Alejandra Eme Vázquez: “Existe la manía de clasificar lo que escribimos las mujeres como asuntos de mujeres”

Una entrevista con la escritora, editora, docente y cuidadora sobre su libro de ensayos Su cuerpo dejarán

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Por Josué Tello Torres

Tú irás a tus padres en paz;

y serás sepultado en buena vejez.*

El 11 de agosto del 2018, bajó el seudónimo de Génesis 15:15*, Alejandra Eme Vázquez obtuvo el Premio Dolores Castro en la categoría de ensayo por Su cuerpo dejarán. Meses después, se convirtió en “Un referente para la literatura mexicana contemporánea pero también para los estudios de trabajo de cuidados y las economías feministas en México”, en palabras de Brenda Navarro para el prólogo del libro. Su cuerpo dejarán pasó de una publicación con tiraje físico en Aguascalientes a tener un alcance mayor al que contribuyeron, a través de la coedición, el proyecto periodístico y editorial: Kaja Negra; la editorial que impulsa las voces de autoras de Iberoamérica: Enjambre Literario y el semanario referente en espacios para escritoras: El Periódico de las Señoras. El libro, que reflexiona sobre un tema cotidiano pero que a lo largo de la historia se ha visto en las sombras, como tabú o, en palabras de la autora, “como cosas de mujeres”, tuvo una distribución tan importante como necesaria.

Esta plática con la escritora, editora, docente y cuidadora, se realizó en 2019 pero se publica un año y dos meses después porque los audios se extraviaron en un cambio de computadora; hasta hace un par de semanas, revisando el historial en la nube encontré en la carpeta de proyectos de entrevista las grabaciones G-19AEV, G-19AEV-2 y G-19AEV-3, al reproducirlas identifiqué la voz risueña de Alejandra Eme Vázquez, tono marcado por el entusiasmo de proyectos a realizar; oír de nuevo las palabras de Alejandra me hicieron recordar una frase de El libro y la hermandad, donde la narradora y filósofa irlandesa Iris Murdoch apunta que “el pasado se ha alejado de manera irrevocable, sin remedio, y sin embargo está aquí, soplándome en la cara como si fuera viento”. Leer a la Alejandra de hace un año es adentrarse a esa corriente que carga la génesis de ideas e ideales que con el tiempo se han visto consumado.

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*

En la esfera pública es poco abordado y en lo privado, incluso, se habla en voz baja del trabajo de cuidados, ¿cómo empezaste o te decidiste a escribir Su cuerpo dejarán?

Nunca había escrito un libro, siempre eran ensayos y columnas por separado. Fue durante los trabajos de cuidado de mi abuela que me vi rebasada por la experiencia y la práctica, ahí supe que tenía ante mí un libro. “Dentro de dos, tres años, cuando las cosas estén calmadas, esto podrá ser un libro”, pensé. Pero los mismos aprendizajes y vivencias me fueron orillando a escribir, a estructurar y articular Su cuerpo dejarán. Para quienes dicen que la literatura no sirve para nada, este libro me ha servido para absolutamente todo. Desde su creación ha sido muy articulador primero conmigo, luego con mi red de cuidados compuesta por mi abuela, mi mamá, algunas de mis tías y mi hermana. 

Su cuerpo dejarán converge con varios géneros literarios, ¿así lo planteaste desde el principio o el texto lo pidió, como se dice en la creación, de esa manera?

Otro de mis intereses en la literatura, porque estudié teoría literaria, es justamente la barrera entre los géneros, y el ensayo me parece un campo de juego y el libro está planteado desde ahí. Me parece un libro sui generis. Este es un texto que entra en la academia, el tema y el género entran en este campo. Tiene muchos guiños hacia lo académico, yo quería que pareciera un ensayo académico, pero entre los juegos que yo he visto en otras ensayistas, comencé a traer esa agua a mi molino. He visto en reseñas que mencionan eso del relato, la crónica… sí hay una preocupación por ponerlo en algún género y pero mi interés era que se desbordara un poco: el ensayo es un género que nos permite hacer esto. Incluso termino el libro haciendo alas de mi nulo dote de novelista; yo no habría podido escribir una novela y creo que está muy claro. El texto tenía que ser de esa manera, dentro del juego me parece que funciona.

Para quienes dicen que la literatura no sirve para nada, este libro me ha servido para absolutamente todo.

Me gustaría retomar esta frase: “Cuando las cosas estén calmadas”. ¿Crees que en algún momento de la vida de una autora-autor se llega a ese punto de calma para escritura? ¿Cuánto tiempo te tomó escribir Su cuerpo dejarán?  

