Poemas de Byron Ramírez

Byron Ramírez, de San José, Costa Rica, nos presenta una muestra de su poesía

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Por Byron Ramírez

De pronto

I

La noche ignora las razones:

No nos damos cuenta

que todo esto terminó hace siglos

y que la vida; esa casa, esa muchacha, ese puente colgante, 

esa gata acariciada, ese trabajo, ese mueble, 

esa mancha, esa calle sin salida, esa alarma,

son tan solo gestos que se repiten en eternas despedidas:

Apagar la luz. 

Desvestirse.

Dejar caer el alma sobre la cama.

Todo esto que parece conducir al cuerpo hacia sí mismo;

observar al otro lado, concluir:

El cerebro no sabe de calmas,

esta guerra 

no se agota.

II

¿Acaso aquí puedo admitir debilidades?, 

el niño que se sienta a mi lado no me odia ni me engaña,

nadie profetiza otra tierra, nadie ama su quebranto.

¿Acaso aquí, a gritos, a mitad del parque,

el olvido sabe de artes y nostalgias;

Goya devorando la cabeza de Saturno

y bailan huracanes en el barro?

¿Acaso aquí el cielo es de pan, 

y la luna solo existe en la garganta de Veloso, 

y no termina de llover bajo los árboles,

y Rubinstein ha revelado la forma correcta de articular la muerte,

y yo no soy este hombre que se mira en las fotos, presentido,

buscando algún rastro de su infancia?

III

Esta vez no soy yo

el que deambula entre llamados,

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otro es el que se desgarra cantando la amargura.

Yo apenas reconozco tu pecho acercándose a mi espalda

y este sueño que se esfuerza en apresarnos.

(No distingo astros de serpientes)

Entonces creo despertarme bajo el agua,

mis manos se mueven solas, eléctricas,

como insectos que agonizan 

(fuego en el musgo),

y me invento una habitación de madera en otra isla, 

nado hasta allá, me encierro ahí, me aparto,

describo aquel otro sitio: 

Un tragaluz, alguien escribe

con saliva en las paredes:

‘El poema memoriza

lo que se oculta 

tras la mirada’.

IV

No soy yo.

Intentas recuperarme, luego,

tu voz persigue mi nombre,

te acercas más, te acercas

con las olas, apresurada, intentas

traerme de vuelta, intentas, tu boca 

me besa entre señales, humo, 

un café se entibia sobre la mesa, una araña

desciende sobre mis hombros, 

tus manos acarician mis párpados, perdonándome la vida. 

No me salves. No me salves.

La noche ignora tus razones.

Despierto, buscando otro sitio

contra tu pecho, despierto.

V

Recurro al calor de esta lámpara.

La he reconocido desde antes,

no su luz,

sino al astro profetizado 

que se abre camino entre las sábanas.

Estoy aquí. Pregunto.

No nos damos cuenta. No nos damos cuenta.

VI

De pronto es tu cuerpo

el pájaro que tras el frío 

se desmonta del sueño

y se quebranta sobre mis manos

como una vasija de tacto,

como un pálpito de azúcar,

de rasguño, 

de misterio.

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Palomas de París

Las palomas de París son diferentes.

No estallan como bombas 

dentro del vientre de la tarde

No se esconden bajo los árboles

No lloran mientras juegan 

entre los arcos y las torres

porque el mundo no las empuja,

no las acorrala como sierpe

ni las quemas vivas en sus templos.

Las palomas de París son diferentes.

Se besan en público, 

se ríen y se enojan en público,

pues a su instinto

no lo censura la policía.

Caminan danzando, porque danzando nacieron

Regresan, se van y vuelven tras la ruta apetecida. 

No tienen San José, ni Sinaloa,

ni Managua, ni Tegucigalpa,

ni Bogotá, ni San Salvador, de qué preocuparse.

No conocen del infarto

que se esconde en las esquinas,

ni del cazador que vive oculto

tras esa máscara de mármol

esperando un descuido

-incluso un pequeño descuido-

para lanzarse con todos sus puñales

sobre sus crías

y trepar sobre sus alas

como una guerra atroz o un virus.

Las palomas de París son diferentes.

Solo saben morir con los años,

ya sea hipotecadas o marchitas,

con los años, envueltas en dinero

o pausadas de cansancio,

no por hambre ni por angustia,

no por esa mano que sostiene el rifle

detrás de la puerta de la iglesia

ni por el rayo que cae, sostenido,

atendiendo

un legado familiar.

Nunca son los cuerpos de estas palomas

el aguacero de sangre 

que cae con tanta furia sobre las aceras

y llena de agujeros las gargantas de los gallos

y planta semillas en los muros

y desborda todos los ríos de América Latina

al sonido de una marcha fúnebre.

Nunca son los cuerpos de estas palomas 

el titular favorito 

de un periódico de autobús

ni esa canción de cuna, ya maldita,

con la que los ángeles justifican

tanto llanto en la montaña.

Las palomas de París son diferentes. 

No llevan una cruz en llamas

ardiendo en el costado izquierdo de su pecho,

ni una corona de espinas 

desde su infancia.

Nadie las obliga a sostenerse en pie

cuando el suelo es de agujas

y ya no queda aire para el vuelo

y París es solo un grafiti en la pared, 

y los rostros se intercambian por monedas

y alguien sueña que no siente

ese infierno que vuelve con la noche

y alguien sueña que no ve

cuando Paris pasa de ser algún refugio

a convertirse en esta alcantarilla.

Te invitamos a leer una muestra más extensa de este autor dando clic aquí.

Byron Ramírez nació en San José, Costa Rica, en 1997. Cursa la licenciatura de Filología española en la Universidad de Costa Rica, donde también realiza estudios en Filosofía. Se ha desempeñado como editor literario para instituciones como Editorial Estudiantil UCR, CulturaCR.net y Editorial NYPP. Ha participado en diversos festivales de poesía como el XVI Festival Internacional de Poesía de Costa Rica y el Festival Nacional de poesía en Turrialba, Costa Rica 2019. En el 2017 fue ganador del Certamen de Poesía joven organizado por la embajada de Estados Unidos en Costa Rica y en el 2018 obtuvo el primer lugar en el Certamen Nacional de Poesía Joven (Certamen Brunca), organizado por la Universidad Nacional Autónoma de Costa Rica en la rama de poesía con su libro Principio de Incertidumbre, posteriormente publicado en el 2018 por la editorial Nueva York Poetry Press bajo el título de Entropías, en Estados Unidos.

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