Amateur

No hay comentarios

Soy un gran fanático de Caifanes desde que escuché “La célula que explota” por las bocinas que ambientaban el cuarto donde se grabaron una compañera de la preparatoria y uno de mis amigos mientras se daban amor libre. Apenas separaron sus bocas, Frank guardó su teléfono y corrió a mi casa. Estaba terminando de trapear cuando llegó a reproducir su acto reproductivo protegido.

A pesar de la mala calidad del sonido, debido al micrófono chafa del celular, sentí una conexión memorial con la canción y el cuerpo pixeleado de Shantal. Ella combinaba con la pared de ladrillo gris y los posters de Justin Bieber. Su falda de cuadritos verdes, la camisa blanca con el escudo de la escuela manchado de chamoy y el sostén de colores hacían mosaicos en la cama. La perspectiva era soberbia: enfrente de ellos se erguía un gran ropero de madera lleno de calcomanías y en medio un espejo que me permitía mirar por atrás cuando quisiera. Me clavé ahí.

Durante el éxtasis de imágenes mi cerebro experimentó una especie de trance que me orilló a decir en voz baja:

“Ahora Shantal se deslizará hacia abajo a la izquierda”.

Se ubicó justo donde apunté. La sangre me regresó a la cabeza y asustado tomé conciencia que podía predecir la secuencia de sus movimientos corporales:

“Shantal contorsión, espasmo, músculo rígido”.

Y se hizo.

Dos de dos. Quise estar seguro que no fuera la casualidad la que me heredaba milenios de poder clarividente, así que probé de nuevo:

“Emitirán sonidillo de placer”.

Ambos tronaron desde el pecho un rugido bestial.

Ordené que mi amigo dejara a Shantal con sed en los labios. No sucedió. Me chiveé. Seguí adelantándome a los hechos: cambio de posición, ojos desorbitados, invocaciones, la voz del Jaguar y rasguños que sangran. Entonces me quedé observando la ventana del lado derecho, tenía una cortina morada, a través de la cual se marcaba una sombra.

Fue sólo un fotograma, pero gracias a un vientecillo que alzó la tela distinguí una camiseta roja con rayas negras, idéntica a la que usaba ahora. Distinguí un pelo rizado idéntico a mi pelo rizado y el reloj, en la mano izquierda, que me compré en la feria de Xmatkuilt hace un año. Sólo porque no pude ver el rostro, pero podía jurar que ahí estaba yo escuchando “La célula que explota” y viendo el cuerpo de Shantal hora y media antes de estar morboseando su cortometraje erótico en la pantalla de Frank. Me di cuenta que realmente no estaba prediciendo el futuro ni incidiendo en el orden de las cosas a voluntad. Al parecer hace hora y media estaba trapeando mi casa y viendo desnuda a Shantal al mismo tiempo.

Para confirmar mi presencia hice un ejercicio de memoria y traté de visualizar los senos de Shantal sin la distorsión provocada por los cuadritos de pixeles. En vano. Era capaz de recordar los movimientos sin ningún detalle dérmico. Sólo pude ver a Shantal por la pantalla de Frank. Sin embargo, el reloj, puesto en la misma mano, continuaban haciendo presencia con cada movimiento de la cortina. Esperé otro vientecillo para tratar de observar el que podía ser mi rostro y una sonrisa de lata brilló tenue por la ventana. Con la lengua sentí el filo del alambre de mis braquets y otro rasgo de mi identidad se sumó al que observaba por el vidrio.

La sonrisa de imbécil de Frank se desvaneció cuando también me vio adentro y afuera del vídeo al mismo tiempo. Atónito me soltó un golpe en la mandíbula y ya con las manos en mi cuello hizo un apretón digno a la carne de Shantal. Comenzó a insultarme, le pedí que no pausara el vídeo que teníamos que seguirme los pasos, me soltó otro puñetazo y amenazó que si le volvía a espiar el mástil me colgaría de ahí. Le juré que nunca había ido, le señalé la cubeta con agua y el trapeador que no había sacado al patio por flojera, “no he salido”, dije, todo parecía un recuerdo triturado. Escupí sangre y me soltó. Lo miré a los ojos que todavía guardaban las redondeces de Shantal, le pedí que me ayudara. Me observó con piedad y tendió su mano para levantarme del suelo, con la otra mano le quitó el pause al vídeo y continuamos viéndome por la ventana. El cuerpo de Shantal pasó a segundo plano, pero a veces movía la vista para verla. Volví a la ventana y a mi otro yo, ajusté mis pupilas al brillo y pude distinguir que cargaba algo en mi mano derecha, un objeto rectangular, color blanco, justo como el que tenía en el bolsillo. “¿No es ese tu celular?”, dijo Frank. Horrorizado terminé de darle forma al objeto y confirmé temeroso. “¿Estabas grabando?” Creo que sí, no sé. El lente apuntaba directo hacia adentro del cuarto. Sólo había una forma de comprobar mi inocencia y Frank lo pensó al mismo tiempo que yo: “Muéstrame toda tu galería”.

