Kraftwerk o la eterna búsqueda del hombre-maquina

En 2020, la banda alemana Kraftwerk cumplió 50 años. El pasado seis de mayo falleció Florian Schneider, uno de los fundadores de la banda. Hoy Jesús M. Koyoc Kú nos presenta una reseña de la banda alemana que revolucionó la música electrónica.

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Por Jesús M. Koyoc Kú

La primera vez que los vi fue mucho tiempo antes. Platicaba con un amigo sobre nuevas formas de hacer música; hablábamos sobre el retrowave y su estética referente al pasado; sobre cómo los sintetizadores se habían apropiado poco a poco de algunos espacios que antes quedaban en gris. De pronto, mi amigo se acercó a la computadora y tecleó una dirección. Un video de baja calidad en Youtube, grabado en 1982. Cuatro hombres. Cuatro sombras proyectándose en el fondo. ¿Ropas negras, pulcras, formales? Cuatro sintetizadores, cada uno como si fuese una atalaya desde la cual mirar al horizonte del tiempo. Cuatro personas que, detrás de sus atriles, tocaban con gestos y movimientos mecánicos Das Model, de su disco Die Mensch-Machine, que en 1978 se encontraba en alemán en algunas partes del mundo y que ahora los servicios de transmisión de música en línea titulan en inglés, The Man Machine y presumen de tener la versión remasterizada en 2009 disponible para cualquier lugar del mundo con conexión a internet. De ese y otros discos como Trans Europe Express o Radio-Activity o Computer World, álbumes que se siguen adaptando a los nuevos formatos a través del tiempo.

Cuatro sintetizadores, cada uno como si fuese una atalaya desde la cual mirar al horizonte del tiempo.

Cuando la banda fue fundada en Düsseldorf, Alemania, en 1970, el país atravesaba por una revolución musical conocida como Krautrock[1], surgida a finales de los 60 en la República Federal de Alemania, durante la ocupación después de la Segunda Guerra Mundial. Por un lado, los vinilos traídos por los soldados estadunidenses que traían el boom del rock que llegaba bastante tarde; por el otro, una academia musical que simplemente no se movía, que necesitaba ser revitalizada -o quizá revivida después del éxito del llamado Plan Marshall. Entre estos escombros minimalistas y lucha por la reivindicación de la identidad, Ralf Hütter y Florian Schneider fundaron Kraftwerk, quizá sin saber la repercusión que tendría 50 años después -pero siempre en busca de aquella trascendencia.

Hüter y Schneider se conocieron mientras tomaban clases en 1968, y desde sus orígenes con Organisation, la banda anterior a Kraftwerk, los dos músicos ya se forjaban un nombre en galerías de arte y universidades. Basil Hammoudi, Butch Hauf, y Alfred Mönicks les acompañaron en el trayecto que tuvo como final Tone Float, un disco producido por RCA Victor y el único de Organisation. Konrad Conny Plank fue el encargado de dirigir y producir el álbum; este productor tuvo una estrecha relación con todo el movimiento del krautrock, trabajando estrechamente con bandas como Guru Guru, Scorpions, Harmonia, entre otras.

El edificio es de corte modernista. No llama la atención por sobre otros, que como ese, fueron reconstruidos después de la Segunda Guerra Mundial. Se encuentra, cómo no, en la parte industrial de Düsseldorf y en otro tiempo alojó el Kling Klang Studio, diseñado para uso particular de Kraftwerk, y lo que, de acuerdo a sus miembros, marcaría el inicio oficial de la banda: el sótano alojaba los instrumentos viejos, mientras que el estudio como tal, de unos sesenta metros cuadrados, se encontraba arriba: en ese lugar se grabó gran parte de la discografía de la banda alemana, y ahí Hüter y Schneider experimentaron creando sus propios instrumentos musicales; por esas paredes pasaron músicos como Klaus Dinger, Michael Rother, Emil Schult, y Plato Kostic, entre otros, que formaron parte de la escuela musical de Hütter y Schneider. El estudio era también un arca de Noé musical: los miembros de la banda nunca se deshicieron de nada y más adelante fue posible obtener nuevos sonidos con viejos artefactos. Para poder producir sus propios discos, Kraftwerk grababa sus instrumentos en casete en formato estéreo y después llevaban las cintas a mezclar a un estudio comercial. Cuando Kraftwerk produjo su segundo disco, aún no tenían un baterista: las paredes insonoras del Kling Klang presenciaron esa mezcla del hombre y la máquina cuando los integrantes de la banda consiguieron una caja de ritmos con la que se ayudaron (¿o se fusionaron?) para grabar Kraftwerk 2. Ya para el tercer álbum, con Wolfgang Flür en las percusiones, la banda decidió usar una batería eléctrica y también compraron sus primeros sintetizadores comerciales: un Minimoog y un EMS Synthi AKS. Pronto, el Kling Klang se convirtió en una fábrica musical donde los obreros sonoros de Kraftwerk pasaban jornadas laborales de entre ocho y diez horas diseñando un equipo fácil de transportar para sus presentaciones en vivo; este proyecto les llevó cuando menos 8736 horas repartidas en tres años. Entre esas paredes se grabaron los álbumes desde Kraftwerk hasta Computer World, pasando por Autobahn, Radio-Activity, y otros más.

