El descubrimiento del Nuevo Mundo

A través de la óptica de Barragán, Raul Alexandro Ruiz propone una versión diferente de la historia: ¿qué hubiera pasado si el Viejo Mundo hubiera estado de este lado del Atlántico?

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Raul Alexandro Ruiz

Barragán pasó el peine por su cabello una última vez frente al espejo de su cuarto de hotel en la Ciudad Capital. Colocó el pin de la bandera nacional en la solapa de su saco oscuro y ajustó el nudo de su corbata gris. A las 9:00 AM en punto salió del lobby del hotel cargando su maletín. Silbaba el himno nacional al compás del impacto de sus zapatos de cuero inglés contra el pavimento de la larga avenida que lo llevaba al Ministerio de Cultura. Comenzaría reuniéndose con el ministro. Después le esperaba dar un discurso ante la Cámara de Diputados. Finalmente lo entrevistaría la joya del periodismo nacional María de la Presa. Barragán sabía que este era su día.

Lo recibió el ministro en la sala de espera y lo condujo del brazo hasta su oficina. Barragán se sentó y tomó un vaso con whiskey que lo esperaba. El ministro se secó el sudor de la frente y sonrió con todos los dientes.

—José, te tengo excelentes noticias. Esta mañana hablé con la señora presidente. Ya está. La Medalla Presidencial a las Humanidades es tuya. Ella misma te la pondrá. La ceremonia será el próximo mes en el Palacio Nacional. ¡Enhorabuena, amigo! —dijo el ministro.

Barragán sonrió y le dio dos sorbos al whiskey. Esto se lo esperaba. Era lo menos que podían hacer por él.

Los europeos y hasta los gringos se mueren de la envidia. Lo que tú has descubierto, es una verdadera revolución histórica. ¿Quién se hubiera imaginado que este era el Viejo Mundo?

—No te ves muy emocionado amigo—dijo el ministro—. ¿Qué te pasa? ¿Estás nervioso por el discurso de esta tarde?

—No, no es eso. —dijo Barragán—. Lo que pasa es que ya me lo esperaba. No todos los días se cambia el rumbo de la historia.

—Tienes razón. Esto no es poca cosa—dijo el ministro con expresión seria—Los europeos y hasta los gringos se mueren de la envidia. Lo que tú has descubierto, es una verdadera revolución histórica. ¿Quién se hubiera imaginado que este era el Viejo Mundo? Cuando te di ese códice sabía que era algo especial.

Barragán salió de la oficina y deambuló solitario por las calles de la ciudad. Paró para el almuerzo y de ahí se sentó con café para despejar la mente. A la 1:30 PM se unió a la bandada de trajeados que subían a la sede del Congreso de la Nación. Era hora del discurso.

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La sala era un teatro aterciopelado. Barragán esperaba al Presidente de la Cámara de Diputados acompañado por el Ministro de Cultura. El hombre calvo llegó con quince minutos de retraso y le explicó a Barragán que él lo introduciría y de ahí tendría diez minutos para dirigirse a los diputados.

—Todo esto es verdaderamente emocionante—dijo el Presidente —. Es un día muy especial para la patria.

El flujo de diputados disminuyó y sonó el tintineo metálico del triangulo señalando el comienzo de la sesión.

—Diputados y diputadas, se abre esta sesión formalmente. Estos últimos meses el nombre de nuestro país está en labios del mundo. Hemos descubierto la grandeza del pasado de nuestra nación. Para hablarnos de esta gran revelación traemos al doctor José Alberto Barragán. Es catedrático de historia en la Universidad Nacional y ha publicado decenas de libros sobre el periodo prehispánico. Un caloroso aplauso, por favor.

Barragán abrió el portafolio, sacó su discurso y subió a la tribuna con las manos en sus bolsillos. Entre el estruendo de aplausos que llenó la sala, suspiró.

