Abril Posas: “Grandes momentos de mi vida tienen ya su propio soundtrack”

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Por Josué Tello Torres

El triunfo de la memoria es una combinación de música y literatura. Quien lee estos once relatos, mientras escucha la playlist homónima de Abril Posas en Spotify, ingresa a un ambiente donde halla rastros de su narración e incluso complemento de relatos. Epígrafes de letras de canciones de PJ Harvey, The Smiths, Gustavo Cerati, Radiohead, Sedición y The Album Leaf marcan el ritmo de cómo deben ser leídos los textos. O eso creo. Por ejemplo, léase La soledad de los peces muertos mientras suena de fondo Puercos de Sedición, y luego léase en silencio. O viceversa. 

Abril Posas es de Guadalajara y entre los oficios que ejerció se encuentra el de reportera, bartender, editora, mesera y traductora. Pertenece a la generación de escritores nacidos en los 80’s, donde su voz narrativa —eso se percibe en El triunfo de la memoria— nos remite a los sueños, melancolía, recuerdos, frustración y olvido.

A unos meses de haberse publicado de su primer libro de relatos por la Editorial Paraíso Perdido, esta entrevista pretende acercar a los lectores al proceso creativo de la escritora cuyo resultado fue El triunfo de la memoria.

Cuando escribiste estos cuentos pasó por tu mente hacerlo desde un principio bajo la temática memoria-recuerdo-olvido, o se dio de manera circunstancial.

Fue un poco de los dos porque algunos de los cuentos que están ahí se escribieron en diferentes tiempos. Por ejemplo, La soledad de los peces muertos la había escrito para una antología de Paraíso Perdido que se llama Río entre las piedras, una colección de 27 cuentos de escritores y escritoras que viven en Guadalajara pero que no necesariamente que nacieron aquí, y que además están ilustrados por 27 artistas; decidimos incluirlo en El triunfo… porque nos dimos cuenta que tenía un poquito de relación con el juego de la memoria. Otros cuentos como el de Bitácora del olvido, la del fantasma [Una promesa], El triunfo de la memoria sí los escribí pensando en la temática, es una cosa que me gusta mucho explorar porque yo misma tengo muy mala memoria y a veces me sorprendo a mí misma platicando con mis amigos: “Ah, te acuerdas cuando pasó esto.” “No, no fue así; o no, no estaba yo; o no, estoy recordando mal.”

Entonces me pregunte, qué sería de la vida de alguien que recuerda mal las cosas y basa su existencia en eso; o cómo un mal recuerdo le puede cambiar toda su percepción del mundo.

En Bitácora del olvido sólo sabemos el nombre del Arcelia Méndez, ¿importa más lo que sucede en el relato, y por eso a los demás personajes no les diste les nombre?

En este caso la intención es representar el cómo se va disminuyendo una historia propia. Existe el nombre de la protagonista porque está escrito en un diario que tú te encuentras de la nada y empiezas a hojearlo y estás conociendo la historia tal cual como está: con la hojas revueltas, en desorden, con páginas por ahí perdidas. En realidad no es tanto si importa o no el nombre del personaje, más bien quería poner ahí cómo puede ser posible o cómo sería tratar de recordar las cosas pero olvidando los motivos para buscar una respuesta. Esa situación que te sigue carcomiendo en la cabeza y no entiendes por qué. La idea es presentar una suerte de amnesia en el personaje, misma que le empieza a asechar; ella lo único que quiere es tratar de recordar lo que estaba pasando a como dé lugar.

Cómo surge un personaje en tu mundo, piensas en la trama y basado en eso moldeas al personaje, o escribes primero el personaje y luego la trama.

Siempre ha sido diferente, no tengo como un modelo de escritura específico, no lo repito cada vez. Para el cuento de El triunfo de la memoria primero pensé en el personaje; estaba recordando las clásicas historias que de pronto nos comparten de alguien que tiene una vida aburrida o monótona y cuando descubre que se va a morir la cambia y se transforma y se convierte en un aventurero, alguien que aprecia los pequeños detalles de la vida de una manera distinta. Me puse a pensar qué pasaría si al final, de alguna manera, no logra algo diferente en su vida, o por qué no lo haría aunque tuviera voluntad… entonces ese cuento inicio por un personaje y luego la trama. En Bitácora del olvido fue primero la trama y luego los personajes. Como que todavía no tengo un camino único y en el caso de los cuentos que están aquí experimenté varias maneras de comenzar a contar una historia.

La música, ¿qué rol jugó al momento de la escritura, y de qué manera está inmiscuida en tu vida diaria?

Es muuuy importante.  Grandes momentos de mi vida tienen ya su propio soundtrack; incluso en las conversaciones siempre hay una referencia a los Simpson o a alguna rola. Me cuesta un poco de trabajo no incluir música en los textos, la verdad es que al momento de escribir, aunque casi siempre lo hago en silencio, a veces una canción me ayuda a resolver el final o el ritmo o incluso el tono: si va a ser melancólico, si va ser anecdótico o cómo lo voy a hacer. Me gusta mucho cuando es posible poner de epígrafe una canción, porque siento que también le podría ayudar al lector a ponerse en el tono correcto; bueno, es también un homenaje. En el caso del cuento de fantasmas [Una promesa] fue gracias a esa canción de RadioHead [Daydreaming] y a su video que logré contar la historia, hubiera sido demasiado sangrón de mi parte no reconocerlo de alguna manera.

