Dos textos de Jonathan Espíritu

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Encuentro

“Esta mañana amanecí con un agujero en la garganta donde se acumulan todas las cosas que no pude decir” escribo en la libreta desgastada mientras la espero afuera del edificio que acordamos. Otros escribirán los sucesos que me trajeron hasta aquí, por qué tuve que cambiar de nombre, huir de casa. El miedo me acecha, respira en mi nuca. A veces siento sus manos alrededor de mi cuello. Está esperándome: un paso en falso, una duda, cualquier cosa me delataría. La última vez que la vi aún no cambiaban las cosas. No nos perseguían tan salvajemente, uno podía decir que pertenecía a su facción sin sentir miedo. Podíamos confesarnos y sabíamos que los curas no irían a hablar con el Comité. Pero el fuego todo lo corrompe y son muchas las cosas que perdimos en él. Aún recuerdo sus gritos, los sonidos que hicieron cuando ya no pudieron gritar, el olor a pelo quemado.

Debo dejar de pensar en eso, me digo frustrado. Me refugio en el recuerdo de ella y en las hojas de mi cuaderno. “Amor es acariciarla hasta memorizar las formas de su cuerpo, refugiarse de la lluvia en un café y escucharla hablar toda la noche lluviosa. Amor es buscarla, arrodillarse a sus pies y pedirle perdón las veces que su orgullo lo demande.” Yo sé que es amor lo que siento. Lo demostré lo mejor que pude: en cada puerto, en cada ciudad, en todos los atardeceres fugitivos pensaba en ella. Siempre estaba, etérea, a mi lado. Siempre quise que me acompañara, pero esta vida no es para ella. Condenado a ser siempre un extranjero, vagabundeo por las ciudades, ajeno a todo. La mano de la Comisión es larga, debo estar atento.

Tiene que aparecer, le dije cómo burlar a mis perseguidores. Pobre, debo someterla a estos protocolos. Quisiera regresar el tiempo, cuando mi corazón era su casa, y hacer todo diferente. Pero ahora estoy errante y hay tantas cosas que perdimos en el fuego. “Amor es…”, “Amar es…”. Ya no se me ocurre nada y ella no aparece. Siento todos los ojos del universo fijos en mí. Me imagino las caras de quienes me vigilan: mis verdugos, mis hermanos. Ellos existen sólo si no aparece, todo depende de ver su silueta en el horizonte. La esperaré, no me importa lo que pase. Se hace tarde. Oigo pasos que me siguen.

 

Presentación

Todos los ojos están clavados en él. No esperaba tanta gente. Le dijeron que sería en un lugar pequeño, la principal razón por la que aceptó. Había unas cincuenta sillas pero todas ocupadas. Está a punto de realizar algo vergonzoso, algo que no debería hacerse en público. Mira a sus amigos, sentados en la primera fila; ellos lo convencieron de hacer esto. A la gente le va a gustar, dijeron. Él no está tan seguro, nunca lo estuvo. ¿A quién le va a gustar? Sólo a una bola de depravados, piensa. ¿No tienen otra cosa mejor qué hacer, pendejos? Decide mandarlos al diablo y darles lo que vinieron a ver, les guste o no.

Se pone a ver un punto en la pared para no sentir los cincuenta pares de ojos sobre él y comienza. Baja la mano a su pantalón y desabrocha el cinturón. Algo aliviado, sigue con el botón y el cierre. El contacto frío de su palma con la verga tibia se siente bien. Vacila un poco, pero decide apagar lo que le rodea y seguir con el show. Se baja el pantalón y vuelve a tomar su miembro ya erecto. Empieza a subir y bajar la mano, primero despacio, luego sube poco a poco la velocidad. No sabe cuánto más aguantará. De repente entran en acción las personas que estaban a su lado. No había reparado en ellos, tan concentrado estaba en terminar: un hombre y una mujer. El hombre se arrodilla frente a él y comienza a hacerle sexo oral, de los mejores que ha tenido. La mujer también se acerca, mete la lengua en su oído y con la mano le revuelve, fuerte, el cabello. Él los deja hacer, consciente ahora de que ese es su papel.

Luego de unos cinco minutos termina en la boca del tipo. Ambos vuelven a sus lugares. Él se abrocha el pantalón. El otro hombre se limpia la comisura de los labios y voltea hacia el público.

―Con esto terminamos la presentación del libro, ¿alguna pregunta para el autor?

-J. E. Becerra

 

Jonathan Espíritu Becerra (Puebla, 1993). Estudia la licenciatura en Lingüística y Literatura Hispánica en la BUAP. Ha publicado en diversos medios electrónicos. Ha ganado el Premio Filosofía y Letras de la BUAP y una mención en el Concurso 47 de Punto de partida, ambos en la categoría de cuento. Coordinó un taller de cuento con compañeros de su universidad y espera volver a hacerlo pronto.

 

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