—Estimados diputados, es un gran honor dirigirme a los representantes de la nación en esta sala tan venerable. No soy bueno para los discursos. Lo mío siempre han sido los archivos y los libros. De vez en cuando, en los pergaminos se encuentran datos curiosos o anécdotas que enriquecen nuestro entendimiento del pasado. Menos de una vez por siglo se descubre algo que lo cambia todo. Hoy vengo a hablarles de lo que cambiará este siglo. A comienzos de este año el Instituto de Antropología se enteró de la existencia del ahora llamado Códice Barragán, cuando pescadores en Biarritz en Francia se toparon con él en una cueva cuya entrada el nivel del agua había estado cubierta por siglos. El Instituto de Antropología y el Ministerio de Cultura me entregaron el documento para analizarlo. Junto a mi colega Angelica Verónica Vargas estudié el fragmento superviviente del códice por meses. Relacionamos los logogramas a los de un códice previamente hallado en los años 80. La doctora Vargas había traducido aquel códice, así que fue cuestión de tiempo entender el contenido del nuevo. Esta tarde he decidido leer para ustedes el fragmento. Quedo agradecido al Instituto de Antropología y al Ministerio de Cultura por su confianza. Lo que van a escuchar son palabras escritas en el año 45 a. C.

En 10 Chikchan el rey Kaxan cruzó la piscina de fuego. El viaje fue largo. Fue el primero en cruzar la piscina de fuego. Nunca se había viajado tanto en barco. La costa era rocosa. Había guerra en esa tierra lejana. Kaxan conoció al rey de los rebeldes. Un invasor los sometía por años. El rey rebelde se llamaba [indescifrable]. El general invasor se llamaba [indescifrable]. Venía con sus guerreros del otro lado de las montañas. Eran muchos. Cargaban banderas con un ave. Kaxan no hablaba el lenguaje, pero lo aprendió. Era un rey astuto. El rey [indescifrable] lo invitó a pelear con sus guerreros. Derrotaron al invasor en [indescifrable] en 1 Ajaw. El general invasor buscaba venganza. Kaxan se refugió con el rey [indescifrable] en la ciudad capital. Era una ciudad rodeada por dos ríos. La ciudad estaba elevada. En 11 Ok atacó el general [indescifrable]. Rodearon la ciudad dos veces. Nadie pudo salir. Llegaron refuerzos del rey [indescifrable]. Los refuerzos no pudieron entrar a la ciudad. El general invasor derrotó al rey [indescifrable]. Kaxan fue a la capital del invasor. Ejecutaron al rey [indescifrable]. Kaxan regresó a la costa. Nunca pudo regresar a Ueuetocac. Escrito por Ikal en 3 Kimi.

«¡Viva la patria!» se oyó desde el fondo de la sala. Los diputados prorrumpieron en aplausos. Barragán sintió escalofríos repitiendo estas palabras que ya se sabía de memoria. Bajó de la tribuna y salió de la Cámara de Diputados con el Ministro de Cultura.

—José, José, José, se me vienen las lágrimas a los ojos—dijo el ministro—. Pensar que los nuestros estuvieron ahí…José, esto cambia todo.

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Lo siguiente en la agenda era la entrevista en TV Nacional. Esta sería su primera vez en la televisión y era su oportunidad para explicar el significado del hallazgo al país entero. Desde joven había querido conocer a María de la Presa y ahora también se le cumplía esa fantasía.

 A las 4:00 PM entró a las instalaciones del canal. Lo recibió María de la Presa con ojos admirativos. Barragán reconoció que ya no era la misma mujer que había anhelado en su adolescencia, pero esto no previno que el abrazo de la celebridad despertara en él el deseo de lucirse. Esperó entre bastidores mientras María de la Presa repasaba las noticas del día. Un asistente con ojeras le apuntó al historiador que se sentara en el set fuera de cámara.

