Recuento poliédrico. Primera parte:

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Por Josué Tello Torres.

Si no fuera por la Kindle, muchas de estas lecturas no las hubiera realizado.

Si no hubiera conocido Bookmate, una parte de las novedades editoriales estarían fuera de mi alcance por distribución.

Para un lector periférico —entiéndase como un lector que se encuentra lejos de ciudades cosmopolitas en las que hay 16 o 25 librerías por cada 100 mil habitantes, como Madrid o Buenos Aires, o vivir a más de mil seiscientos diecisiete kilómetros de la Ciudad de México— lo digital se convierte en importante y necesario. Las plataformas como Amazon y Bookmate me han servido para construir puentes con autores que publican en editoriales independientes o multinacionales que, debido a factores diversos, limitan su tiraje físico al país de origen de la escritora o escritor.

Cuando finalicé el año, noté el incremento de lecturas escritas por autoras y autores españoles. En la lista selecciono las que más me gustaron. No creo que sea casualidad: al otro lado del Atlántico está sucediendo un fenómeno literario interesante: ya estamos listos para jubilar a los JavierMaríasPérezRevertesVargasLlosasAlbertosOlmos. También estamos preparados para dejar de romantizar sobre el libro-objeto-lector-librero, de ver el futuro a través de un espejo retrovisor, como escribió Marshall McLuhan. No me mal entiendan, las figuras anteriores sí son importantes, pero es necesario abandonar el pensamiento que el libro-objeto-librero son antagónicos de Amazon o los epubs.

Ahora sí, estas fueron las lecturas que disfruté durante el 2019 y que, si aún no las han leído, el 2020 es un buen pretexto para acercarse a ellas.

Franco Félix, Maten a Darwin, (Caballo de troya, 2018).

MAD forma parte de las novelas más disruptivas escritas en los últimos años en México. Lo que escribe Franco Félix está fuera de alguna corriente o tendencia literaria mexicana. Cuando se tiene la calidad, se pueden tomar ese tipo de riesgos. Franco la tiene. Sus obras son afines a escritores de El arcoíris de la dificultad, juego de palabras creado por Eduardo Lago en Walt Whitman ya no vive aquí, para agrupar a autores como Thomas Pynchon, David Foster Wallace, John Barth, William Gaddis, Robert Coover, Donald Barthelme, Don Delillo. Nombrarlos es sencillo, leerlos un reto. Franco Félix se encuentra por ese sendero. MAD es una novela que orilla al lector a crear esquemas para no perder la pista a la trama: a entrelazar (¿desenredar?) personajes, fechas, líneas descendentes: décadas de historia y espacios. Esta obra atrapa, envuelve, absorbe y no te hace pensar en otra lectura a la par, no es queja: son contadas las novelas con ese nivel de exigencia y deslumbramiento.

María Gainza, La luz negra, (Anagrama, 2018).

Quedé estupefacto cuando leí a Gainza por primera vez. El nervio óptico es uno de los libros que guardo como referencia literaria; cuando supe de La luz negra no sabía qué clase de libro esperar porque Gainza no entra en la categoría a secas de cuento o novela. Escribe en prosa y es poética. Escribe relatos que parecen ensayos agrupados en un conjunto que podría llamarse novela. La luz negra resalta algunos colores sobre otros en ambientes oscuros, La luz negra expone la realidad bajo la narrativa de ficción en un thriller que agrupa a falsificadores de arte y las obras de la pintora e ilustradora Mariette Lydis. Y como advierte la narradora desde las primeras páginas, en La luz negra «No esperen nombres, estadísticas, fechas. Lo sólido se me escapa, sólo queda entre mis dedos una atmósfera imprecisa, técnicamente soy una impresionista de la vieja escuela». Una frase que resume la carrera literaria de la autora argentina.

Marta Carnicero, El cielo según Google, (Acantilado, 2018).

«Al principio no quise preguntar nada. Ya es bastante fuerte que te llame una hermana que no tenías para decirte que tu padre quiere verte antes de que sea demasiado tarde», narra Naïma en El cielo según Google, una novela corta que aborda las dificultades que enfrentan Júlia y Marcel para concebir, a través de la adopción, una hija; quien, años más tarde, al enfrentarse a la maternidad, después presenciar el fracaso en la relación entre sus padres por la infidelidad, debe tomar una decisión: tener con Eric una hija biológica o adoptar, como hicieron con ella: «lo considera un deber moral, porque si a ella no la hubieran adoptado su vida sería distinta», dijo la autora en un entrevista publicada en este espacio. Su relación con Eric caminó hasta el fracaso, pero la maternidad era, de alguna manera para Naïma, una necesidad.

Marta Carnicero es un secreto que se necesita descubrir en América.  

Luna Miguel, El funeral de Lolita, (Lumen, 2018).

