Koyoc ganó un concurso de crónica

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Koyoc ganó un concurso de crónica. Yo aparezco en su texto. Soy un personaje importante porque un policía con los ojos cristalizados y la boca entumecida me azota contra la pared, me golpea mientras grito algo sobre derechos humanos y los financiamientos millonarios que el gobierno supuestamente invirtió para volverlo menos imbécil. Junto a mí, en la narración, están tres amigos escritores que igual fueron reprimidos a la salida de una lectura, momento que Koyoc petrificó en un texto que se ha llevado el segundo lugar en el concurso de Punto de Partida de la UNAM, que ha provocado que Koyoc se disponga a viajar a la Ciudad de México para recibirlo y tal vez para decir algo interesante cuando sostenga el micrófono y deba hablar frente a un auditorio anónimo sobre el eje de su crónica, sobre la policía Yucateca que nos reprimió como ha reprimido a otros camaradas de Koyoc por su fisionomía, por tener el cabello largo, porque andar en bici, usar chanclas, y cargar mochila hace que naturalmente te asocien con un criminal.

Koyoc tal vez hable de mí y los amigos que estuvimos encerrados veinticuatro horas sin derecho a llamadas, hacinados con asesinos amables, violadores amorosos, ladrones paternalistas y drogadictos que temblaban por la falta de activo, de piedra, por la carencia de pingas, aunque podían conseguirlas en la crujía de al lado a cambio de una Coca -Cola de litro. Con ellos nos encontramos en la crónica de Koyoc, ellos que nos hicieron sentir en familia, dado que en el encierro la sangre criminal corre unánime por las venas y nadie cuestiona nada y todos son amigos de todos.

A lo mejor Koyoc hasta repite que nos detuvieron porque uno de los escritores es de origen maya y la policía de Yucatán odia con énfasis a los mayas. No abiertamente, porque de ellos depende la recepción de financiamientos federales, pero sí los aborrece al grado de sacarlos de sus comunidades con lluvias de gas lacrimógeno; al grado de torturarlos y   dejarlos morir en el interior de celdas infestadas de tierra y mierda y charcos de orina sobre los que hay que acomodar la cabeza para dormir si no tienes una botella de plástico o zapatos para usar de almohada.

Un aplauso para mi compa Koyoc, por su valor, porque cuando ese texto salga a la luz lo leerán cientos, miles de personas, y tomarán conciencia de que en Yucatán los medios de comunicación hacen un carajo por sacar la verdad de los basureros oficiales.

Un aplauso también para los astros, que al parecer se conjugaron para que el texto de Koyoc salga poco después del reporte “Falsas Sospechas” de Amnistía Internacional, donde se ratificó que en Yucatán, y en México, carecemos de un sistema de justicia verdadero y donde se plasman los testimonios e historias de los muchos que han sido torturados y humillados por los elementos de seguridad pública. Otro aplauso para el Equipo Indignación, colectivo que documentó los casos y encaró las circunstancias cuando les tocó ser golpeados y vivir el encierro.

Me trago el resentimiento y plantó una sonrisa conmovedora al pensar que la crónica de Koyoc será una parte fundamental del fuego que arrasará con ese telón rojo y gigantesco tras el cual aparecerá, golpeada y amordazada, la realidad.

 

 

Mateo Peraza Villamil. (Mérida, Yucatán, 1995). Periodista y escritor. Ha  publicado artículos y cuentos en medios digitales. Actualmente trabaja en el portal de noticias Homozapping.

 

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