—Ahora tenemos a un invitado muy especial—dijo María de la Presa—. El doctor José Alberto Barragán a dedicado su vida al estudio de las culturas antiguas de América. Es catedrático en la Universidad Nacional y director del Instituto de Lenguas Antiguas y viene a desmentir la historia.

Barragán se ajustó la corbata y se secó los manos en el pantalón. Forjó una sonrisa y saludó a la conductora.

—Bienvenido, doctor Barragán—dijo la reportera—. Todo mundo habla de usted. Y no sólo aquí en el país, pero en todas partes del mundo. Dígame, ¿cómo es posible que un papelito con unas palabras pueda producir tanto alboroto?

Este papelito data del año 45 a. C. Y no son sólo unas cuantas palabras. Son 203 palabras para ser exactos. Bueno, esa es la traducción.

—Gracias por la bienvenida, María— y se regocijó de poder tutearla—, esto no se trata de cualquier papelito. Este papelito data del año 45 a. C. Y no son sólo unas cuantas palabras. Son 203 palabras para ser exactos. Bueno, esa es la traducción. Originalmente el códice consiste en treinta y dos símbolos a los que llamamos logogramas porque representan ideas o conceptos completos.

—¿Cómo los símbolos chinos? —preguntó María de la Presa.

—Así es. Es un poco más complejo. Sin embargo, estos símbolos pertenecen a la cultura centrada en Ueuetocac. Antes de los años 80 esta cultura era desconocida por completo—dijo Barragán.

—¿Cómo se llegó a conocer de ella? —preguntó la reportera. 

—Antes de encontrar este texto todo lo que se había escrito sobre Ueuetocac se limitaba a las conquistas de sus reyes. De eso trataba la única fuente conocida. A principios del siglo veinte el arqueólogo norteamericano Herbert Bard descubrió un códice entre el escombro de un antiguo templo que salió a la luz durante los trabajos de construcción que se realizaban en Ciudad del Golfo. El Códice Bard, como se le conoce ahora, contenía logogramas que la filóloga especializada en glifos mayas Angelica Verónica Vargas pudo descifrar en 1981. Así descubrimos toda una nueva civilización. El códice nos reveló que los ueuetotocas consolidaron una zona de influencia cultural más grande que la de los olmecas. Además, el Códice Bard cambió el mundo de los estudios antropológicos ya que se encontraron vínculos entre Ueuetocac y Teotihuacan y algunos sitios mayas del preclásico tardío. Esto nos indicó que las redes de comercio del continente eran más extensas que como se suponían.

—Se dice que el nuevo códice fue encontrado en Francia. ¿Cómo fue eso?

—Efectivamente. El fragmento del códice fue perfectamente preservado en una gruta en la costa Atlántica por Biarritz. El cambio climático ha impactado en las mareas y el nivel del mar, y ahora aparecen este tipo de accidentes topográficos frecuentemente.

—¿Y qué dice este documento? ¿Por qué se está hablando tanto de él?

—Sin rodeos, los treinta y dos logogramas comprueban contundentemente que fuimos nosotros quienes descubrimos a Europa.

—¿Quiere decir que Cristóbal Colon no fue quien descubrió América? —preguntó María de la Presa.

—No necesariamente. En 1492, sí, fue Colon quien se topó con un continente que no se conocía en la Europa renacentista. Pero esto no implica que no hubo contacto antes. El tiempo puede borrar los encuentros. El códice revela que un rey ueuetotoca de nombre Kaxan y por lo menos un acompañante llamado Ikal viajaron de América al territorio que los romanos antiguos llamaban la Galia Transalpina. Los ueuetotocas usaban el calendario maya—de hecho, este dato fue importante para que mi colega pudiera descifrar el primer códice. Este nuevo fragmento de códice incluye fechas que corresponden a momentos claves de la invasión de la Galia por Julio César. El entonces gobernador conquistó este territorio en nombre del imperio romano a mediados del siglo uno a. C. Los paralelos son claros. El rey Kaxan presenció la Batallas de Gergovia y la Batalla de Alesia en 52 a. C.; la última representó la derrota de Vercingétorix y sus aliados, y así, la sumisión de la Galia.