Accedí al menú y de entre las opciones seleccioné el apartado de vídeos. No suelo poner un nombre a lo que almaceno en la memoria, dejo que la inteligencia artificial lo haga: “Vid-rec-0001”, “Vid-rec-0002” y así sucesivamente. Reproduje una por una todas mis tomas caseras, número por número, pasando el dígito veinte, asomó un nombre “La célula que explota”. Le di reproducir y el cuerpo de Shantal se reveló de perfil, su nariz paralela al abdomen de Frank, sus dedos de los pies contraídos. La sombra de mi rostro se reflejaba en la ventana, unos dientes jariosos se me asomaron por una sonrisa que nunca antes me había visto. Desde ese ángulo se miraba el foco rojo de video grabación que destellaba del móvil de Frank y me pregunté si Shantal sería consciente del significado de la luz. Creo que no porque se le quedó viendo y, cuando preguntó, Frank señaló que había dejado cargando la batería. “Eres un cabrón”, susurré.

Sin preocupaciones siguieron con el sudoroso amor de sureste mexicano, desde ahí podía ver la puerta de madera roída por los azotes del temperamento adolescente y el pantalón del uniforme de Frank. Busqué su ropa interior y la encontré colgando aferrada a una punta de la cama y con cada sacudida parecía precipitarse al vacío para perderse eternamente…

Una notificación interrumpió la reproducción: el usuario “Estefierrote1992” ha comentado tu vídeo. “¿Subiste esto a internet?, me dijo Frank. Hice un silencio y pulsé la notificación para verla. “Qué cuerpazo tiene esta morra, buenas tomas, carnal”. Frank, con el vídeo sin pausar, entró a mi casa corriendo con los converse embarrados de miedo y subió al cuarto de mis padres, abrió la puerta sin tocar y le gritó a mi madre si me había salido de la casa. Mi madre lo miró y dijo que en ningún momento yo me había movido sin trapear. Hizo oídos sordos a los grititos obscenos, nos pidió que saliéramos de la habitación para que pudiera terminar de vestirse. Obedecimos inmediatamente.

Otro tintineo seguido de una vibración nos advirtió de otro comentario: “Este Frank gime como foca”. Frank se desvaneció, alguien conocido lo había visto. “El Frank, la foca amante”. Frank me ordenó que bajara el vídeo, pero era muy tarde, se le había pegado la enfermedad viral del internet y ahora era distribuido por otros usuarios que se encargan de preservar el patrimonio web. Seguí jurando mi inocencia. Frank se fue.

Frank se suicidó esa noche, pero no lo supe hasta dos días después cuando su papá vino a golpear la puerta de mi casa. Le mostró el vídeo a mis padres y mi reflejo por la ventana. Me señaló y mi madre le estampó su mano en la nariz, le dijo que yo había estado trapeando todo el día. No sé por qué no pudo darle forma a mi rostro en la pantalla. Me acerqué al señor y lo miré. Lo miré llorar por su hijo y sus gemidos distribuidos por el mundo. Le entregué mi cuello a sus manos y comenzó a apretar. Mis papás brincaron sobre él, pero nunca me soltó. Con un crujido abandoné el mundo.

Frank grababa desde la ventana.

 

Elías Manuel Hernández Escalante. Monterrey, Nuevo León 1993. Pasante de literatura latinoamericana, octavo semestre (Universidad Autónoma de Yucatán). Coordinador del colectivo de difusión literaria “Crisálida”. Tallerista de difusión literaria en instituciones educativas, privadas y públicas, e instituciones gubernamentales, así como en la Feria Internacional de la Lectura Yucatán. Ganador del primer concurso estatal de cuento “Retorno a Gutenberg” convocado por el colectivo “Tira hule” (2012). Ganador del concurso estatal de cuento “Espíritu de la letra” convocado por SEDECULTA (2015). Ganador del segundo lugar en el concurso de cuento universitario convocado por la Facultad de Ciencias Antropológicas (2012). Publicado en la plaquette “Lytera Gangnam Style” (2012). Publicado en la plaquette “Poetas y narradores en la academia” Facultad de Ciencias Antropológicas (2012 y 2013). Publicado en la antología “Por la señal del alba” (2015) de la editorial “Poemínima”. Mención honorífica en el I concurso de cuento y poesía, convocado por el grupo Megamedia.

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s