Luna Miguel, la recomendadora de libros que no cree en el activismo para el privilegio

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Por Josué Tello Torres

“¡Maaamiii!”, oyes un grito tierno cargado risas e imaginas a un niño como de 3 o 4 años por mucho. El infante corre tras la madre tratado de tomarla de la pierna o del brazo y no lo logra. Rehaces la imagen en tu mente: estás seguro de que es la pierna la que quiere tomar el niño debido a la estatura promedio que se tiene a esa edad. Grito de victoria infantil: están jugando a las escondidas y el niño acaba de encontrar a su madre, piensas. Cambiaste de imagen: no ves la escena, es muy fácil hacerlo. “Sabía que no debía venir a ver libros porque me iba a gritar mi hijo”, oyes entre risas y te contagias y también sonríes y de repente ves la pantalla de tu teléfono y vuelves a poner el audio de whatsapp porque se te hizo sentimental y divertido lo que escuchaste, lo que sucedió al otro lado del Atlántico, con 6 horas de diferencia, en algún lugar de Barcelona. Tú estás en América, en México, “valió la pena la espera”, dices.

Hasta hace tres meses no sabías quién era Luna Miguel, ni dónde se encontraba geográficamente Alcalá de Henares, esa ciudad que en 1990 vio nacer a la autora de La tumba del marinero, ese libro que descargaste de manera ilegal en la red y no te arrepientes porque su poesía te voló la cabeza. Vives en México, en algún lugar de Latinoamérica y no puedes encontrar nada de su obra en físico por las complicaciones que existen para su distribución e ignoras rotundamente de los retos que implica para una editorial poder cruzar a Latinoamérica. Hasta ahora, cuando comienza a circular su primera novela: El funeral de Lolita, obra que leíste en la Kindle a principios de 2019 porque morías de ganas de hacerlo, porque no sabías si habría distribución física en tu país y decidiste por lo digital.

El funeral de Lolita también te voló la cabeza. El final surrealista te voló la cabeza. El diario, la estructura, la crudeza narrativa, la agilidad y destreza, Helena, Roberto, Sebástien, te volaron la cabeza. Y se lo dices en tuiter y sin imaginarlo te responde y le pides una entrevista y te dice que sí y agendan y se complica todo por varias semanas debido al huso horario y piensas: “nunca se va a hacer, es una pena” y de repente comparten números telefónicos y le envías el cuestionario por whatsapp y el resto es historia. Es esto.    

Háblame un poco de ti, cómo describirías tu personalidad ante los lectores de Latinoamérica que, de alguna manera, en su mayoría, van a conocer primero por tu obra novelística, y, debido a que no existe una distribución de tus poemarios en este lado del charco, por lo complicado que es para una editorial independiente —como ocurre en México, cuyos libros y autores que tienen calidad difícilmente lleguen a España por cuestiones de impresión, exportación, distribución y remuneración—,  recurran a buscar tus escritos en la web, como me sucedió.

La verdad es que yo creo que la mejor manera de entrar a mi obra o “universo” —si se le puede llamar así— sería a través, quizás, de mis artículos: todo lo que escribí en Playground, El diario.es, o las recomendaciones de libros que hago a través de mi perfil de Twitter, así como en Los libros de Luna, o en mi cuenta personal, creo que son lugares amables donde, básicamente, lo único que hago es recomendar y recomendar y recomendar lecturas; si pudiera definirme de alguna manera, a parte de narradora, poeta, periodista o editora, creo que —lo que más me gustaría— es ser recomendadora de libros, creo que se me da bien recomendar libros. Lectores de México que aún no han podido acceder a mi poesía creo que esta faceta sería una buena entrada para mi obra.  

Buscas en Amazon y encuentras Stomachs importado por 263 pesos mexicanos, y su versión en castellano, el que publicó en La Bella Varsovia, asciende hasta los 3,798 más 215 pesos de envío, precio que le han puesto los vendedores externos en Amazon a falta de editores o editoriales de tú país que se arriesguen a importar proyectos como los de La Bella Varsovia que han publicado a María Sánchez, Sará Torres, Almudena Vitorreta, Kate Tempest, entre muchas otras autoras y autores que te gustaría leer: una barbaridad, piensas y te lamentas. Te preguntas, le preguntas, ¿Existe algún proyecto para que tus poemarios circulen en México y/o Latinoamérica?

