Mes: enero 2018

La muerte no era esa cosa que me contaron, de Pedro Reyes Martínez

Carroza   Recorrí Monterrey con mi abuelito en la espalda   Zigzagueamos con intermitentes, Abriendo camino a la gran marcha   [Yo no debí cargar a mi abuelito, Era el menor de sus nietos pero tenía barba Y quería incendiar el universo.]   […] Llegamos al panteón –Me falto el coraje para huir de Monterrey–

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El menú del peregrino guadalupano*

  Esta noche la Calzada de Guadalupe, al norte de la Ciudad de México, no sólo huele a la pólvora quemada de los cohetes que avientan algunos peregrinos que están a punto de llegar a la Basílica a rendirle culto a la Virgen de Guadalupe; también se respira el aroma del café de olla, los tamales

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¡Por favor, dígame que no hay muertos!*

    —Nunca en mi perra vida había escuchado balazos pero al oír la ráfaga me tiré al suelo, era un ataque y no quería morir en el lugar, —me dice el hombre que entrevisto y que señala con el dedo dónde se encontraba cuando sucedió el ataque a las instalaciones de la Vicefiscalía General

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Las milf y unas noches. Cuatro poemas de Ezequiel Carlos Campos

 Canto a las putas   (des)Canonicen a las putas. Jaime Sabines.     Hay que olvidar a las putas. Nuestro placer nunca ha sido su placer. Ya no nos satisfacen sus sucias vaginas donde nos hemos escondido por miedo a la tristeza. Sus senos con formas surrealistas dejarán de moldear los sentimientos de los que,

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Dos cuentos de Vianney Carrera

Verde oscuro Cuando conocí a Iván nos encontrábamos en el receso del ensayo orquestal. Él se presentó hacía mí como un simple estudiante que tenía anhelos de seguir en los ámbitos musicales. Mostrándose como una persona sencilla y un tanto burlona, la primera vez que conversamos me preguntó con una sonrisa pícara: —¿Sabías que tengo

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Tres poemas de Alberto Avendaño

Cavafis llora al encontrar Ítaca   Ahora que mi soledad ancló en tu noche con ojos de ola, en tu luna, sepulcro de náufragos con corazones henchidos, déjame revolcar en la violencia de tu abismo que esculpieron los crustáceos durante la tormenta.   Llena mi puerto de astros caídos, dame el regalo de la asfixia

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La última flecha

Se hablaba bastante sobre el doctor Augusto. Decían que estaba loco, rumoraban que desde hacía más de medio siglo entablaba duelo contra un ser inexistente que, a palabras del doctor, andaba por doquier maldiciendo vidas. Sin embargo, sólo Augusto lo figuraba como tal. Para el mundo era un querubín con arco; para su mente retorcida

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