuestro que recibí en la tarde de ayer en la que me noticia haber nombrado a los Señores Don Ramón Aznar Perez, Don Manuel Dondé, Don Antonio G. Rejón y Don Joaquin Hubbe para que en unión del señor Tesorero general del Estado se constituyan en este Monasterio el doce del corriente a hacerse cargo de su parte material y de cuanto corresponda a la comunidad me confirma con el mayor sentimiento de que esta resuelto a llevar a efecto lo relativo a la exclaustración de esta comunidad conforme al decreto y a la suprema disposición que me cita y que yo y mi comunidad le hemos protestado en descargo de nuestra conciencia, como respeto de todas las disposiciones de esta naturaleza lo hizo en su oportunidad nuestro Ylustrísimo Prelado difunto, y que protestaremos cuantas veces sea necesario, confirmando mi acerto la firma de todas las que componen esta comunidad.

Dios nuestro Señor guarde a vuestro muchos años. Convento de la Purísima Concepción de María Santísima. Mérida 9 de octubre de 1867.

Sor María Epifanía del dulce nombre de María Santísima (Rúbrica) [14].

En el transcurso de este largo proceso para las monjas concepcionistas, la administración estatal planteó establecer una casa de beneficencia o de educación en sustitución a las labores que, como hemos mencionado, ellas realizaron durante siglos en el monasterio. Para ello, Cepeda Peraza le propuso a su abadesa, la Señora Epifanía, tomar el cargo de directora del Colegio de Instrucción Primaria y Secundaria para Mujeres de mando civil, encargándole, además, que establezca el reglamento para su fundación.

Extinguido el Convento de M M Concepcionistas de esta capital por el Supremo decreto del 26 de Febrero de 1863, publicado en el periódico oficial de ayer, y estando facultado este Gobierno por la Suprema disposición de 4 de Setiembre (sic)último para establecer en su lugar una casa de beneficencia o educación, he tenido a bien nombrar a Usted Directora del Colegio de instrucción primaria y secundaria para el bello sexo que va a erigir este Gobierno en aquel edificio, señalando a Usted el término de un mes para que me proponga el reglamento de dicho colegio a fin de plantearlo desde luego. Espero su contestación a la mayor brevedad posible.

Patria y Libertad Mérida Octubre 5 de 1867.

M Cepeda (Rúbrica)

Dirigida a la Señora Epifanía Sierra

La respuesta de la Madre superiora fue inmediata, no aceptando ocupar el cargo que le habían propuesto, sus razones fueron evidentes, pues, argumentó, el decreto del cual se estaba fundamentando la creación de una escuela laica atentaban en contra de sus libertades para profesar libremente su religión[15]. Cabe destacar que después de la exclaustración, en marzo de 1868 el gobierno local ordenó el fraccionamiento en lotes del ex convento, los cuales fueron vendidos aplicándose el producto al sostenimiento de la instrucción pública. El lote contiguo al templo por el poniente, fue desde entonces adaptado y consignado a una de las escuelas dependientes del Gobierno estatal[16].

Cabe destacar que después de la exclaustración, en marzo de 1868 el gobierno local ordenó el fraccionamiento en lotes del ex convento, los cuales fueron vendidos aplicándose el producto al sostenimiento de la instrucción pública

El día 12 de octubre, tal como se había designado, la Comisión se presentó en el Convento para realizar la exclaustración de sus habitantes. La abadesa Epifanía Sierra le notificó al obispo de Yucatán, a través de una carta firmada ese mismo día, de su llegada y de “que renuevan las protestas que tienen hechas al referido señor gobernador, expresando además que sólo dejan de ocupar este recinto por la fuerza que para ello se les hace”[17]. De igual forma realizó un emotivo escrito, para la Comisión, en el que expresaba su sentir ante la inminente expulsión del lugar que durante muchos años consideraron su hogar, rechazando, nuevamente, ser “secularizadas”. Lo firmaron las 20 monjas que para ese momento profesaban en aquel recinto.