—¿No son meras coincidencias? —preguntó María de la Presa.

—No—dijo Barragán—. No es posible. El texto describe exactamente los hechos. Julio César y sus legiones venían del otro lado de los Alpes y el escriba Ikal asentó en el códice que los invasores se originaban del otro lado de las montañas. Los romanos se esforzaron por controlar a la Galia, pero una rebelión liderada por Vercingétorix amenazó los diseños del joven general. El fragmento cuenta que Kaxan conoció al rey rebelde y este era evidentemente el mero Vercingétorix. Además, el texto describe la batalla de Gergovia donde Vercingétorix venció a los romanos. Luego, con bastante detalle, describe el sitio de Alesia. La ciudad, tal como indica el texto, se situaba en una planicie circundada por dos ríos y fue rodeada por dos batallones romanos en círculos concéntricos. Los romanos repelaron el ataque de los refuerzos de los galos y consiguieron la victoria. Después el códice nos cuenta el fin de Vercingétorix en Roma donde fue ejecutado. Kaxan, no sólo vio lo que es ahora Francia, María, sino que también visitó la capital del Imperio Romano.    

 —Muy interesante, doctor—dijo la reportera—. Así que fueron indígenas de estas partes los primeros en cruzar el Atlántico. O por lo menos los primeros en dejar constancia de ello. Doctor, pero,  ¿esto qué cambia?

—Todo. Lo cambia todo. Esto cambia la historia, María. La historia pesa. Muchos la toman como destino. Ahora se tienen que revisar todos los libros de historia. Nuestra patria no es sólo una víctima; nuestra patria es la madre de los primeros navegantes y exploradores. Nosotros descubrimos Europa.

La historia pesa. Muchos la toman como destino. Ahora se tienen que revisar todos los libros de historia. Nuestra patria no es sólo una víctima; nuestra patria es la madre de los primeros navegantes y exploradores.

La entrevista terminó y María de la Presa abrazó a Barragán y le besó dos veces las mejillas. El historiador sintió una gran satisfacción y regresó a su hotel silbando al compás de sus pasos.

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Despertó a las 8:00 AM en punto escuchando las gaviotas del golfo. Barragán se vistió y abrió su computadora para consultar las noticias. Se anunciaba que la aprobación del presidente Cristina Robles rebasaba el 80%. El Partido Nación había ganado toda la Cámara de Diputados y tenía mayoría en el Senado. Barragán revisó los obituarios. Su conteo de historiadores fallecidos en el último año había llegado a diecinueve. Esta mañana alcanzó veinte. Se enteró de que la doctora Marta Borges había fallecido durante la noche de complicaciones de una enfermedad crónica. Barragán la recordaba como el miembro más atlético de la facultad de historia en la Universidad Nacional. 

Se llevó su laptop a la terraza para que el aire le calmara los nervios. Dos días antes Barragán se había quejado de la doctora Borges con el Ministro de Cultura. La doctora se negaba a aceptar su interpretación del fragmento del códice. Al concluir una charla con estudiantes sobre el descubrimiento de Europa, Borges no logró contenerse y le llamó charlatán. Se supo después que bajo anonimato Borges se sumaba a otros investigadores que negaban la versión oficial de la historia. Había asistido una conferencia denunciada por el gobierno de Robles en Francia a la cual acudieron académicos de todo el mundo para explicar cómo era imposible que el rey Kaxan llegara a Europa. El coloquio atrajo a científicos climáticos que estudiaban las mareas antiguas, a filólogos que dudaban de la traducción, a historiadores europeos que nunca habían encontrado mención de un indígena en los archivos, y hasta a ingenieros que dudaban que los barcos del primer siglo a. C. pudieran navegar la distancia. Todos atacaban a Barragán.

