James Nuño: «Hay mucha gente que no lee porque ni siquiera ha ido a una librería.»

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 Por Josué Tello Torres

Escoger una novela para leer de las miles que se publican al año es un desafío. Dependerá del momento que uno atraviese y los temas que nos gusté leer. En lo particular, no me enfoco en los temas, pero tengo una inclinación a seguir la pista y tratar de leer toda la obra publicada de los escritores nacidos en los 80s en México, ya que veo una generación arriesgada con una propuesta sólida para dominar sus herramientas narrativas, a combinar los géneros y diversificar las temáticas. Me han gustado las novelas, ensayos, crónicas y cuentos de Gabriel Liceaga Rodríguez, Valeria Luiselli, Luis Panini, Fernanda Melchor, Rodrigo Márquez Tizano, Franco Félix, Verónica Gerber, Josué Sánchez, Nazul Aramayo, Ronnie Medellín, Mariana Oliver, Daniel Saldaña París… y la lista continúa. Recientemente leí Los no muertos de James Nuño debido a que me llamó la atención el tema de los zombis y quería saber en realidad de qué se trataba. Me llevé una sorpresa al ver un tema poco frecuentado en la novela contemporánea que es el de la clase trabajadora y las peripecias por las que atravesamos. Al principio me generó dudas leerlo por las más de 300 páginas del libro y porque no había leído nada de él antes, pero tomé la decisión porque la editorial Paraíso perdido no me ha defraudado, como lo sigue haciendo hasta ahora.

James Nuño concedió a Efecto Antabús esta charla donde habló sobre su proceso de escritura, lecturas, escritores favoritos, la Editorial paraíso perdido y en lo que está escribiendo.

En Los no muertos los personajes tienen una vida fracasada y hundida en la cotidianidad, hasta que la pandemia se las modifica y genera una impresión de que les viene bien a su vida.

La mayoría de la población está inmersa en esta situación: trabajar 12 horas, encerrados en una oficina o fábrica; sólo tienen uno o dos días a la semana para salir y echarse una chela y caer de nuevo a la rutina. Retratar la vida de los Godínez es una de las apuestas de la novela, abordar un tema que es de la generación, el hablar de cuáles son los problemas a los que nos enfrentamos. La mayoría de nosotros creemos que tenemos la vida hecha, porque somos una generación en la que a la mayoría se le ha dado todo. Y yo no sé si estaríamos preparados para enfrentar algo así como una pandemia.

La vida de los 4 personajes son muy peculiares debido a esa frustración, tanto que en el libro encontramos frases como: “este país padece amnesia colectiva, un Alzheimer perpetuo. Eso o nos encanta la mala vida; nos fascina que nos maltraten, que nos humillen. ¡Nos encanta oler a basura!”. ¿Cómo construiste a los personajes?

 

Es curioso, todos los personajes están basados en personas que conozco, claro, están reducidos e interpretados. Son personas que no se conocen o que se han visto alguna vez pero no interactúan y son muy distintos tanto en persona como a su estilo de vida. Lo que observas en la novela está basado de alguna manera en ellos: un Godínez, un periodista de izquierda revoltoso, una artista frustrada, una chica emprendedora; todos tienen algo en común y es la frustración: nos  gusta la mala vida, por más optimistas que seamos siempre hay algo que hasta odiamos de nosotros mismos.

Existen escritores que evitan leer cuando están escribiendo, entre las posturas que no están a favor de ese método se encuentra la de Fernanda Melchor, y dice que la literatura es contaminación, ¿evitaste lecturas o te contaminaste? Qué te pasó como lector.

Concuerdo con esta cuestión de que no leer para evitar contaminarse es una verdadera estupidez, hasta con esas palabras, porque es querer inventar el hilo negro, ¿no? Incluso sino leyeras, hay un montón de lecturas y con esto me refiero no solo a libros, sino a películas a series a canciones… e inevitablemente esto influye cuando estás escribiendo.

Durante la escritura de Los no muertos tuve muchas lecturas, primero empecé a documentarme a través de películas. Necesitaba un monstruo que reflejara a las personas y lo encontré en el zombi; debido a que el monstruo tiene un margen de interpretación bastante amplio a diferencia de otros como las momias, vampiros… Los zombis parten de esta masa apendejada hasta el anonimato de una sociedad que puede vencer a figuras particulares. Entonces este fue el rasgo contradictorio que buscaba y es por eso que elegí a esta figura en la novela.

¿Qué escritor o escritores te hicieron ser escritor?

Soy un lector tardío, a diferencia de muchos de los colegas, o bueno con los escritores que me ha tocado por suerte conversar y hablar de esto, a diferencia de ellos que leían desde muy pequeños o escribían desde la infancia… yo empecé en la prepa, cuando leí Pedro Páramo. Lo leí cuando estaba en cuarto semestre y me adentré a esa lectura, ya que me recordaba una persona que precisamente había fallecido. Lo tomé a manera de homenaje. En aquel entonces, entendí la mitad de lo que estaba pasando en realidad ya que no es una novela sencilla, pero algo me atrapó: no sé si el lenguaje, la estructura, no sé, era muy raro. Cuando entré a la facultad me sumergí a lecturas de Borges, de Cortázar… de esos escritores que se atrevían ir un poco más allá. Tu puedes ver en los últimos dos capítulos de Los no muertos y hay una especie de experimentación que hace homenaje a estos autores. Pero empecé a escribir cuando decidí olvidarme de toda la teoría, porque mis primeros textos los considero ahora supermamones, como aleccionadores, como tratando de que gustarán a la crítica. Escribir con base en el manual.

