La Diosa de Agua: cuentos para oír a los espíritus que viajan en el río

Alicia Hernández nos comparte una reseña sobre “La Diosa de Agua”, una compilación de cuentos publicada por la editorial Páginas de espuma.

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Por Alicia Hernández Sánchez

“Escucho a los pastores junto al río; voces, voces, voces, y el rasgar de las cuerdas de una guitarra. Sonido que avanza y retrocede, que se eleva y se desliza sobre la tierra fresca.”

Siempre quise escribir una oración que involucrara las frases “internarse en el corazón de la selva” y “paladear el aroma de tierra cálida en la lengua”. ¿Rima? Sí. ¿Cliché? Quizá. ¿Son las palabras que te rondan la cabeza sin llegar a condensarse mientras lees esta antología de cuentos?Definitivamente.

Cuando encontré este título imaginé encontrarme una narración errante, que serpenteara incansablemente a lo largo del Amazonas, presentando distintos países unidos por estas aguas. Siempre las tacharon de profundas y exóticas, las dotaron con la última esperanza de misticismo y salvajismo de la humanidad; y ya sabes que si hay película le pondrán música de tamborazos. Pero allí donde busqué lo místico encontré lo inmensamente familiar de historias que la gente de África y Europa trajo a América, fomentando la creación de una mitología híbrida, que Méndez Guédez siempre captura en pleno florecimiento.

“Desde que conocí el llanto de los dioses, para mí el mundo era un cristal que estallaba en pedazos si te apoyabas con fuerza.”

En Nombre de Varios Espíritus

La Diosa de Agua es un carrusel de historias bíblicas —Judas, Adán y Eva, los Tres Magos, el Arca de Noé— como diría la vox populi, “tropicalizadas”. Allí redescubrí que la misma vieja historia puede tener una poética muy diferente. Tras la evangelización, estos mitos se integraron a los poblados del Amazonas junto con el culto a María Lionza, la diosa principal del espiritismo venezolano. Como el autor explica en un pequeño glosario que el lector no debería obviarse, este culto posteriormente fue demonizado por el cristianismo y tachado de brujería. De hecho, el autor lo practicó cuando era pequeño, pero le dijeron que debía mantenerlo en secreto.

Con estos cuentos, que a veces tienen a la diosa en el centro o en la periferia, Méndez Guédez la homenajea y la reinventa: con brazos en altos la presenta al mundo como la figura brillante y piadosa que siempre fue. Además, las ilustraciones de diversos patrones en negro, hechas por Mauricio Rubinstein, sirven como un pequeño interludio para reflexionar: para sentir que te caes de cabeza dentro del cuento en succión de torbellino.

“Aprendí a reconocer el sonido de los ríos cuando dentro de él viajan los espíritus. […] Reconocí el vuelo de los cardenales que atraviesan el cielo como llamaradas cuando va a nacer un niño que podrá curar con sus manos.”

El Lenguaje

A pesar de la brevedad, las oraciones nunca llegan a sentirse entrecortadas. Cada cuento tiene un estilo diferente —pues los personajes y el mundo que transitan cambia— y por lo tanto es difícil generalizar, mas leer esto es deslizar los ojos sobre una superficie muy pulida: diamante con aristas bien definidas. El autor no escatima en metáforas y descripciones de gran densidad poética (pero no utiliza palabras muy rebuscadas que puedan enfriar la calidez del relato) y consigue aterrizar siempre en la palabra justa.

Es consciente de su tradición, y cuando crees saber a dónde va el cuento, lo subvierte. Lo rompe. Pero el diamante bien pulido sigue allí. Hay un cuento que es casi un poema, otro que es un diálogo entre lo que él lee y la conferencia que va a atender, hay narraciones en primera, en segunda, en tercera persona. Algo nunca cambia: la indeleble sensualidad sin excusas y sin motivos de los personajes, la tibieza del ambiente, la frescura del agua al rielar, y el sabor de la comida endémica, desconocido para mí, que aun así consigue generar saliva.

“Sintió los suspiros de los dos hermanos. Vio como mecían sus hamacas con fuerza, igual que si fueran caballos atrapados en una red. Recordó los brazos de ambos: fuertes, tostados por el sol. Recordó su olor: un olor como cuando se hunde la acemita en el café.

Una lluvia sabrosa la mojó por dentro.”