Las burlas al presidente y al país por medios internacionales aumentaron tras otorgarle la Medalla Presidencial a las Humanidades a Barragán. Una entrevista critica con el historiador francés Alexandre Collier que salió al aire en TV Nacional fue lo que inició la censura. Fueron reemplazados los dirigentes de la cadena nacional. De ese punto en adelante todo artículo extranjero relacionado al descubrimiento de América o Europa o a Barragán quedó prohibido y purgado en Internet.

El país vivía sus mejores momentos. Según TV Nacional la productividad económica había subido. El presidente lo atribuía a la fuerza del espíritu del pueblo que había encontrado sus raíces. Diario se transmitía el discurso de Robles en la ONU acusando a todos los países del mundo de querer oprimir a los pueblos de América con las falsedades de la historia. Este pueblo, dijo Robles, se ha despertado. Conoce su historia.

La nación estaba en fiesta. Cada plaza se decoró con estatuas de Kaxan o Ikal. Se nombró un bulevar en todas las ciudades Vercingétorix para agradecerle al galo por la hospitalidad que le ofreció al héroe de la patria. La Universidad Nacional se volvió Universidad Barragán. Varios pueblos cambiaron su nombre a Ueuetocac. Cayeron las estatuas de Colon, y Cortés, y Pizarro, y Vespucci, y Lincoln.

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Barragán pasó los siguientes diez años del mandato de Robles enclaustrado en su casa frente al golfo. Salía sólo a impartir cursos en la universidad. Fue seleccionado para escribir la versión verídica del descubrimiento de Europa en la nueva Enciclopedia de la Nación. A pesar de este honor el historiador se sentía solo. Sus colegas lo veían con recelo, pero nunca faltaban en saludarlo amablemente. En la calle le aplaudían como a una figura inanimada. Otros historiadores más elocuentes ahora hablaban en la tele de la historia de la nación. Nunca volvió a dar otra entrevista.

Al final del décimo año del mandato de Robles el ambiente de la nación cambió. Se descubrió el desfalco de dinero. Robles dijo que las potencias del mundo querían de vuelta a Colon. Se supo del asesinato del senador del Partido Nueva Patria. Se formaron grupos de oposición. Las fuerzas armadas intercedieron.

El nuevo presidente Pedro Baltazar entró con la cruzada de eliminar la censura y terminar con la corrupción. La nación recuperó su lugar de honor en la bancada de países en vías de desarrollo. Desde el primer día se revisaron los libros de historia. La Enciclopedia de la Nación dejó de imprimirse y fue borrada la versión digital. Para reestablecer la imagen de la nación Baltazar invitó a un equipo suizo de especialistas de datación por radiocarbono a analizar el Códice Barragán.

—Ya nos llegó nuestro tiempo, José. Es hora de irnos—dijo el exministro—. Mira, aquí te traigo lo que necesitarás. Haz tu maleta.

El día después de la llegada de Baltazar al poder vino el Exministro de Cultura a la casa de Barragán. Traía dos maletas.

—Ya nos llegó nuestro tiempo, José. Es hora de irnos—dijo el exministro—. Mira, aquí te traigo lo que necesitarás. Haz tu maleta. A las 11:00 AM sale el vuelo.

Barragán, en un traje de lana y unos lentes redondos, se vio una última vez en el espejo. Tomó la identificación enmicada que la ofreció el exministro.

—Kopernik—, dijo el historiador—. Es bonito apellido. Así que he de llamarme Ignacio Kopernik. La historia nos juzgará.

Raúl Alexando Ruiz. Es escritor y maestro. Enseña historia universal, cívica, e historia latinoamericana en The Bishop’s School en San Diego, California. Estudió ciencias políticas e historia en Columbia University, derecho en Yale Law School, y pedagogía en la University of San Diego. 

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