En vista del Decreto que nos vuestro señor leer Decimos Ante el Señor Gobernador del Estado y todos los avitantes

Que estando en este Monasterio por nuestra propia voluntad y que libre y espontáneamente hemos elegido este modo de vivir sugetandonos a la Regla que profesamos; protestamos que de ninguna admitimos ninguna clase de secularización y protestamos una y mil veces que en ninguna cosa por mínima que sea nos sugetamos al brazo civil, pues reconoceremos siempre la protestad de nuestra Santa Madre Yglesia Católica Apostólica y Romana, representada en la persona de nuestro digno Prelado, quien siempre hemos hobedesido y hobedeseremos;

Estando toda esta comunidad resuelta a morir primero que quebrantar los solemnes votos que pronunciamos ante el Supremo Señor del Cielo y tierra y delante de los hombres[18].

Este hecho causó indignación en el pueblo yucateco, incluido a un grupo de mujeres, lideradas irónicamente por la esposa del gobernador Cepeda Peraza, las cuales protestaron ante lo que para ellas era una injusticia, mandando una misiva al presidente Benito Juárez pidiéndoles que no cerrara el Convento[19]. Por parte de la clerecía católica Crescencio Carrillo y Ancona[20], quien presenció los sucesos descritos, y ya siendo obispo de Yucatán escribió en su obra “El obispado de Yucatán” lo siguiente:

Enseguida de esta justísima resolución que los liberales llamaron soberbia, ejecutaron la ley el luctuoso día 12 de octubre de 1867 en medio de libertina algazara, echándose abajo con picas los sagrados muros del Convento hasta formar calles; vertiendo lágrimas de dolor las Monjas exclaustradas; protestando con su indignación y su honda pena todos los buenos cristianos; y aplaudiendo con gran júbilo todos los que tenían interés en que fuesen reconocidos como partidarios del gobierno y como gentes ilustradas y desprocupadas[21].   

Con lo expresado en las distintas alocuciones que las Concepcionistas escribieron durante su proceso de exclaustración es de suponer que vivieron el resto de sus días afligidas por el dolor que significó perder la libertad de llevar su ministerio en el recinto en donde juraron sus votos y la regla religiosa. Sumado a ello, la mayoría, en ese momento se encontraba enferma y todas eran ya ancianas[22], lo que derivó en que en los siguientes años fallecieran. La primera fue la Madre Sor Dolores del Sagrado Corazón de Jesús y Acosta el 26 de enero de 1868, y para el 12 de septiembre de 1887 sólo 6 permanecían con vida, es decir que  de las 20 monjas que fueron exclaustradas en 1867, 14 habían muerto en un lapso de 20 años[23].

Con respecto al edificio conventual, fue dividido para ser vendido y los recursos derivados de ello, como se ha mencionado, sirvieron para establecer el colegio de niñas civil en ese mismo espacio y otros en Mérida. Se levantó un plano del complejo conventual y este se dividió en dos manzanas, poniente y oriente, con un total de 33 lotes[24]. Al poco tiempo fueron vendidos a particulares y con ello se dio paso a la transformación del uso del espacio propiciado por las ideas liberales y progresistas. Sin duda, esto representó un triunfo importante para el gobierno del estado en su intento por consolidar la secularización de la sociedad.

Con lo expresado en las distintas alocuciones que las Concepcionistas escribieron durante su proceso de exclaustración es de suponer que vivieron el resto de sus días afligidas por el dolor que significó perder la libertad de llevar su ministerio en el recinto en donde juraron sus votos y la regla religiosa.

CONSIDERACIONES FINALES

El convento de las monjas concepcionista, durante 271 años, funcionó como un espacio de devoción religiosa en donde, además, como parte de su labor de caridad se realizaron acciones sociales que derivaron en el reconocimiento de la comunidad meridana. Durante ese tiempo no estuvieron exentas de dificultades, sobretodo de tipo económico, sin embargo, pudieron sobrevivir con base a donaciones de vecinos y dotes de las propias religiosas. No pudieron continuar con sus distintas labores a causa de los avatares políticos y sociales que caracterizaron al México de la segunda mitad del siglo XIX, resultaba, pues, inapropiada su permanencia para un país que buscaba sentar los cimientos de la secularización de la sociedad. El resultado fue la exclaustración de 20 monjas que fueron obligadas a vivir aisladas y confinadas en casas privadas de amigos y familiares, censuradas, irónicamente, de elegir con libertad el modo de vivir sus últimos años.

