El regreso de la Rosa

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El 31 de octubre de 2018, Derrick Rose, el aún ahora Jugador Más Valioso de menor edad de la historia, anotó un partido de 50 puntos. Eso es lo que se esperaría de un tipo como él. Solo que la regla cambia cuando el baloncestista en cuestión es Derrick Rose, sucesor de Jordan en los Bulls de Chicago, o eso se creyó durante algunos años –hasta la noche de esa lesión en playoffs, con un partido ganado ante Filadelfia, noche que lo convirtió en, quizá una de las interrogantes más grandes de la historia de la liga. Un par de juegos después de esa soberbia actuación que le valió 50 puntos, Rose, ahora con los Timberwolves de Minnesota, implantó un nuevo récord personal respecto a triples, anotando siete en la derrota ante los Lakers de Los Ángeles.

Me rompí la madre trabajando, hermano, dijo Rose con sus palabras a la mujer que hablaba con él: una toalla sobre el hombro, los ojos llorosos, la voz quebradiza, 18 mil personas abrazándolo desde las gradas: y es que esa lesión en 2012 fue solo el inicio de una cadena de tormentos que lo hicieron botar de un equipo a otro, de Chicago a Nueva York, en donde tuvo algunas temporadas con números decentes –aunque siempre interrumpidas por las lesiones, y que, según él mismo, le habían hecho jugar baloncesto con rabia, como si se debieran muchas cosas el uno al otro, una época bastante oscura. De los Knicks brincó a los Cavaliers de Cleveland, equipo que buscaba rodear a Lebron James con talento veterano: su excompañero Dwayne Wade, y los recién llegados de Boston Jae Crowder y Isaiah Thomas. A unos meses de iniciada la temporada, Rose sufrió una lesión que lo apartó varias semanas del equipo, llegando a declarar públicamente que había contemplado seriamente la opción del retiro para luego volver a jugar con Cleveland. El cambio no funcionó y el ex número uno de Bulls fue enviado al Jazz de Utah, que lo liberó cuatro días después. Los T-Wolves apostaron por él, nuevamente con un contrato mínimo de veterano por un año.

En 2016, Derrick Rose fue acusado de violación en grupo. En primer lugar, su equipo de abogados expuso la vida privada de la víctima (con el fin de cuestionar su “moral”), y luego Rose dijo no saber lo que era el consentimiento, para decir, unos días después, que la chica había consentido la relación sexual mediante un mensaje de texto.

Rose salió absuelto del juicio, aunque la víctima apeló y en noviembre debió presentarse de nueva cuenta ante la justicia estadunidense; por otra parte, medios como USA Today, en su sección For the win! y SB Nation. Sin embargo grandes cadenas periodísticas, como la multinacional ESPN, decidieron ignorar este hecho y romantizar el regreso de Derrick Rose y todo lo duro que ha trabajado durante  este tiempo para volver a la cumbre de la NBA. Si bien es cierto que la figura deportiva es una y la persona es otra, ambas, a final de cuentas, son una parte del rompecabezas que forma a D. Rose. En la literatura, podemos pensar en el caso de Neftalí Basoalto, quien en su autobiografía, publicada bajo el nombre de Pablo Neruda, describe un episodio de violación del que poco se habla: si bien es cierto que lo producido por él como objeto estético –sin importar el género literario o el deporte, como en el caso de Rose– tiene un valor incalculable, aquello que la persona hace, no el personaje público, repercute en la imagen popular, o al menos debería ser así.

Derrick_Rose_Dec_2011

Con la temporada llegando al fin y con los Wolves prácticamente fuera de la contienda, unos débiles ecos aclaman a Rose como sexto hombre del año, aunque la competencia con Lou Williams parecerá decantarse por el jugador de los Clippers por segundo año consecutivo. Este año, y con apenas veinte partidos jugados, Rose superó el número de intentos de triple de cualquiera de sus temporadas anteriores en la NBA. Si bien es cierto que se esperaba que su rol fuese como el de Cleveland –detrás de Isaiah Thomas, quizá a la par del veterano español José Calderón– y con algo muy diferente a lo que había venido haciendo, Rose ha sabido incorporar ambas expectativas: varias veces durante el año se le ha visto jugando en la posición de alero o escolta, pero también se le ha visto como base-armador, con lo que su talento como manejador de bola sigue siendo latente –los cambios de dirección, los giros de 360 grados y los dribles inesperados son aún la firma de Rose: pero también se ha vuelto una amenaza en la media y larga distancia: este año, Derrick no solo ha superado el número de intentos de triples, sino que también su porcentaje de aciertos es igualmente el más alto de toda su carrera en la Asociación Nacional de Baloncesto.

Diversos medios aseguran que al término del juicio, varios miembros del jurado se acercaron a Derrick Rose para sacarse fotos con él y desearle lo mejor para su carrera, que atravesaba uno de los momentos más discretos debido a las lesiones y situaciones como esta. Durante el juicio, cuando se le cuestionó a Rose sobre el consentimiento, alcanzó a responder que “los hombres son hombres” y que era evidente el porqué habían ido a la casa de la víctima.

Los méritos dentro de la cancha –indudablemente manchados– deben permanecer como eso: como el hombre que se superó a sí mismo para volver a los más altos niveles del deporte: el hombre que, después de haber detenido el tiempo en Chicago mientras se lamentaba de dolor en el suelo aquella noche de playoffs, anotó cincuenta puntos después de varios simulacros de retiro. Pero con Derrick Rose uno nunca sabe: este también puede ser el canto del cisne. Solo el tiempo lo dirá. Apreciar el indiscutible talento de Rose sobre la duela no debe distraernos de aquello que bajo ninguna razón debe pasarse por alto, y es el historial fuera de la cancha, más allá de los gimnasios, en donde la vida realmente importa, en donde se juega más que un partido de baloncesto de 48 minutos. En donde Derrick Rose y un grupo de amigos, en cierta forma, aceptaron haber tenido relaciones sexuales con alguien que no expresó de manera abierta su consentimiento.

 

Jesús Koyoc Kú. 1992. Becario del Pecda Yucatán 2018. Segundo lugar del Concurso 48 de Punto de Partida en el área de crónica. Ganador del Premio al Periodismo Heineken 2018 en el mismo ámbito. Co fundador de la revista digital Efecto Antabus.

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