Tres poemas de Alberto Avendaño

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Cavafis llora al encontrar Ítaca

 

Ahora que mi soledad ancló

en tu noche con ojos de ola,

en tu luna,

sepulcro de náufragos

con corazones henchidos,

déjame revolcar en la violencia de tu abismo

que esculpieron los crustáceos

durante la tormenta.

 

Llena mi puerto de astros caídos,

dame el regalo de la asfixia en un beso,

encallemos tu alma en la sal de mi playa.

Permíteme pulir tu vida de coral

en un grano de arena.

 

Huracán, medusa, batiscafo, alga.

Robaré tus labios en un maremoto.

 

Cometa, Venus, materia, galaxia.

Regresa la briza a mis pulmones

en una escafandra.

 

 

Memorias de la guerra

 

 

Seguiré esperándote

oculto bajo tierra,

entre las raíces del último árbol.

Te esperaré desnudo

rodeado de alimañas

y por las noches en tu nombre

me volveré tormento.

 

Esperaré que vuelvas

cubierta de hojas secas,

escucharé tu sangre;

plomo y mercurio;

tus labios.

 

Seguiré esperándote

hasta que este árbol muera.

 

Seremos microbio,

memorias de la guerra,

mitológicos arquetipos,

verbo, verso, una sola

pierna y, después,

de ti y de mí

no habrá algún otro árbol,

u otro hijo, sobre el planeta.

 

 

La canción de agosto

 

Aquí estamos otra vez,

—tú y yo— contemplando nuestras lágrimas

que al caer hacen brotar crisantemos,

viendo nuestras arrugas picoteadas por los buitres.

Frente a frente, sordos por el ruido de la civilización,

no escucho tu llanto ni tus palabras

pero sé que me estás nombrando.

Cuando me veo en tus ojos no me reconozco,

soy la parca que viene por tus músculos,

a robarte la tristeza con un último beso.

La codorniz enjaulada bebe de la niebla

en la que nos hemos perdido

mientras los sapos saltan sobre nuestras eses,

y así todo acaba, a tu lado, siempre supe que sería tu verdugo.

 

Toma mi mano, caminemos por aquel sendero.

Cuidado al pisar, no queremos romper los cráneos,

no temas a las cobras

mientras me ames no te harán daño.

Aquí estoy otra vez

sosteniendo tus negros huesos,

preparado para arrojarlos a la hoguera.

Nacerán mariposas rojas de tus cenizas

y entonces, sólo entonces, podremos volver a sonreír.

 

Alberto Avendaño (Zacatecas, 1990), poeta, narrador y traductor. Ha publicado Para cantar bajo la lluvia (Rey Chanate Ediciones, 2017). Actualmente lleva a cabo la traducción del poeta toscano Cecco Angiolieri, la cual se publica en El Guardatextos (www.elguardatextos.blogspot.mx) cada quincena.

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