Ambiente

Acemita, arepa, cocuy, café, chimó. Hay muchos sabores y olores descritos en La Diosa del Agua, y son casi una pasta densa y sólida que puedes comer, embarrarte en el rostro. Solidificar el gusto y el olfato no es una hazaña fácil; pero al cambiar de página algo se me quedaba en la nariz. El fantasma de un olorcito, la humedad perlada del Amazonas en los poros.

Cuando pienso en este libro, al escribir la reseña, me quedan tras los párpados algunas imágenes fragmentadas, exuberantes de color: una hamaca oscilante, un lago iluminado por el mangata de la luna, una niña tomada de la mano de su padre, una serpiente, una estrella, un bosque impenetrable, cuerpos sudados, campos dorados. Mucho maíz. Son imágenes teñidas de una familiaridad que va creciendo con cada relato y ocasión que se le re-visita, donde a pesar de la violencia que siempre persigue y a veces alcanza a los personajes, quedan restos de una energía especial. Paz conseguida a duras penas.

“La Reina de las aguas, y las tierras, y los frutos… estate atento; los guerreros de ojos rojos beben sangre y le temen al regreso de la Reina. Estate atento. La belleza extrema es como una moneda, tiene otro lado que oculta el horror.”

Los Personajes

Casi todos veneran a María Lionza, cuando no están relacionados con ella. Sin que llegue a explicarse del todo, los creyentes de otra religión más sangrienta y cruel con los animales (pues los sacrifican para su culto) comienzan a esparcirse por la región. A veces ya están en su apogeo, otras apenas han llegado, en otras ya extienden sus brazos como raíces oscuras. Son casi omnipresentes, pero si alguien se merece más este título, es María Lionza. La veremos en cúspide de su poder, ascendiendo a ser diosa, siendo una niña o una figura oculta en un público para ver un espectáculo de sombras, manos y luces… Es un poder no absoluto: “un dios es tan débil y tan fuerte como quien lo siente dentro”; una mujer plena en su sexualidad, pura, y siempre en conexión con la naturaleza.

“¿Desde dónde hablan esos personajes? Desde la idea de que lo espiritual, lo trascendente del ser humano, nace de su relación con lo inmediato, con la realidad más tangible. El cielo y el infierno se encuentran aquí mismo, entre nosotros. Lo cotidiano es una posibilidad espiritual, sagrada.”

Dicho eso, casi ningún personaje estará muy desarrollado.

A pesar de los tintes fantásticos y de la moral blanca o negra (religiosa) que se relaciona con las historias base, Méndez Guédez no se va por la ruta fácil de querer adoctrinar. Deja en blanco la pizarra y te dice: sí, puedes tener una mirada nueva.

Veredicto

Creo que esta antología de cuentos es tanto un acto de amor como de crítica. Ya que el autor lleva viviendo mucho tiempo fuera de Venezuela, todo está envuelto en tintes de nostalgia, y recordar la religión que se practica de vuelta en casa (de la que ahora puede hablar abiertamente, y así ir generando la tradición escrita que le hace falta) es, considero, un gesto de cariño. Dejaré que él explique lo de la crítica:

«Invocar, escribir a María Lionza, es una respuesta literaria y de la imaginación a esa barbarie que es la Venezuela actual. Invocar lo femenino, la conexión amable con la naturaleza, invocar la vida como un modo de rescatar imágenes alternativas a lo que es el discurso del poder: un discurso de sangre, muerte, destrucción».

Es un libro que leí en un par de días: los cuentos son breves y se escurren de entre las manos como lluvia tibia. Además, una portada preciosa como esta nunca hará daño a nadie. Fue uno de esos libros que compré en un impulso, en la mística llamada libro-lector, y he aquí el resultado.

Páginas: 192
Ilustraciones: Mauricio Rubenstein
ISBN: 978-84-8393-272-8
Publicación: 2020
Editorial: Páginas de Espuma

Alicia Hernández Sánchez (Ciudad de México, 1996) se licenció en Comunicación y Medios Digitales en el Tecnológico de Monterrey. Usa el pseudónimo Alicia Maya Mares. Actualmente cursa el 12º Máster en Creación Literaria de la Universitat Pompeu Fabra. Ha publicado en la sección Piensa Joven del Heraldo de México, en la revista digital Carruaje de Pájaros y tiene una columna mensual en la Revista Palabrerías. Este año se publicará su primera novela. Twitter: @AliciaSkeltar

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