Las antologías me ponen triste (I)

No hay comentarios

Las antologías me ponen triste. Hace una semana compré una y todavía no consigo dejar de llorar. ¿Han pensando en lo duro que debe resultar ser un escritor consolidado y que un jovencito aparezca cinco páginas antes para opacarte? ¿Que esa voz en formación demuestre tener más punch y más destreza que tú, que has dedicado cuarenta años de tu vida en articular un estilo? El escritor consolidado publicó aquello pensando que sería un éxito que lo reivindicaría, y ¡zas!: surge un muchacho o muchacha que devora todo su esfuerzo y se lo escupe de frente. Reconoce tu insignificancia, le grita a los restos de su dignidad esparcidos por el suelo. La vida es bruta, cruel, sus explicaciones no satisfacen a nadie. Y repito: debe ser difícil cuando sucede, debe dejar a uno pensando en la muerte o en los relevos generacionales que, a mí parecer, significan lo mismo. Si yo fuera uno de esos escritores viejos hubiera investigado un poco más. ¿Quiénes aparecerán en la antología?, me hubiera preguntado. ¿Habrá, acaso, jóvenes promesa? Si la respuesta es sí me habría asegurado de que esas jóvenes promesas se mantuvieran en el limbo de las jóvenes promesas al menos veinte años más, en lo que muero, en lo que mi cuerpo se pudre y me vuelvo un clásico aplaudido e irrefutable por mis méritos, validado ad infinitum por otros viejos trémulos como yo. Basta con una llamada, con decirle al editor que recuerda tal o cual adeudo y punto: la joven promesa permanece otro tiempo dentro del pozo, empañada por la oscuridad, rugiendo para un público invisible.

Pero las cosas nunca suceden así, ¿verdad? Un león al que le acaba de brotar la melena se aproxima a la manada un día cualquiera y toma al viejo del pescuezo y lo retuerce hasta que pierde la vida. Luego toma la batuta, copula con las hembras,   se come las vísceras del viejo.   Tras digerirlo defeca al aire libre para que los vendavales lo dispersen y no quede ni el más mínimo rastro. Ese león joven crece, lucha, cuando finalmente puede echarse a descansar llega otro y sucede lo mismo. Debe ser difícil ser opacado en una antología después de años trabajo. Me pone muy triste.

Mateo Peraza Villamil. (Mérida, Yucatán, 1995). Periodista y escritor. Ha  publicado artículos y cuentos en medios digitales. Actualmente trabaja en el portal de noticias Homozapping. Becario del PECDA en la categoría de Jóvenes Creadores.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s