Siete blueprints

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Por Mariano Alejandro Sabido Morales

Nota del autor: Los textos que presento para su lectura pública, deben leerse con una advertencia, la cual el lector puede considerar amablemente en su lectura íntima. Considérense como los blueprints de una obra arquitectónicamente inacabada, los manuscritos, copias, reelaboraciones y trazados técnicos de construcciones poéticas esculpidas en el tiempo. Estos textos se encontraban debidamente archivados, a la espera de un jurado calificador, un piadoso editor o las llamas de una estufa. Entre los planteamientos estéticos que los sustentan surge la necesidad de nunca terminarlos pero, previendo la necesidad de ser leídos, ahora revelo estos blueprints para la improbable hazaña de la descodificación de un poema invisible.

Dos cuervos en el Café Orquídea

“Es un cuento del siglo xix, respondió Pereira.”

Vi dos cuervos pelear.
El Café tenía dos alas
comunicantes cada una con las calles.
Al extremo izquierdo, la barra.
Somos cuatro los que esperan,
el telefonista (cartero, mensajero, ángel),
el escritor, el que escribe sobre los lectores,
el profesor o científico,
y yo, el lector o el que mira silencioso.
Un misterioso tren nos espera,
en busca, cada uno, de su deseo más profundo.

Suena el teléfono de la Habitación.

Perversión en Dinamarca

Alguien en Copenhague lee
un libro de peculiar cubierta azul
Farvernes uge
emerge, como de los sueños, el nombre
de L.

Laura, Lilenca, Lili?

Me mira por la ventana
el reflejo de otra persona
es una niña llamada L.
es una niña llamada Eva.

Dicen ser una
en la conversación del árbol,
son dos almas en un cuerpo
ramificado en dos nombres.

Me hundo en los rápidos
de su mirada.
Río. Vuelvo a reír.
El río es siempre prólogo de urbes.

Llevo dentro los sueños de otra
en este cuerpo delgado de otro.

Era una ciudad deshabitada
vacía por confusos pensamientos
hasta leer trascritos sueños infantiles
de niñas que son generales mexicanos,
augurios de fusilamientos
presagios de días dobles
y trenes en descarrilamientos.

Camino por la calle empedrada en busca
de mi otra alma niña,
vestida con un abrigo de pieles
oculto mi sombra desollada.

“Tanto para nada” diría mi madre.
“No…, para Todo”
musito silenciosa en la luna del espejo.

Alguien toca la puerta de la casa de una dama.

Ésta ha huido,
espera a su amante en el matadero.

Sólo queda su imagen gastada de tanto mirar el balcón.

 

Oración a San Sebastián

Pagano y cristiano,
Mirada extraviada en el éxtasis
No me miras.
Atado al árbol de las doce ramas
Merezco ser tu costado pletórico de flechas,
Mi castigo es ser saeta de traición.
Te llamo en la simetría de tu sacrificio.
Perteneces al lugar de tu mirada.
Te hablo en el silencio de mis pasiones.
Nombrándote le pido a Dios que me nombres
En Su nombre.

 

Autorretrato con puerco y perro

A mis pies, dormidos, puerco y perro.
Ni se imaginan los secretos
de los nemontemi
de los trece pétalos
de las catorce puertas
de los dieciocho meses
de la veintena de días
de las veintidós letras
de la rosa más rosa que todas las rosas.

“Arreapuercos” me dijo una voz,
voz parecida a ladrido de perro
fue la respuesta.

Perro y puerco
huelen mis pensamientos
avizoran demonios advenedizos
y el fantasma de Horacio
maúlla a la luna menguante.

Sueño soy
de puerco negro
de perro negro
de gato negro
sueño negro soy.

 

Good by!

Para mi funeral pido
un ataúd de tercera y un lugar bajo tierra
sin cruz: el silencio de mi epitafio
me exima de los ofendidos:
“Pongo mi mano sobre mi boca”;
me opongo rotundo a una litera de cemento,
en todo caso, una urna de cerámica
depositada al vuelo del aire salitre,
con pelícanos y gaviotas, en busca de golondrinas.

Como último acto del deseo,
pido para mi entierro
pongan a sonar “Nuestro México, febrero 23”
aún digan la traición los recuerdos de mi proceder,
de las imitaciones involuntarias,
y de las horas consumidas en la gramática del inglés
y de programas de televisión tan poco nacionales,
déjenme escuchar con sus oídos
a Villa decir al imperio Good by!

 

Estudio para un Soriano

Ex invisibili factum est visibile
T. Vaughan

Camino perseguido por sombras
en la Ciudad de los Nombres:
me nombra el Hombre Sin Sombra.

Busco una letra para pronunciar lo impronunciable.

Deshabitado mi cuerpo habito la lectura
de Iguala imaginada como Ixtepec,
Ciudad de México, Madrid o París,
la muerte en Cuernavaca o Ávila,
o el amor en un cuarto barato en Nueva York,
la ciudad es la misma por ser ninguna,
habito tan sólo los pasos retrocedidos
pues retrocedo de la urbe al bosque
donde se ha perdido un zapato.
En un jardín custodiado por cuatro esfinges,
me cierra el camino unas rejas de oro y plata.
Volcán furioso, brota un Museo.