Me encantaría que los lectores pudieran acceder a los textos. Yo publico con La Bella Varsovia y es cierto que esta editorial empieza distribuir poco a poco en América Latina, sé que con algunas librerías tiene tratos y algunos libros sí que llegan para allá; pero es bastante complejo porque no es una gran editorial como pueda ser Lumen, que está dentro de Penguin Random House, y por lo tanto tiene los medios como para poder imprimir directamente allí los ejemplares de, en este caso, El funeral de Lolita. Me encantaría que eso sucediera, me encantaría que los libros llegaran allí, sobre todo porque me da mucha pena cuando viajo a Colombia o México y hago recitales y me doy cuenta de que con mucha gente no puedo compartir las lecturas sobre mi obra; he estado en el Hay Festival o la FIL de Guadalajara y es difícil para el lector encontrar mis libros; pero, insisto, poco a poco llegará. Cuando comencé a publicar en La Bella Varsovia ni siquiera tenían una distribución dentro de España, era una editorial muymuymuy pequeñita y ahora es una de las más importantes en mi país; quién sabe si dentro de unos pocos años todos los libros —no sólo mis libros, sino todos los libros de La Bella Varsovia, que hace una labor brutal publicando a gente joven y no tan joven—, podrán llegar para allá.

Siempre te ha gustado saber cómo llegaron los escritores a ser escritores. Cuáles fueron las obras que los motivaron a teclear, a arriesgarse en este mundo tan basto de novelas, poemas, ensayos, cuentos… cuáles fueron sus primeros pasos literarios, ¿cuáles fueron tus primeras lecturas?

Había leído mucha literatura infantil, aunque La senda del perdedor de Bukowski fue algo que me cambió la vida; al mismo tiempo —el mismo año prácticamente— en el que descubrí Harry Potter también descubrí a Bukowski. Digo que me cambió la vida porque de repente yo era una niña de 11 años leyendo libros que en mí resonaban muy adultos y de repente me llevaban a otros mundos. Evidentemente también leí a Kerouac… El guardián entre el centeno… a Amelie Nothomb, hablo de… no sé, de algunos poetas franceses, sobre todo Baudelaire. Fue una época muy emotiva, muy emocionante para mí… el descubrimiento de la literatura, de la literatura adulta, por así decirlo. Creo que en mi vida he tenido dos etapas más, parecidas a estas de lectura compulsiva y descubrimientos constantes en mi vida. Una de ellas fue cuando comencé a leer literatura Latinoamericana contemporánea, cuando descubrí a David Meza, cuando empecé a leer a Raúl Zurita, cuando descubrí a Elena Garro —y linkeando con Elena Garro— otra etapa de mi vida es donde estoy ahora mismo, leyendo compulsivamente: cuando descubrí el feminismo, cuando descubrí que había muchísimasmuchísimasmuchísimas escritoras de todas las épocas y de todas las edades, escritoras silenciadas: tenía el deber de leerlas y de estudiarlas. Entonces sí —para resumir todo lo que te he dicho— el descubrimiento de la literatura fue una especie de inyección que me llevó a pensar y creer en que aquello iba a ser algo compulsivo en mi vida, una adicción, una enfermedad que no me iba a poder quitar fácilmente, la de leerleerleerleer y leer más y descubrir más.   

Luna Miguel suspira y toma aire. Es el cuarto audio de whatsapp y te sorprende lo contagioso que es el ánimo de la autora, esa manera de narrar y describir lo que significa para ella la literatura y los libros: ser ese enlace con los lectores, incentivar la lectura. Recuerdas que empezó a publicar a una edad temprana y le preguntas, ¿cuándo te das cuenta de que querías ser escritora y cómo fue ese proceso de escritura y aprendizaje?

Me di cuenta de que quería ser escritora pocos años después de que comencé a leer compulsivamente. Empecé a leer asiduamente a los 11 años y mis primeros poemas son de los 13 o 14 años. Me interesaba ver qué podía hacer yo después de lo que me habían enseñado los libros y fue específicamente cuando leí a los 14 años Vacaciones de Elena Medel, libro que está incluido en la antología que ha sacado Visor recientemente, este libro que publicó —sino recuerdo mal a los 17 o 18 años— fue una bestialidad para mí: descubrir que había alguien tantantantan joven, apenas 5 años mayor que yo, escribiendo cosas que me apelaban, que me decían algo, que no eran un Bukowski, un señor que ya estaba muerto, o algo que me era ajeno… me veía reflejada en ella. Entonces esto me ayudó a pensar “¿podré yo hacer eso?”, “¿podré conseguir que lo que siento pueda transmitírselo de la manera justa a otras personas, que se identifiquen con ello?” y creo que fue allí cuando empezó ese proceso de querer escribir y publicar, y como tenía blog y fotolog y demás, publicar era muy fácil porque, claro, sólo tenías que abrir una página y publicar; fue ahí donde comencé a ganar lectores. Todavía me encuentro a lectores que me leen desde esa época, desde hace ya muchísimos años.  

