Amor estéril, de Anahí Chamlati

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Pensaba en ti, como casi siempre. Te vi a la distancia, pero me obligué a no hacer nada para que me vieras, me recluí en un rinconcito y me dije que no saldría hasta que fuera hora de irme, o necesitara hacerlo. Al poco llegaste. Siento que no comprendo. A veces te quiero cerca, que me des un beso o me estrujes en tu pecho. A veces no. Intento no llorarte, y me ha salido bien; la verdad, me sorprendo.

Te quiero, pero tú no quieres esto. No sé qué sí. Pienso que es a mí a quien no quieres, pero dices que sí y creo sentirlo. En realidad, es a ti a quien no estás queriendo lo suficiente. Y así no se puede. Yo aún tengo miedo, pero ahí la llevo. No de ti, de esto, porque no termino de entender. Sí, es complicado. En ocasiones temo dejar de quererte, o que tú lo hagas. Porque siento que mi corazón está contigo, y me asusta pensar que el tuyo no esté conmigo, incluso ahora. Aunque a veces me pregunto de qué sirve, si no quieres esto.

Te quiero con todo y tu carga, y hasta me he ofrecido a aligerarla, aunque sea tantito, ahora que soy un poco más fuerte. Pero tampoco quieres. ¿Y qué coño sí quieres? Me asusta la idea de que puedas estar jugando sucio. Lo siento, sé que no tendría sentido, pero ya sabes: tengo miedo. Me aterra la idea de que la gente a quien quiero pueda hacerme daño.

Qué tal va el asunto, me han preguntado. Pero no hay asunto, porque tú no quieres. Y en ocasiones, yo tampoco quiero.

No pienso en el pasado, no quiero que vuelva. Quiero que todo sea nuevo, sobre todo tú, sobre todo yo. Así sí quiero todo. Todo lo que puedas entender por todo –o la mayor parte–.

Quiero sentirte, pero no. Me distraigo para no pensar en tu espalda o tus brazos. Para no pensar en tus labios.

Y sigo sin entender. Deseché la idea de que no me creas tan valiosa como para intentar crear las condiciones en que sí quieras esto. Pero está la idea de esto. Esa no se va. No quiero que se vaya. Aunque no tenga mucho sentido que se quede, porque no lo quieres. Sabrá tu dios qué es lo que espero o por qué. Ha de ser fe, de otro modo no me explico la irracionalidad de esto.

Sí. Desde el principio pensé que contigo me la habría de jugar como no lo hice antes. Y aquí estoy: jugándomela, como no lo hice antes. Salté al vacío, sin temor –por vez primera–, aunque con muchas dudas. Sí, dudaba si lo que me provocabas era cosa pasajera, un refugio de lo que estaba dejando atrás. Lo sabes, te lo dije. Pero aquí estoy, casi un año después, contigo en la cabeza.

Pero tú no quieres, porque no puedes. ¿Y qué sí puedes? No, no te reclamo, jamás podría hacerlo. Somos cobardes, ambos, bien lo sé. Sí. Cada uno teme a lo que sólo uno sabe, pero teme. Ojalá pudiéramos llenarnos del valor que necesitamos y nos quitáramos de encima todo eso que estorba. Claro, si es que a ambos nos estorba algo. Si no es que soy yo lo que estorba.

Dijiste que no podías pedirme que te espere, aunque supongo que lo hago. Mientras te quiero. Como ojalá tú quisieras esto. Ojalá quisieras poder. Y ojalá pudieras.

 

Anahí Chamlati Juárez, nacida en Chetumal, Quintana Roo, el 02 de noviembre de 1993. Estudiante de Humanidades, con especial interés por el lenguaje, la filosofía y la literatura, lectora de medio tiempo y escritora ocasional.

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