La Ciudad es un Isla despoblada,
Hotel solitario, Museo solitario.
Plaza solitaria.

Entro y habito las galerías desnudas,
bajo a las bodegas,
abandonado en el rincón un cuadro:

“Retrato de Elena Garro, 1948”

Época de la invasión de los monstruos,
devorada
sumergida en hondo mar salado
cuál pescador lanza el anzuelo de plata.

Busco en el diccionario la letra I.

Incógnita. Insólito. Infamia.

Pregunto al arriero lo necesario para escribir:
una pluma.

La arranco de un ala de San Miguel Arcángel.

Y la página es cubierta y descubierta
por jeroglíficos y trazos de dibujo,
por citas bibliográficas e intuiciones.

Mercurius. Mortificatio. Testificatio.

“Cuándo dejaré de mimar lo que veo,
los cuerpos y rostros ocultos en la pared,
los que ríen del peregrinaje de su pueblo.
¿qué signos dibujó detrás de tu silueta el pintor?”
susurra en silencio el joven enfermo.

¿Qué viste, con esos ojos que el maestro
imitó en una mirada perdida
más allá del balcón? al retrato pregunto siniestro.

¿Cuál es tu nombre, mística piedra,
Isabel o Mariana o ambos?

¿Cuál ciudad habita tu mirada
Nínive, Cartago, París o ninguna?

Lo invisible fue hecho de lo visible.

Ocultos en la pared
aquí abajo en este sótano inexistente
veo sin ver
la danza de los signos antiguos
el recuerdo de las siete cuevas
los colores de los siete días de la Semana Santa
y la profecía de los balcones.

Habitar la lectura es una forma de escritura
como al mirar un retrato
olvidado en el Museo de los recuerdos.

Abajo es arriba y arriba es abajo.

 

El pingüino (Paraguas bajo la lluvia)

Prefiero ser un actor. Una máscara.
Porque vestiré como lavaplatos o presidente,
a lo catrín, con el paraguas bajo la lluvia,
y seguiré siendo el asesino
de tu novia,
la repetición de una actriz muerta
en la escena de una película de Hitchcock.

Porque eres la esfinge que me susurra las preguntas
de esta condición humana,
Acertijo.

Prefiero ser la máscara que se ponga un triste lavaplatos
al mirar la televisión
después de la jornada,
cuando descubra enterrado en la cisterna de su alma
un cementerio de crímenes futuros.

Cuando me mire matar por amor,
se dirá: Ese seré yo, un criminal, la brújula del detective.
También repetiré la adivinanza,
la broma asesina y la hiedra venenosa.

Mi cuerpo espera la densidad
irremediable al fondo de un jacuzzi con desechos tóxicos
y sapos a flote.

Todos reunidos bajo la máscara
ocultamos su verdadero rostro.

Tres crímenes lo guiarán al número cuatro,
detrás de las paredes vacías de una tumba
elevada por los interminables muros de block
el detective comprenderá la trama perfecta.
La muerte después del teatro,
el actor sin rostro, tirado en una buhardilla.

¿Quién puede ser aquel cadáver?

Un fotograma de la escena del crimen
enfoca un diario secreto deshojado:

“Mi nombre no es
ni Matías Pascal, bibliotecario, muertos dos veces;
ni Andrés Tangen, periodista;
ni Hans Castorp, (Sanatorio Internacional Berghof, número 34);
ni Monteiro Rossi, autor de una tesina sobre la muerte;
ni Robin Lord Taylor, ni Oswald Cobblepot;
ni Morieno Romano, monje y copista medieval de arábicos manuscritos;
sólo un pobre y hambriento estudiante de literatura sin nombre
loco y muerto de risa hasta los gritos
por comprender la broma y el misterio de su genocidio cultural
donde germinó esta triste idiosincrasia.”

Por la televisión el lavatrastes mira al detective James
cuando desenmascara al occiso
descubrir un espejo. El investigador
acecha al espejo como por una ventana indiscreta
por donde mira el verdadero rostro del lavaplatos
despojado del disfraz de su fantasía secreta
después de asesinar a su mejor amigo con la traición del Amor.

“¡Oh, Goddamn City!” fue su respuesta al Acertijo.

Mariano Alejandro Sabido Morales. Cursó la Licenciatura en Literatura Latinoamericana, Facultad de Ciencias Antropológicas, Universidad Autónoma de Yucatán. Ha participado como ponente en el Coloquio Memoria Cultural, Identidad y Género en las Literaturas de América (FICMAYA 2015); en el Simposio Internacional en Conmemoración de los 100 años de Elena Garro (FILEY 2016), y en el XV Congreso Nacional de Estudiantes de Lingüística y Literatura (Xalapa-Enríquez, Veracruz, 2017).

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