Más Cristina Morales y menos discursos fachos: Por favor, arrásalo todo

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Por Equipo Efecto Antabus

Como Fernanda Melchor y Claudina Domingo en México. Como María Fernanda Ampuero y Mónica Ojeda en Ecuador. Como Costamagna y Nona Fernández en Chile. Cristina Morales llegó a incendiarlo todo y, como dice una muy afortunada reseña, “escupe fuego”.

Con 35 años de edad, la escritora tiene un papel intelectual en España que le ha ganado el repudio de la derecha y del establishment cultural. ¿Es posible que una escritora que ha publicado una cátedra antisistémica y antiinstitucional con su obra, Lectura Fácil, reciba un premio auspiciado por el propio Estado?, se cuestionan los puristas de la literatura. Sí, por completo sí. Sin embargo hay quienes argumentan lo contrario porque, aseguran, va contra la lógica de su propia ideología. Resulta curioso, seguramente son los mismos que leen a Javier Marías y no lo quieren reconocer como un macho-facho-neoliberal y hacer un llamado para cancelar sus columnas en El País.

Entonces, quien escribe sobre veganos no puede comer carne, según los puristas, y quien escribe sobre crimen debe pasar inherentemente un periodo en prisión o cometer un asesinato. Morales escribe contra el sistema, pero no puede obtener nada de él, dicen. Aunque todo, absolutamente todo, pasa por el sistema. Ella lo mastica, lo deglute, lo asimila y lo escupe.

Por tanto vale cuestionarse: ¿la literatura de Cristina pasará a ser parte del sistema? Claro; eso es precisamente lo que se necesita para no leer a expensas de un criterio macarrónico donde se sigue revisando la obra de Cervantes o donde los premios se entregan por “trayectoria”—una acumulación absurda y en ocasiones insignificante— y no por calidad.

La obra de Cristina, como la de las autoras antes señaladas, abona tierra fértil a un panorama cultural que, al menos en lo que concierne a los premios del Estado, yace gordo y sentado de tanta repetición y tan poca confrontación: en la mierda.

El tema viene a colación porque además de llevarse el prestigioso “Premio Herralde de Novela”, Morales ganó hace dos días el “Premio Nacional de Narrativa”, lo que derivó en una oleada de comentarios. En el marco de las protestas en su país, la escritora declaró desde Cuba:  “Es una alegría ver el centro de Barcelona, las vías comerciales tomadas por la explotación turísticas y capitalista, de las que estamos desposeídas quienes vivimos ahí. Es una alegría que haya fuego en vez de tiendas y cafeterías abiertas”.

Ante esto surgió una horda que llamó al orden, al linchamiento. Pidieron que no acepte los 20 mil euros que constituyen el premio. Un conservador a ultranza, Albert Rivera, escribió:

En tanto, la escritora Zoé Valdés esgrimió que lo vergonzoso no era la declaración, sino  el corte de cabello y los dientes de la autora.

Los contrapesos: Luna Miguel, Rosa Berbel, Marta Rebón, Aixa de la Cruz y varios escritores más, también tomaron los espacios para fijar una postura distinta al establishment :

El punto es que, inmersos en el analfabetismo funcional y replicando el discurso capitalista que precisamente tunde Cristina en “Lectura fácil”, los amantes del orden hacen un llamado para que la autora sea como ellos: acorbatada, conservadora y amante del Estado represor. No sólo eso, sino que exigen se corte el pelo y se arregle los dientes según los mandatos de su propia superficialidad.

La novela de Morales trata sobre cuatro parientas con diferentes niveles de lo que el Estado llama “discapacidad intelectual”. Envueltas en procesos burocráticos que una y otra vez les recuerdan sus limitaciones, su necesidad de depender de la Generalitat, dos de ellas se revelan.

En ese transcurso Natividad, quien tienen una enfermedad inventada (Síndrome de las compuertas) que no le permite tolerar los discursos autoritarios, suelta una serie análisis en contra de la inclusión, el conservadurismo, el anarquismo, la izquierda y la derecha, el feminismo y el machismo. Arrasa con todo.

No obstante lo medular es el primer punto, pues bajo su óptica la inclusión es una estupidez porque para existir el sistema tiene que marginar y además montar una integración postiza. Esto queda más que claro en una escena de danza, en donde los custodios de los chicos con problemas motrices quieren que bailen como si no los tuvieran porque de eso se trata “sentirse iguales”.

La propia Cristina Morales lo dice de este modo:

“La inclusión es una patraña de la democracia porque si existe una necesidad de inclusión es que existe una marginalidad provocada por el propio poder, que después apela a la inclusión de un modo hipócrita y estratégico. La inclusión que predican los poderes públicos no me interesa para nada”.

Tras  la oleada de críticas, que no hacen más que darle la razón, la novela de Cristina se ha agotado en las bibliotecas de Barcelona, según lo expuso uno de los jurados del Premio Herralde, Juan Pablo Villalobos. No puede haber mejor reconocimiento que ese, y que, por supuesto, los fachos peguen el grito al cielo.

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