Yo tenía una idealización sobre la escritura del libro como tal. Una escritura muy calma y pensada, de una escritura a largo plazo; estaba muy rebasada pero consciente de que, como en una montaña rusa, el trabajo de cuidados tenía puntos críticos, y en ese momento de mi vida me encontraba en el punto más alto. “No, ahora no es el momento”, decía. Y resultó que el propio texto me fue diciendo que sí era el momento. Fue una situación muy curiosa porque pude escucharme y escuchar al texto, porque yo no sabía cómo se formaba un libro, sólo sabía que estaba escribiendo; tuve que guiarme con mi intuición y decir: “Este libro ya está terminado”.

También me ayudó el concurso Dolores Castro, en algún momento supe que esa era mi fecha límite. Lo terminé un día antes de que cerrara la convocatoria y a la última hora tuve correr para sacar las copias. Antes, tenía un poco idealizado el proceso como de: “Un día voy a tener tiempo para escribir esto”, pero en realidad la escritura era una actividad más que me permitía ir un escalón arriba de lo que yo estaba pasando. Fue un momento muy hermoso.

Me tomó dos meses y medio la escritura. Lo que pasa es que yo tenía en mente… tenía el título, fue lo primero que tuve; luego empecé a hacer una especie de índice. Luego a alimentar el índice. Luego escribí una nota muy larga que sí quedó pero como un pie de página, que es sobre ollas exprés, esto fue lo primero que escribí. O sea, tenía una nota al pie y todavía no sabía de qué era —Alejandra suelta una carcajada que contagia—, “No, ya es en serio esto”, dije y empecé a escribir en horarios muy pocos planeados, pero durante el cierre me di las tardes, noches y madrugadas para concluir el texto.

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¿Cómo nace el título?

Yo tengo un amor muy grande por Francisco de Quevedo. En algún momento hice un análisis del soneto sobre la muerte [Amor constante, más allá de la muerte]:

su cuerpo dejará, no su cuidado;

serán ceniza, mas tendrá sentido;

polvo serán, mas polvo enamorado.

Me di cuenta de que mientras Quevedo estaba diciendo que el amor iba a trascender y que no importaba lo que pasara en la tierra porque finalmente el amor era lo que nos iba a sublimar en el más allá, en realidad a mí lo que me interesaba eran esos cuerpos que se estaban dejando. Entonces me contrapuse a mi autor tan querido de toda la vida y dije: “No, Quevedo, yo te voy a escribir un texto que diga lo contrario”. Ese amor constante más allá de la muerte es justamente lo que ha hecho tanto daño al trabajo de cuidado, que se sabe y relaciona con el amor condicional que se va a pagar con la gloria eterna, pero necesitamos fondos ahorita. Esa fue mi interpelación a ese poema.

¿Qué otras escritoras o escritores influyeron?  

Tengo muy claro: Rosario Castellanos que, como ensayista y columnista, me parece una joya de lo testimonial, de la autoinvención-autoficción, que nos está contando cosas muy íntimas pero hay mecanismos muy claros de protección a través del humor, la ironía, para que pueda pasar los textos y tengan… parece que la estamos escuchando, pero también parece que nos está diciendo muchas cosas más que eso, entonces ese tono yo lo tengo muy grabado. A otra ensayista que tengo como referencia, por las profundidades a las que llega, es a Juana Inés Dehesa, ella escribe libros que tienen que ver con los cuidados y autocuidados, luego se clasifican un poco como autoayuda, pero en realidad está hablando de cosas muy fuertes y sistémicas; por los tonos, a veces, parece que no se toma en serio pero son cosas importantes. Luego descubrí a María Elena Walsh, es una autora que me sigo muchísimo, sobre todo sus canciones para niños, a ella la descubrí como ensayista y me interesé por sus juegos con el lenguaje. Son autoras con tonos agudos y me interesaba explorarle por ahí. Sobre las notas al pie largas, no fue por una ensayista sino por un libro de una narradora que estaba leyendo en esa época: Jonathan Strange & Mr Norrell, de Susanna Clarke, lo que hace es una cosa increíble: crear un universo fantástico, y escribe notas al pie en las que cita libros que no existen, hacer referencias complejas, hablar de magos y de las estirpes de los magos, me parece una interesante.

Genial, me interesa muchísimo, platícame cómo llegas a Susana Clarke.

Me lo prestaron, era el libro favorito de un conocido, y un día creo que lo agarré de buenas y me lo dio. No sabía qué me iba a encontrar y me emocionó muchísimo ver estas posibilidades de la narrativa… ahí entra en lo académico y el ensayo. Luego vi lo prestigiado que es el libro, incluso hay una serie… es muy famosa pero no lo conocía, fue casualidad.

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Para una creadora cómo sirven los premios, también me gustaría que me platicaras cuál fue tu reacción al enterarte del fallo del Premio Dolores Castro.