Luna Miguel sonríe al principio, en medio, al final de cada respuesta y los pensamientos pesimistas que tenías porque creías que la incomodaste después de postergar este intercambio de ideas en varias ocasiones, se disipan. En el cuestionario que le enviaste, la pregunta que sigue es sobre la recepción positiva que ha tenido su novela ante lectores y críticos. Siempre creíste que tuvo una recepción positiva, hasta que

Dudo que haya sido tan positiva. Ha habido mucha crítica a la forma. Algunas de estas se refieren al lenguaje: “un poco cerdo”, “un poco desganado por momentos”. Otras críticas tienen que ver con el lirismo, con que “no era necesario poner tanto lirismo” en una obra como esta. Otras han sido enfocadas al diario, pensaban que “era algo innecesario y repetitivo”, mientras que otras críticas decían que “era la única parte que mecería la pena”. Yo creo que El funeral de Lolita¸ si ha llamado la atención, si ha dado de qué hablar, si se debate sobre su forma más que sobre su fondo, es porque precisamente es un libro imperfecto y a mí me gusta que sea un libro imperfecto porque es mi primera novela; llevo 10 años publicando poesía, 10 años escribiendo periodismo, pero es mi primera novela. Me siento como en esa casilla de punto de partida, del tablero, del juego de rol en el que por primera vez en mucho tiempo me estreno en algo y soy inexperta en algo. Creo que por eso hay gente que ha amado esa espontaneidad y esos quiebros de novelista primeriza; pero hay gente que, en todo su derecho, no lo ha soportado. Entonces es curioso porque si vas a Goodreads y también vas a las reseñas en prensa española, o si vas a las reseñas que se han publicado en Instagram, te encuentras con una constante contradicción, porque hay gente que o lo ama mucho o lo odia mucho, y a mí me ha llamado la atención que haya sido una recepción tan visceral. No sé qué pasará en México, ojalá guste a muchos lectores y lectoras. Siempre digo —en mi cabeza cuando escribo— que lo que voy a hacer, que lo que voy a contar, le va a interesar especialmente a mujeres jóvenes; pero una de las cosas que me he dado cuenta, después de la publicación, es que había estado equivocada: el lector es amplio, no tiene edad, no tiene género, nacionalidad, y a la espera estoy de ver si lo que pasó aquí en España se va a repetir en otros países o vaya a cambiar. Creo que aquí soy una figura a la que se le puede ver constantemente en redes sociales y a la que se me puede leer constantemente en la prensa, hablando de distintas cuestiones sociales, literarias, políticas; es probable que por eso haya con una predisposición a ese libro que en otros países no creo que exista. Por ejemplo, ahora, en abril, va a salir en Italia y yo pensaba “ostias, cómo la recibirá el público italiano que no me conoce, que no lee mi blog, que no me sigue en redes sociales, cómo leerán este libro”, tengo muchísima curiosidad, así que ya veremos.

Te detienes para tomar aliento y seguir la pista a Luna. Digerir todo lo que ha dicho. Ella de repente, entre apenada y con sentido del humor, te dice: “Me doy cuenta de que uf, me estoy tardando muchísimo, haciendo notas de voz larguísimas; lo siento —ríe—, pero en mi defensa diré que tu entrevista era muy extensa”, sueltan la carcajada antes de pasar al tema sobre su proceso de escritura de El funeral de Lolita y de construcción de la novela.  

Podría decir que la idea nace de algo muy íntimo. Es una idea que me interesa muchísimo. Como bien sabes, como he contado antes, empecé a crear, a escribir joven. Desde siempre me he relacionado con personas mayores que yo, he sido siempre una pequeña en un mundo muy adulto y desde siempre he sentido esa mirada paternalista, sobre todo de los hombres, y no sólo paternalista sino también interesada y a veces hasta sucia; siempre me he sentido como esa lolita. Muchos de los sentimientos que tiene Helena en su diario, en la novela… quizás son tan puros en el diario que mucha gente dice que es la parte que más les gusta, quizás sea porque son sentimientos reales que yo he tenido y que quizás siga teniendo en mi vida.

