El espacio público y la intimidad en La mujer singular y la ciudad, de Vivian Gornick

Una reseña de Jesús M. Koyoc Kú, Halachó, Yucatán, 1992. Escritor de narrativa de ficción y no ficción.

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Por Jesús M. Koyoc Kú

Vivian Gornick es una mujer de risa fácil. Hace unos momentos, mientras ella y la mujer que estaba a punto de entrevistarla en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona entraban al escenario, sonaba Manhattan, de Bobby Short. Gornick se ríe, dice, después de una presentación en la que anuncian su labor referente a la literatura, al feminismo, a tanto aspectos de la vida misma, que se sorprendió después de leer Apegos feroces treinta años después de su publicación: no puedo creer que haya tenido tanto que decir, y eso creo que es algo que le pasa a quien escribe, estoy segura de que pasa, a menudo lees algo que escribiste hace mucho tiempo y piensas, Era buena entonces, no puedo imaginar que aún sea así de buena. Vivian Gornick se sabe una buena escritora y no duda en decirlo tantas veces como pueda.

La mujer singular y la ciudad, en inglés titulado como An Odd Woman and the City: A Memoir, fue publicado en 2018 por la editorial Sexto Piso, y su título bien podría significar la mujer sin pareja, un juego de palabras explicado por Raquel Vicedo, quien llevó a cabo la traducción; igualmente, en español se decidió eliminar el rastro de memoria en el título. Si bien es considerado como la continuación de Apegos feroces, no hay una continuidad en la trama que afecte de manera determinante su lectura. Además de estos dos títulos, en español se puede encontrar Mirarse de frente, publicado en 2019 por la misma casa editorial, Sexto Piso.

Gornick nació en la ciudad de Nueva York, en el Bronx, a mediados de junio de 1935. Hija de una pareja de judíos socialistas, escribió en The Village Voicesobre los grandes estruendos del feminismo radical a partir de 1969. Antes, ya se había graduado de la Universidad de Nueva York, en 1960, en donde conoció la obra de autores y autoras que influirían grandemente en sus textos y con los que discute a través de sus páginas: Henry James, Thomas Hardy, Evelyn Scott, Walt Whitman, Charles Reznikoff, George Eliot, y otras referencias más. Sobre sus orígenes, Gornick menciona en una entrevista para la Revista de la Universidad de México que haber crecido entre mujeres judías, irlandesas, polacas, e italianas, le enseñó sobre estoicismo e ironía más que de sororidad: sus vínculos de mujeres obreras se creaban con base en la necesidad, en la búsqueda de la supervivencia; por eso, cuando alguien tocaba la puerta, sin importar el momento del día o la actividad en la que se encontraba una, siempre podía esperarse socorro, alivio, y camaradería. Este ambiente propiciaba innecesario señalar las cosas que se gritaban con las marcas sobre la piel o el autoestima: el silencio era el mensajero que denunciaba los abusos por parte de los hombres en sus diferentes relaciones de poder.

La mujer singular y la ciudad es de muchas formas una cartografía -es varias cartografías a la vez: Gornick recorre la ciudad para recordar a quienes ha leído, la camina para pensar en los versos de Crane o en algún personaje con el que se identificaba durante sus años en la universidad. Por otro lado, el libro es también una cartografía personal en la que la voz narrativa nos acompaña en un viaje en el que ella también se descubre, descubre sus relaciones -desde las más íntimas, como la del amigo Leonard, presente al inicio, en medio, y al final de la novela. Esta voz narrativa también nos lleva a conocer las voces que se encuentran en la ciudad, como cuando las dos mujeres que discuten sobre el papa y el capitalismo en la Séptima Avenida, o el travesti que clama al aire tener tantos enemigos, aunque no sabe bien a bien los motivos. Así caminamos con la voz narrativa, que lo hace para saber, lo hace para conocerse a sí misma, y de esta forma el libro es también una cartografía de la ciudad de Nueva York, una cartografía que descubre una intimidad desarrollada en el espacio público que propicia los encuentros más inesperados. A través de la memoria, la voz narrativa de Gornick puede recordar los amoríos pasados, o cómo paso de ser una graduada sin empleo en el Midtown a una artista que vivía en el Lower East Side a una escritora que no era conocida más allá de la calle Catorce -una escritora con las puertas cerradas.

Y aunque la voz narrativa pide a gritos entablar contacto humano -lo mismo con indigentes que para otras personas no son más que la escenografía cotidiana o con hombres que poco a poco se van dando cuenta de sus limitaciones debido a la edad, o con una joven que no entiende porqué una extraña le preguntaría si sus zapatos son cómodos – también es una voz que se mueve sola. Es la voz misma de Gornick, quien después de haberse casado y separado dos veces, camina sola, recuerda la ciudad sola, y la amolda a sus recuerdos que a su vez toman forma porque la ciudad los detonan y los alojan de nueva cuenta en su cabeza; es una voz narrativa que, como Gornick asegura en una entrevista para El País, ha elegido el hecho de estar sola como una postura política, como una forma de afrontar la infelicidad.

“Nos lleva a conocer las voces que se encuentran en la ciudad, como cuando las dos mujeres que discuten sobre el papa y el capitalismo en la Séptima Avenida, o el travesti que clama al aire tener tantos enemigos, aunque no sabe bien a bien los motivos”.

La mujer singular y la ciudad es un libro que parece haber sido escrito porqueGornick recuerda que andar siempre es una búsqueda, que la escritura misma es quizá la mayor búsqueda del centro del mundo -así se encuentre en el Bronx, en la calle Sesenta, en la Alameda. Gornick escribe porque, sobre todas las cosas, ha entendido que para narrar las cosas de manera fiel, no se puede salvar ni a ella misma: y esa es la búsqueda.

Así es, la ciudad significa mucho para mí, y antes que nada, me considera una caminante de la ciudad y me siento muy agradecida por eso. En Nueva York hay una estadística abrumante: el 50% de la gente es soltera. Hay más gente sola que nunca en la historia, dice Gornick, la ciudad es un gran confort para quienes viven en soledad, dice a manera de despedida. Lo pensaré, dice cuando le sugieren volver, y reafirman una de sus grandes certezas: seguir caminando, hacerlo en soledad.

Páginas: 148
Traducción: Raquel Vicedo
Publicación: 2018
Editorial: Sexto Piso

Jesús M. Koyoc Kú. Halachó, Yucatán, 1992. Ha publicado en diferentes medios como Punto de Partida, Crónicas de Asfalto, El Guardatextos, Revista Replicante, Tropo a la uña, entre otros. Ganador del Premio al Periodismo Heineken en 2018, Crónica. Becario del PECDA Yucatán 2017-18 en la categoría de narrativa.

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