Me sirvió de entrada para tener una fecha para tener listo el libro, a partir de ahí vi a los premios y convocatorias de otra manera. Nunca había tenido ese largo aliento. Este en especial, que es un reconocimiento para mujeres que tiene todos los géneros y que ahora incluyó ilustración este año. Tiene el nombre de esta escritora, viví en Aguascalientes, y por poquito hago mi tesis de Dolores Castro, entonces me generaba muchísima expectativa este premio y de alguna manera dije “Este es mi año de participar”. Ha sido una forma de legitimación y también de acompañamiento hacia mi texto. Hay una comunidad con las ganadoras, conocer sus obras, y tomar confianza en lo que escribo.

Cuando terminé esta etapa intensa de cuidado, yo tuve que hacer una pausa porque me enfermé, me dio el síndrome del cuidador quemado y fue muy horrible

Sobre la publicación en Kaja negra, ¿cómo fue el acercamiento con la editorial?

Yo conocí Kaja Negra con su primer proyecto editorial, que precisamente fue Casas vacías, y me encantó. Estuve en las presentaciones, ahí conocí a Brenda Navarro y, cuando yo supe que la publicación del dolores Castro sólo iba a circular en Aguascalientes en físico, me puse a pensar que el proceso de haber escrito el libro, de haberlo compartido en un principio con mi mamá, mi hermana, mi tía, mi familia y los cambios que generó en mi entorno, quise expandir la conversación de alguna manera. Yo si sentía que mi ensayo tenía que platicar con más personas y pensé en Kaja negra… a Lizbeth Hernández [Directora de la editorial] la tenía cercana por redes sociales… de verdad es increíble, yo lo cuento y ni me la creo: Me acerqué a ella en un evento y le dije “Oye, Liz, tengo un ensayo, cómo se le hace para publicarlo en Kaja Negra.” Y ella me dijo “Ah, sí, cuenta con ello.” —Alejandra hace una pausa en la ambos reímos de la anécdota—. Luego se sumó El Periódico de las Señoras, que es proyecto importantísimo y que está creciendo bastante, tiene una voz particular y yo comulgo con esa voz, las conocía por me publicaron un ensayo en una antología que hicieron y cuando me dieron un ejemplar y les pregunté “Cómo que ustedes hacen libros impresos, yo tengo un ensayo, va a salir gratuito en Kaja Negra, por qué no lo hacemos impreso.” Y me dijeron sí. Luego cuando busqué a Brenda navarro, para ver si me podía prologar, una autora a la que aprecio y quiero mucho, me dijo “No sólo te hago el prólogo, sino que Enjambre Literario te hace el ebook.” Y entonces yo ya estaba armada con tres grandes proyectos para mi ensayito que era familiar. Su cuerpo… ha tenido una suerte muy increíble desde el premio.

Incluso hay una suerte de retroalimentación a través de las dinámicas que haces, como la playlist colaborativa que se armó sobre el libro. ¿Imaginabas esta recepción positiva de las lectoras y lectores?

Ha sido muy impresionante y abrumador, lo primero porque me decían que les movía mucho el libro, ver reflejadas sus propias historias de cuidado, y abrumador, para mí, cuando de repente me decían que les conmovía el texto y yo decía “No, no es esa la intención, sino poder entablar un diálogo”. Pero me doy cuenta de que el texto los puede y las puede acompañar, que podemos hablar de cosas que no se hablan tanto en lo público, quizás en lo privado sí, pero plantear diálogos hacia afuera es algo que hace falta y que he tenido un par de oportunidades de hablar sobre esto de manera ética a los públicos. Una recepción muy afortunada.

Has platicado de que hubo cambios en tu familia después de la publicación y lectura, pero ¿crees que hubieran sucedido sin el libro, sin haberlo compartido a través del diálogo con los lectores, en lo público?

Me voy a aventar la poca modestia, lo he compartido en presentaciones, con mi mamá, mi hermana presente, lo he dicho y se los he preguntado para saber qué les parece, pero creo que ya íbamos para allá, porque estábamos conscientes de que a la abuela se le acompaña de una manera diferente, que se remuneran los cuidados. El texto nos cayó bien a todas, el poder nombrar las cosas por su nombre. A partir del texto se rompió un hielo muy importante, por eso sí sé que hablar de esto cambia la manera en la que estamos parados en el mundo, porque fue un alivio muy grande poder decirlo. Cuando terminé esta etapa intensa de cuidado, yo tuve que hacer una pausa porque me enfermé, me dio el síndrome del cuidador quemado y fue muy horrible. Nombrarlo a través de un texto y dárselo a leer a las personas que me interesaban, a ese círculo familiar, fue una manera de decir “Oigan esto está pasando, no creen que es momento de hablarlo.” Y que ellos también dijeran “Sí, a mí también me pasa.” El texto aceleró muchos procesos.