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¿Qué estás leyendo ahora?

Ahora, por la chamba de editor, ando leyendo a muchos autores jóvenes, jóvenes de la generación. He estado leyendo mucho a Liceaga, Ronnie Medellín, Hernan Gil Robles, Daniel Espartaco… a todos los que pueda de la generación porque me parece muy interesante. Ahora que estoy inmerso más en la industria literaria veo que se viene un boom, gente que está trabajando ya enserio. Veo escritores menores a 40 años que tienen publicaciones bastante buenas y que cosechan uno o hasta dos premios literarios, y que seguramente van a ser referencia en un par de años más.

Ahora que hablas de esta generación nacida en los 80s, ¿Cuál crees que sea la particularidad narrativa, a diferencia de las generaciones anteriores en México?

Creo que esta generación es muy variable. Hemos demostrado casi todo. Tenemos una tendencia de hacer cosas más urbanas, utilizando el humor negro; hay una necesidad inherente de sacar esas frustraciones de la sociedad con un humor ácido. También hay un montón de gente que está haciendo los mal llamados subgéneros, los petulantemente llamados subgéneros. Bueno ahora vemos un auge de novela negra con autores como Ivan Farías, Hilario peña… o incluso del género fantástico o la ciencia ficción. Hay un abanico muy interesante y creo que se debe a que existe mucha información, de productos, de artículos, misma que contaminan la manera en que narramos y los temas de los que narramos.

Cuando hablas de subgéneros, se me viene a la mente Bernardo Esquinca y la hibridación de novela negra con lo fantástico, incluso tu novela es una hibridación.

Hay una parte importante de hibridación, como dices, esa parte de géneros y subgéneros para la experimentación. Vivimos en un país surrealista, vivimos en un país que parece de extrañamiento, a veces no sabemos si estamos en algo realista, algo fantástico, algo de una novela negra y eso se refleja a la hora de escribir. Sufro mucho cuando me preguntan qué género es mi novela y  mejor les digo “léela y dime”.

En otras entrevistas dices que tu novela tuvo un proceso de escritura y publicación de 6 años, ¿durante este tipo tomaste o participaste algún taller literario?

Yo tengo una idea, un prejuicio sobre los talleres: he visto a mucha gente que asiste y de los que asisten son pocos los que publican, o gente que asiste cada semana y no publica nada, o la gente que siente que va a talleres y el tallerista los moldea a su idea de escritura. Me mantengo al margen de los talleres por prejuicio. Sin embargo, algo extraño paso con Los no muertos, Antonio Mars estaba retomando el proyecto Paraíso perdido… ¿Sabes qué me gustó?, que fue el único que me dio una respuesta que se notó que leyó la novela. Me dijo “hay cosas que debemos de trabajar”, era 2015. Hicimos una suerte de taller, primero para hablar de la novela y bueno cada quien llevaba su proyecto. En este extraño taller participaron Antonio Mars, Cástulo Aceves, Ignacio Kublai y yo, pero primero para habla de la novela y luego aprovechamos para que cada quien llevara su texto. Lo que me gusta de este tipo taller al interior, es que las voces de todos tienen el mismo peso, es rico porque no es el taller de Antonio Mars, o el taller de Aceves. Cuando llegamos a estos puntos en común es muy enriquecedor.

Z4KEJ4BAAhora que mencionas a Paraíso perdido, veo que en los últimos años han dado un gran salto con sus publicaciones, tienen buenos narradores.

Queremos hacer buenos libros, queremos tener grandes autores. Al final es una empresa, queremos una gran empresa, con grandes autores con grandes productos y creo que el país necesita propuestas culturales. Considero que tenemos la idea de que los monopolios no funcionan sobre todo en esta época. Nuestro trabajo busca diversificar la oferta y dar mayores opciones a los lectores y aquellos que no los son.

 

¿Estás trabajando en una segunda novela o libro de cuentos?

Ahora tengo una novela en proceso, aún no decido qué hacer con ella; quizás mandarla a algún concurso, que al final es curriculum y buen dinero que al escritor le hace buena falta. Tengo un proyecto de cuentos, pero en realidad ahorita estoy tratando de disfrutar de Los no muertos que ha tenido buenos comentarios; estoy enfocado en la editorial, es importante tratar de equilibrar estos aspectos de la vida.

Ahora que mencionas que tienes una novela en proceso, ¿cómo ha sido la elaboración de ésta, más fácil o más difícil que la primera novela? No me refiero a que sea fácil escribir, sino al momento de la documentación y ejecución de una estructura narrativa.

Por el tema, bueno, es una novela que no se parece a Los no muertos; tiene que ver con la condición trabajadora, es una novela que habla un poquito más de política. La cuestión de la investigación, hacerla verosímil, hacer eso de la hibridación; que no es fantástico sino una cosa de extrañamiento, eso y en la construcción de los sucesos, ya que está basada en un hecho histórico.

Por último, ¿qué les recomendarías a las personas que están iniciando como lectores?

Los libros es algo que no sabría recomendar porque cada quien trae sus lecturas. A lo mejor lo que recomendaría es que vayan a la librería y que agarren alguno con el que sienta esa vibra extraña. Hay mucha gente que no lee porque ni siquiera ha ido a una librería.

 

Los no muertos, del escritor James Nuño lo puedes comprar a través de la página web de la Editorial Paraíso Perdido: http://editorialparaisoperdido.com/

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