 El espacio, después de la exclaustración, siguió utilizándose, pero ahora bajo el mando civil convirtiéndolo en colegio para niñas, y en lotes de propiedad privada.  Para 1915, en el marco del Gobierno del General Salvador Alvarado, el templo con sus dependencias fue retirado del culto, sufriendo la destrucción de sus retablos que fueron desprendidos de sus lugares y despedazados sin considerar su valor artístico[25]. En la actualidad sobreviven la iglesia, el mirador, algunas celdas y el claustro quienes permanecen como mudos testigos de los acontecimientos relatados.


[1] La Ley de desamortización de fincas rústicas y urbanas propiedad de las corporaciones civiles y religiosas del 26 de junio de 1856, la Ley de obvenciones parroquiales del 11 de abril de 1857 y después la Ley de nacionalización de los bienes eclesiásticos de 1859. 

[2]Yucatán en el orden colonial, 1517 – 1811. Sergio Quezada, Jorge Castillo Canché, Inés Ortiz Yam, coordinadores, Mérida, Yucatán: UADY, 2014,  pág. 263. Para entender el proceso de secularización de la vida cotidiana en Yucatán, en el entramado de las Leyes de Reforma, véase a Serrano Catzín, José Enrique, Iglesia y Reforma en Yucatán (1856-1876). Tesis para optar el grado de Maestro en Ciencias Antropológicas, UADY, Yucatán, 1998.

[3] Idem. 264.

[4] Estableció que las pertenencias eclesiásticas y civiles provenientes de corporaciones (conventos, hospitales, colegios, cofradías, casas) se otorgarán en propiedad a arrendatarios, con la amenaza de ser rematados al mejor postor sino se llevaba a cabo.  

[5] Su propósito fue establecer las bases de la separación de la Iglesia – Estado, en los ámbitos sociales, políticos y económicos, al suprimir las corporaciones religiosas de varones y mujeres (conventos, cofradías y hermandades).

[6] Por la Ley Lerdo, el 25 de junio de 1856 el gobernador de Yucatán solicitó la disminución de los bienes de las Monjas Concepcionistas, además de establecerse a un administrador seglar, el cual también se encargaba de asuntos contenciosos y monetarios. Ver: Grosjean Abimerhi, Sergio. El convento de Nuestra Señora de la Consolación: arqueología histórica en el monacato femenino de Mérida. Tesis para optar el grado de licenciado en Ciencias Antropológicas, UADY, Yucatán, pág. 149.

[7] Serrano Catzín, José Enrique, Iglesia y Reforma en Yucatán (1856-1876). Tesis para optar el grado de Maestro en Ciencias Antropológicas, UADY, Yucatán, 1998, pág. 52.

[8] Entre los principales artículos se estableció que los conventos tendrían que estar desocupados a los ocho días de haberse publicado este decreto en cada uno de los lugares donde se proyectó se ejecutare, y que el Gobierno entregaría sus dotes a aquellas Religiosas que no los hubiesen recibido todavía, además de que dicho mandato no comprende a las Hermanas de la Caridad. Ver: AHAY, Sección Gobierno, Serie Religiosos, caja 494, expediente 14

[9] AHAY, Sección Gobierno, Serie Religiosos, caja 494, expediente 14.

[10] Serrano Catzín, José Enrique, Iglesia y Reforma en Yucatán (1856-1876). Tesis para optar el grado de Maestro en Ciencias Antropológicas, UADY, Yucatán, 1998, pág. 55.

[11] AHAY, Sección Gobierno, Serie Religiosos, caja 494, expediente 14.