¿Cuáles crees que sean los retos a nivel social, en una cultura como la mexicana que tiene inherente el machismo?

La primera cosa, es que existe la manía de clasificar lo que escribimos las mujeres como asuntos de mujeres, un asunto menor, un asunto privado, un asunto confesional. Por eso me da un poco de algo, de risa, un no sé, cuando me preguntan qué género es mi libro porque muchos otros escritores varones, que hacen muchísimos juegos literarios los catalogan como una gran virtud, pero cuando es leído en mujeres surge el “A ver, pero qué es esto y esto y esto o tal o tal o tal.” La primera traba que se pone para leerse, es el prejuicio que hay contra la escritura de mujeres, que bueno, vamos avanzando poco a poco, con las reseñas, las entrevistas, la visibilidad… y también la estructura del sistema literario mismo, que está ensimismada. A mí me da mucho gusto que me invitaran por el Instituto Nacional de Gediatría, y a lo mejor por ahí hay un montón de otros lugares donde podríamos estar abordando nuestros textos, abrirnos a eso, tener otras conversaciones. La otra traba es lo muy estructural, como bien dices, estamos en una sociedad que no acepta ni siquiera que los cuidados sean un trabajo, entonces mis alcances es ir poniendo esos enunciados a la vista: los cuidados son un trabajo, esperar que se abran dinámicas de conversación donde se pueda, porque este es un sistema en el que las mujeres todo lo hacen con amor.

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Retomando la idea del género y sus clasificaciones, ¿cómo ve el panorama literario en México?

Estoy descubriendo, sí y no, siempre estoy descubriendo nuevas voces, estoy muy dedicada a leer mujeres desde hace dos años y entonces te puedo hablar de ese universo, porque parecería un universo que se va a agotar pero no. En las autoras hay una infinidad de propuestas y una te lleva a otra, y una te lleva a otra y a otra y a otra, y llegas veinte años atrás, como acaba de pasar con Úrsula K. Legui, que yo la debí haber leído hace como 15 años pero a penas me la estoy encontrando. Siento muy sano el panorama literario, con una formación lectora distinta, esos lazos con las redes sociales, las reseñas en línea, el fenómeno de los booktubers, la figura de los autores ya no como una figura idealizada, sino como una que está ahí todo el tiempo, opinando, diciendo, interactuando, me parece que es sano para lo literario, me gusta mucho esa horizontalidad, en lo personal lo veo más visibilizada en las mujeres, mucho más consciente, hay muchos colectivos que están haciendo cosas impresionantes.

Y sobre lo que estoy leyendo, mencioné a Úrsula y tengo tres libros abiertos, a Itzel Lara y su guion, a Diana del Ángel y sus Procesos de la noche, en realidad me hice mi un combo porque tengo que hacer cosas que me vayan desgarrando y sanando: Diana es como la desgarradora, y Ursula e Itzel, que es un guion de película de una historia muy triste, las sanadoras.

¿Te encuentras en algún proyecto o proceso creativo?

Estoy escribiendo, a largo plazo, un libro sobre escritura de mujeres, aún se está cocinando. Es uno de los temas que más me interesan, los temas de mi vida. También sería ensayo collage. Ese género no lo abandono.

¿Has pensado incursionar en otros géneros?

Yo empecé como poeta, pero bueno es que me tocó una formación literaria muy maniquea que era como “Tu texto es una basura.” O el “Tienes talento o no tienes talento.” Tuve algunas becas pero nunca me sentí dueña de lo que escribía. Con el primer género con el que sentí dueña fue el ensayo, fue la columna entre de opinión y el estilo muy libre, es una forma de ensayo menor que no está tan legitimada, y del que me fui formando a través de la lectura y práctica. Me gusta lo que logran las y los ensayistas, leo de todo.

Alejandra, es una dicha poder leerte y ahora escucharte, ya estoy pensando en mi canción para la vejez.

Ese es uno de los sellos del libro, esa puede ser una gran aportación. Lo fue desde que le pedí a las y los lectores sus canciones para la vejez. Pensemos en una canción como eufemismo para lo que se viene, para la comunidad que podemos crear.

Páginas: 92
Publicación: 2019
Editorial: Enjambre Literario, El Periódico de las Señoras y Kaja Negra 

Josué Tello Torres (Cancún, 1992). Profesor, periodista y editor cofundador de la revista Efecto Antabus. Ha publicado crónica, reportaje y reseñas literarias en Pie de Página, Revista Clarimonda, Poscultura¸ entre otros.

Fotografías cortesía de la escritora

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