Cuatro poemas de Katia Rejón

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Traste

Acomodo un balde vacío

en medio de la sala

para atrapar la lluvia

pero ningún traste que amortigüe

el sudor de tierra que abolla las macetas de las rosas

 

La verdad es que hoy no estoy de humor para tantas guerras

para sembrar palmeras que den sombra a las estatuas,

también es bueno amar las cosas simples

las tazas y su olor a pan

el tiempo

calcular la hondura del mar

y suponer que es metálico

que hay historias dulces que no se cuentan porquesí

que hay cadáveres jugando al ajedrez

con la lengua del poema

 

me he tragado cenizas

y algunas onzas de desprecio

pero necesito un día

a lo mejor ser distante, huérfana de cuerpo

coser con tristeza

mi esqueleto

 

San Felipe

Por cada noche que duermo

amanecen dos días

ninguno vivo

 

Tú esperas

el canto del río

marcado por los pasos de los hombres

 

A mí no me importa esperar la bilis

es más: no me importan mis órganos en absoluto

desde hoy debo planear, inventar abril en septiembre

encadenar el vientre en el aire

prenderle fuego a mis vestidos

 

Y esperar

 

el canto del océano

marcado por las pisadas de nosotras

abofetear al rostro chocante

de la mañana.

 

Luis

La orilla donde me acobardo y muerdo el vértigo

tendría que ser tu nombre

este monosílabo con que te llamo

que no te alcanza para decirle a todos lo que eres cuando te presentas

 

Te vi

anónimo

caminar entre rostros refugiados en sus propios nombres,

uno se acostumbra a mirar con los ojos.

Yo fundaba mi esperanza de ti en el paladar.

Saberte

y abrir la hendidura de mis horas muertas

en el viaje amantísimo a la certeza.

 

Y qué voy a hacer.

A dónde iré a recoger mi cuerpo

cuando sepa tu dirección,

La hora exacta en que naciste.

 

II (de Todos los árboles sufren de insomnio)

Mi padre tiene los ojos agotados

como dos cáscaras de uva

que me miraron antes

completas y alegres.

 

-Me hago viejo, confiesa

Y espanto a las moscas del tiempo

con un manotazo:

-Todo lo demás te funciona bien

 

Pero sus ojos orientales y solitarios

apenas conocidos entre ellos

son mi tesoro,

la pureza del recuerdo que no se guarda.

 

Sus ojos,

campiñas arrendadas que prestaron su sol para abastecerse de días,

y traer a gotas

su mismo cuerpo, pero henchido

su misma piel, pero helada.

 

Sus ojos,

grietas de luz

que despertaron una mañana

con miedo a la sombra

para decirnos que el tiempo

no es redondo.

 

Katia Rejón Márquez (Cd. Del Carmen, 1993) Licenciada en periodismo. Vive en Mérida. Directora de la revista digital de arte y cultura Memorias de nómada. Coordinadora del Centro Cultural El Colibrí. Reportera en el periódico La Jornada Maya. Tiene un diplomado en Periodismo y Storytelling por la Anáhuac Mayab. Miembro del consejo editorial de Efecto Antabús. Colabora en Tropo a la uña. Primer lugar en el Premio de Periodismo Cuauhtemoc- Moctezuma en la categoría de opinión. En poesía ha publicado en Círculo de poesía, La rabia del axolotl, Carruaje de pájaros y Enter Magazine.

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