[12] Justo Sierra O´ Reilly (1814-1861) fue un Historiador, Jurista, Político, y Novelista Yucateco. Entre sus escritos más importantes se encuentran las dedicadas a las biografías de los  Obispos de Yucatán publicadas en el periódico literario “El Registro Yucateco” con el nombre de “Galerías biográficas de los Señores Obispos de Yucatán”. Para más información sobre él, véase: Carlos Sierra, Diccionario Biográfico de Campeche, México, Ed. La Muralla, 1997; Juan de Dios Pérez Galaz, Diccionario Geográfico, Histórico y Biográfico de Campeche, México, Gob. del Edo. de Campeche, 1979; Manuel Lanz, Bosquejo biográfico del Dr. don Justo Sierra de O’ Reilly, a su memoria, en el cuadragésimo quinto aniversario de su fallecimiento, Campeche, Imprenta del Gobierno del Estado, 1906.

[13] Fue un importante militar, defensor de los intereses de la República durante la presidencia de Benito Juárez. Combatió en contra de los sublevados mayas, en la llamada Guerra de Castas, y las tropas imperialistas. Como Gobernador (1867 – 1869) demostró ser un auténtico liberal, al impulsar la educación laica y proyectos encaminados a secular la vida pública.

[14] AHAY, Sección Gobierno, Serie Religiosos, caja 494, expediente 14.

[15] AHAY, Sección Gobierno, Serie Religiosos, caja 494, expediente 14.

[16] Catálogo de construcciones religiosas del Estado de Yucatán, Vol. 1, Talleres gráficos de la Nación, México 1945, pág. 369.

[17] AHAY, Sección Gobierno, Serie Religiosos, caja 494, expediente 14.

[18] AHAY, Sección Gobierno, Serie Religiosos, caja 494, expediente 14.

[19] Grosjean Abimerhi, Sergio. El convento de Nuestra Señora de la Consolación: arqueología histórica en el monacato femenino de Mérida. Tesis para optar el grado de licenciado en Ciencias Antropológicas, UADY, Yucatán, pág. 153.

[20] Crescencio Carrillo y Ancona (1837 – 1897), es considerado uno de los personajes más relevantes del Yucatán decimonónico. Incursionó de manera importante en los ámbitos de la Historia, la Arqueología, la Antropología, la Filología, la Literatura y el clerical. Véase: José Florencio Camargo Sosa, Crescencio Carrillo y Ancona, el Obispo Patriota, Editorial Área Maya, Mérida, 2006; Víctor Manuel Suárez Molina, Historia del Obispado de Yucatán: historia de su fundación y de sus obispos, t. III, Fondo Editorial del Estado, 1981; José Dolores Rivero Figueroa – Francisco Cantón Rosado, Dos vidas ejemplares: Ensayos biográficos del Ilmo. Sr. Obispo de Yucatán Don Crescencio Carrillo y Ancona y de Monseñor Norberto Domínguez, Habana, Imprenta “Avisador Comercial”, 1918; Francisco Sosa, Don Crescencio Carrillo. Ensayo biográfico, en “Boletín de la Sociedad de Geografía y Estadística de la República de mexicana, Tercera época, t. I, núm. 12, 1873, pp. 733-742.

[21] Carrillo y Ancona, Crescencio. El Obispado de Yucatán, Historia de su fundación y de sus Obispos, Tomo II, Imprenta y Litografía R. Caballero, Mérida, Yucatán,  1895,  pág. 1071.

[22] Molina Solís, Juan Francisco. Historia de Yucatán, desde la Independencia hasta la época actual, Tomo II, Talleres de la Compañía Tipográfica Yucateca S.A, Mérida, Yucatán, 1927, pág. 426.

[23] ACASY, caja 5, legajo 49, “Religiosas Concepcionistas del Monasterio de Mérida que han fallecido después de la exclaustración”.

[24] Serrano Catzín, José Enrique, Iglesia y Reforma en Yucatán (1856-1876). Tesis para optar el grado de Maestro en Ciencias Antropológicas, UADY, Yucatán, 1998,  pág. 61.