Luna Miguel: Ha habido mucha crítica a la forma. Algunas de estas se refieren al lenguaje: «un poco cerdo», «un poco desganado por momentos». Otras críticas tienen que ver con el lirismo, con que «no era necesario poner tanto lirismo» en una obra como esta. Otras han sido enfocadas al diario, pensaban que «era algo innecesario y repetitivo», mientras que otras críticas decían que «era la única parte que mecería la pena». Yo creo que El funeral de Lolita¸ si ha llamado la atención, si ha dado de qué hablar, si se debate sobre su forma más que sobre su fondo, es porque precisamente es un libro imperfecto y a mí me gusta que sea un libro imperfecto porque es mi primera novela.

He leído tres obras de Luna: La tumba del marinero, El dedo. Breves apuntes sobre la masturbación femenina y El funeral de Lolita: poesía, ensayo y novela: pocos autores tiene la capacidad para desenvolverse de manera subversiva en los diferentes géneros literarios, Luna Miguel pertenece a esa categoría. De la literatura que parte en dos a sus lectores.   

Isabel Zapata, Alberca vacía, (Argonáutica, 2019).

Isabel Zapata, Una ballena es un país, (Almadía, 2019).

Recuerdo a una autora que debutó en 2013 con la publicación de dos libros, uno de crónica y el otro de novela. Narrativas. En la actualidad, un referente de la literatura mexicana: Fernanda Melchor. Si la literatura mexicana fuera una estructura molecular de ADN, una hélice estaría compuesta por autoras de las narrativas como Melchor y en la otra, por autoras de poesía y ensayo como Isabel Zapata.

Antes de Falsa libre y Aquí no es Miami, Melchor publicó Mi Veracruz; antes de Alberca vacía y Una ballena es un país, Zapata publicó Las noches son así. La coincidencia de los tiempos y la calidad en sus respectivos géneros, incluida la traducción como oficio. Coincidencias, nada más.    

Alberca vacía y Una ballena es un país, el primero de ensayos y el segundo de poemas, son obras que dialogan y ofrecen al lector una propuesta en prosa e imagen poética. Una suerte de punto de fuga sobre la fotografía, el recuerdo, la memoria. La infancia y maternidad. Perros y aves. Seres vivos, lo verde. La existencia. El espacio. Los libros y el acto de escribir. El mar y sus habitantes.

Isabel Zapata despliega en ambos libros una intertextualidad osada, admirable. Jennifer Ackerman, Jonathan Safran Foer, Susan Sontag, Wisława Szymborska, J. R. Ackerley, Mary Oliver, Ana Emilia Felker, Terry Tempest Williams, Yoko Ogawa, Cécile Sauvage, José Watanabe.

 Si pudiéramos resumir las sensaciones que genera el leer a Zapata, sin duda pensaría en From the canal diaries, de Maggie Nelson:

You have no idea
what kind of light you’ll let in
when you drop the bowl, no idea
what will make you full

Isabel Zapata es una autora necesaria en el ADN llamado literatura.

  

Édgar Velasco, Fe de erratas, (Editorial Paraíso Perdido, 2018).

Hay libros que pasan desapercibidos de las listas por la gracia de los tiempos. Sucedió con MAD y Fe de erratas: obras de finales de 2018: temporada difícil para la publicación y distribución. Independiente a lo anterior, Fe de erratas es un libro de cuentos infravalorado. En Ciudad y otros relatos dio muestra de sus dotes que se confirman en Fe de erratas. Con el paso de los textos, el lector atisba un libro compuesto de estructuras narrativas arriesgadas: diferentes maneras de combinar el espacio y tiempo, al personaje y narrador, anécdota y trama. Lo inverosímil hace dudar a la realidad: crea un mundo, y los lectores agradecemos formar parte de aquello. En Fe de erratas la muerte es poliédrica y Velasco explora todas las posibilidades: a través de la orfandad o los ritos satánicos, pasando por partes de un cadáver que cobran vida y se apoderan de sus nuevos cuerpos para desmembrar a otros. Hay que leer a Velasco.

José Ignacio Carnero, Ama, (Caballo de troya, 2019).

«Es el olvido, y no la felicidad, el que hace a esas familias iguales. Cuando la memoria se abandona, todos nos comenzamos a parecer mucho», de esta manera Carnero nos atrapa en Ama, una historia que nos adentra al duelo y el lazo entre madre e hijo, a la muerte, al delirio, a la soledad. Al remordimiento que acontece a la aversión hacia nuestros padres. Al amor de nuestros progenitores. Al sufrimiento e impotencia de ver cómo se desvanecen. Cómo nos desvanecemos. O como escribió Adri Fauro, el libro que nos hace darnos de lo mal hijos que somos.

Recorro el pasado sin molestar a los fantasmas, escribe Carnero.   

Ama es una obra que se impone. La nostalgia y melancolía que se respiran en la atmósfera nos piden abandonar el cuerpo, huir de nosotros mismos. Ser impostores. Incluso nos hace odiarnos y reconciliarnos.

Este libro será tu voz cuando la tuya se apague, sentencia Carnero ante el avistamiento de la muerte.

Un libro para alumbrar la oscuridad de la memoria.  

 

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