Sobre la construcción de la novela, fue un proceso muymuymuy complejo, mi editora me ayudó muchísimo —María Fasce editora y escritora argentina que vive en España desde hace muchos años— me ayudó a entender cómo era la forma. Al principio los capítulos eran mucho más largos, pero enseguida me di cuenta de que los capítulos breves funcionaban mejor y ayudaban a alternar pasado y presente. Veo muchísimas series que me han influido mucho en la manera de crear la novela, siempre pensaba que cada capítulo tenía que ser como un episodio de algún contenido de HBO o Netflix y que tenía que enganchar y dejar con esa duda al lector, creo que lo he conseguido en algunas partes y en otras no tanto. Sobre el  capítulo central, me interesaba escribirlo en primera persona porque yo había decidió narrar en tercera persona pero la voz de Helena tenía que estar ahí y ella tenía que estar ahí, tenía que ser físicamente la parte central del libro.

Tomas la Kindle, o bien, ahora, quizás, el libro en físico. Relees la estructura capitular y te das cuenta de que es una de las cosas que más te llamó la atención, porque en 53 capítulos se contienen las casi 200 páginas. Recuerdas que El funeral de Lolita lo leíste mientras te dirigías al trabajo en transporte público, la memoria te hace revivir esos momentos cuando la dinámica diaria no pudo mantenerte por mucho tiempo en un solo espacio para leer, y agradeces que la estructura de la novela te hizo avanzar de manera rápida. Pasabas un par de capítulos mientras estabas en la calle, en la cama al despertar o en un break y retomabas la obra sin perderte. Y te preguntas, le preguntas ¿pensaste en ese tipo de lector que lee post, blogs, o artículos en la web y que por la premura se le facilita de leer algo no tan extenso pero con calidad?, ¿o simplemente esa fue la estructura que te pedía El funeral de Lolita?

La siguiente pregunta es exactamente lo que te acabo de decir —he ido un poco por las ramas y he saltado a la siguiente pregunta—. Pero añadiré que al principio no era una decisión consciente, es decir que yo iba un poco moviéndome; sabía que no estaba a gusto con esos capítulos tan largos y que quizá debería ser más breves y sí yo creo que había una voluntad también de rapidez, me gusta la velocidad. Soy muymuymuy seguidora de Amelie Nothomb, que además aparece en el libro y creo que tengo una huella muy presente con el estilo, como la forma; también el tema de la comida es un homenaje a algunos de sus personajes. Pero lo que quiero decir es que sus novelas breves siempre me han fascinado, así como las de Valérie Mréjen, y de otras escritoras. Pueden ser escritoras francesas o escritores franceses, por ejemplo las novelas de Frédéric Beigbeder, que también son muy breves. Creo que esta manera de hacer una novela breve, rápida, pero que toda la complejidad no estuviera en la forma sino en alguna de las ideas me interesaba mucho, creo que es una manera muy francesa de escribir y yo considero más hija de la literatura francesa que de la literatura española —y casi de manera inconsciente— yo creo que por eso la forma del libro es así.

Vas a Google Maps y ves que Barcelona está, en vehículo, a 2 horas con 9 minutos de la frontera con Francia y que quizás, sumando que Luna Miguel practicó desde no sabes cuántos años el francés, y de ahí su manera fluida de hablarlo. Su tono: mezcla de seseo del centro de España, de Madrid y del catalán en Barcelona. Piensas que es una mujer que adopta lenguas, en busca de una identidad que no necesita porque tiene la literaria. Olvidas la digresión. Retomas la entrevista y piensas que a pesar de que el capítulo del diario es el más extenso, Luna mantuvo la fragmentación de los párrafos, los que consideras más poéticos de la novela, y luego se te viene a la mente Wendy Guerra, escritora que pone su poesía en la narrativa: rompe el establishment. ¿Crees que la novela es un puente para difundir la poesía?

