Cinco minutos de soledad

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 Yo pensaba que el problema eran ellos. Que si no podía escribir, tomarme el tiempo todo para mí y quedarme despierta hasta las tres de la mañana intentando escribir, se debía a que su presencia era un obstáculo. Pensaba que si me ocupaba mucho tiempo afuera: trabajo, escuela, salir a mirar cosas nuevas, podía evadir la ansiedad que me amarraba en la casa.

 

Entonces hice lo que todas las hijas, hermanas, parientas, personas harían, huí. 

 

*

 

Mi madre vivió en cada estado del país al menos por un rato. O al menos eso cuenta cada vez que le agarra la nostalgia, es decir, todos los días feriados. Cada que se queda acostada o tomando café sola en la mesa. Siempre llora. Desde que tengo memoria se levanta todos los días tratando de hacer algo que le ocupe todo el tiempo, que la distraiga. En cambio, mi papá siempre ha vivido aquí y visita su vieja casa todos los fines de semana o los días feriados. Se reúne con su familia. Y cuenta su infancia como si fuera una historia de aventuras. Siempre ríe. Cuando vivíamos lejos tomábamos el autobús o el avión de vuelta cada que se podía. Siempre vuelve.

 

Yo sé que cada uno carga sus tragedias, arrastran su historia e incluso cuando tratan de olvidarla, la recuerdan.

 

*

 

Hace unos días leí que la ansiedad puede ocasionar dos cosas: paralizarte u obligarte a hacer cosas todo el tiempo. Para mí la ansiedad era cosa que le pasaban al uno por ciento de las personas pero que el cincuenta por ciento decía tener sólo para parecer interesante o para justificar la falta de estabilidad emocional. Entonces yo jamás podría tener eso. Hasta que me medicaron con alprazolam y mi ritmo cardíaco se convirtió en una balada romántica que cada doce horas volvía a ser el concierto de Pantera de 1991 en Moscú.  

 

Cuando estoy sola y me sigo sintiendo impotente, limpio mi casa. Limpieza en general. Escucho la radio para distraerme y pensar mejor en esa actriz de los setentas que los locutores destrozan moralmente. Hago listas de cosas para el resto del año, sustituyo mi falta de orientación por una brújula en forma de agenda.

 

*

 

Mi mamá siempre peleaba como víctima en situaciones donde ella era la victimaria. Levantaba frases con las uñas, mordía al otro con su llanto. Después tomaba el coche y huía.

 

La última vez que pensé en eso, estaba en el parque. Tenía las luces encendidas y lloraba para no pedir perdón. Dormí en el auto. Ya no tenía de qué huir y aún así me sentía atrapada, con los vidrios arriba, y la canción de 5 minutes alone de Pantera en la radio.   

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