Sobre Fin de Campo, de Don Delillo*

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Jugadores de fútbol americano se preparan para uno de los partidos más importantes de la temporada; sin embargo, hay un peligro latente: que se desate la guerra nuclear. Debido a la política exterior del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ésta podría ser la descripción previa al Super Bowl LII, que jugarán Patriotas de Nueva Inglaterra contra Águilas de Filadelfia; pero no, es el argumento de Fin de campo del escritor norteamericano Don Delillo, novela traducida por primera vez al español en 2015, desde su publicación en 1972.         

Si en Americana (1971) Delillo encarna las obsesiones y frustraciones del sueño americano y hay destellos de deshumanización creada por la tecnología; en Fin de campo retoma la temática y, agrega al ambiente y personajes, la sensación de vacío, soledad y miedo por el peligro potencial de la guerra nuclear, el racismo y el exilio. A través de los ojos Gary Harkness, personaje y narrador, Delillo adentra al lector al terreno de juego, vestidores, al lenguaje del fútbol americano, pasillos de la escuela, dormitorios y a la obsesión de Harkness por leer “libros sobre destrucción y sufrimientos masivos. […] Enfermedades horribles, incendios que arrasan los centros urbanos, años sin cosecha, caos genético, temperaturas que suben y bajan en picado, pánico, saqueos, suicidios, cuerpos calcinados, brazos arrancados, millones de muertos.”  

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Taft Robinson corre cien yardas en 9,3 segundos. Taft Robinson podría estar entre los mejores jugadores de posición y competir contra Odell Beckham Jr, DeSean Jackson o Tyreek Hill, fenómenos que vuelan sobre el césped y que están en la lista de los más rápidos en la actualidad de la NFL; Robinson es un jugador afroamericano como los antes mencionados, pero vive en los años 70’s, cuando este deporte era jugado por y dirigido a blancos, incluso era imposible imaginar que un quarterback fuera negro, que saliera de su bolsa de protección y corriera para conseguir yardas o hacer un touchdown; Taft Robinson es un personaje de Don Delillo, el primer estudiante afroamericano que se matriculó en una universidad del oeste de Texas, que también comparte con Harkness el gusto por “leer sobre atrocidades.” Y para quién “la vida no significaba nada sin el fútbol americano”

Robinson y Harkness recorren campos de entrenamientos donde encuentran a personas que piensan que, “Los jugadores de color saben correr y brincar, pero son incapaces de concentrarse.” Y en aulas donde se imparten clases sobre la capacidad para sobrevivir a oleadas de ataques de arsenales nucleares y que, a su vez, genera un conflicto a los estudiantes como Harkness que no quiere “…tirarles bombas de hidrógeno a esquimales […]” Porque, “La guerra es la realización suprema de la tecnología moderna. Los hombres nos pasamos siglos poniéndonos a prueba a nosotros mismos con la guerra.” Ambos luchan por mantener sus ideales y olvidar el caos que existe al otro lado de las líneas de tiza del campo.

Don Delillo, un escritor considerado por crear atmosferas distópicas y futuristas,  describe, a través de sus personajes en Fin de Campo, al jugador inimaginable en el futbol americano de esos tiempos:

“—¿Qué tienes que comentar sobre el gran cambio?

—¿Qué cambio?

—Poner a Taft Robinson de  quarterback. Nos gustaría oír tus comentarios.

—Y una mierda.

—[…] El entrenador va a introducir un ataque completamente nuevo solamente para el partido contra Centrex. Quiere un quarterback capaz de correr. Que esprinte, que se escape de la bolsa de protección, que haga carreras con compañeros, amagos…Vamos un quarterback capaz de correr.”

—Sé lanzar, demonios. ¿Acaso sabe lanzar él?

—Pues claro que sabe lanzar. Él sabe hacer todo. […]”

Sí, Delillo se anticipó cuarenta años y describió lo que Cam Newton, Russell Wilson y Dak Prescott, quarterback’s afroamericanos, hacen en la segunda década del siglo XXI: lanzar, correr, anotar e incluso taclear.

Fin de campo no es una novela sobre el fútbol americano, pero este deporte es una excusa para comprender el empeño del ser humano por la destrucción y gloria, el racismo y la soledad, el exilio y diálogo interno por encontrar respuesta a la existencia. Un pretexto para leerla en medio de la efervescencia generada por el Super Bowl LII.  

 

Josué Tello (Cancún, 1992).

 

*Texto publicado originalmente en el diario El Popular. 

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