Me hace ilusión que cites a Wendy Guerra, yo nunca la había leído y ahora empiezo a leerla, y me hace ilusión también que en una novela se pueda promocionar la poesía, sin duda era uno de los propósitos aunque no sabía si lo hacía de manera consciente al comienzo de escribir. Mi idea era que hubiese mucha pureza con ese capítulo, es el capítulo de la pureza.  El libro podría ser sólo ese diario, como me encantaría. También es un homenaje al Diario de Lo, que es una publicación de Pia Pera, quien intenta recuperar el diario verídico de  Lolita durante su escritura; pero bueno, yo no creo que hayan tantas barreras entre la poesía y la narrativa, más que nada hay barreras entre los lectores de narrativa y poesía, sobre todo en los lectores de narrativa que a veces piensan que no van a ser capaces de leer poesía, o que no van a ser capaces de entender poesía, no ser capaces de disfrutarla. Creo que tendemos a pensar que la poesía no cuenta una historia y para mí, mis poeta favoritos son aquellos que en sus libros también cuentan historias, son historias mucho más desmembradas, mucho menos guiadas que en la novela, entonces, sí era sin duda un intento de llevar la poesía al lector de novela, deseo que hayan personas que lo hayan disfrutado y que a partir de allí quieran ir a los poemarios de los que hablo en el libro, por ahí podrán encontrar desde Baudelaire hasta Zurita, pasando por un montón más.  

Te detienes y ves el techo, o el cielo nocturno, o la mañana o un punto de fuga. Te detuviste a pensar, ¿qué leíste mientras escribiste El funeral de Lolita?

No te puedo decir  lo que leía mientras escribía la novela, porque la escritura fue muy extensa, tardé tres años y fue de manera muy intermitente. Había un mes en el que estaba escribiendoescribiendoescribiendo y luego otro mes no escribía pero leía, entonces tengo que decir que leo muchísimo, intento leer todo lo que se publica, todo lo que me llega, todo lo que me interesa, intento leer comic, intento leer poesía, intento leer ensayo… me resulta muy difícil acordarme cuales son los libros que estaba leyendo en ese momento, pero sí te puedo decir la bibliografía que leí; que es probablemente la que más me ha influido, por ejemplo: Las vírgenes suicidas de Jeffrey Eugenides; como decía antes los libros de Amelie Nothomb; Corre, Alicia, corre  de Lisa Dierbeck; me interesó muchísimo recuperar la escritura de Anaïs Nin, muy cruda y es muy punzante; leí muchísimo manga, leí Flores del mal; leí mucho manga porque me interesaba —eso que sólo puede ser posible en mundos de ficción de japón—, la combinación de la ficción y realidad. Creo que toda esa cosa de Helena, que piensa que está desapareciendo, que ya no sabe qué es real y qué no, que de repente el final es surrealista, que no sabes qué está pasando pero lo que está pasando está cargado de metáfora, quise que recordara a esa literatura que hay en el comic, manga y la literatura japonesa en general.

Antes de que leyeras su novela pero después de su poemario que te destrozó, recuerdas que buscaste sus artículos incómodos —para muchos—, sus textos sobre feminismo. Sabes que te interesa conocer el cómo y cuándo llegó a su vida el feminismo. En realidad, desde un principio, querías hacer esa pregunta pero no sabías cómo formularla.

El feminismo llega a mi vida tarde. Aunque soy consciente de que ya había algo en mí que me hacía poner el foco de género en cosas que hacía, por ejemplo en la antología Sangrantes, o cuando empecé a escribir el ensayo sobre la masturbación femenina, o cuando recomendaba a más escritoras que escritores, eso ya estaba allí. Pasa que yo no sabía ponerle nombre, no sabía lo que era el feminismo, había escuchado la palabra, había escuchado su importancia pero no sabía lo que era. Ni su importancia, ni por qué la necesitábamos. Entonces, te puedo decir que el feminismo llegó a mí, o bueno, yo llegué a él como a los 24 años, básicamente porque me di cuenta de que todo lo que me interesaba pertenecía a eso, todo lo que me interesaba tenía ese nombre, todo lo que me interesaba tenía ese foco; me di cuenta de cuántos errores había cometido, cuántas cosas tenía que cuestionarme tanto a nivel personal como a nivel literario, a todos lo niveles, y sí creo que llegué tarde, muy tarde, llegué más tarde lo que tenía que haber llegado, pero por suerte podemos aprender, podemos leer, podemos cambiar nuestras ideas, como diría Aixa de la Cruz, y de repente ha habido un momento en el que cambié de ideas y mi idea actual es que soy una escritora feminista a la que todavía le queda muchísimo qué aprender.   