[25] Catálogo de construcciones religiosas del Estado de Yucatán, Vol. 1, Talleres gráficos de la Nación, México 1945, pág.  369.

*AHAY, Sección Gobierno, Serie Religiosos, caja 494, expediente 13.

FUENTES

Archivos

Archivo Histórico del Arzobispado de Yucatán (AHAY).

Archivo Carrillo y Ancona del Seminario de Yucatán (ACASY).

BIBLIOGRAFÍA

Catálogo de construcciones religiosas del Estado de Yucatán, Vol. 1, Talleres gráficos de la Nación, México 1945.

Covo, Jacqueline, Las ideas de la Reforma en México 1855-1861, UNAM, México 1983.

Serrano Catzín, José Enrique, Iglesia y Reforma en Yucatán (1856-1876). Tesis para optar el grado de Maestro en Ciencias Antropológicas, UADY, Yucatán 1998.

CARRILLO Y ANCONA, Crescencio. El Obispado de Yucatán, Historia de su fundación y de sus Obispos, Tomo II, Imprenta y Litografía R. Caballero, Mérida, Yucatán,  1895.

MOLINA SOLÍS, Juan Francisco. Historia de Yucatán, desde la Independencia hasta la época actual, Tomo II, Talleres de la Compañía Tipográfica Yucateca S.A, Mérida, Yucatán, 1927.

GROSJEAN ABIMERHI, Sergio. El convento de Nuestra Señora de la Consolación: arqueología histórica en el monacato femenino de Mérida. Tesis para optar el grado de licenciado en Ciencias Antropológicas, UADY, Yucatán.

Historia General de Yucatán. Yucatán en el orden colonial, 1517 – 1811. Tomo II. Sergio Quezada, Jorge Castillo Canché, Inés Ortiz Yam, coordinadores, Mérida, Yucatán: UADY, 2014.

BIBLIOGRAFIA

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  • Gonzalbo Aizpuru, Pilar, Historia de la educación en la época colonial: el mundo indígena. México: Edit. el colegio de México, 2008.
  • Gonzalbo Aizpuru, Pilar, Historia de la educación en la época colonial: la educación de los criollos y la vida urbana. México: edit. Colegio de México, 1990.
  • Manzano Munguía, María Cristina, No solo por el llamado de dios se es monja. Tesis de licenciatura en antropología, Puebla: Universidad de las Américas de Puebla, 1995.
  • Marcos, Sylvia. Religión y género, enciclopedia iberoamericana de religiones, Madrid: edit. Trotta, 2004.
  • Taylor, William B.Entre el proceso global y el conocimiento local: ensayos sobre el Estado, la sociedad y la cultura en el México del siglo XVIII. México: Universidad Autónoma Metropolitana –Unidad Iztapalapa: Consejo Editorial Biblioteca de Signos, 2003.
  • Taylor, William B.Ministros de lo Sagrado. Sacerdotes y feligreses en el México del siglo XVIII. México: El Colegio de Michoacán, Secretaría de Gobernación, El Colegio de México, 1999. Vol. 1 y 2.
  • Tostado Gutiérrez, Marcela, El álbum de la mujer: época colonial. Antología ilustrada de las mexicanas, México: INAH, 1991, vol.2.
  • Tuñón, Silvia, El álbum de la mujer: el siglo XIX (1821-1880). Antología ilustrada de las mexicanas, México: edit. INAH, 1991, vol. 3.
  • Zahino Peñafort, Luisa.Iglesia y sociedad en México, 1765-1800: tradición, reforma y reacciones. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 1996.

Carlos Mendoza Alonso. Originario de Cholul, Mérida, Yucatán. Licenciado en Historia por la Universidad Autónoma de Yucatán, estudiante del Master en Gestión de la Documentación, Bibliotecas y Archivos en la Universidad Complutense de Madrid, Coordinador General del Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Yucatán. Especialista en temas de Archivística eclesiástica, Historia de la iglesia yucateca y religiosidad popular. Correo: carlos_mendozaalonzo@outlook.com

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