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Foto cortesía de Editorial Paraíso Perdido

¿Qué llegó primero a tu vida, la música o la literatura?

Híjole, yo creo que pudo haber sido simultánea. Yo soy la más chica de tres hijos, de niña la música que escuchaba era la que oían mis papás y mis hermanos. Gracias a mis hermanos conocí bandas como The Smiths o The cure o Metallica, Duran Duran… por mis papás conocí a José José, Daniela Romo, Rocío Dúrcal… ese tipo de cantantes. Siento que tuve como buena influencia. Por otra parte, mi mamá fue una gran lectora, siempre hubo libros en mi casa, empecé a leer para quitarme el aburrimiento, no había nada en la casa y le pregunté a mi mamá “¿qué hago?” y durante años me dijo “lee, y si ya leíste este, entonces agarra este otro”. Siempre estuvieron cerca la música y la literatura gracias a la gente que me rodeaba.

¿Qué escritores y libros influyeron en tu formación como escritora, como cuentista?

Definitivamente no me da pena decirlo, me influyó mucho Cortázar. Gracias a sus cuentos me dieron ganas de intentarlo cuando estaba pequeña. Borges, por supuesto, es sin duda el escritor que nunca voy a poder ser, pero que admiro muchísimo. Me gusta mucho Julio Ramón Ribeyro, un autor que conocí cuando ya estaba en la universidad, sus relatos me dejaban siempre un sabor muy agridulce porque es muy melancólico. Me gusta mucho los cuentos fantásticos de Amparo y también influyó en mí Carson McCullers, ella tiene una manera de retratar el sur de Estados Unidos con una visión muy cruda, con humor y  dolor muy cabrón, está muy chida. Esos son los que se me viene a la mente, los que siempre tengo cerquita de mí.

Y en el panorama literario de México, ¿qué escritores te inquietan, a quiénes lees?

A diferencia de lo que otros amigos escritores hacen, y que admiro muchísimo, a mí me cuesta un poquito de trabajo seguir todas las novedades; pero sí voy cayendo en libros de Juan Pablo Villalobos, también me gusta como escribe Ortuño; lo que hace Iris García Cuevas, que ya tiene ratito que nos castiga sin ningún texto pero los que tiene nos parten la madre siempre. Fernanda melchor para mi es un gran ejemplo de lo que nunca voy a llegar ser y hacer porque está cabroncísimo todo lo que escribe, muuuy cabrón… la verdad la admiro muchísimo y la respeto, está muy fregona. Me gusta lo que hace, de aquí de Guadalajara, Cecilia Magaña, una escritora muy pulcra y divertida, juguetona, muy chida, compañera de Paraíso Perdido, es un gusto de conocerla.

¿Cuánto tiempo te tomo tener listos los cuentos para su publicación?

Algunos ya estaban escritos, no todos los tuve que hacer en el momento, pero con los demás fueron cuatro meses escribiendo y otros dos puliendo. La verdad me ayudo mucho tener como una deadline; Antonio Marts me dijo “¿sabes qué tenemos rato que queremos sacar un libro tuyo?, así que tienes para tal fecha para tenerlo listo, porque ya recibimos la invitación para la  feria del libro de Tijuana”, esto fue por ahí de mayo. A partir de eso, todos los días regresando del trabajo me puse a escribir, salió una disciplina que nunca pensé que iba a tener: dejé de ir a fiestas, a cenas por estar escribiendo… ya vi que sí de puede tener disciplina, lo logré.

¿Estás trabajando en algún libro de cuentos, novela o en otro tipo de género?

Ahora quisiera hacer una novela corta; la verdad tengo anotaciones, como todavía no me dan el deadline, aún no trabajo duro.

Esta disciplina que creaste, la de escribir después de trabajar, cómo modifico tu estilo de vida.

Ha sido un proceso de varios años. Veía la escritura mucho más romántica… que la envolvía la figura de un artista atormentado, que debías de escribir con alcohol, salir a la calle… gran parte de la escritura es con mucha disciplina y es un trabajo más. Se me quito ese pensamiento idealizado y me dio certidumbre saber que lo puedo tomar en serio y puedo echarle ganas y cumplir un proyecto. Es muy fácil decir “ay, tengo ganas de escribir sobre esto y esto” y en realidad nunca hacerlo. Escribía en redes sociales, a modo de broma, estoy escribiendo una novela, ya voy en la páginas 500 de mi novela”, y al final no estaba concretando nada.

¿A qué edad decidiste ser escritora?

Estaba por salir de la secundaria y siempre tuve ganas de dibujar o escribir, creo que se me dio la escritura; como en tercero de secundaria dije que quería hacer algo al respecto, pero tomarlo en serio fue como hasta los… puta, creo que ya había salido de la universidad. Siempre tuve un pretexto para no escribir, “no pos todavía no me sale”, “no lo puedo hacer”, “no quiero que nadie lea algo mío”, pero uno se da cuenta que tiene que sacar lo que tiene y practicar. Ya, en serio, fue como hasta lo 24 o 25 años.

¿Qué texto recomendarías para que te conozcan?

Hay una antología que se llama Moscas niñas y otros muertos, pero ya no hay ediciones, ahí publiqué mi primer cuento cuando estaba en la fundación para las letras mexicanas, le tengo mucho cariño se llama Napalm; también les recomendaría que se echaran un clavado en la antología de Paraíso Perdido, el de Río entre las piedras, además de que hay un texto mío, pueden conocer a muchos escritores muy chingones de por acá.

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