Cifras de la Organización de las Naciones Unidas revelan, dices, le dices a Luna, que en México son asesinadas 9 mujeres y niñas al día, y 6 de cada 10 mujeres han sufrido algún nivel de violencia, ¿qué crees que deba de suceder ante esta situación aberrante, de qué manera deberían contribuir las nuevas masculinidades para cambiar esta situación?

Sobre las cifras seré breve, creo que nunca va a avanzarse si los hombres no se suman, no nos corresponde a nosotras siempre estar haciendo pedagogía, ni siempre llevar el estandarte, éste lo debemos cargar entre todos, y cargar entre todos es también una metáfora de lo que nos queda por hacer, y como bien dices, la nueva masculinidad nunca será nueva si no es una masculinidad feminista.

En general, todo lo que se salga de la norma está mal, es decir: las mujeres no salíamos de la norma hasta que de repente parece que la sociedad está prestando más atención a lo que las mujeres dicen, pero las mujeres también pueden establecer una norma; el grupo mujer, el concepto mujer, también puede ser una norma; es decir: si haces el ejercicio de cerrar los ojos y pensar en la palabra mujer, probablemente no te va a aparecer una abuela negra del Bronx, o no te va a aparecer una mujer asiática joven y gorda, o no te va aparecer una mujer trans de Francia muy pequeña… tendemos a pensar en conceptos muymuymuymuy básicos y yo creo que esa pluralidad es la que hace falta ahora, entre más seamos más grande será la lucha  y esa pluralidad es la que falta ahora y esa pluralidad es la que tendremos si dejamos de pensar en nosotras mismas, no podemos convertir nuestro activismo en nuestro privilegio. Para mí es algo sobre lo que me es difícil reflexionar, que yo sé también que tengo este privilegio: soy española, soy europea, soy blanca, soy joven, tengo un trabajo estable, vengo de una familia que no era adinerada pero tampoco lo pasaba mal, tengo unos padres que aunque tuvieron sus dificultades habían estudiado y eran universitarios y que me apoyaron en todo, es decir: partiendo de esto, qué puedo hacer yo para ayudar a los demás; qué puedo hacer yo para apoyar desde mis circunstancia; no voy a pedir perdón por mi circunstancia, como algunos exageran cuando hablamos de los privilegios, pero sí voy a ver qué puedo hacer para ayudar desde allí, y mi manera de ayudar hasta ahora es difundir la obra de las otras mujeres, de las otras escritoras que creo que no han tenido las facilidades que yo he tenido, que no han tenido las facilidades que yo he tenido y desde ahí no sólo difundir los nombres de ellas sino difundir también los temas de los que creo deben hablarse. Ahora mismo la cuestión indígena por ejemplo, la cuestión del quechua y de la poesía en lenguas originarias de Perú y el modo en que se está difundiendo… el trabajo de Jorge Alejandro Vargas Pardo o de los poetas de poesía Sub25, es fundamental para entender esto, es decir: nos quedan tantastantastantas cosas hacia las qué mirar; pensábamos que lo conocíamos todo pero no conocemos absolutamente nada y es precisamente —ahora que estamos abiertos por mirar aquellas cosas que nunca antes habíamos mirado—, es un buen momento.

“(Ya me

quedan pocas! Sigo luego)”, te escribe. Es su último mensaje. Es el último whatsapp que recibes de Luna Miguel. Relees las preguntas que faltan por responder y te encuentras con las últimas 5, las que hablan del proceso de selección —que hizo en colaboración con Antonio J. Rodríguez, su pareja— de los libros de Caballo de troya que comienzan a circular en España. El catálogo que está preparando para el 2020. Lo que piensa de María Sánchez, Eva Baltasar, Marta Orriols, Marta Carnicero, Silvia Terrón, Cristina Morales, Almudena Sánchez, Aixa de la Cruz, y muchas otras autoras que de alguna manera difícilmente llegarán a México, a América Latina, pero que te interesa saber cómo han influido al otro lado del Atlántico. La pregunta sobre si ya hay que jubilar a Javier Marías… y la que más te interesa, esa que ya quieres saber sí o sí porque ya quieres leer algo nuevo de Luna Miguel, quieres enterarte por ella misma y ser el primero en saber: ¿qué está escribiendo… poesía, novela, cuento, ensayo? Quieres estar preparado, aunque estés consciente de que nunca estarás listo para lo que Luna Miguel escribe. Para lo que te va a partir de nuevo en dos.

 

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