Grupo experimental alemán ampliamente conocidos como los padrinos de la música pop electrónica, dice la entrada de la Encyclopaedia Britannica referente a la banda alemana. “Planta de poder”. Sonido austero. Experimentación con música electrónica antes de que fuese popular. Sobre Autobahn, su primera mezcla, también dice: repetitivo. Monótono. Arrullador. Fascinante. Kraftwerk se atrevió a ir contracorriente desde el inicio, contradiciendo la imagen estereotípica del rockero con las melenas desalineadas y las ropas extravagantes; los miembros de la banda siempre lucieron peinados impecables y vestían con camisas rojas trajes negros a juego con sus atriles negros y sus sintetizadores negros -ya vendrían los juegos de luces, las pantallas y los maniquíes con el tiempo. El doctor Uwe Schütte considera que el sonido de la banda era una contribución a la reconstrucción política, cultural, y moral de Alemania. Las miras al futuro se encuentran en la materialidad cotidiana: los caminos, la energía nuclear, las computadoras, el ser humano por encima de esto -quizá siendo una sola entidad.

El camino que Kraftwerk abrió pulsando teclas ha llegado a extremos inimaginables. En los ochentas, cuando la música electrónica apenas comenzaba a ser una cosa, la banda de Hütter y Schneider ya era parte de la televisión de la India, misma que era auspiciada por el gobierno y sin anuncios comerciales. Entre un programa de televisión y otro había una pausa de diez minutos durante la que sonaba Neon Lights, incluida en Dies Mensch-Machine. Más tarde, el promotor musical Vikram Singh llevó a la banda a tocar a la India. La banda alemana llegó al país por la madrugada, cargando con siete toneladas de equipo para su presentación y dejando a Singh anonadado. El día del concierto, dos mil personas entraron a una avalancha de música electrónica. Sobre el escenario, había cuatro sujetos vestidos con camisas rojas, corbatas y pantalones negros. Pasaron cinco minutos. Diez. Quince. Las luces se fueron iluminando poco a poco y los asistentes entendieron porqué nadie se movía tras los sintetizadores: cuando la música comenzó a sonar, los cuatro miembros de Kraftwerk entraron al escenario, reemplazando a los maniquíes que estaban ahí antes, y se apoderaron del momento entre animaciones y sonidos que se mezclaban en uno solo -esa era la música del futuro.

La banda alemana llegó al país por la madrugada, cargando con siete toneladas de equipo para su presentación y dejando a Singh anonadado.

En 2020 se cumplen cincuenta años de una banda que lo mismo agotó las entradas ocho noches seguidas en el Museum of Modern Art o se atrevió a brincar la cortina de hierro en plena Guerra Fría. Schneider ha partido y el único miembro original que queda es el gran obrero de la música electrónica, Ralf Hütter. La página oficial de la banda parece ser la cúspide de esta fusión entre el hombre y la computadora: una animación en la que se intuyen cuatro figuras antropomórficas que se mueven rítmicamente (¿o mecánicamente?) detrás de lo que parecen atriles y teclados. Su influencia ha pasado por artistas como David Bowie, Coldplay, Jay-Z, Daft Punk, y muchos otros. Hace cincuenta años, cuando la música electrónica requería, literalmente, toneladas y toneladas de equipo, Kraftwerk trabajaba para lograr lo que hoy se puede hacer: producir música desde una computadora, con un teclado pequeño, con un sintetizador que puede transportarse como si de un libro se tratara. Kraftwerk fue el antecedente de otros géneros, como el retrowave o synthwave, y también han demostrado que para comenzar a hacer música no se requieren grandes inversiones -aunque sí para producir material de calidad, ya sea económica o temporal. En Kling Klang se produjo ese sonido que, en 1970, aún era el futuro. Hoy, Kraftwerk, como hace cincuenta años, sigue siendo el presente de la música.


[1] La palabra kraut quiere decir col o hierbajo en español, y era una forma despectiva para referirse a la gente y la música alemana después de la Primera y Segunda Guerra Mundial, de acuerdo a David Stubbs.

Jesús M. Koyoc Kú. Halachó, Yucatán, 1992. Ha publicado en diferentes medios como Punto de Partida, Crónicas de Asfalto, El Guardatextos, Revista Replicante, Tropo a la uña, entre otros. Ganador del Premio al Periodismo Heineken en 2018, Crónica. Becario del PECDA Yucatán 2017-18 en la categoría de narrativa.

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Las imágenes fueron obtenidas gracias WikiMedia Commons.

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