Poemas de Ariel López

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Vivisección

Primero hendimos el bisturí

en el intestino de la avenida.

En su interior, se aprecia

como nos desbaratan sus

variadas partículas corrosivas.

La avenida metaboliza

nuestra presencia,

excretando seres humanos

nuevos y homogéneos

diariamente.

 

Esa aglomeración de allá

es un peligroso quiste,

aquel ciego tocando la trompeta.

Un sujeto mal digerido

que busca desangrar la calle.

Su trompeta, similar

en diseño a las avenidas,

atrae las miradas cortantes

del peaton disimulado.

 

Ahora que separamos la grasa

y los elementos estorbosos,

procedemos a remover

la sección del intestino

mas importante: nuestros ojos.

 

 

Lluvia de meteoritos

A cierta hora de la noche,

cuando se desarman

los cajones citadinos

y cesa la orquesta de

bocinas directoras.

Al principio de esa hora,

saboreo las cálidas migajas

del banquete urbano.

Postres para vagos atentos

estampados en las paredes.

 

Remojo las avenidas con la luna

silenciosamente hasta el fondo del cielo.

A esa hora caminamos en la vía láctea.

 

En la cantina después del apagón

Que pedo, me llamo Luis López

aunque me dicen el Coco.

No es mi intención molestarlos, neta.

Deja que ponga otra guama.

¿Escribes chavo? Que chingón,

yo se que vas a publicar tu libro.

Cuando lo hagas, recuérdame coño,

porque esto no pasa todos los días.

Hoy nos conocimos y tienes que contarlo,

porque se que estamos entre camaradas.

Lo sé, porque soy sureño y soy amable.

Hoy no estoy en mi zona,

podrían tumbarme los cabrones del fondo.

No es broma vato, pero no me voy

hasta que nos chinguemos otra.

Y recuérdalo para que todos lo sepan,

a mi me llaman el Coco.

 

Insomnio de cacería

Como si tumbáramos la ciudad por un costado

y nos tendiéramos rendidos en ese gran colchón,

esta desesperante noche ronronea

persiguiéndome entre sábanas,

mordisqueando mis pies cansados.

Un firmamento de pupilas dilatadas

resquebraja los marchitos panales

formados cuadra tras cuadra,

marcando la trayectoria de mis delirios.

 

Brotan patas a los costados de una idea:

Exijo devorar al sueño mas suculento,

como si al fin estuviera a punto

y quedara siempre un paso de penumbra.

Esta noche clava su terrible colmillo de luz muerta

irradiando apetito de fantasmas y milagros.

Que me espere despierto el abismo,

estos agotados ojos masticarán rendidos

la carne de sus misterios.

 

La carrera de nuestras vidas

En sus marcas, listos, fuera:

Resuena justo detrás de cada estallido

arrancando cada segundo desesperado

por estrellarse en los latidos del revolver.

 

Miren rápido, justo enfrente,

esa señora derrapa su última curva

totalmente confiada en Dios.

Nos rebasa aquel morrito rebelde,

podemos tomar ese atajo suyo.

Cuidado, no dejes de acelerar

aunque vayamos de bajada.

Apúrate no hay tiempo usa la rampa.

 

Motores rebosando lágrimas de alegría

derriten el paisaje por la combustión,

mezclando todas las formas y sustancias

que figuran este delirante sendero.

Un arco iris nos oculta la meta en el horizonte.

 

En automático

Les juro que de tanto operar en caja

pierdo la noción del tiempo.

Ahí me ves, atrapado en mis músculos

que teclean y embolsan tranquilos.

Incluso mis palabras se programan

diariamente para ustedes.

 

Por eso mas allá de lo metafísico

veo que las cosas son bien claras.

El mandado es una fuerza centrífuga,

todos nos movemos en círculos.

Oscilamos espirales hacia mi lector

atraídos por alguna clase de gravedad.

Imagino al inventario

colarse a través de un tapón

donde nosotros quedamos atorados en el filtro.

Mis palabras raspan el sobrante

y se siguen llenando los anaqueles.

 

¿Es el mismo aparato

que anima estos trazos

de banqueta circular

y mueve mi cuerpo sonámbulo,

el que arrastra mis pensamientos?

Puede que sea la operación tomando conciencia.

 

 

Información sobre Ariel López: Nací en la ciudad de Guatemala en el 92, lo que me da un total de 25 años en esto de estar vivo. Merodeo las calles de Mérida desde hace 10 años aproximadamente. Escribo desde que me uní al taller Drenaje: Catarsis Literaria, por ahí del 2013 con Adán Echeverría y Jorge Manzanilla como talleristas. Adán, junto a Mario Pineda, sacan una antología llamada Karst: Escritores de la Peninsula Yucateca en 2016. En esa publicación aparecen algunos poemas escritos durante el taller. Por otro lado en el 2013 fundamos junto a Violeta Azcona y Fernando Vázquez un taller de escritura llamado Espías de la Interzona. Ahora me dedico a escribir, para todos ustedes. Mucho gusto.

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