Exhibiciones públicas y privadas

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Por Paulo Neo.

 

No me gustaría vivir si no pudiera escribir.
La escritura no es solo el modo de ganarme la vida; es como me gano mi alma.
Carson McCullers

 

Escribir es la más maravillosa y estúpida de todas las contradicciones. Hay quien piensa que se escribe por algún tipo de ostentación, por el simple gusto del exhibicionismo. Pero díganme, con total sinceridad ¿quién, en su sano juicio, puede enorgullecerse de la presunción de sus flaquezas, de la vistosa afectación de sus miserias y sus rotundos y repetidos fracasos? Nada de eso, entonces. No se escribe por tener certeza de algo, sino justamente, para intentar acercarse a cierta posible certidumbre, en el hipotético caso de su existencia.  
            Ahora bien, escribir las cosas para que cobren sentido es un procedimiento absurdo, pero lo es también su contrario: no escribirlas. “Lo que no se escribe, no prescribe”, dijo Andrés Neuman. La escritura funciona, entonces, como pensamiento posterior, como razón que viene a solidificar lo fundado en la simple intuición, en la preexistencia no del todo consciente. Nutriéndose siempre, eso sí, de lo que ya han dicho otros, más certeros, más experimentados y más directos que uno. Por lo demás, se escribe también para que las cosas pasen.         
            Y es que, como dijo David Foster Wallace: “Escribir es una exhibición en privado, un deseo de tener conversación con la gente, aunque no capacidad real para hacerlo en persona”. De ahí que resulte tan frustrante, a veces, encontrarse con los escritores que uno ha leído con interés, con predilección. Su incapacidad suele ser notoria, rehuyendo las conversaciones, evitando los espacios concurridos, las frases banales, los discursos ramplones y sin sentido. ¿Y cómo se explica aquello, entonces? Tal cual lo dicho: ante la fugacidad demencial y la absurda irracionalidad de tales procedimientos, el prosista responde, por toda posición, con otro texto sombríamente clarificador. Y eso, aunque esas otras líneas vengan a contradecir y refutar las anteriores.      
            Así, la exhibición, que siempre es privada, acaba por lanzarse a un trémulo vacío, por tomar ese pequeñísimo estado público que posee hasta el más pésimo de los escritores. En una concreción que difiere siempre en sentido, pero cuyo núcleo ha de mantenerse inalterable (si el que escribe es medianamente bueno).     
            En ese momento, entonces, el prosista vuelve a repetirse, una y mil veces más, esa verdad contada a medias, esa mentira cuasi verdadera:           
            Escribir es la más maravillosa y estúpida de todas las contradicciones.

Paulo Neo es escritor y nació en noviembre de 1980, en Santa Cruz, Argentina. Ávido lector, desde los 13 años escribe canciones. Hizo música y radio. Ha colaborado en diversos medios de Argentina, Perú, Colombia, México y Estados Unidos. En 2015 publica Microficciones Ilustradas. Escribe quincenalmente para la revista Apócrifa Art Magazine de México y colabora con el sitio web De Inconscientes de Argentina.

Web:               www.pauloneo.com
Facebook:       https://www.facebook.com/paulo.neo.7
Twitter:           https://twitter.com/pauloneoweb

 

Fotografía tomada en Flickr, de Jenni Konrad.

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